"La gente cree estar plenamente informada sin haberse aproximado siquiera a una sola idea que contradiga sus prejuicios", Bill Keller.

3 de abril de 2016

La abuela inundada

–Señora, tenemos que salir porque va a entrar más agua –le dijo Lourdes.
–Subamos las cosas –pidió ella.
Cómo negarse ante el pedido....
Chicha, con sus 90 años a cuestas y una ceguera progresiva que le impide ver nada definido, subía los papeles y recuerdos que guardaba en los muebles de su casa, a las sillas, a la mesa.
El agua entraba por todas partes pero todavía era posible pensar que era lógico que parara de llover.
Eso pensaba Chicha: ya va a parar.
–Salgamos señora –insistía Lourdes.
–Ya va a parar –respondía ella.
Pero no paraba.
Se hacía de noche. El agua crecía. No había electricidad. Y no paraba de llover.
Entonces sí, Chica admitió que debían buscar ayuda y abrió la puerta de calle. Un torrente de agua mugrienta y fría le llegó a la cintura.
Su tesoro, el archivo de la historia de su familia, los documentos que guardó para que Clara Anahí sepa, para que Clara Anahí conozca; las muñecas que le compró a su nieta en cada viaje que hizo para pedir su restitución, los papeles guardados durante los 36 años de lucha por la memoria, la verdad y la justicia, la historia de la bebé robada por los milicos, la bebé robada por los asesinos que creció sin saber quién era realmente, apropiada y negada, quedaban bajo el agua.
Todo bajo el agua de lluvia de una ciudad que se inundaba.
Y no paraba de llover.
Chicha estaba empapada y supo que tenía salir de la casa. Decidió ir a su habitación a buscar ropa. Abrió el ropero y se dio cuenta que ya no quedaba nada seco. Sintió el cansancio. Se sentó en la cama. El agua le llegó al pecho. No tenía miedo.
Veía como se perdía todo, pero no tenía miedo. Sabía que tenía que salir. Salvar la vida.
Cuando se disponía a dejar la casa, la puerta de su habitación se le cayó encima. Amortiguada por el agua, no la golpeó muy fuerte.
Lourdes, que estaba ahí para asistirla, que la acompañaba en su ceguera, que siempre le lee por las noches, llamó a un vecino que las ayudó a escapar por una puerta lateral. Las llevó a un primer piso, a la casa de una vecina, donde ya había otras mujeres.
Chicha se dio cuenta que una de las señoras estaba semidesnuda. Contaba que la correntada le había sacado la ropa. Entonces se vio a sí misma, con un camisón de verano, cubierta de hojas doradas, hojas del otoño. Y le causó risa sentirse como una Venus.
Durmió tres días seguidos.
Supo del desastre. Y de la solidaridad. Cuando quiso acordar, un vecino llevaba el almuerzo para un montón de gente que trabajaba en su casa, que trabajaba para quitar la humedad de las paredes y se las ingeniaba para salvar los documentos que Chicha guardó durante casi cuatro décadas para que Clara Anahí conozca algo de su verdadera historia. Papeles que colocaban entre papel secante, para luego colgarlos al sol y por las noches volver a guardarlos entre secantes. Y así todos los días. Para que se sequen, para que Clara Anahí sepa. Para que Clara Anahí sepa tiene una abuela. Una abuela que en 1977 se juntó con muchas otras abuelas para buscar a sus nietos desaparecidos, a sus nietos robados. Que tiene una abuela de 90 años que nunca dejó de buscarla. Una abuela que hace unos días escribió otro documento para atesorar: “Te quiero y te espero querida mía”, dice.

9 de enero de 2016

Lo ratificaron los municipales: la lucha continúa



Horas después de la represión en pleno centro de La Plata, los trabajadores de la municipalidad despedidos realizaron una asamblea en la que ratificaron su plan de lucha por la reincorporación y recibieron con un gran aplauso a Ana María, la empleada que recibió los nueve perdigones de la bala de goma que le fue disparada por la espalda a pocos metros de distancia.
Más de 200 trabajadores participaron del evento que se realizó en la glorieta de la plaza San Martín, entre los edificios de la gobernación y la legislatura bonaerense, en el que acordaron volver a movilizar el lunes 11 a las 11, otra vez a las puertas de la Casa de Gobierno local.
Sobre sus escalinatas fueron subiendo uno a uno para dar sus puntos de vista sobre la situación, luego de que Ana María contara cómo había sido herida: “escuché que el intendente había dado la orden de reprimirnos y pensé que nos iban a empujar”, reveló. Minutos después cayó dolorida en medio de la plaza Moreno, sin lograr entender aún por qué le ardía tanto la espalda.


Los despedidos acordaron no ceder en el justo reclamo de los trabajadores de ser reincorporados a sus puestos y repudiar cualquier forma de represión.
En el lugar se informó sobre la denuncia presentada ante la fiscalía de Alvaro Garganta, a la que presentaron las pruebas que acreditan la utilización de balas de goma, además de una filmación del momento en que comienzan los disparos, en el que se escucha lo que Ana María había revelado minutos antes pero en boca de un policía: “el intendente dio la orden de reprimir”.
Se recordó la situación por la que pasaron los trabajadores de las cooperativas municipales, quienes fueron arriados como ganado al Estadio Ciudad de La Plata, luego de varios meses sin cobrar (3.500 pesos mensuales), y se denunció la muerte de un hombre que había estado hacinado y al rayo del sol, que por la noche sufrió un paro cardíaco que le costó la vida.
El lunes, mientras se realice la marcha, el municipio tendría que efectivizar el pago a los cooperativistas, algo que muchos pusieron en duda durante la asamblea.
Otro trabajador advirtió que la decisión de reprimir no es local y reveló que también los trabajadores municipales de Neuquén habían sido gaseados y baleados. Se enumeraron luego los conflictos en los que intervino la policía de los diferentes gobiernos de Mauricio Macri: la represión en el indoamericano, en el hospital Borda y a los trabajadores de Cresta Roja.
Se habló del nuevo gobierno no como el futuro, sino como el pasado: se mencionaron el ´55, el ´76 y los años ´90.
Los municipales platenses que iniciaron el conflicto con la toma del palacio municipal contaron que lo primero que hicieron fue cortarle el agua y la luz al edificio al que acababan de llegar los funcionarios de la nueva gestión y no fue porque fueran ñoquis, sino porque conocen perfectamente el lugar en el que trabajaban todos los días. Y por eso mismo se dieron cuenta que los iban a echar sin que mediara siquiera una mínima comunicación.
Algunos diálogos, polifónicos, se impusieron ante las presentaciones, como cuando se habló de persecución política.
–Dicen que nosotros éramos empleados de Bruera y que por eso nos pueden despedir –afirmó alguien.
–Dicen que van a ir a buscar a la casa a los punteros políticos –agregó otro.
–¡Que vengan! –retrucó alguien–, pero hay que avisarles que somos peronistas.
–La represión es para todos –respondieron más allá.
–Nos están tirando mierda, demonizándonos. Dicen que somos planeros y choripaneros y a hasta algunos de nuestros vecinos les creen. Pero tenemos que advertir que no vamos a bajar los brazos, que esto es por el amor que nos tenemos el uno al otro, que son ellos los que quieren la guerra, nosotros queremos trabajar. No queremos denunciar el lunes a la tarde que tenemos un muerto y veinte compañeros heridos –logró decir a viva voz un trabajador subido a la escalinata de la glorieta.
–Si somos 300 nos van a cagar a palos otra vez, pero si somos 3000 no van a poder –le respondió otro.
–No seamos ingenuos y no pensemos que esto le pasa a fulano o a mengano, esto nos pasa a todos. No seamos boludos de esperar a las paritarias, el gobierno ya le aumentó el sueldo a la policía para que salga a reprimir la protesta social –afirmó un hombre–.
En medio de un debate que se abrió por el compromiso que deben asumir los gremios en el conflicto alguien parafraseó a Juan Domingo Perón: “Con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”.
Una chica recordó que también la Unión Cívica Radical integra el frente Cambiemos y pidió interpelar al partido porque no puede estar de acuerdo con la represión. Otra se mostró sorprendida por la situación y recordó que hace años que hay manifestaciones sin que pase nada grave.
El rol de los medios de comunicación y las redes sociales también estuvo presente en el debate cuando los trabajadores denunciaron un cerrojo informativo y advirtieron que debían confiar en internet y en los medios comunitarios. Los despedidos decidieron sumarse a la página de Facebook de “Resistiendo con Aguante La Plata” para coordinar las acciones y el plan de lucha que prometieron no abandonar. Y volvieron los diálogos.
–Los medios no nos van a sacar, pero tenemos a las radios comunitarias y las redes sociales –dijo uno de los trabajadores.
–Tenemos que confiar en las redes sociales –le confirmó alguien.
–Tengamos en cuenta que no es “compartir” y poner “me gusta” –aclaró una estudiante de comunicación.
–Vamos a estar en la calle –la respaldó un hombre.
Antes de cerrar el acto, como una forma de exorcizar los miedos y la estigmatización, cada militante gritó el nombre de la organización que se sumó desde ahora al reclamo de los municipales despedidos. Y cada uno fue recibido con un cerrado aplauso.

7 de enero de 2016

Las personas detrás de los números: los profes se quedan sin trabajo, los chicos sin jugar


Un espacio donde ir a jugar
Los chicos ya no salen a la calle y se pierden uno de sus derechos fundamentales
Nota publicada en el diario Diagonales el 2 de junio de 2011.



La primera juegoteca platense comenzó a funcionar en Altos de San Lorenzo con un espacio en el que se reivindica el juego como prioridad. Hay talleres de plástica, música, teatro y títeres. Se organizan actividades especiales, se sale de paseo y los chicos pueden compartir con sus pares una gran variedad de juguetes y juegos. Además, aprenden sobre sus derechos.

“Cada juegoteca es diferente, porque se acomoda a los intereses de los niños, los de su familia y los de su barrio”, describió Mercedes Aladro, una de las talleristas que martes y jueves de 17.30 a 19 y los sábados de 10 a 12 participa de la juegoteca que funciona en el Centro de Integración Barrial de calle 81 entre 20 y 21.

La idea surgió entre técnicos en recreación, artistas y profes de educación física. Los docentes lograron observar que “los chicos no están jugando o juegan menos. La inseguridad o el hecho de que salgan a trabajar a edades muy tempranas nos llevó a pensar en el derecho a jugar”, describió Fabián Bulacio, otro de los integrantes del equipo que lleva adelante la experiencia platense.

La idea de jugar en los barrios los llevó a impulsar una experiencia piloto que comenzó a desarrollarse este año, con la expectativa de que pueda crecer y extenderse a otras zonas a medida que más profesores se capaciten.

La juegoteca posibilita la creación de un espacio para jugar que suma a la formación de los niños, pero también tiende redes con la familia y con el barrio, con la idea de que aporte soluciones para toda la comunidad.

Una de las particularidades de estos espacios, es que son coordinadas de manera colectiva, así, por ejemplo, en Altos de San Lorenzo, los 40 pibes que participan de la juegoteca son coordinados por cuatro o cinco profesores, según los días, lo que permite reconocer rápidamente las individualidades. “Siendo más adultos llegamos más rápido a los chicos. Es diferente a lo que ocurre en el colegio, donde el objetivo de conocer a los chicos se logra con el tiempo, con la continuidad, aunque tal vez haya que revisar el hecho de que un solo docente deba llevar la clase con 35 o 40 chicos, como pasa en la actualidad”, sostuvo Bulacio.

Según Aladro, “la individualización de los chicos permite que las diferentes realidades armen cómo va a ser el juego, que las características de cada uno se vayan transformando, porque el juego te permite ver la realidad desde diferentes perspectivas. Cada persona tiene la posibilidad de ser y comunicar de manera diferente. El juego es un posibilitador nato y permite el pensamiento divergente, la múltiple forma de ver las cosas desde lados sensibles. En lo inmediato –agregó–, trabajamos con chicos de 6 a 12 años, aunque nuestra propuesta es romper y reivindicar el espacio de juego para todos en el barrio”.

La juegoteca no brinda posibilidades, sino que habilita diferentes dispositivos para que la capacidad lúdica de los chicos –patrimonio de cualquier persona– pueda fluir y canalizarse. “Lo que hacemos es trabajar los juegos y actividades de manera diferente a la vida real y concreta, para vivenciar el mundo sensible de cada uno”, dijo Aladro.
LA PLATA. El proyecto platense tiene el financiamiento de la Municipalidad de La Plata y cuenta además como socio estratégico la ong REDAR y el Centro Cultural Estación Provincial.
“Por ahora el proyecto dura un año, pero esperamos que siga y se multiplique”, adirmó Jorge Nella, quien junto a Bulacio, Aladro, Enrique Nella, y Belen Tronfetti son los coordinadores de la experiencia local.

“El proyecto de una juegoteca remarca la importancia de prevenir problemáticas sociales, fomenta la construcción de nuevos espacios sociales con participación activa de la comunidad, promueve lazos solidarios y la defensa de los derechos de niños y niñas”, dijo Nella.

Las juegotecas nacieron en Buenos Aires y funcionan desde el año 2.000. En algunos casos, como en San Telmo, se desarrollan en barrios en donde jugar en la calle es muy complicado y puede ser peligroso, porque ya no tienen espacios para los niños, aunque la problemática parece extendida a todos los niños.

Aladro explicó que el equipo local “empezó a conformar un grupo que se desarrollará de acuerdo a sus intereses, porque el encuadre de la juegoteca es el resultado del trabajo de lo que está pasando y como se va trabajando, por lo que nosotros todavía no tenemos los objetivos del proyecto anual o cuatrimestral”.

Antes de plantear el primer encuentro, los talleristas realizaron una investigación sobre las ofertas de juegos que había en el barrio para los chicos: “descubrimos que había mucha propuesta de educación física, como fútbol, patín y algunas artes marciales, por lo que comenzamos a desplegar otras disciplinas a partir de la plástica, el teatro, la percusión o la literatura, aprovechando la diversidad de las artes. Uno no se acerca a la plástica si no la conoce. Bueno, en realidad, no se acerca a ningún arte si no lo conoce. La idea, entonces, es utilizar la diversidad de recursos artísticos mediante actividades recreativas”, afirmó Aladro.

Las experiencias de las mamás que llevan a sus hijos

“Mis hijas no salen a jugar. Están todo el día conmigo. No están acostumbradas a salir a la calle", contó Sandra, mamá de Mora, de 5, y Luz Clarita, de 9 años. Con su bebé de 5 meses en brazos, miraba con alegría cómo sus niñas participaban de la juegoteca de Altos de San Lorenzo.

“En nuestro barrio no hay ningún lugar en donde los chicos puedan ir a jugar. Hay una plaza cerca de la escuela Nº 58, en 17 y 72, y a veces vamos a Parque Saavedra, pero las nenas se la pasan adentro: la más chica se la pasa viendo películas de Barbie y la más grande en la computadora”, describió.

Las dos nenas esperan con ansiedad los días que les toca ir a la juegoteca platense. Lo mismo le pasa a Maximiliano, también de 5 años. “El día que sabe que después de la escuela viene a jugar está feliz”, describió su mamá, Marcela.

“Me enteré por un papelito que me dieron en la escuela. Vine a ver y me gustó. Le pregunté a él y se quiso quedar. Es una idea bárbara y la pasa muy bien”, explicó.




Objetivos

Rescatar los espacios, los medios y el tiempo para jugar.

Crear la oportunidad para que un mayor número de niños carenciados tengan acceso a juegos y juguetes.

Estimula y atiende las necesidades recreativas e intereses lúdicos de la familia.

Brindar un espacio de reflexión comunitario, que posibilite la recomposición de la red social del contexto en el que las familias se desenvuelven.

Ofrecer la posibilidad de construir un proyecto en el que la comunidad participe activamente.

Promover estrategias vinculares alternativas a la agresión y la violencia, que fomenten los recursos simbólicos de las familias participantes.

26 de marzo de 2015

Las fauces de la duda


—Hace muchísimos años, cuando a Adolfo Pérez Esquivel le dieron el Premio Nobel de la Paz, nos invitó a compartir con él esa gira que iba a hacer por el premio que le habían dado. Y en esa gira, él y el doctor (Emilio) Mignone empezaron a decir que los desaparecidos estaban muertos. Y a las Madres nos dio mucha rabia porque dijimos: “Quién dijo que están muertos. Ellos no pueden decretar la muerte de nuestros hijos”. Los milicos estaban callados, los fachos no habían dicho nada. Entonces, las Madres rechazamos esa idea, entre el 79 y el 80, de que había que buscarlos muertos. Quién nos lo había dicho: nadie nos dijo nada. Y el 5 de diciembre de 1980, estando en Suecia, hicimos la primera declaración de “Aparición con vida” de todos. Porque no íbamos a aceptar la muerte por decreto. Y así empezó la batalla con los organismos, que no querían poner “Aparición con vida”, porque los organismos, que eran el CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) y el Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ), y esto no es una crítica que yo les estoy haciendo a las organizaciones… Simplemente, como decimos las Madres, queremos contar la verdad que está puesta en este pañuelo blanco que no se rinde y que no negocia. Y qué pasó, compañeros: empezó el debate por la consigna “Aparición con vida”. Nadie quería poner, en las marchas que se empezaron a hacer en conjunto, “Aparición con vida”. Y cuando íbamos a las organizaciones, sobre todo a la Asamblea (Permanente por los Derechos Humanos), a discutir las consignas de las marchas, como las Madres todavía éramos bastante boludas en el 80, cuando llegábamos ya estaban hechos todos los panfletos, todos los volantes y todas las declaraciones. Y a nosotros, que queríamos discutir, no nos dejaban porque, claro, “pobrecitas las Madres, de política no saben nada”. Y un día yo pedí una reunión de todas las organizaciones de derechos humanos, y también quería pedir una reunión con monseñor Novak, con De Nevares, con los políticos, y se hizo una reunión muy grande. Pero yo para esa época ya había aprendido que los que pedíamos primero la palabra teníamos un poco más de fuerza. Así que cuando llegué dije “pido la palabra”. Y qué es lo que hice —ustedes acuérdense que estoy contando que nadie quería poner “Aparición con vida”—. Y entonces les pregunté a todos, uno por uno, si querían que mis hijos aparecieran muertos o vivos, y todos me dijeron “no, queremos que aparezcan vivos”. “Y entonces ¿por qué carajo se niegan a poner ‘Aparición con vida’?”.
El día después de la marcha con críticas al gobierno cayó jueves y las Madres realizaban su tradicional ronda en torno de la Pirámide de Mayo, visitadas por varios periodistas y acompañadas por algunas organizaciones sociales y funcionarios oficialistas como Luis D’Elía, Emilio Pérsico y Jorge Ceballos, quienes se movilizaron a Plaza de Mayo convocados especialmente por la consigna “Aparición con vida y castigo a los culpables”, en relación con la ausencia de López.
Hebe de Bonafini dio un discurso con el que explicó la posición de las Madres y las diferencias con otras organizaciones:
—Compañeros: yo respeto muchísimo a los compañeros del (MTD) Evita, pero esta Plaza, que es una Plaza de la unidad de verdad, que es una Plaza que está gritando que no está en contra del presidente Kirchner, que es una Plaza para decirle “Señor Presidente, usted es el que más hizo por los Derechos Humanos”, esta Plaza, decía, es de todas las organizaciones revolucionarias, no sólo de los compañeros del Evita, a quienes respeto, pero es de todas las organizaciones revolucionarias, de todos nuestros hijos, para eso socializamos la maternidad. Acá están presentes los compañeros del ERP, del PRT, del Evita, de Montoneros, acá están presentes compañeros de todas las organizaciones, del PCML, de todas las organizaciones revolucionarias, que lucharon por un país mejor como el que nos merecemos. Compañeros, se están viviendo días muy especiales. Hay un desaparecido que le quieren tirar al Presidente. Acá hay que pensar muy bien quiénes son los que no quieren ser juzgados y condenados, quiénes son los que no quieren ir a la cárcel, quiénes son los cómplices de los que van a ir a la cárcel. Acá siguen funcionando en las sombras los Ruckauf, los Duhalde, la peor Policía. Por eso las Madres, compañeros, tenemos una posición tomada, diferente a la de otras organizaciones, por eso no fuimos ayer a la marcha. Esta Plaza que cada jueves se manifiesta, esta Plaza que es de nuestros hijos, los desaparecidos, esta Plaza que es de los que luchan, nunca va a… por ahora y nos hemos comprometido a eso… (nunca va) a sentir que el enemigo está en la Casa de Gobierno. En la Casa de Gobierno hay un amigo que lucha junto a nosotros por la libertad, por la justicia. Es verdad que hay muchas cosas que hay que arreglar. Es verdad que nos falta mucho. Ayer el Presidente decía que estamos saliendo del infierno, que estamos llegando al purgatorio. Pero que todavía hay muchas bandas, no sólo militares, no sólo de la Policía. También están llenas de políticos corruptos y traidores, también están llenas de las multinacionales, que no quieren que les toque. Ustedes piensen que están la Mercedes Benz, la Ford, Pepsi, que está Coca Cola, que está Papel Ledesma, que participaron directamente en la Dictadura. Estos no quieren que les toque, tampoco la Iglesia quiere ser condenada. Y hasta ahora estaban callados porque sólo se los juzgaba, pero ahora han comenzado las condenas.
Y agregó:
—Queridos compañeros de todas las organizaciones, que a veces no pensamos exactamente igual, pero tenemos claro quién es el enemigo, que es lo más importante y que creo que le falta a la izquierda. Saber bien quién es el enemigo. Y el enemigo de nuestra Patria es el imperialismo y el capitalismo que está configurado desde Estados Unidos. Son ellos nuestro enemigo. Y la derecha facha de este país que se está expresando todo el tiempo desde las sombras. Todos los que amenazaron no pusieron su nombre. Cobardes, como siempre, amenazan desde la clandestinidad. ¡No les tenemos miedo, hijos de mil putas; no les tenemos miedo! ¡No les vamos a tener miedo y no nos vamos a callar, no vamos a claudicar, no vamos a negociar y vamos a levantar las banderas de nuestra Patria por la que nuestros hijos dieron su vida para que seamos libres y para que estemos aquí ahora!
Hebe y una comitiva de trece Madres entraron a la Rosada. En Balcarce 50 las recibió el presidente Kirchner junto con el jefe de Gabinete, Alberto Fernández; el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli; el ministro del Interior, Aníbal Fernández, y la senadora Cristina Fernández de Kirchner.
—El Presidente nos dijo que está muy preocupado. Que los servicios de inteligencia están buscando a López en todo el país pero que no funcionan bien, que no hay nada.
Hebe también revivió el horror. Y retomó la idea —que tanto trabajo les había costado remontar a los ex detenidos desaparecidos— de que todos los que sobrevivieron a los centros clandestinos de detención eran traidores. Era el primer jueves sin López. Lo tiró a las fauces de la duda:
—Para nosotros no es un típico desaparecido, no lo vemos como un desaparecido como los que sufrimos durante la dictadura… para nosotros López no fue un militante, hay que investigar su trayectoria… No quedó claro lo que dijo en el juicio. No fue un testigo clave como algunos dicen, fue un testigo más… además, vive en un barrio de policías y tiene un hermano policía (…) Se trata de una maniobra. Es un tipo muy inteligente, el haberse presentado a declarar puede ser parte de la maniobra. Las maniobras están muy preparadas a veces, muy organizadas (…) Lo ocurrido es un operativo muy grande para mostrar al mundo que la impunidad sigue en la Argentina y se hace en contra de este Presidente que es el que más ha hecho en materia de Derechos Humanos en este país (…) Una cosa es que se juzgue y otra que se empiece a condenar, y esto es lo que más les molestó.
Además, recordó su visita a la cárcel, durante la dictadura, para ser testigo del casamiento de un detenido, Walter Docters, y dijo López cuando quiso decir Docters:
—A mí me preocupa que López vive en un barrio de policías. También me preocupa que Walter Docters, que fue policía, hoy sea testigo. Eso me llama la atención. ¿Por qué se maneja así el juicio? Qué me van a decir de López si yo fui madrina del casamiento…
—¿Cree que López podría ser partícipe de esto? —le preguntó un periodista. —No lo sé —respondió.

* * *

Docters militaba en el PRT cuando entró a la policía, en 1975, y trabajó como secretario privado del director de la escuela de suboficiales y tropa. Recibía a todos los jóvenes aspirantes a ingresar a la fuerza, los inscribía, les informaba su primer destino y les entregaba el uniforme luego de que hacían el curso. Si les tocaba un destino sospechado de ser un centro clandestino, les prestaba especial atención; pasados unos días, los invitaba a un café y les preguntaba cómo eran los jefes, si estaban conformes o querían el pase. Algunos hablaban algo, algunos revelaban que había detenidos con los ojos vendados.
Su padre era un comisario alineado con Etchecolatz, pero eso no le evitó los centros clandestinos ni la tortura, aunque tal vez le haya valido la posibilidad de sobrevivir. En 1978 fue reconocido como preso político y puesto a disposición del PEN.
Conoció a Claudia en 1979. Ella había sufrido la desaparición de su papá cuando tenía sólo 16 años, se había vuelto una militante por los derechos humanos y era la niña mimada de las Madres de Plaza de Mayo.
La mamá de Docters le pidió un día que la acompañara a ver a su hijo detenido en la U9. Dos años después, cuando él estaba aún detenido, se casaron. Hebe fue testigo de casamiento.
Cuando salió en libertad convivieron un año, pero la pareja no funcionó. Se separaron en 1984 en malos términos. Docters cree que Hebe lo puso en su lista negra.

* * *

Junto a otras madres de desaparecidos, Hebe combatió con valentía a la dictadura militar. En abril de 1977 empezó a reunirse en la Plaza de Mayo con otras mujeres que buscaban a sus hijos. La primera vez estaban María Adela Antokoletz y Azucena De Devincenti. Hablaban y tejían sentadas en los asientos de la plaza, pero los efectivos de la policía desconfiaron. Por ser potencialmente subversiva, el estado de sitio impedía cualquier reunión de tres personas o más; les ordenaron:
—Caminen, circulen. No se pueden quedar acá.
Ellas caminaron alrededor del monumento a Belgrano y cada jueves, desde entonces, la plaza fue el territorio de las Madres.
Esas mujeres no sabían dónde estaban sus hijos, ni cuál había sido la magnitud de la tragedia que las enlutaba. Querían una reunión con Videla y para eso empezaron a juntarse. Pronto se asociaron con el nombre de Madres de Plaza de Mayo, con el propósito de recuperar con vida a los detenidos desaparecidos.
En democracia, Hebe se opuso a las leyes de obediencia debida y punto final y sostuvo su discurso: Para ella, sus hijos están vivos y la exhumación e identificación de los muertos tiene el propósito de terminar con la figura del detenido desaparecido.
Su pensamiento fue respaldado con hechos: en 1986 impidió en Mar del Plata la exhumación de cadáveres NN ordenada por la Justicia tras el pedido de los familiares de dos desaparecidos, Liliana Pereyra y Alberto Fonseca.
Su posición la enfrentó a las Abuelas de Plaza de Mayo y a otras Madres. Aquel mismo año, Antokoletz, quien era su vicepresidenta, intentó ganarle las elecciones pero la lista que encabezaba fue retirada por supuestos “defectos de forma en los trámites electorales”.
Las Madres se dividieron: Asociación Madres de Plaza de Mayo, por un lado, y la Línea Fundadora, por el otro.
Con los años coincidieron en la lucha contra los indultos de Menem, pero mantuvieron diferencias por otros temas. En 1994, Hebe se opuso a cobrar la indemnización dispuesta por ley a los familiares de “toda persona que hubiese fallecido como consecuencia del accionar de las Fuerzas Armadas, de seguridad, o de cualquier grupo paramilitar”, a la que consideró como la venta de la sangre de sus hijos. Enfrentó, también, el Juicio por la Verdad, porque no tenía efectos penales.
Se movilizó contra De la Rúa y Duhalde. Para Hebe, la democracia llegó con Kirchner, presidente de la Nación entre el 25 de mayo de 2003 y el 10 de diciembre de 2007, y siguió con su esposa Cristina Fernández.

Del libro "En el cielo nos vemos. La historia de Jorge Julio López"; del periodista Miguel Graziano, editado por Ediciones Continente http://enelcielonosvemos.com/

7 de abril de 2014

Tendederos, broches y papel secante contra la inundación: cómo se recuperó el archivo de Chicha Mariani


Foto: Helen Zout



El archivo que a lo largo de 36 años de lucha había atesorado la fundadora y ex presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, María Isabel "Chicha" Chorobik de  Mariani, parecía perdido después de que quedara bajo el agua el último 2 de abril, cuando se inundó la ciudad de La Plata, pero fue recuperado luego de meses de trabajo voluntario. Tendederos, broches, papel secante y alcohol, fueron algunas de las herramientas usadas para el salvataje.

“No había mucha experiencia en el rescate de un archivo, incluso los especialistas creían que los hongos echaban todo a perder en 15 días, pero dos meses después de la inundación, alcohol mediante, fue posible recatar casi toda la documentación”, describió Lucía Abbattista, una de las coordinadoras del operativo de rescate de la documentación.
Chicha recordó el día de la trágica inundación, cuya cantidad de muertos es aún materia de discusión en los estrados judiciales, luego de una lluvia inédita que inundó gran parte de la ciudad.
Pese a que el agua entraba rápidamente a su casa de 47 entre 17 y 18, Chicha, con sus 90 años a cuestas y una ceguera progresiva que le impide ver nada definido, subía los papeles y recuerdos que guarda lo más alto posible: “en ningún momento tuve miedo, pero veía como se perdía todo”, describió.
Cuando no tuvo más alternativa, con el agua al pecho, cansada y con frío, aceptó que debía evacuar y, con ayuda de un vecino, subió a una casa en un primer piso. Entonces se vio a sí misma, con un camisón de verano, cubierta de hojas doradas, hojas del otoño. Le causó risa sentirse como una Venus.
El agua tardó más de doce horas en bajar. Y cuando regresó, Chicha se encontró con un panorama desolador. “La casa era un caos de barro. Estaba todo tirado y las cosas perdidas”, afirmó.
Sin embargo, un grupo de voluntarios puso manos a la obra, primero para limpiar la vivienda, y después para recuperar los papeles. “Tuve la solidaridad tremenda de cientos de personas, casi toda gente joven, casi toda desconocida, pero también funcionarios que pasaban por acá y agarraban una escoba para ponerse a limpiar”, contó Chicha.
Abbattista explicó a IPS cómo fue el trabajo: “El primer día fue bastante confuso, el segundo empezamos a limpiar la casa para poder circular por el lugar y a ver qué era lo que se había arruinado”.
Algo de alivio sintieron cuando confirmaron que la muestra de objetos y fotos familiares que cuenta la historia de Clara Anahí, la nieta de Chicha secuestrada por la dictadura cuando tenía tres meses, en noviembre de 1976, estaba de gira. No sólo se habían salvado algunas de las fotografías más preciadas, sino también las muñecas que la abuela le fue comprando a su nieta en cada viaje que hacía para pedir su restitución.
“Aquella tarde recibimos la visita de trabajadores del Archivo Nacional de la Memoria –especialistas en conservación-, quienes nos explicaron los procedimientos para salvar el papel. Aunque no había experiencia de rescatar material que estuvo bajo el agua más de diez horas y llevaba varios días húmedos, nos pusimos a trabajar”.
Lo primero fue valorar el material a rescatar: “había papeles con valor de prueba judicial, con valor histórico y con valor afectivo, documentación central y clave en lo que es la exigencia por sus hijos y todo aquello que Chicha ha guardado como tesoro para poder legarle a su nieta. Había material que podía volver a imprimirse y otro qué era original y había que salvarlo”, explicó Abbattista.
Las cartas familiares, las que Chicha y su hijo Daniel se escribían cuando él estaba de viaje, las que se mandaba con su marido durante los primeros años de búsqueda, fueron las primeras en ser rescatadas, aunque el trabajo sirvió para rescatar el 95 por ciento de la documentación reunida en los 36 años de lucha. Incluso las fotografías familiares.
“Eran miles de hojas”, contó Chicha, quien lamentó la pérdida de sus anotaciones en algunos papeles, como los registros de las sepulturas de personas no identificadas en el Cementerio de La Plata. “Fui perdiendo la vista, pero seguí escribiendo, primero con lapicera, después con fibrones, para que la letra sea más grande y visible, pero el agua borró todo eso”, contó.
La lluvia fue el martes, el agua bajó el miércoles, el jueves se empezó a difundir la situación del archivo y el viernes empezaron a llegar las primeras donaciones: hacían falta cajas, papel secante, tendederos, broches, alcohol y desinfectantes. Con las primeras cosas, también empezó a llegar la gente, “especialistas en conservación, pero también otras personas que fueron a dar una mano o que pasaban a saludar y se quedaban a colgar papeles”, describió Abbattista.
Con guantes y barbijos, para no ser afectados por los hongos, los voluntarios separaron las hojas con pinzas con mucho cuidado para que no se rompan, las rociaron con un desinfectante o las vaporizaron con una mezcla de 50% de agua limpia y 50% de alcohol y las pusieron luego sobre papel secante. Como había mucho material, algunas cosas fueron frezzadas, como las fotos y los libros, para ganar tiempo.
Cuando se secaron lo suficiente, como para que no se partan por el peso del agua, los papeles eran colgados en tendederos colocados en el garaje y el patio compartido de las cuatro casas del edificio en el que vive Chicha. De noche, eran vueltos a guardar entre papel secante, en habitaciones con deshumidificadores. Y así, hasta que estuvieron secos. Entonces, se guardaron en cajas, sin folios, separados con secantes, sin ganchos, que se oxidan si se humedecen.
Varias instituciones permitieron que sus trabajadores cumplieran sus horas laborales en la casa de Chicha. Así, especialistas en conservación de la Cámara de Diputados de la Nación o los empleados del archivo de la Comisión Provincial por la Memoria, especializado en rescatar el material audiovisual, pasaron varios días en la casa.
“Hubo que rescatar CD´s y algunas cintas de video VHS, en particular las del Juicio por la Verdad (un juicio no punitivo que comenzó antes de la derogación de las leyes de la impunidad) que la Fundación Clara Anahí filma desde el año 2000 por pedido de Chicha, quien era la única que tenía copia de ese material. Al final, por suerte, rescatamos las filmaciones de todos los juicios que se hicieron en La Plata”, contó Abbattista.
Los papeles que no pudieron ser rescatados, los que ya desde antes no estaban en buen estado y fueron ganados por los hongos, alcanzaron a ser fotocopiados.
“Conocíamos el material y la lógica con la que lo había guardado Chicha, eso también ayudó a salvar el archivo”, describió Abbattista. Y agregó: “era cada vez más riesgoso para nuestra salud y para la salud de Chicha, y aprendimos que es muy peligroso si un hongo se aloja en nuestros pulmones, pero nos cuidamos: usamos guantes y barbijos y pudimos rescatar todo el material”
La casa en donde vive Chicha está llena de los recuerdos que guardó desde que formó parte del grupo “Abuelas argentinas con nietitos desaparecidos”. Guarda la historia de su familia y la suya propia, una historia de lucha que la llevó a fundar y presidir Abuelas de Plaza de Mayo, hasta que renunció, en 1989. Allí funciona la Fundación Clara Anahí, una organización no gubernamental que creó para seguir en la búsqueda inclaudicable de su nieta y ayudar a todos aquellos que quieran dar con sus lazos biológicos.
Chicha acaba de cumplir 90 años y sobrevivió a la inundación casi indemne. “No me enfermé, aunque cuatro meses después me agarré asma. Y a veces me dan algunos achaques”, concedió.
El trabajo voluntario permitió que no se perdieran los papeles que guardó toda su vida y que llenaban carpetas, cajas y armarios. Los libros, algunos de ellos firmados por sus autores, permanecerán un año guardados en un frezzer, a la espera de ser secados y desinfectados, como hicieron con la partida de nacimiento de su papá, Juan Chorobik, de 1885, que Chicha guardó para que Clara Anahí conozca algo de su verdadera historia. Algo que todavía no ocurre.

Sobre la inundación
Sergio Liscia, director de la carrera Ingeniería Hidráulica de la facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata, explicó a IPS que “381 milímetros cayeron en tres horas”, una cantidad de agua imposible de evacuar para una ciudad que habitualmente recibe precipitaciones con un promedio de 40 milímetros.
“Al margen de que no están actualizados los sistemas de drenaje, fue una lluvia de carácter extraordinario, que casi ninguna ciudad resistiría”, describió. Y agregó: “lo grave es que no hay un plan de contingencia, algo que habría que tener en cuenta porque la ciudad fue fundada sobre dos arroyos”.
La falta de un plan de contingencia, que les permitiera a los vecinos saber si se tenían que quedar en sus casas –como hizo Chicha- o era mejor evacuar, provocó una tragedia de un alcance desconocido: la cantidad de vecinos muertos es aún materia de debate judicial.
Apenas 72 horas después de la lluvia, y cuando la ciudad estaba devastada, el gobierno de la provincia de Buenos Aires informó que habían fallecido 51 personas. Las dudas de los vecinos no se hicieron esperar y la justicia administrativa comenzó a investigar si se habían falsificado certificados de defunción para ocultar la verdadera magnitud de la catástrofe.
El fiscal penal Jorge Paolini, quien investiga las responsabilidades por los fallecimientos, informó que la cantidad de muertos era de 67.
El juez Luis Federico Arias, a cargo del caso, constató un total de 89 muertes –y otros 17 casos dudosos- por la inundación y detectó severas irregularidades en la operatoria de la morgue local y en las defunciones anotadas en el Registro de las Personas bonaerense, por lo que condenó al gobierno bonaerense a rectificar las cifras oficiales de víctimas mortales.

21 de enero de 2014

En la costa


Dónde conseguir el libro En el cielo nos vemos. La historia de Jorge Julio López en la costa.

Mar del Plata:
Fray Mocho (http://www.fraymocholibros.com.ar/)
Libros De La Arena (http://www.librosdelaarena.com.ar).
Polo Norte (http://polonortemdq.com.ar)
Librería Puro Cuento (http://www.libreriapurocuento.com.ar)

Mar de las Pampas:
Alfonsina Del Bosque (Limay entre Los Andes y El Lucero)

Villa Gesell:
Casa Bohm (Av. 3 #464)

Pinamar:
Libros Bohm (Av del Libertador #60)

Necochea:
Uroboros Libros (http://www.uroboroslibros.com.ar)
Sor Juana Tienda De Libros (64 #3085)

Santa Teresita:
Casa Gómez (32 #272)




5 de noviembre de 2013

CON DESTACADOS ESCRITORES ABRE FERIA DEL LIBRO EN MAR DEL PLATA

 
FERIA DEL LIBRO-MAR DEL PLATA
CON DESTACADOS ESCRITORES ABRE FERIA DEL LIBRO EN MAR DEL PLATA
Mar del Plata, 4 de noviembre (Télam).- Los escritores Sergio Sinay, Sibila Camps, Soledad Vallejos, María Eugenia Ludueña, Analía Argento, Juan Sasturain, Tununa Mercado, Vicente Battista y Luis Alberto Romero serán algunos de los escritores invitados a la novena edición de la Feria del Libro de Mar del Plata, que será entre el 8 y 25 de noviembre. La Feria se llevará a cabo en la plaza Mitre, ubicada en el centro de la ciudad balnearia, y también estarán presentes el politólogo Atilio Borón; el periodista de Télam y coautor del libro "La Tablada", Felipe Celesia, y sus colegas, Ceferino Reato, Pablo Waisberg y Miguel Graziano. Bajo el lema “Treinta años de democracia”, esta feria tendrá más de 400 actividades programadas, 80 stands comerciales y cuatro salones auditorios. El secretario de Cultura municipal, Leandro Laserna, dijo hoy en la presentación oficial que en 2012 “tuvimos más de 100.000 visitantes” y agregó que la Feria “es el ámbito de encuentro en Mar del Plata más importante de todo el año”. El funcionario también sostuvo que "este año la feria está dedicada como un homenaje a los 30 años de la Democracia” e indicó que “habrá charlas de todo tipo vinculadas a lo que ha sucedido en estos 30 años”.
Las actividades feriales comenzarán este viernes con la presencia de Sibila Camps, autora del libro “La Red. La trama oculta del caso Marita Verón”. En tanto, el sábado, Jorge Areta presentará “Siempre tu palabra cerca”, donde recopila poemas escritos por Joaquín Areta antes de ser detenido desaparecido por la última dictadura cívico militar y que incluye el poema leído por el ex presidente Néstor Kirchner en la Feria del Libro de 2005, “Quisiera que me recuerden”. Ese mismo día, Graziano presentará su libro “En el cielo nos vemos. La historia de Jorge Julio López”; y Juan Bautista Yofré hablará sobre “La trama de Madrid”, donde reconstruye la historia del retorno de Juan Domingo Perón a la Argentina. (Télam)
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16 de mayo de 2013

Hoy en La Plata


Hoy jueves 16 de mayo a las 18.30 se presentará en el Museo de Arte de la Comisión Provincial por la Memoria (calle 9 Nº 984 entre 51 y 53 de La Plata) el libro ”En el cielo nos vemos, la historia de Jorge Julio López” del periodista Miguel Graziano. Estarán presentes el autor, el presidente de la CPM Hugo Cañón y la abogada de la causa por la desaparición de López, Guadalupe Godoy. La entrada es libre y gratuita.

15 de mayo de 2013

La Plata: Presentamos "En el cielo nos vemos. La historia de Jorge Julio López"

Los invitamos muy especialmente a la presentación del libro “En el cielo nos vemos” de Miguel Graziano. Estarán presentes su autor, el presidente de la CPM Hugo Cañón, y la abogada de la causa por la desaparición de Julio López, Guadalupe Godoy.

Los esperamos!

Calle 9 N° 984 (frente al Teatro Argentino)

9 de mayo de 2013

En las librerías



Aquí están, estas son las primeras librerías que recibieron "En el cielo nos vemos. La historia de Jorge Julio López"





CONURBANO BONAERENSE
Lib.Rodríguez S.R.L. (Cabildo)
Libreria Éxodo
Rayuela Libros
Casassa Y Lorenzo Libreros S.A
Papillon Libros  Sa
Unishop Sa B.Del Libro Adrogue
Gurbanov Miriam Sofia
Hector Simon Martinez
La Cueva Libros Caseros De Rondina Raul E.
Bianchini Ricardo
Garabombo Carrillo
Laberinto De Gualco Jessica
City Bell De Borean Jorge Sergio
Vuelvo Al Sur (Cap.Fed)
Libreria El Atril
Miguel Angel Chena
Abc Librerias (San Justo/Moron)
Abc Librerias (San Miguel)
Libreria Rodriguez - Ciudad Jardin - Palomar
Tiempo Libro  De Armenio Juan Pablo
De La Campana Libros
López Y Vergottini Libreros
Garabombo Ayacucho
Calypso Libreria
La Cueva Libros De Diego H.Alonso
Org. Escolar San Miguel - Carlos H.Garcia
Ramos Libros
La Normal Libros
Guardia Srl
Lugar Del Libro De Valle Gustavo Fabian

ROSARIO
La Técnica (Rosario)

FERIA Y GERENCIA
Distribuid.Alberto Luongo S.A.
La Red Del Libro S.A.
Prolibro De Ciolfi Fernando
Feria Continente
Gambito De Alfil De Otero Teresita Lourdes
Galerna Libros

CÓRDOBA
El Mundo Del Libro S.R.L.
Quade Srl

C.A.B.A. (Sin Microcentro)
Caleidoscopio
Bustelo Maria Celia
Al Tunel S.A. (Rodriguez Mella G.)
Penelope De Ruggiero Ana Maria Renata F
Paradigma
Libreria Otro Mundo De Lopez Ezequiel Daniel

CÙSPIDE Y BOUTIQUES
Boutique Ushuaia
Boutique Calafate
Boutique San Isidro
Cuspide Libros S.A
Boutique Del Libro Puerto Madryn

CENTRO
Lib Hernandez De La Calle Corrientes Sa
Libreria De Las Madres
Lib.Hernandez De La Calle Corrientes Sa
Stronguin Gabriel
Antigona Liberarte
Antigona Callao
Editorial Losada S.A.
Murguia Libros
Antigona Ccc
La Libreria De Avila
Edipo Libros
Paginas Libres De Santiago Ripoll

PATAGONIA
Don Quijote Libros (Viedma)
Macayo Libreria M. Macazo
Cultura Lib.(Bhe).

COSTA ATLÁNTICA
Ediciones Dorrego De Boianelli Maria Margarit
El Avenida De Torrecilla Carmen Lucila
Libreria Santa Fe De Galliano Luis B. (Zarate
Henry Libros De Ediciones Bahia Sa
Libros De La Arena De Sabadin Clauldo  (Mdq)
Alfa Libreria Srl
Uroboros Libros De Bernagozzi Claudio Alberto
Sor Juana Tienda De Libros De Miriuca Y Otra
T Y P De Crema Norberto Adolfo (Venado Tuerto
Alfonsina Del Bosque De Nelida L.Escalante
Chelen Libros De Bianco Norma Marcela
Casa Bohm De Sucesion Esposito Guillermo
Fray Mocho S.A. (Mdq)
Libros Bohm De Jorge G.Bohm (Pinamar)
Polo Norte De Tiberio Donato Daniel
Fidias De Vitullo A.Y Lizarazo N. Sh
La Tienda Libros Y Artistica De Lafon Demaest
Libreria Puro Cuento De Ale Catalin Damian E.

LA PLATA
El Aleph, en 44 entre 6 y Plaza Italia.
De la campana, en 7 e/58 y 59.
Éxodo, en 1 e/46 y 47.
Normal en 7 e 55 y 56.
City Bell, en Cantilo y 4.

28 de abril de 2013

La historia de Jorge Julio López, en la Feria del Libro


Ediciones Continente invita a la presentación del libro En el cielo nos vemos. La historia de Jorge Julio López de Miguel Graziano.
Los esperamos el viernes 3 de mayo a las 18:30 hs. en la sala Leopoldo Lugones del pabellón Amarillo. Acompañarán al autor Osvaldo Bayer, Adriana Meyer y Rubén López (hijo de Jorge Julio).


En el cielo nos vemos
La historia de Jorge Julio López
Miguel Graziano
256 páginas. PVP $ 95.


En el cielo nos vemos es la historia de un hombre que desapareció dos veces, primero en dictadura, en 1976, y luego en democracia, en 2006. Cuenta quién es Jorge Julio López, cómo procesó en su interior la tortura, con familiares que no querían saber, que lo condenaban a vivir en silencio, y cómo reconstruyó su memoria para que hubiera justicia: "Los argentinos tienen que saber", repetía.
A la desaparición forzada, el horror y la cárcel le sigue la historia de la impunidad, en un largo camino que va desde la ley de autoamnistía dictada por los militares en 1983 hasta la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, en 2005. Y una vez que López pudo dar testimonio en el juicio a Miguel Etchecolatz, cuando faltaban apenas unas horas para que se conociera la primera condena por crímenes cometidos en el marco de un genocidio, otra vez la ausencia, la desaparición. De eso también da cuenta En el cielo nos vemos, el desconcierto y la impotencia de los funcionarios, las piezas del rompecabezas que no encajan en la investigación, las pistas disparatadas e interesadas, los rastrillajes indiscriminados y los misterios teñidos de mensajes mafiosos en un caso aún impune.
http://enelcielonosvemos.com

Miguel Graziano nació en Necochea y se formó en el Taller Escuela Agencia (TEA), en Buenos Aires, donde egresó en 1993. Trabajó más de diez años en La Plata por lo que se considera un periodista platense. En 2008 integró la redacción del diario Diagonales, donde empezó a escribir sobre el caso López. Actualmente es administrador de redes sociales del Grupo 23.

3 de abril de 2013

La ciudad está de luto, es puro silencio y angustia




Veían la inundación en la ciudad de Buenos Aires por la televisión cuando se largó a llover en La Plata. Serían las cuatro o cinco de la tarde cuando empezaron a preocuparse. Ya se habían quedado sin electricidad y la calle estaba llena de agua de cordón a cordón. Corre rápido, se tranquilizaron. El agua bajó, pero al rato volvió la lluvia y el nivel volvió a subir en 14 entre 43 y 44.
A las seis de la tarde empezaron a escucharse los primeros gritos. Eran los vecinos que advertían a los que pasaban a pie, con el agua a los tobillos o a las rodillas, para que tuvieran la precaución de no ser chupados por el pozo de la esquina, un enorme hoyo sobre el que sentará sus bases un hotel de lujo: el primero cinco estrellas que tendrá La Plata, les dijeron. Tené cuidado que están construyendo un edificio, que no te lleve el agua, que ahí hay un pozo, gritaban.
Los que viven en los edificios de la cuadra veían con resignación como el agua entraba a los garajes en el subsuelo. Y por las ventanas, cuando ya se hacía de noche y estaba oscuro, empezaban a espantarse con el río que corría por la calle. Muy rápido, el agua entraba en las casas bajas, la mayoría de ellas construidas uno o dos escalones por sobre el nivel de la vereda.
El agua crecía y empezaba a tapar los autos. No lo podían creer.
Como a las nueve de la noche empezaron a escucharse los primeros pedidos de ayuda. “Socorro”, gritaba una señora de 80 años, aferrada a los barrotes de la reja de su ventana, por donde ya entraba el agua, mientras permanecía parada arriba de una silla.
No era la única que gritaba. Otra vecina, que vivía en la puerta de al lado, en un departamento interno, pasillo al fondo, también pedía ayuda. Unas horas antes, cuando el agua había llegado al cordón, su familia le había ofrecido ir a buscarla, pero ella prefirió quedarse en su casa.
Hasta las doce de la noche tuvieron que lidiar los chicos con el agua al pecho para sacar a la señora que pedía ayuda en la ventana. Intentaron romper la reja para entrar al pasillo y llegar a la casa de la otra vecina, pero la correntada se los impedía y no les quedó otra que darse por vencidos. Ya no se escuchaban los gritos de la mujer.
El agua empezó a bajar como a las cinco de la madrugada. Fue entonces que se preguntaron por la vecina que había gritado. Pronto sabrían que era una de las al menos 35 víctimas fatales que hubo en La Plata como consecuencia de los 320 milímetros que cayeron ayer en unas pocas horas.
La ciudad hoy está de luto, es puro silencio y angustia.

21 de marzo de 2013

En el cielo nos vemos - La historia de Jorge Julio López y lo que los argentinos tienen que saber

http://enelcielonosvemos.com/

Peña Lillo - Continente.

21 de diciembre de 2012

El libro - adelanto


La boina azul, la campera bordó y los mismos zapatos que usó en cada una de las audiencias del juicio, sin importar si hiciera frío o calor, estaban en el living, preparados sobre una silla. Gustavo pensó que su papá se había quedado dormido y se metió en su habitación. Su lado de la cama estaba abierto. Fue hasta el baño. No estaba ahí. Irene recién se despertaba.
—¿Dónde está el viejo? —preguntó.
—Habrá salido a caminar —dijo Irene, entredormida.
—Pero se nos hace tarde.
—A mí no me dijo nada. Fijate afuera.
Gustavo salió a la vereda. Miró extrañado a su alrededor. Caminó hasta la carpintería de su hermano y llamó a su papá. Nadie contestó. Volvió a la casa, lo buscó otra vez en el patio, entró de nuevo al dormitorio, abrió la puerta del baño.
—¿Dónde se habrá metido? —insistió.
—Yo no lo vi.
—¡Cómo que no lo viste, mamá!
—¡Recién me despierto! —se justificó—, tal vez salió a caminar.
—Qué pelotudo… vamos a llegar tarde…
—¿Y qué querés que haga? ¡Si yo no quiero que vaya a ningún lado! ¡Yo quiero que se olvide!
La de Jorge Julio López es la historia de un albañil que fue secuestrado, encarcelado y torturado. En las tinieblas fue testigo de la muerte de una generación de jóvenes con los que se había comprometido a construir un mundo mejor. Sobrevivió y aprendió a vivir en silencio, a soportar la indiferencia. Fue sabueso de su propia memoria, no para buscar a los asesinos de sus compañeros, que a esos ya los conocía, sino para denunciar lo que hicieron. “Los argentinos tienen que saber”, decía. A los 77 años, cuando había encontrado justicia, después de haber dado testimonio, fue otra vez desaparecido. En la última aventura de su vida, entre la noche del domingo 17 y la madrugada del lunes 18 septiembre de 2006, le abrió la puerta a la muerte. Se lo llevaron. Su ausencia se investiga como una “presunta desaparición forzada” y es el manual de la perfecta impunidad.

25 de julio de 2012

La “Loca” Elena, mujer cartonera


Foto: Fátima Pérez


Con 67 años, trabaja de lunes a lunes. Vive en una casilla abarrotada de cosas que recogió en la calle. Tiene conocidos en todas las esquinas, un hijo preso y un caballo bien alimentado y de pelaje brilloso que no necesita indicaciones para hacer todas las tardes el mismo recorrido.
Por Elisa Corzo y Miguel Graziano

1

Son las 4 de la tarde de un día soleado del invierno recién llegado. No acaba de levantarse de la siesta. Tampoco está tejiendo. Hace un rato llegó de Olmos, donde visitó a su hijo preso. Está desparramada en un sillón bordó, bajo el alero de su casa. Se queja porque le pica la gomaespuma que se escapa por la cuerina rota. Le gusta sentarse en la vereda, mirar a la gente que pasa y conversar con los vecinos. Señala a dos que van en una moto.
—¿Ves ése que pasa ahí? También ése es hijo mío, y el que va con él es mi nieto — dice.
Tiene 67 años, cuatro hijos y tantos nietos que le cuesta contarlos.
Mira el reloj y manda al Negro a que prepare al caballo para salir a cartonear. El hombre con la cara huesuda y la piel curtida con el que convive hace 25 años trae el caballo con paso lento, de las riendas. Cuando termina de ponerle la silleta y la pechera, le acaricia la cabeza.
Vive en una casilla de durlock y madera abarrotada de cajas, ollas y un sinfín de bártulos que recogió en la calle. Una de las piezas está hasta el techo de ropa. Agarra una campera de algodón para abrigarse.
Donde vive Elena no hay carteles que indiquen las calles. Tampoco hay numeración en las casas. Cuando da su dirección, la referencia es el tarro azul de plástico que rebalsa de agua. Un caballo que anda suelto está tomando agua. También ella saca agua con una jarra y bebe un poco.
Cuelga su bolso de una madera. Apoya un pie en la rueda y se agarra del asiento para subirse al carro. Aunque muestra sus bíceps marcados, admite que ya le cuesta subir y bajar. Agarra las riendas y grita “¡Eaaa!”, para arengar al caballo. El carro se balancea con violencia cuando pasa por la zanja con agua podrida.

2

Va sola. El Negro no quiso acompañarla. Una gorra azul le aplasta los rulos grises. Enfila por la 602, una calle de tierra y piedras como todas por ahí. Diez caballos pastan en un campo que fue cabecera de estancia. Dice que son de ella y de uno de sus hijos, cartonero.
El primer barrio en el que se interna es un asentamiento con casillas. Algunas son de chapa. No están hace mucho. Cuando ella llegó a la zona, hace más de 20 años, sólo estaban las casas de los cuidadores de la estancia y alguna que otra vivienda desperdigada.
Dobla en la esquina y se cruza con un hombre joven que arrastra un carro lleno de cartones y botellas. Elena aprovecha a preguntarle por el patrullero que ya tres veces dobló por una esquina cercana. Se rumorea que mataron a un paraguayo, pero ellos concluyen que es “mentira de José”, el borracho del barrio, que llamó ala Policía.
José también arrastra un carro, pero de supermercado. Hace unos meses lo atropelló una moto y quedó mal de la pierna. Elena lo dejó quedarse en su casa. Un día la trató de puta y lo echó.
En villa Montoro vive la mayoría de los cartoneros deLa Plata. Tambiénhay albañiles, mujeres que limpian casas y barrenderos municipales. A Elena no le gusta:
—El barrio es una porquería —comenta al pasar frente a una casa donde hay un grupo de jóvenes. Escuchan música a todo volumen, que satura los parlantes del auto estacionado en la vereda. Suena El Guachón.
—Hambre no hay, pero hay mucha droga; los pibes dejan la escuela y se la pasan en la calle.

3

Antes de mudarse a villa Montoro Elena vivió en Lanús. Trabajaba como moza. Carlos, el hombre al que llama “marido”, la conoció en ese restaurante. Sus compañeras le decían que no le convenía, porque era casado.
En una repisa de su casa guarda un portarretratos cubierto de tierra y papeles. Un hombre gordo, con bigotes y una camisa a cuadros le sonríe a la cámara. Lo atropelló un colectivo hace doce años.
—¿Ves? Éste sí es mi marido. Era penitenciario.
—Antes de morirse, él sabía que yo estaba viviendo con el Negro. Le decía que me cuidara. ¿O no, Negro?
El Negro ceba despacito un mate y asiente en silencio.
Con Carlos empezó a cartonear. Iban aLa Cantera, entre Abasto y Romero. Llevaban un carro de a pie.
—Ahí en los contenedores se veía de todo, cualquier cosa, bebés muertos… cualquier cosa. Una vez vi cómo jugaban a la pelota con la cabeza de un muerto. Y ya no pude volver más, ¿viste? Eso fue en la época de la dictadura.

4

En abril, Control Urbano le quitó a Elena el caballo porque estaba amarrado sobre la senda peatonal. También le dijeron que lo secuestraban porque estaba lastimado. Ella le dijo al juez que fuera él a mirar el caballo. “Que se fije él a ver si yo miento, a ver si está o no está lastimado”.
La primera noche la pasó a la intemperie, en la plaza Malvinas. Estaba sola y hacía frío. No se iba a ir sin Bobo. Los caballos de la familia de Elena están bien alimentados y con el pelaje brilloso. Les da avena. Los deja pastar en el campo frente a su casa. Una veterinaria los revisa y le firma la libreta sanitaria con regularidad.

5

—¡Qué linda es la libertad! —dice mientras Bobo tira del carro. Va por una calle del barrio Jardín, con la brisa y el sol de junio, que apenas entibia la piel.
—¡Qué feo es estar encerrado como mi hijo! Y yo estoy abandonada, ¿viste? Me dejé estar, y mi hijo me dice que le tenga la pieza linda para cuando vuelva, pero yo no puedo, no tengo ganas… Tengo miedo de que un día lo agarren en una pelea y que le pase algo, ¿viste?, puede pasar cualquier cosa ahí.
Elena tiene un recorrido fijo, que Bobo —como le dice a Boni— hace por inercia. Los vecinos la reconocen por el carro y por el sonido de las campanas del caballo. Pero sobre todo ella los conoce ellos; conoce su basura y lo que le pueden dar. Así, al pasar frente a una de las tantas casas señala un canasto lleno de bolsas y dice: “Acá no paro porque no hay nada: pura basura”.
El carro se va metiendo entre los autos, que lo arrinconan. Uno se le pega atrás y Elena se da vuelta, indignada, para gritarle algo al conductor. Pero no se queja del tráfico. “Yo no tengo problema con los autos. Voy tranquilita… sin apuro”, afirma.
Accidentes tuvo pocos. Una vez, el carro volcó en la calle 13. Había una protesta. Bombos y fuegos artificiales. El caballo estaba parado mientras ella revisaba unas bolsas y el ruido lo espantó.
En 5 y 59, para frente a una verdulería. Mete medio cuerpo adentro de unos altos tachos de plástico y logra rescatar tomates, uvas, cebollas y manzanas, que salen chorreando agua. Elena pone las frutas y verduras en una bolsa. Se sacude las manos mojadas y sube al carro.
En una casa con frente de mármol blanco, un grupo de chicos está de mudanza. Hay cajas y sillas en la vereda. Al pie de un árbol, Elena divisa bolsas de consorcio.
—A ver, a ver, acá hay algo —adelanta.
Baja. Husmea. Grita:
—¡Dios me mandó a esta casa!
El blanco es el premio, el material preciado. Otros, como el cobre y el metal, valen más pero cuesta juntarlos. En general, se acumulan y se venden una vez al año. Con esa venta, un cartonero puede hacer unos $700. El vidrio se consigue fácil pero no se paga tan bien.
Afuera de un boliche de la calle 59 junta decenas de porrones de vidrio y botellas de licores. Las botellas raras se las vende a un artesano que trabaja en la feria que está en la vereda dela Facultadde Humanidades.

6

Cuando se emociona Elena muestra los dientes. Los ojos celestes se clavan en los otros ojos que la miran. Con una mano de dedos gruesos y uñas largas se seca las lágrimas y la transpiración.
Tal vez porque sabe que saldrá en una revista, Elena se emociona a cada rato. Por su hijo preso, por su nieta que murió asfixiada, por su marido fallecido. Como contrapartida, ofrece una cargada para rematar cada conversación.
Elena cartonea de lunes a lunes. Todas las tardes. Además, tres veces a la semana cuida abuelos. Turno noche hasta las 2 de la tarde. La empresa para la que trabaja le paga $5 y $7 la hora. El celular no para de sonar en todo el recorrido. No atiende. Sabe que la llaman de alguna de esas empresas.
Ni lo que junta cartoneando ni la pensión de ama de casa le alcanzan. Además, tiene que pagar el abogado de su hijo.
Elena saluda a todos los que se cruza. Tiene conocidos en todas las esquinas.
Cuando pasa por 1 y 70 se da vuelta para saludar a un hombre de traje que sale del hospital San Martin.
—¡Amigo! —grita.
El hombre se golpea el pecho y la saluda con los dedos en V. Ella devuelve la seña. La gente que espera en la parada de colectivo mira con curiosidad. Algunos ríen.
—¡Soy peronista de cuna! —dice, efusiva.

7

Después de atravesar el centro, Elena va por 53 hasta 19. Y en 66 pega la vuelta a su barrio.
En la vereda de una casa de villa Montoro dos adolescentes toman mate.
—¡Ah! ¡Mirá a los tortolitos! ¿Con este feo te pusiste de novia?
La chica alta, de unos 15 años, y el chico, que parece de 13, se ríen. Elena también se ríe. Levanta un brazo para despedirse.
En el patio de su casa acumula y clasifica lo que junta. Hay montañas de basura mezclada con cartones, alambres y plásticos y dos perros flacos que olfatean las cosas. Allí clasifica los distintos materiales para venderlos a las chatarreras.

La loca Elena

En 2009, Elena protagonizó un documental de Hernán Zin, el hijo de Claudio Zin, que ganó varios premios. De título le pusieron La loca Elena, como le dicen a ella en el barrio. En la película, sus rulos grises están rubios para siempre.
“A mí no me molesta que me digan ‘loca’. Pasa que están los que te dicen ‘eh, vos, loca’, ¿me entendés? Me da una bronca… Porque a mí todo el mundo me quiere, y yo saludo a todos. Pero si alguien me dice algo, ahí sí me puedo dar vuelta y decirle de todo”, afirma ahora.

40 centavos el kilo

Tito tiene 21 años y cartonea junto a su hermano. Son del barrio El Progreso. Lo que recolectan lo acumulan en el terreno de su casa durante una o dos semanas. Clasifican los materiales y lo venden, por kilo, a una de las tantas papeleras que existen enLa Plata. Estosson precios por kilo en nuestra región:
Cartón: $0,40
Papel de diario: $0,30
Papel blanco: $0,90
Chatarra (chapa y otras): $9
Cobre: $23
Tito advierte que los precios bajaron respecto de 2011.

La nota completa la revista La Pulseada. http://lapulseada.com.ar/