"La gente cree estar plenamente informada sin haberse aproximado siquiera a una sola idea que contradiga sus prejuicios", Bill Keller.

13 de abril de 2008

Una historia verdadera

Alcohólica, drogadicta y puta. Eso es lo que la villa decía de Inés, porque se acostaba con todos los vecinos, aunque alguno fuera casado, o fuera el tipo casado que vivía en la casilla de al lado. La vida de Inés era sexo, droga y alcohol, y no se extendía más allá del rancho sin divisiones en la que vivía con sus seis hijos. Ariel, para zafar de las cargadas de los otros chicos y defender a sus hermanas, andaba con una gomera al pecho todo el día, haciendo tiro al blanco a las cabezas de los pibes que les gritaban cosas feas.
Aún con apenas 8 años, Ariel era como el papá de sus hermanas. La mamá lo mandaba con las nenas, un poco más chicas, a pedir monedas a la terminal de micros. Ahí pasaban el día, aunque él ya iba al colegio, que comenzó a dejar poco a poco.
Cuando Ariel comenzó a andar en la calle, en 2004, tenía 8 años y cinco hermanas. Ahora debe tener diez hermanos, porque su mamá no dejó de parir hijos desde entonces. Los chicos no tienen padres, aunque la mujer está en pareja con un hombre con el que convive en la villa El Churrasco.

El tiempo pasa. El pibe, que ahora cuenta 11 años, vive en un vagón en la zona de la estación Tolosa. Dejó el colegio por enésima vez, aspira poxi y fuma marihuana. La bolsita es para paliar el hambre y sentirse bien, aunque el viaje dura poco, es un flash que se va enseguida. El porro es para viajar más, aunque tiene contraindicaciones: da gula y a veces no hay qué comer.
En los tres años que pasaron desde que vivió sus primeras experiencias en la calle, el chico vivió con varias familias sustitutas a las que fue entregado por su mamá. También vivió con un tío, que lo obligaba a cargar el carro cartonero.
Aunque zafara de su mamá, Ariel caía en manos de gente que lo sometía a historias violentas y siempre terminó en la calle, sin posibilidad de elección.

La oportunidad perdida. En algún momento de su historia, el chico volvió al colegio. Como nunca había tenido la oportunidad de terminar de cursar el año, tuvo que empezar en primer grado. Las maestras lo evaluaron y decidieron que pasara a cuarto. Nadie sabía dónde había aprendido a leer o a sumar ese chico que vivía en la calle. Pero sabía.
Ariel creyó tener una oportunidad cuando su mamá recibió una casa del Plan Federal de Viviendas, con tres habitaciones. Pero la mujer vendió el hogar de material y se mudó a la villa El Churrasco, donde es la segunda mujer de un vendedor de drogas.
Tres casillas de madera tiene el Cabezón. En una vive su mamá; en otra, su mujer con sus seis hijos; y en la otra, Inés, que llevó con ella a algunos de sus hijos. Suegra, esposa y amante conviven al parecer en armonía.
Ariel aún va a visitar a su mamá, algunas veces, aunque ya no se queda a dormir en su casa. Prefiere volver al vagón del tren, en Tolosa.

Ariel pide desde los 8 años. Hoy vive en un vagón abandonado en la estación Tolosa

RECUADRO:

"Hacete amigo" para salir de la calle



Si hubiera que enumerar lo que falta, la lista debería comenzar con un lugar para que los chicos puedan comer, bañarse y elegir la posibilidad de quedarse a dormir, aunque luego la descarten.
Si hubiera que enumerar lo que hay, la lista puede comenzar con el trabajo que se realizó desde la dirección de Niñez y Adolescencia de la Municipalidad de La Plata, a través del programa "Hacete amigo".
El programa trabaja con chicos de entre 8 y 18 años que se encuentran en situación de calle, piden monedas, limpian vidrios o cuidan autos, muchos de los cuales no regresan a dormir a sus casas y prefieren quedarse en la calle.
Los coordinadores municipales realizan talleres de construcción de juguetes y recreativos en espacios públicos, con la intención de buscar un acercamiento a los pibes.
La idea completa un programa que comenzó luego de realizar un relevamiento con el que lograron censar a 90 chicos en situación de calle, aunque la cifra podría trepar al doble si se tiene en cuenta que el censo no los alcanzó a todos.
Marcelo Iafolla, coordinador del programa, explicó a Diagonales: “A esa frase de que los chicos son el futuro debemos agregarle que primero hay un presente que pide a gritos una respuesta".
La idea del programa es que los chicos desanden el camino que emprendieron un día de su casa a la calle.
La mayoría de los chicos que vagan por el centro de la ciudad mantiene algún tipo de lazo con su familia. Hay casos en los que se encuentran alguna vez cada tanto en la plaza San Martín.
Alguno recibe a su mamá o a sus hermanas para su cumpleaños, o en alguna otra fecha especial. Otros no tienen dónde ir, porque sus seres más cercanos están presos y son rechazados por otros familiares.

3 comentarios:

Pablo Constantino dijo...

Migue, sos groso.

Qué historia la del pibito este, jodido. Pensaba cómo puede ser que alguien expulse a un chico del hogar, que se vaya por ahí para no tenerlo cerca. Como un perrito, no? Que uno no lo quiere y lo deja en la calle a la mala de Dios. Terrible.

JPM dijo...

Ciertamente.

Me gusta el remate de la crónica.

No Publicable dijo...

Gracias