"La gente cree estar plenamente informada sin haberse aproximado siquiera a una sola idea que contradiga sus prejuicios", Bill Keller.

7 de abril de 2014

Tendederos, broches y papel secante contra la inundación: cómo se recuperó el archivo de Chicha Mariani


Foto: Helen Zout



El archivo que a lo largo de 36 años de lucha había atesorado la fundadora y ex presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, María Isabel "Chicha" Chorobik de  Mariani, parecía perdido después de que quedara bajo el agua el último 2 de abril, cuando se inundó la ciudad de La Plata, pero fue recuperado luego de meses de trabajo voluntario. Tendederos, broches, papel secante y alcohol, fueron algunas de las herramientas usadas para el salvataje.

“No había mucha experiencia en el rescate de un archivo, incluso los especialistas creían que los hongos echaban todo a perder en 15 días, pero dos meses después de la inundación, alcohol mediante, fue posible recatar casi toda la documentación”, describió Lucía Abbattista, una de las coordinadoras del operativo de rescate de la documentación.
Chicha recordó el día de la trágica inundación, cuya cantidad de muertos es aún materia de discusión en los estrados judiciales, luego de una lluvia inédita que inundó gran parte de la ciudad.
Pese a que el agua entraba rápidamente a su casa de 47 entre 17 y 18, Chicha, con sus 90 años a cuestas y una ceguera progresiva que le impide ver nada definido, subía los papeles y recuerdos que guarda lo más alto posible: “en ningún momento tuve miedo, pero veía como se perdía todo”, describió.
Cuando no tuvo más alternativa, con el agua al pecho, cansada y con frío, aceptó que debía evacuar y, con ayuda de un vecino, subió a una casa en un primer piso. Entonces se vio a sí misma, con un camisón de verano, cubierta de hojas doradas, hojas del otoño. Le causó risa sentirse como una Venus.
El agua tardó más de doce horas en bajar. Y cuando regresó, Chicha se encontró con un panorama desolador. “La casa era un caos de barro. Estaba todo tirado y las cosas perdidas”, afirmó.
Sin embargo, un grupo de voluntarios puso manos a la obra, primero para limpiar la vivienda, y después para recuperar los papeles. “Tuve la solidaridad tremenda de cientos de personas, casi toda gente joven, casi toda desconocida, pero también funcionarios que pasaban por acá y agarraban una escoba para ponerse a limpiar”, contó Chicha.
Abbattista explicó a IPS cómo fue el trabajo: “El primer día fue bastante confuso, el segundo empezamos a limpiar la casa para poder circular por el lugar y a ver qué era lo que se había arruinado”.
Algo de alivio sintieron cuando confirmaron que la muestra de objetos y fotos familiares que cuenta la historia de Clara Anahí, la nieta de Chicha secuestrada por la dictadura cuando tenía tres meses, en noviembre de 1976, estaba de gira. No sólo se habían salvado algunas de las fotografías más preciadas, sino también las muñecas que la abuela le fue comprando a su nieta en cada viaje que hacía para pedir su restitución.
“Aquella tarde recibimos la visita de trabajadores del Archivo Nacional de la Memoria –especialistas en conservación-, quienes nos explicaron los procedimientos para salvar el papel. Aunque no había experiencia de rescatar material que estuvo bajo el agua más de diez horas y llevaba varios días húmedos, nos pusimos a trabajar”.
Lo primero fue valorar el material a rescatar: “había papeles con valor de prueba judicial, con valor histórico y con valor afectivo, documentación central y clave en lo que es la exigencia por sus hijos y todo aquello que Chicha ha guardado como tesoro para poder legarle a su nieta. Había material que podía volver a imprimirse y otro qué era original y había que salvarlo”, explicó Abbattista.
Las cartas familiares, las que Chicha y su hijo Daniel se escribían cuando él estaba de viaje, las que se mandaba con su marido durante los primeros años de búsqueda, fueron las primeras en ser rescatadas, aunque el trabajo sirvió para rescatar el 95 por ciento de la documentación reunida en los 36 años de lucha. Incluso las fotografías familiares.
“Eran miles de hojas”, contó Chicha, quien lamentó la pérdida de sus anotaciones en algunos papeles, como los registros de las sepulturas de personas no identificadas en el Cementerio de La Plata. “Fui perdiendo la vista, pero seguí escribiendo, primero con lapicera, después con fibrones, para que la letra sea más grande y visible, pero el agua borró todo eso”, contó.
La lluvia fue el martes, el agua bajó el miércoles, el jueves se empezó a difundir la situación del archivo y el viernes empezaron a llegar las primeras donaciones: hacían falta cajas, papel secante, tendederos, broches, alcohol y desinfectantes. Con las primeras cosas, también empezó a llegar la gente, “especialistas en conservación, pero también otras personas que fueron a dar una mano o que pasaban a saludar y se quedaban a colgar papeles”, describió Abbattista.
Con guantes y barbijos, para no ser afectados por los hongos, los voluntarios separaron las hojas con pinzas con mucho cuidado para que no se rompan, las rociaron con un desinfectante o las vaporizaron con una mezcla de 50% de agua limpia y 50% de alcohol y las pusieron luego sobre papel secante. Como había mucho material, algunas cosas fueron frezzadas, como las fotos y los libros, para ganar tiempo.
Cuando se secaron lo suficiente, como para que no se partan por el peso del agua, los papeles eran colgados en tendederos colocados en el garaje y el patio compartido de las cuatro casas del edificio en el que vive Chicha. De noche, eran vueltos a guardar entre papel secante, en habitaciones con deshumidificadores. Y así, hasta que estuvieron secos. Entonces, se guardaron en cajas, sin folios, separados con secantes, sin ganchos, que se oxidan si se humedecen.
Varias instituciones permitieron que sus trabajadores cumplieran sus horas laborales en la casa de Chicha. Así, especialistas en conservación de la Cámara de Diputados de la Nación o los empleados del archivo de la Comisión Provincial por la Memoria, especializado en rescatar el material audiovisual, pasaron varios días en la casa.
“Hubo que rescatar CD´s y algunas cintas de video VHS, en particular las del Juicio por la Verdad (un juicio no punitivo que comenzó antes de la derogación de las leyes de la impunidad) que la Fundación Clara Anahí filma desde el año 2000 por pedido de Chicha, quien era la única que tenía copia de ese material. Al final, por suerte, rescatamos las filmaciones de todos los juicios que se hicieron en La Plata”, contó Abbattista.
Los papeles que no pudieron ser rescatados, los que ya desde antes no estaban en buen estado y fueron ganados por los hongos, alcanzaron a ser fotocopiados.
“Conocíamos el material y la lógica con la que lo había guardado Chicha, eso también ayudó a salvar el archivo”, describió Abbattista. Y agregó: “era cada vez más riesgoso para nuestra salud y para la salud de Chicha, y aprendimos que es muy peligroso si un hongo se aloja en nuestros pulmones, pero nos cuidamos: usamos guantes y barbijos y pudimos rescatar todo el material”
La casa en donde vive Chicha está llena de los recuerdos que guardó desde que formó parte del grupo “Abuelas argentinas con nietitos desaparecidos”. Guarda la historia de su familia y la suya propia, una historia de lucha que la llevó a fundar y presidir Abuelas de Plaza de Mayo, hasta que renunció, en 1989. Allí funciona la Fundación Clara Anahí, una organización no gubernamental que creó para seguir en la búsqueda inclaudicable de su nieta y ayudar a todos aquellos que quieran dar con sus lazos biológicos.
Chicha acaba de cumplir 90 años y sobrevivió a la inundación casi indemne. “No me enfermé, aunque cuatro meses después me agarré asma. Y a veces me dan algunos achaques”, concedió.
El trabajo voluntario permitió que no se perdieran los papeles que guardó toda su vida y que llenaban carpetas, cajas y armarios. Los libros, algunos de ellos firmados por sus autores, permanecerán un año guardados en un frezzer, a la espera de ser secados y desinfectados, como hicieron con la partida de nacimiento de su papá, Juan Chorobik, de 1885, que Chicha guardó para que Clara Anahí conozca algo de su verdadera historia. Algo que todavía no ocurre.

Sobre la inundación
Sergio Liscia, director de la carrera Ingeniería Hidráulica de la facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de La Plata, explicó a IPS que “381 milímetros cayeron en tres horas”, una cantidad de agua imposible de evacuar para una ciudad que habitualmente recibe precipitaciones con un promedio de 40 milímetros.
“Al margen de que no están actualizados los sistemas de drenaje, fue una lluvia de carácter extraordinario, que casi ninguna ciudad resistiría”, describió. Y agregó: “lo grave es que no hay un plan de contingencia, algo que habría que tener en cuenta porque la ciudad fue fundada sobre dos arroyos”.
La falta de un plan de contingencia, que les permitiera a los vecinos saber si se tenían que quedar en sus casas –como hizo Chicha- o era mejor evacuar, provocó una tragedia de un alcance desconocido: la cantidad de vecinos muertos es aún materia de debate judicial.
Apenas 72 horas después de la lluvia, y cuando la ciudad estaba devastada, el gobierno de la provincia de Buenos Aires informó que habían fallecido 51 personas. Las dudas de los vecinos no se hicieron esperar y la justicia administrativa comenzó a investigar si se habían falsificado certificados de defunción para ocultar la verdadera magnitud de la catástrofe.
El fiscal penal Jorge Paolini, quien investiga las responsabilidades por los fallecimientos, informó que la cantidad de muertos era de 67.
El juez Luis Federico Arias, a cargo del caso, constató un total de 89 muertes –y otros 17 casos dudosos- por la inundación y detectó severas irregularidades en la operatoria de la morgue local y en las defunciones anotadas en el Registro de las Personas bonaerense, por lo que condenó al gobierno bonaerense a rectificar las cifras oficiales de víctimas mortales.

21 de enero de 2014

En la costa


Dónde conseguir el libro En el cielo nos vemos. La historia de Jorge Julio López en la costa.

Mar del Plata:
Fray Mocho (http://www.fraymocholibros.com.ar/)
Libros De La Arena (http://www.librosdelaarena.com.ar).
Polo Norte (http://polonortemdq.com.ar)
Librería Puro Cuento (http://www.libreriapurocuento.com.ar)

Mar de las Pampas:
Alfonsina Del Bosque (Limay entre Los Andes y El Lucero)

Villa Gesell:
Casa Bohm (Av. 3 #464)

Pinamar:
Libros Bohm (Av del Libertador #60)

Necochea:
Uroboros Libros (http://www.uroboroslibros.com.ar)
Sor Juana Tienda De Libros (64 #3085)

Santa Teresita:
Casa Gómez (32 #272)




5 de noviembre de 2013

CON DESTACADOS ESCRITORES ABRE FERIA DEL LIBRO EN MAR DEL PLATA

 
FERIA DEL LIBRO-MAR DEL PLATA
CON DESTACADOS ESCRITORES ABRE FERIA DEL LIBRO EN MAR DEL PLATA
Mar del Plata, 4 de noviembre (Télam).- Los escritores Sergio Sinay, Sibila Camps, Soledad Vallejos, María Eugenia Ludueña, Analía Argento, Juan Sasturain, Tununa Mercado, Vicente Battista y Luis Alberto Romero serán algunos de los escritores invitados a la novena edición de la Feria del Libro de Mar del Plata, que será entre el 8 y 25 de noviembre. La Feria se llevará a cabo en la plaza Mitre, ubicada en el centro de la ciudad balnearia, y también estarán presentes el politólogo Atilio Borón; el periodista de Télam y coautor del libro "La Tablada", Felipe Celesia, y sus colegas, Ceferino Reato, Pablo Waisberg y Miguel Graziano. Bajo el lema “Treinta años de democracia”, esta feria tendrá más de 400 actividades programadas, 80 stands comerciales y cuatro salones auditorios. El secretario de Cultura municipal, Leandro Laserna, dijo hoy en la presentación oficial que en 2012 “tuvimos más de 100.000 visitantes” y agregó que la Feria “es el ámbito de encuentro en Mar del Plata más importante de todo el año”. El funcionario también sostuvo que "este año la feria está dedicada como un homenaje a los 30 años de la Democracia” e indicó que “habrá charlas de todo tipo vinculadas a lo que ha sucedido en estos 30 años”.
Las actividades feriales comenzarán este viernes con la presencia de Sibila Camps, autora del libro “La Red. La trama oculta del caso Marita Verón”. En tanto, el sábado, Jorge Areta presentará “Siempre tu palabra cerca”, donde recopila poemas escritos por Joaquín Areta antes de ser detenido desaparecido por la última dictadura cívico militar y que incluye el poema leído por el ex presidente Néstor Kirchner en la Feria del Libro de 2005, “Quisiera que me recuerden”. Ese mismo día, Graziano presentará su libro “En el cielo nos vemos. La historia de Jorge Julio López”; y Juan Bautista Yofré hablará sobre “La trama de Madrid”, donde reconstruye la historia del retorno de Juan Domingo Perón a la Argentina. (Télam)
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16 de mayo de 2013

Hoy en La Plata


Hoy jueves 16 de mayo a las 18.30 se presentará en el Museo de Arte de la Comisión Provincial por la Memoria (calle 9 Nº 984 entre 51 y 53 de La Plata) el libro ”En el cielo nos vemos, la historia de Jorge Julio López” del periodista Miguel Graziano. Estarán presentes el autor, el presidente de la CPM Hugo Cañón y la abogada de la causa por la desaparición de López, Guadalupe Godoy. La entrada es libre y gratuita.

15 de mayo de 2013

La Plata: Presentamos "En el cielo nos vemos. La historia de Jorge Julio López"

Los invitamos muy especialmente a la presentación del libro “En el cielo nos vemos” de Miguel Graziano. Estarán presentes su autor, el presidente de la CPM Hugo Cañón, y la abogada de la causa por la desaparición de Julio López, Guadalupe Godoy.

Los esperamos!

Calle 9 N° 984 (frente al Teatro Argentino)

9 de mayo de 2013

En las librerías



Aquí están, estas son las primeras librerías que recibieron "En el cielo nos vemos. La historia de Jorge Julio López"





CONURBANO BONAERENSE
Lib.Rodríguez S.R.L. (Cabildo)
Libreria Éxodo
Rayuela Libros
Casassa Y Lorenzo Libreros S.A
Papillon Libros  Sa
Unishop Sa B.Del Libro Adrogue
Gurbanov Miriam Sofia
Hector Simon Martinez
La Cueva Libros Caseros De Rondina Raul E.
Bianchini Ricardo
Garabombo Carrillo
Laberinto De Gualco Jessica
City Bell De Borean Jorge Sergio
Vuelvo Al Sur (Cap.Fed)
Libreria El Atril
Miguel Angel Chena
Abc Librerias (San Justo/Moron)
Abc Librerias (San Miguel)
Libreria Rodriguez - Ciudad Jardin - Palomar
Tiempo Libro  De Armenio Juan Pablo
De La Campana Libros
López Y Vergottini Libreros
Garabombo Ayacucho
Calypso Libreria
La Cueva Libros De Diego H.Alonso
Org. Escolar San Miguel - Carlos H.Garcia
Ramos Libros
La Normal Libros
Guardia Srl
Lugar Del Libro De Valle Gustavo Fabian

ROSARIO
La Técnica (Rosario)

FERIA Y GERENCIA
Distribuid.Alberto Luongo S.A.
La Red Del Libro S.A.
Prolibro De Ciolfi Fernando
Feria Continente
Gambito De Alfil De Otero Teresita Lourdes
Galerna Libros

CÓRDOBA
El Mundo Del Libro S.R.L.
Quade Srl

C.A.B.A. (Sin Microcentro)
Caleidoscopio
Bustelo Maria Celia
Al Tunel S.A. (Rodriguez Mella G.)
Penelope De Ruggiero Ana Maria Renata F
Paradigma
Libreria Otro Mundo De Lopez Ezequiel Daniel

CÙSPIDE Y BOUTIQUES
Boutique Ushuaia
Boutique Calafate
Boutique San Isidro
Cuspide Libros S.A
Boutique Del Libro Puerto Madryn

CENTRO
Lib Hernandez De La Calle Corrientes Sa
Libreria De Las Madres
Lib.Hernandez De La Calle Corrientes Sa
Stronguin Gabriel
Antigona Liberarte
Antigona Callao
Editorial Losada S.A.
Murguia Libros
Antigona Ccc
La Libreria De Avila
Edipo Libros
Paginas Libres De Santiago Ripoll

PATAGONIA
Don Quijote Libros (Viedma)
Macayo Libreria M. Macazo
Cultura Lib.(Bhe).

COSTA ATLÁNTICA
Ediciones Dorrego De Boianelli Maria Margarit
El Avenida De Torrecilla Carmen Lucila
Libreria Santa Fe De Galliano Luis B. (Zarate
Henry Libros De Ediciones Bahia Sa
Libros De La Arena De Sabadin Clauldo  (Mdq)
Alfa Libreria Srl
Uroboros Libros De Bernagozzi Claudio Alberto
Sor Juana Tienda De Libros De Miriuca Y Otra
T Y P De Crema Norberto Adolfo (Venado Tuerto
Alfonsina Del Bosque De Nelida L.Escalante
Chelen Libros De Bianco Norma Marcela
Casa Bohm De Sucesion Esposito Guillermo
Fray Mocho S.A. (Mdq)
Libros Bohm De Jorge G.Bohm (Pinamar)
Polo Norte De Tiberio Donato Daniel
Fidias De Vitullo A.Y Lizarazo N. Sh
La Tienda Libros Y Artistica De Lafon Demaest
Libreria Puro Cuento De Ale Catalin Damian E.

LA PLATA
El Aleph, en 44 entre 6 y Plaza Italia.
De la campana, en 7 e/58 y 59.
Éxodo, en 1 e/46 y 47.
Normal en 7 e 55 y 56.
City Bell, en Cantilo y 4.

28 de abril de 2013

La historia de Jorge Julio López, en la Feria del Libro


Ediciones Continente invita a la presentación del libro En el cielo nos vemos. La historia de Jorge Julio López de Miguel Graziano.
Los esperamos el viernes 3 de mayo a las 18:30 hs. en la sala Leopoldo Lugones del pabellón Amarillo. Acompañarán al autor Osvaldo Bayer, Adriana Meyer y Rubén López (hijo de Jorge Julio).


En el cielo nos vemos
La historia de Jorge Julio López
Miguel Graziano
256 páginas. PVP $ 95.


En el cielo nos vemos es la historia de un hombre que desapareció dos veces, primero en dictadura, en 1976, y luego en democracia, en 2006. Cuenta quién es Jorge Julio López, cómo procesó en su interior la tortura, con familiares que no querían saber, que lo condenaban a vivir en silencio, y cómo reconstruyó su memoria para que hubiera justicia: "Los argentinos tienen que saber", repetía.
A la desaparición forzada, el horror y la cárcel le sigue la historia de la impunidad, en un largo camino que va desde la ley de autoamnistía dictada por los militares en 1983 hasta la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, en 2005. Y una vez que López pudo dar testimonio en el juicio a Miguel Etchecolatz, cuando faltaban apenas unas horas para que se conociera la primera condena por crímenes cometidos en el marco de un genocidio, otra vez la ausencia, la desaparición. De eso también da cuenta En el cielo nos vemos, el desconcierto y la impotencia de los funcionarios, las piezas del rompecabezas que no encajan en la investigación, las pistas disparatadas e interesadas, los rastrillajes indiscriminados y los misterios teñidos de mensajes mafiosos en un caso aún impune.
http://enelcielonosvemos.com

Miguel Graziano nació en Necochea y se formó en el Taller Escuela Agencia (TEA), en Buenos Aires, donde egresó en 1993. Trabajó más de diez años en La Plata por lo que se considera un periodista platense. En 2008 integró la redacción del diario Diagonales, donde empezó a escribir sobre el caso López. Actualmente es administrador de redes sociales del Grupo 23.

3 de abril de 2013

La ciudad está de luto, es puro silencio y angustia




Veían la inundación en la ciudad de Buenos Aires por la televisión cuando se largó a llover en La Plata. Serían las cuatro o cinco de la tarde cuando empezaron a preocuparse. Ya se habían quedado sin electricidad y la calle estaba llena de agua de cordón a cordón. Corre rápido, se tranquilizaron. El agua bajó, pero al rato volvió la lluvia y el nivel volvió a subir en 14 entre 43 y 44.
A las seis de la tarde empezaron a escucharse los primeros gritos. Eran los vecinos que advertían a los que pasaban a pie, con el agua a los tobillos o a las rodillas, para que tuvieran la precaución de no ser chupados por el pozo de la esquina, un enorme hoyo sobre el que sentará sus bases un hotel de lujo: el primero cinco estrellas que tendrá La Plata, les dijeron. Tené cuidado que están construyendo un edificio, que no te lleve el agua, que ahí hay un pozo, gritaban.
Los que viven en los edificios de la cuadra veían con resignación como el agua entraba a los garajes en el subsuelo. Y por las ventanas, cuando ya se hacía de noche y estaba oscuro, empezaban a espantarse con el río que corría por la calle. Muy rápido, el agua entraba en las casas bajas, la mayoría de ellas construidas uno o dos escalones por sobre el nivel de la vereda.
El agua crecía y empezaba a tapar los autos. No lo podían creer.
Como a las nueve de la noche empezaron a escucharse los primeros pedidos de ayuda. “Socorro”, gritaba una señora de 80 años, aferrada a los barrotes de la reja de su ventana, por donde ya entraba el agua, mientras permanecía parada arriba de una silla.
No era la única que gritaba. Otra vecina, que vivía en la puerta de al lado, en un departamento interno, pasillo al fondo, también pedía ayuda. Unas horas antes, cuando el agua había llegado al cordón, su familia le había ofrecido ir a buscarla, pero ella prefirió quedarse en su casa.
Hasta las doce de la noche tuvieron que lidiar los chicos con el agua al pecho para sacar a la señora que pedía ayuda en la ventana. Intentaron romper la reja para entrar al pasillo y llegar a la casa de la otra vecina, pero la correntada se los impedía y no les quedó otra que darse por vencidos. Ya no se escuchaban los gritos de la mujer.
El agua empezó a bajar como a las cinco de la madrugada. Fue entonces que se preguntaron por la vecina que había gritado. Pronto sabrían que era una de las al menos 35 víctimas fatales que hubo en La Plata como consecuencia de los 320 milímetros que cayeron ayer en unas pocas horas.
La ciudad hoy está de luto, es puro silencio y angustia.

21 de marzo de 2013

En el cielo nos vemos - La historia de Jorge Julio López y lo que los argentinos tienen que saber

http://enelcielonosvemos.com/

Peña Lillo - Continente.

21 de diciembre de 2012

El libro - adelanto


La boina azul, la campera bordó y los mismos zapatos que usó en cada una de las audiencias del juicio, sin importar si hiciera frío o calor, estaban en el living, preparados sobre una silla. Gustavo pensó que su papá se había quedado dormido y se metió en su habitación. Su lado de la cama estaba abierto. Fue hasta el baño. No estaba ahí. Irene recién se despertaba.
—¿Dónde está el viejo? —preguntó.
—Habrá salido a caminar —dijo Irene, entredormida.
—Pero se nos hace tarde.
—A mí no me dijo nada. Fijate afuera.
Gustavo salió a la vereda. Miró extrañado a su alrededor. Caminó hasta la carpintería de su hermano y llamó a su papá. Nadie contestó. Volvió a la casa, lo buscó otra vez en el patio, entró de nuevo al dormitorio, abrió la puerta del baño.
—¿Dónde se habrá metido? —insistió.
—Yo no lo vi.
—¡Cómo que no lo viste, mamá!
—¡Recién me despierto! —se justificó—, tal vez salió a caminar.
—Qué pelotudo… vamos a llegar tarde…
—¿Y qué querés que haga? ¡Si yo no quiero que vaya a ningún lado! ¡Yo quiero que se olvide!
La de Jorge Julio López es la historia de un albañil que fue secuestrado, encarcelado y torturado. En las tinieblas fue testigo de la muerte de una generación de jóvenes con los que se había comprometido a construir un mundo mejor. Sobrevivió y aprendió a vivir en silencio, a soportar la indiferencia. Fue sabueso de su propia memoria, no para buscar a los asesinos de sus compañeros, que a esos ya los conocía, sino para denunciar lo que hicieron. “Los argentinos tienen que saber”, decía. A los 77 años, cuando había encontrado justicia, después de haber dado testimonio, fue otra vez desaparecido. En la última aventura de su vida, entre la noche del domingo 17 y la madrugada del lunes 18 septiembre de 2006, le abrió la puerta a la muerte. Se lo llevaron. Su ausencia se investiga como una “presunta desaparición forzada” y es el manual de la perfecta impunidad.

25 de julio de 2012

La “Loca” Elena, mujer cartonera


Foto: Fátima Pérez


Con 67 años, trabaja de lunes a lunes. Vive en una casilla abarrotada de cosas que recogió en la calle. Tiene conocidos en todas las esquinas, un hijo preso y un caballo bien alimentado y de pelaje brilloso que no necesita indicaciones para hacer todas las tardes el mismo recorrido.
Por Elisa Corzo y Miguel Graziano

1

Son las 4 de la tarde de un día soleado del invierno recién llegado. No acaba de levantarse de la siesta. Tampoco está tejiendo. Hace un rato llegó de Olmos, donde visitó a su hijo preso. Está desparramada en un sillón bordó, bajo el alero de su casa. Se queja porque le pica la gomaespuma que se escapa por la cuerina rota. Le gusta sentarse en la vereda, mirar a la gente que pasa y conversar con los vecinos. Señala a dos que van en una moto.
—¿Ves ése que pasa ahí? También ése es hijo mío, y el que va con él es mi nieto — dice.
Tiene 67 años, cuatro hijos y tantos nietos que le cuesta contarlos.
Mira el reloj y manda al Negro a que prepare al caballo para salir a cartonear. El hombre con la cara huesuda y la piel curtida con el que convive hace 25 años trae el caballo con paso lento, de las riendas. Cuando termina de ponerle la silleta y la pechera, le acaricia la cabeza.
Vive en una casilla de durlock y madera abarrotada de cajas, ollas y un sinfín de bártulos que recogió en la calle. Una de las piezas está hasta el techo de ropa. Agarra una campera de algodón para abrigarse.
Donde vive Elena no hay carteles que indiquen las calles. Tampoco hay numeración en las casas. Cuando da su dirección, la referencia es el tarro azul de plástico que rebalsa de agua. Un caballo que anda suelto está tomando agua. También ella saca agua con una jarra y bebe un poco.
Cuelga su bolso de una madera. Apoya un pie en la rueda y se agarra del asiento para subirse al carro. Aunque muestra sus bíceps marcados, admite que ya le cuesta subir y bajar. Agarra las riendas y grita “¡Eaaa!”, para arengar al caballo. El carro se balancea con violencia cuando pasa por la zanja con agua podrida.

2

Va sola. El Negro no quiso acompañarla. Una gorra azul le aplasta los rulos grises. Enfila por la 602, una calle de tierra y piedras como todas por ahí. Diez caballos pastan en un campo que fue cabecera de estancia. Dice que son de ella y de uno de sus hijos, cartonero.
El primer barrio en el que se interna es un asentamiento con casillas. Algunas son de chapa. No están hace mucho. Cuando ella llegó a la zona, hace más de 20 años, sólo estaban las casas de los cuidadores de la estancia y alguna que otra vivienda desperdigada.
Dobla en la esquina y se cruza con un hombre joven que arrastra un carro lleno de cartones y botellas. Elena aprovecha a preguntarle por el patrullero que ya tres veces dobló por una esquina cercana. Se rumorea que mataron a un paraguayo, pero ellos concluyen que es “mentira de José”, el borracho del barrio, que llamó ala Policía.
José también arrastra un carro, pero de supermercado. Hace unos meses lo atropelló una moto y quedó mal de la pierna. Elena lo dejó quedarse en su casa. Un día la trató de puta y lo echó.
En villa Montoro vive la mayoría de los cartoneros deLa Plata. Tambiénhay albañiles, mujeres que limpian casas y barrenderos municipales. A Elena no le gusta:
—El barrio es una porquería —comenta al pasar frente a una casa donde hay un grupo de jóvenes. Escuchan música a todo volumen, que satura los parlantes del auto estacionado en la vereda. Suena El Guachón.
—Hambre no hay, pero hay mucha droga; los pibes dejan la escuela y se la pasan en la calle.

3

Antes de mudarse a villa Montoro Elena vivió en Lanús. Trabajaba como moza. Carlos, el hombre al que llama “marido”, la conoció en ese restaurante. Sus compañeras le decían que no le convenía, porque era casado.
En una repisa de su casa guarda un portarretratos cubierto de tierra y papeles. Un hombre gordo, con bigotes y una camisa a cuadros le sonríe a la cámara. Lo atropelló un colectivo hace doce años.
—¿Ves? Éste sí es mi marido. Era penitenciario.
—Antes de morirse, él sabía que yo estaba viviendo con el Negro. Le decía que me cuidara. ¿O no, Negro?
El Negro ceba despacito un mate y asiente en silencio.
Con Carlos empezó a cartonear. Iban aLa Cantera, entre Abasto y Romero. Llevaban un carro de a pie.
—Ahí en los contenedores se veía de todo, cualquier cosa, bebés muertos… cualquier cosa. Una vez vi cómo jugaban a la pelota con la cabeza de un muerto. Y ya no pude volver más, ¿viste? Eso fue en la época de la dictadura.

4

En abril, Control Urbano le quitó a Elena el caballo porque estaba amarrado sobre la senda peatonal. También le dijeron que lo secuestraban porque estaba lastimado. Ella le dijo al juez que fuera él a mirar el caballo. “Que se fije él a ver si yo miento, a ver si está o no está lastimado”.
La primera noche la pasó a la intemperie, en la plaza Malvinas. Estaba sola y hacía frío. No se iba a ir sin Bobo. Los caballos de la familia de Elena están bien alimentados y con el pelaje brilloso. Les da avena. Los deja pastar en el campo frente a su casa. Una veterinaria los revisa y le firma la libreta sanitaria con regularidad.

5

—¡Qué linda es la libertad! —dice mientras Bobo tira del carro. Va por una calle del barrio Jardín, con la brisa y el sol de junio, que apenas entibia la piel.
—¡Qué feo es estar encerrado como mi hijo! Y yo estoy abandonada, ¿viste? Me dejé estar, y mi hijo me dice que le tenga la pieza linda para cuando vuelva, pero yo no puedo, no tengo ganas… Tengo miedo de que un día lo agarren en una pelea y que le pase algo, ¿viste?, puede pasar cualquier cosa ahí.
Elena tiene un recorrido fijo, que Bobo —como le dice a Boni— hace por inercia. Los vecinos la reconocen por el carro y por el sonido de las campanas del caballo. Pero sobre todo ella los conoce ellos; conoce su basura y lo que le pueden dar. Así, al pasar frente a una de las tantas casas señala un canasto lleno de bolsas y dice: “Acá no paro porque no hay nada: pura basura”.
El carro se va metiendo entre los autos, que lo arrinconan. Uno se le pega atrás y Elena se da vuelta, indignada, para gritarle algo al conductor. Pero no se queja del tráfico. “Yo no tengo problema con los autos. Voy tranquilita… sin apuro”, afirma.
Accidentes tuvo pocos. Una vez, el carro volcó en la calle 13. Había una protesta. Bombos y fuegos artificiales. El caballo estaba parado mientras ella revisaba unas bolsas y el ruido lo espantó.
En 5 y 59, para frente a una verdulería. Mete medio cuerpo adentro de unos altos tachos de plástico y logra rescatar tomates, uvas, cebollas y manzanas, que salen chorreando agua. Elena pone las frutas y verduras en una bolsa. Se sacude las manos mojadas y sube al carro.
En una casa con frente de mármol blanco, un grupo de chicos está de mudanza. Hay cajas y sillas en la vereda. Al pie de un árbol, Elena divisa bolsas de consorcio.
—A ver, a ver, acá hay algo —adelanta.
Baja. Husmea. Grita:
—¡Dios me mandó a esta casa!
El blanco es el premio, el material preciado. Otros, como el cobre y el metal, valen más pero cuesta juntarlos. En general, se acumulan y se venden una vez al año. Con esa venta, un cartonero puede hacer unos $700. El vidrio se consigue fácil pero no se paga tan bien.
Afuera de un boliche de la calle 59 junta decenas de porrones de vidrio y botellas de licores. Las botellas raras se las vende a un artesano que trabaja en la feria que está en la vereda dela Facultadde Humanidades.

6

Cuando se emociona Elena muestra los dientes. Los ojos celestes se clavan en los otros ojos que la miran. Con una mano de dedos gruesos y uñas largas se seca las lágrimas y la transpiración.
Tal vez porque sabe que saldrá en una revista, Elena se emociona a cada rato. Por su hijo preso, por su nieta que murió asfixiada, por su marido fallecido. Como contrapartida, ofrece una cargada para rematar cada conversación.
Elena cartonea de lunes a lunes. Todas las tardes. Además, tres veces a la semana cuida abuelos. Turno noche hasta las 2 de la tarde. La empresa para la que trabaja le paga $5 y $7 la hora. El celular no para de sonar en todo el recorrido. No atiende. Sabe que la llaman de alguna de esas empresas.
Ni lo que junta cartoneando ni la pensión de ama de casa le alcanzan. Además, tiene que pagar el abogado de su hijo.
Elena saluda a todos los que se cruza. Tiene conocidos en todas las esquinas.
Cuando pasa por 1 y 70 se da vuelta para saludar a un hombre de traje que sale del hospital San Martin.
—¡Amigo! —grita.
El hombre se golpea el pecho y la saluda con los dedos en V. Ella devuelve la seña. La gente que espera en la parada de colectivo mira con curiosidad. Algunos ríen.
—¡Soy peronista de cuna! —dice, efusiva.

7

Después de atravesar el centro, Elena va por 53 hasta 19. Y en 66 pega la vuelta a su barrio.
En la vereda de una casa de villa Montoro dos adolescentes toman mate.
—¡Ah! ¡Mirá a los tortolitos! ¿Con este feo te pusiste de novia?
La chica alta, de unos 15 años, y el chico, que parece de 13, se ríen. Elena también se ríe. Levanta un brazo para despedirse.
En el patio de su casa acumula y clasifica lo que junta. Hay montañas de basura mezclada con cartones, alambres y plásticos y dos perros flacos que olfatean las cosas. Allí clasifica los distintos materiales para venderlos a las chatarreras.

La loca Elena

En 2009, Elena protagonizó un documental de Hernán Zin, el hijo de Claudio Zin, que ganó varios premios. De título le pusieron La loca Elena, como le dicen a ella en el barrio. En la película, sus rulos grises están rubios para siempre.
“A mí no me molesta que me digan ‘loca’. Pasa que están los que te dicen ‘eh, vos, loca’, ¿me entendés? Me da una bronca… Porque a mí todo el mundo me quiere, y yo saludo a todos. Pero si alguien me dice algo, ahí sí me puedo dar vuelta y decirle de todo”, afirma ahora.

40 centavos el kilo

Tito tiene 21 años y cartonea junto a su hermano. Son del barrio El Progreso. Lo que recolectan lo acumulan en el terreno de su casa durante una o dos semanas. Clasifican los materiales y lo venden, por kilo, a una de las tantas papeleras que existen enLa Plata. Estosson precios por kilo en nuestra región:
Cartón: $0,40
Papel de diario: $0,30
Papel blanco: $0,90
Chatarra (chapa y otras): $9
Cobre: $23
Tito advierte que los precios bajaron respecto de 2011.

La nota completa la revista La Pulseada. http://lapulseada.com.ar/

20 de junio de 2012

Rumbo a la biografía de Jorge Julio López III

Bitácora de viaje.



Jorge Julio López, afiliado al Partido Socialista Democrático.
¡Quién lo hubiera dicho!

18 de junio de 2012

Rumbo a la biografía de Jorge Julio López I

Bitácora de viaje.


"Archivo negro de los años en los que uno vivía a donde termina la vida y empieza la muerte"
Jorge Julio López



Hablando con una de las hermanas y un sobrino de Jorge Julio López.


Con Rubén López, mirando los dibujos que hizo su padre.


Presentación del libro "Jorge Julio López - memoria escrita"
Compilado por Jorge Caterbetti
Autores: Hernan Brienza, Daniel Fierstein, Marcela Gené, Jorge Pastor Asuaje y Cecilia Rabossi.

El libro se presentó en la Sala C del Centro Cultural Recoleta, donde fue inaugurada una muestra de Caterbetti que incluye los originales que López le entregó a su compañero Pastor Asuaje, fundador de la Unidad Básica de Los Hornos.


Lalo Mir, entre los presentes.

17 de junio de 2012

Rumbo a la biografía de Jorge Julio López I

Bitácora de viaje.



Carlos Zaidman Y Nilda Eloy



Gustavo Calotti



La esposa de Julio López, Irene Savegnago, y Rubén, el hijo mayor

Las fotos son de Fátima Pérez.

14 de marzo de 2012

Golpean a una Madre de Plaza de Mayo



La Madre de Plaza de Mayo de La Plata Nora Centeno fue brutalmente golpeada en su casa de Villa Castells por dos sujetos que ingresaron a robar. No hicieron ningún comentario sobre los juicios por los crímenes de lesa humanidad, pero se ensañaron con ella cuando les dijo que pertenecía a la organización. Estaba con su nuera, su actual compañero y su hija de dos años, pero sólo se ensañaron con ella.

El robo, que recién trascendió hoy, ocurrió el sábado entre las 15 y las 16 en la casa de Centeno, en 13 entre 488 y 489, frente a las vías del ferrocarril Roca. Hoy, cuando fue a peinarse y por primera vez se vio al espejo Nora decidió que tenía que saberse. “Los compañeros tienen que saber lo que pasó”, explicó a Diagonales.com.

El sábado estaba en la cocina, pelando unas verduras, cuando sintió que le pasaban un cordón por el cuello. Pensó que su nieto le hacía alguna broma pesada. “Joaquín, dejate de joder”, dijo. Joaquín había salido.

El hombre que estaba sobre sus espaldas le pegó un culatazo en la cabeza y la tiró al piso. Le ató las manos a la espalda y la arrastró hasta el quincho, donde la nuera y su pequeña hija de dos años habían sido encerradas en el baño. La pareja de la nuera estaba tirado en el piso, boca abajo.

Los delincuentes empezaron a tirar todo, a gritar y a golpearlos. Centeno trató de que pararan y les dijo que era Madre de Plaza de Mayo. Uno de los asaltantes se ensañó y comenzó a golpearla con más dureza.

–Dame la plata.
–No tengo.
–Cómo no vas a tener plata. Decime dónde hay plata.
–En el cajón del estudio hay 500 pesos.
–¿Dónde es eso?
–Adentro.

De los pelos, arrastrándola por el piso, el ladrón llevó a Centeno hasta el escritorio, pero no encontraba nada. Uno de los perros, llamado Obama, ladraba desde el patio.

–Decime dónde está la plata o le pego un tiro.
–¿Vas a matar a un animal? –preguntó ella, y se dio cuenta que tenía la plata en el bolsillo:
–Tomá. Acá tenés.
–Ahora te vamos a matar a vos –advirtió el ladrón.
–Bueno, flaco, hacelo de una vez. Así terminamos –retrucó ella.

La llevó hasta la cocina y le pidió unos bolsos.
–Si ya revolviste todo. Buscalos vos. Seguí revisando –le dijo.

Los ladrones cargaron un plasma, una computadora, le sacaron la cadenita de oro a la nuera y también los anillos. Todos le dieron el efectivo que llevaban y sus teléfonos celulares. Después de una hora, encerraron a Nora en el baño y se fueron.

“Cuando escuché que ya no estaban me desaté, que fue bastante difícil porque todavía tenía los guantes de cocina puestos, y salí a ver cómo estaban los demás”, contó.

Después, mientras repasaba lo que había pasado, se dio cuenta que habían entrado por la casa vecina, de la que está separada por un alambrado. Y le sonó sospechoso que a la única que hubieran golpeado fuera a ella.

“El que me golpeó no estaba dopado”, dijo. “Ni era un pibe de 20 años. Ni un marginal. Además, se quedaron por lo menos una hora”, describió.

Nora se reivindica como una militante política, pero no tiene ninguna certeza para unir el robo con una agresión que pueda estar relacionada con la defensa de los derechos humanos. El único hecho raro fue que se ensañaran con ella y que apenas golpearan a la pareja de su nuera, un hombre de unos 50 años.

El tiempo que usaron los delincuentes también le resulta sospechoso, pero tanto la policía local, como varios funcionarios se acercaron a ver cómo estaba. Ella exigió saber quién fue. Y si los mandó alguien.

Foto: Alberto Direnzo.
Original publicada en el Diagonales.com

23 de noviembre de 2011

Asfalto récord: terminaron de colocarlo a la mañana y lo sacaron a la tarde


Un grupo de vecinos que ayer por la mañana estrenaba calle de asfalto, después de una obra de nueve meses, que comenzó con la apertura de un canal de tres metros de ancho y cuatro de profundidad, con un derrumbe de calzada incluido, observaron por la tarde, sorprendidos, la presencia de máquinas que levantaban el cemento recién colocado. Alguna causa desconocida en la construcción de la obra produjo la rotura de los caños de agua corriente en 61 entre 29 y 30, según trascendió de manera extraoficial.
Cuesta creerlo, dicen, pero la realidad golpea las puertas de sus casas con una mala noticia tras otra. Por eso, perdieron la paciencia: “Y es que menos al Dalai Lama y al Papa, llamamos a todos”, explicó Alicia, una de las vecinas más alarmadas por la situación.
Los empleados municipales consultados por Diagonales no dieron explicaciones, pero los vecinos afirmaron que se rompieron los caños plásticos que llevan el agua corriente de la red colocada bajo la vereda de los números impares a las viviendas de los números pares.
“Esto es un desastre. La obra empezó hace nueve meses y no paramos de tener problemas. Ahora levantaron el asfalto que recién terminaron de poner y hace dos días que estoy sin agua”, contó Noemí.
Los problemas comenzaron en abril con la construcción de un canal pluvial aliviador bajo la superficie de la calle 61, desde 31 hasta 25. En la esquina de 61 y 25, los caños subterráneos debían empalmar con el canal que desemboca en el Arroyo del Gato, para facilitar que se escurra el agua de lluvia que llega desde Los Hornos.
Nadie se opuso a la obra, que debía estar terminada en agosto, pero el 18 de julio, durante una lluvia, a la madrugada, los vecinos escucharon un estruendo. El cordón cuneta y parte de la vereda de algunas casas de 61 entre 28 y 30 se habían desmoronado.
“Esta obra es una pérdida de dinero y esfuerzo constante, además de que los inconvenientes de los frentistas no tienen explicaciones. Esto va de mal en peor”, resumió Mirta a Diagonales.
La cooperativa que comenzó la obra abrió el pozo a lo largo de todas las calles en simultáneo y empezó a colocar caños de plástico. Con el derrumbe, hubo zonas con caños colocados que sufrieron roturas y otros que fueron cerrados aún sin los caños, por temor a que hubiera más accidentes.
Ante el fastidio vecinal, la cooperativa dio un paso al costado y una empresa se hizo cargo de la colocación de caños de cemento. Es decir, explicaron los vecinos, que hay partes con caños de plástico y partes con caños de cemento. Parecía que las cosas tomaban un rumbo de normalidad y la obra podría llegar a su fin. Ayer la cuadra de 61 entre 29 y 29 estrenaba asfalto.
“Esta mañana me fui chocha, con el cordón colocado y ahora vengo y me encuentro que tuvieron que levantarlo todo. No puede ser que sean tan inútiles”, afirmó Alicia, cuyo nivel de furia la hacía comprender, de pronto, a los piqueteros.
Alarmados por la situación, con las veredas rajadas y el temor de que los cimientos de sus casas hayan sufrido daños por las obras, los vecinos evaluaban la posibilidad de realizar presentaciones judiciales contra el municipio y los funcionarios que no atendieron sus reclamos.

31 de octubre de 2011

Recuerdan a La Moma con un escrache a la ignorancia, el odio y la discriminación



Los amigos de la travesti que fue asesinada en La Plata hace dos semanas realizarán hoy al mediodía un escrache al odio, la ignorancia, la violencia, el miedo, el rechazo y la discriminación, y pedirán justicia por La Moma, en la esquina de 1 y 67, donde, sin más alternativas, se prostituía para parar la olla. “No sirve ya llorar, pero sí recordarla, y pedir justicia, e igualdad”, escribieron en sus muros de Facebook los amigos de Carolina, a quien todos llamaban La Moma.
Uno de sus mejores amigos la recordó en una extensa charla con Diagonales:
Carolina era una travesti atípica, que no exaltaba la femineidad, sino que jugaba con la ambigüedad que producía su figura. Medía más de un metro noventa y era muy llamativa porque se sentía una mujer. Además, a diferencia de las miles de travestis que sólo salen de noche, a ella le gustaba pasear por el barrio, ir al supermercado, charlar con los vecinos. De día, usaba un palazzo y una remera negra.
La Moma era una nena en un cuerpazo, zarpada de honesta, al punto de decir siempre lo que pensaba. Tenía 36 años y carecía de cierto sentido común, pero no tenía maldad. Era una persona totalmente feliz, dentro de su burbuja y pese a las condiciones económicas paupérrimas en las que tenía que vivir. Se reía de la tragedia, tenía un humor ácido. De puta. Y había logrado tejer relaciones de amistad genuinas.
Era platense, nieta de un juez, hija de padres separados y tenía dos hermanos varones. Se llevaba bien con todos en su familia, pese a que todavía la llamaban con su nombre de varón. El papá le pagaba el alquiler de su casa, pero no podía ayudarla más. En algún momento, intentaron poner un cyber para que pudiera trabajar, pero no pudo ser. Para comer, la prostitución era su única alternativa.
Aunque no hubiera sido una señora de su casa, con marido e hijos, sino tal vez, quién sabe, una travesti promiscua, libre, sufría cada vez que tenía que salir a la calle a trabajar. Para juntar fuerza, se tomaba uno o dos vasos de trago largo con licor Mariposa. Era esa la única vez que tomaba alcohol.
Tenía que estar muchas horas en la calle para ganar unos pocos pesos, aguantarse la violencia de los prostituyentes, tipos que se escapaban de su casa para ir a levantar a una esquina, que nunca querían pagar lo que les pedía, que iban borrachos o drogados. Era el único trabajo que ella podía tener.
La Moma pasó miles de situaciones de riesgo. La amenazaron con armas blancas y de fuego. Alguna vez, la obligaron a “atender” a una docena de tipos y, en Punta Lara, la dejaron desnuda.
A los 9 o 10 años sintió que no se correspondía con ella ese mandato de ser masculino, entonces, empezó a ir a los baños públicos de las estaciones de trenes, prostíbulos improvisados. Cuando empezó a vestirse de mujer le dio vergüenza entrar en los baños de los varones. Entonces empezó a salir a la calle. Tendría unos 20 años.
Paraba casi todos los días en la esquina de 1 y 67, aunque en los últimos años dejó de salir jueves y domingo para evitar a los motoqueros y sus novias, que son el terror de las travestis.
Había veces que, si no salía, no tenía para comer.
La Moma no tenía ningún tipo de dudas de que era una mujer, pero no se trucaba, no escondía sus genitales y no se había operado las tetas, aunque –cuando pensaba que para ser una travesti verdadera se tenía que hacer todo el cuerpo– se había inyectado aceite de avión esterilizado en la cola. Simplemente actuaba como mujer y era una mujer, aún estando desnuda.
Para sus amigos, la mataron por travesti, porque hay quienes se creen que tienen derechos sobre los cuerpos, el deseo y sobre la vida de las travestis.
El martes 19 de octubre los amigos y uno de sus hermanos la encontraron muerta en su departamento del barrio El Mondongo, junto a sus dos perros, Taylor y Pamela.
“La mató la desigualdad, la violencia continua en la que vivió siempre; porque una travesti en estos días no tiene otra opción que hacer la calle para sobrevivir. La recordamos bien, siempre riéndose y burlándose de las agresiones de los ignorantes que la insultaban y discriminaban por su género; mostrándose indiferente ante eso para poder seguir adelante”, recordaron sus amigos.
“No sirve ya llorar, pero si recordarla, y pedir justicia, e igualdad (…) porque la violencia no es solo matar y robar, sino agredir verbal, física y psicológicamente al otro; violencia es discriminar, despreciar, desconfiar, marginar. El hambre y la pobreza son violencia”, afirmaron los amigos, que organizan un acto, que realizarán hoy, en su memoria: “Para que esto no quede como un simple hecho, para que la gente pueda cambiar, para que podamos construir un pensamiento propio y critico, para no callarnos más. En memoria a ella, y exigiendo justicia, se va a realizar una intervención en 1 y 67, donde trabajaba. Invitamos a participar, entre amigos y amigas, organizaciones, música, stencileadas y escraches”.

18 de setiembre de 2011

“Perdimos la esperanza de encontrar vivo a mi viejo”


“Ver que hay cosas que no funcionan te golpea más”, dice Rubén, en un alto en su trabajo en la carpintería que tiene pegada a la casa de su infancia, aquella casa de la que su padre fue secuestrado el 27 de octubre de 1976 y de la que desapareció el 18 de septiembre de 2006, luego de poner en palabras sus recuerdos del horror vivido en el juicio por el que se condenó al ex comisario Miguel Osvaldo Etchecolatz a la pena de reclusión e inhabilitación perpetua “por delitos de lesa humanidad en el marco del genocidio que tuvo lugar en la Argentina entre 1976 y 1983”.

–¿Cómo está la familia frente al nuevo aniversario de la desaparición de tu papá?
–Como siempre: unidos, luchando y con la esperanza de saber qué pasó, porque perdimos la esperanza de encontrarlo con vida. Quisiéramos saber dónde está. Después, si tenemos suerte, que la Justicia encuentre a los culpables.
–Cuando tu papá desapareció los organismos de Derechos Humanos retomaron su consigna de “aparición con vida y castigo a los culpables”. ¿No te parece que el castigo o la justicia es una idea que hay que defender?
–A esta altura me conformo con saber dónde está mi viejo. Venimos muy decepcionados, porque hace ocho meses que no hay movimientos en la causa. Y el que hubo fue muy esporádico. La última novedad importante fue el rastrillaje en el parque Pereyra, que nos golpeó mucho anímicamente porque la aparición del supuesto testigo de identidad reservada fue una burla, una tomada de pelo. Nosotros pedimos que se procese al abogado (Alejandro) Sánchez Kalbermatten, porque, más allá de la falta ética, nos tomó el pelo. Su denuncia no era nada. Nos presentó un supuesto testigo de identidad reservada que nunca apareció. Peor aún, nos mandaba mensajes mediáticos diciendo que estábamos buscando mal. Se suponía que se estaba presentando como testigo de identidad reservada y aparecía en televisión hablando de espaldas ¿Ahí no lo iban a reconocer? Yo tomo como que la declaración la hizo él, porque el otro nunca apareció.
–Fue un momento complicado.
–Ver que hay cosas que no funcionan te golpea más. Yo recién ahora me estoy recuperando. Lo único bueno que generó lo del parque Pereyra fue que más gente tuvo presente lo que pasó y muchos llamaron al 911 y al 0800.
–¿Qué decían?
–Que lo vieron en un geriátrico, también en un hospital. Todas cosas que dieron resultados negativos, pero al menos el caso tomó algo de relevancia, porque en todo este año apenas se pudieron lograr dos o tres cosas.
–¿Cuáles?
–Después de tres años logramos que la Cámara de Casación Penal nos dé el visto bueno para que se investigue quién debería haber previsto que esto no pasara. Además, volvieron a procesar al ex comisario Eduardo Zaffino por el papelón de Atalaya, pese a que el fiscal Marcelo Molina pidió el desprocesamiento. Quedará demostrado que hubo una puesta en escena. Fue otra tomada de pelo, llevaron a un perro que no servía para hacer el rastrillaje (se sospecha que hubo ropa plantada para generar confusión en la investigación).
–¿Cómo iba tu papá al juicio?
–Cuando declaró lo acompañamos nosotros. Fue con mi hermano (Gustavo) y mi primo Hugo hasta el centro, donde se encontraron conmigo. El día de los alegatos lo iban a acompañar mi primo y mi hermano, que estaba viviendo en la casa de mis viejos en esa época. Ya el domingo al mediodía mi viejo había arreglado con mi primo que lo pasara a buscar a las 9. La audiencia era a las 10, pero él quería llegar antes. Estaba ansioso, pero bien. Supongo que fue muy difícil para él revivir todo lo que pasó…
–Ustedes dicen que no militaba…
–Claro… hizo trabajo social, nos llevaba a jugar al fútbol.
–Pero aquel día dijo: “no me da vergüenza decirlo, colaboraba con montoneros”.
–El día que escuché su declaración me quedé pasmado.
–Aquel día que vos lo acompañaste.
–Te imaginás que él tuvo 30 años eso en la cabeza. Una cosa es tenerlo y otra poder contarlo: te sacás un peso de encima pero te cae otro más pesado. Lo único que había hecho en todos esos años fueron unos dibujos. Nunca pudimos saber si alguien le aconsejó que lo hiciera para no perder la memoria o lo hizo porque quiso. Lo que sí se estableció fue que, dentro del desorden que tenían los textos y los dibujos -porque usaba los reversos de cualquier tipo de papel, las bolsas de cemento-, él tenía un orden para hacerlo. Había una lógica. Eso fue lo que nos dijeron los peritos. Si lo estudian pueden sacar una conclusión.
–Debe haber sido bueno para él.
–Evidentemente le sirvió para recordar muchas cosas, el stress a veces te hace perder la memoria, eso le sirvió para recordar. Incluso, cuando salió (de la Unidad 9, en donde estuvo detenido a disposición del Poder Ejecutivo Nacional) estuvo mucho tiempo averiguando, investigando, juntando datos.
–A los lugares los conocía como nadie.
–Los tenía bastante claro. El otro día estuve recorriendo la zona de Arana (el Centro Clandestino de Detención que funcionaba en la estancia La Armonía, en 137 y 640) con la gente de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) que está por hacer un documental. Él conocía el lugar porque había trabajado por ahí, pero nosotros también fuimos muchas veces. Siendo chiquitos, íbamos al puente de fierro de la calle 90 y salíamos a caminar por las vías (del tren que pasa por Arana e iba a Correa), como unos giles, a cazar pajaritos, y el tipo estaría haciendo su investigación, comprobando los lugares, tratando de recordar.
–Extraordinario.
–Sí, incluso logró señalar el lugar exacto, detrás del pozo de Arana, donde habían sido quemado con goma los cuerpos de muchos desaparecidos. Muchos dijeron que estaba delirando, pero no deliraba nada.
–Volviendo al día en que desapareció. No se sabe con certeza si se acostó a dormir.
–Mi vieja se había tomado una pastilla para dormir y no sintió si se acostó. Lo cierto es que al otro día vio que la cama estaba abierta, pero sin ninguna marca, por lo que tal vez no se haya acostado. Mi viejo siempre se quedaba hasta tarde mirando tele. Para cuando se iba a acostar, ella ya estaba dormida. Puede ser que no haya dormido. No se sabe.
–Pero sí lo vieron el domingo.
–A la tarde estuve con él, porque tenía que cargar la camioneta para ir a trabajar a Capital. Por eso te digo que estaba ansioso, pero bien.
–¿Qué pasó cuando tu hermano y tu primo se dieron cuenta que tu papá no estaba?
–Fueron para la Municipalidad (donde se desarrollaba el juicio, en el Salón Dorado) porque creyeron que se había ido solo. Hablaron con Nilda Eloy y cuando salen mi primo se encuentra con que le habían secuestrado la camioneta porque la había dejado mal estacionada y mi hermano se volvió solo en un taxi.
–¿Hizo la denuncia en el momento?
–Fue a la comisaría Tercera, pero le salieron con eso del protocolo de desaparición de personas adultas, que no existe, pero que usan de excusa para no tomar la denuncia. Le dijeron que tenía que esperar 48 horas. Generalmente pasa que las primeras 48 horas son tan vitales e importantes que cuando se perdieron, fuiste. Es lo que pasó en este caso, los testigos que decían haberlo visto (dicen que entre las 9.30 y las 10 del lunes 18 de septiembre) aparecieron a los 5 o 6 días.
–¿Creés que esos testigos son confiables?
–Creo que son ciertos. Es raro, porque mi hermano y mi primo se encontraron a las 9 y no lo vieron, pero 9.30 lo ven varios vecinos a una cuadra de la casa. ¿A qué hora se fue para estar a una cuadra?
–Se confundirán de día.
–Parece que no, porque cada uno de ellos asocia que lo vio y otro hecho puntual. Uno lo veía todos los días y está seguro que fue ese lunes y no el anterior, o el otro, porque se acordaba que habían jugado Gimnasia y Banfield. La otra chica, que es la primera que lo ve, recordó que su hijo no había ido a clases de educación física y que lo llevó al trabajo. Cinco personas lo vieron pasar.
–Es muy confuso.
–Evidentemente estaba con alguien conocido, sino, no tiene sentido.
–Los testigos lo vieron a él sólo…
–Solo.
–Ustedes tuvieron algún recuerdo de la primera desaparición, pensaron que tal vez lo hubieran secuestrado.
–Pensamos que le había pasado una cuestión… que le había pasado algo en la cabeza… que se le había saltado la térmica.
–Una autodefensa. Mejor pensar que se fue, aunque le haya saltado la térmica.
–Sí. Pensamos que había alguna cuestión de autodefensa y había tenido algún problema psicológico.
–Tal vez ustedes también hayan reaccionado con una cuestión de autodefensa. Era preferible que se fuera solo a que lo hubieran vuelto a secuestrar… No hay dudas que su desaparición fue porque declaró en el juicio.
–Algo en torno al juicio tiene que ver. Él quería que se haga justicia. Mi vieja estuvo mucho tiempo enojada con mi viejo porque si no hubiera ido al juicio… qué iba a pasar… no le hubiera pasado nada. Recién se lo pudo contar a mi mujer hace unos años.
–¿Tenés sospechas?
–Por más que tenga sospechas de alguien, nunca acusé, porque si yo digo: muchachos vengan que voy a acusar a alguien podría armar un lío bárbaro.
–¿Te han dicho?
–Tengo alguna idea, pero no tengo nada concreto, ni siquiera para presentarlo al juzgado. Fijate lo que pasó en el caso Candela (Rodríguez). Tengo un arma fuerte y no la uso, porque no quiero, no es mi estilo. Si él pudo esperar 30 años, yo no voy a ser menos. Voy a esperar.

FOTO: Alberto Direnzo

12 de setiembre de 2011

El mapa de la pobreza en La Plata


Andan en carro, cartoneando. Son los que cobran los planes, los desocupados, los albañiles, los cuidacoches, los limpiavidrios. La señora que limpia. Los que piden una moneda. Los niños desnutridos. Viven en tierras fiscales, lejos del centro, en barrios que se llaman como la fábrica que ya no fabrica, donde no entran la policía ni los camiones recolectores de basura ni los taxis. Ni las ambulancias. Las casas de madera y chapa son más comunes que las de material, aunque todas ocupan pequeños terrenos amurallados con alambre. En los asentamientos impenetrables, detrás de los alambres, abundan los perros feroces, guardianes. Si están abiertas, las calles son de tierra. Si están asfaltadas, quedaron muy altas, sin desagües, y la lluvia las inunda. Como no son propietarios, les niegan la luz y los obligan a colgarse de los cables. No tienen cloacas y en sus zanjas, cruzadas por los caños del agua que consumen, queda el agua estancada. La pobreza se extiende en las afueras de La Plata, donde sólo hacen pie las organizaciones sociales. Según el Censo, 2010, en La Plata 50.462 personas viven en ranchos o casillas.
Referentes del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) Darío Santillán y de la Agrupación María Claudia Falcone, describieron el trabajo que llevan adelante en la periferia platense y mostraron cómo son sus barrios. “Hay pocos recursos pero mucha voluntad”, coincidieron los militantes, a quienes los vecinos conocen como “los raros, los piqueteros”.
SANTILLÁN. La cita con el MTD Darío Santillán fue pautada el miércoles, mientras los vecinos de la Asamblea de Puente de Fierro, en Altos de San Lorenzo, reclamaban a la Secretaría de Tierras de la Provincia, la posesión precaria de los terrenos que ocupan y la flexibilización de la ley de usucapión. Aquel día, demandaron a Edelap la regularización del tendido eléctrico y la colocación de medidores a los vecinos que están en condiciones de tener su título de propiedad. Y a la Municipalidad, el mejorado de calles y la limpieza de los terrenos baldíos.
El jueves, Carmen, Hilda y Elisa recibieron a Diagonales en Puente de Fierro, en 29 y 80, a la vera de un terraplén por el que alguna vez transitó un tren y que bautizó a la villa con su mítico puente, detrás del cual hay un basural que incluye la quema de autos robados y donde la droga hace estragos. De las vías no hay rastros. Fueron desmanteladas para construir casillas, puentes para cruzar las zanjas o para reducir y vender.
La desocupación, la desnutrición infantil, las adicciones, la deserción escolar y la inseguridad, los robos y los homicidios, son los flagelos de los asentamientos, pero los hay unos más brutales que otros. Tal vez por eso, la Darío Santillán no es la única agrupación con trabajo territorial en esa zona de La Plata. A pocas cuadras, La Falcone y la Corriente de Trabajadores Desocupados (CTD) Aníbal Verón tienen sus propios locales. En un auto destartalado, pasa el delegado del intendente. Un camión con una propaladora ofrece 32 huevos a 10 pesos.
Hay casas de chapa y madera, pero también algunas de material. Los aguinaldos, si el trabajo es en blanco, son una buena oportunidad para comprar ladrillos, aunque luego queden unos meses amontonados en el patio, hasta que los hombres puedan poner manos a la obra para levantar su casa. “Acá no vienen empresas a construir”, afirmó Hilda.
“Nos ayudan, la verdad es que tanto el Municipio, como la Provincia y la Nación nos ayudan, pero nosotros también nos defendemos. Vamos y pedimos. Nos hacemos valer”, contó Carmen.
El MTD organiza a unas cien mujeres que cobran planes sociales de la Nación –$1.200– o el Municipio –$1.050– por trabajar en dos pequeñas quintas en las que cosechan habas, acelga, remolacha, arvejas, lechuga, perejil, rabanito, espinaca, ajos, repollo y cebolla de verdeo. Este año, además, experimentan con garbanzo y frutilla, para saber si las plantas tienen posibilidades de crecer y desarrollarse en La Plata.
Además, dan de comer a unos 260 chicos y cien mujeres, que todos los días se llevan una vianda. Los platos principales son la sopa, el guiso, la papa, los fideos y el arroz. En la cocina las paredes hablan: “Cuándo una mujer avanza, ningún hombre retrocede”, dicen. Gaby dirige a las compañeras que fritan, para que sean más sabrosos, fideos para una sopa. Empezaron a trabajar a las 8 y se quedarán hasta el mediodía.
Pegada a la cocina, levantan un aula para apoyo escolar, aunque sueñan con una escuela. El movimiento tiene experiencia: en el barrio Malvinas lleva adelante un bachillerato popular. “Los pibes más tímidos no quieren ir al colegio porque los cargan y discriminan”, cuenta Elisa.
Puente de Fierro es uno de los lugares más pobres y peligrosos de la ciudad, pero las agrupaciones trabajan para cambiar esa realidad. “Uno podría vivir mejor”, dijo Carmen. Y agregó: “Por eso luchamos. Y por los chicos, por eso estamos aferrados a nuestra tierra, para dejarles un lugar en el que puedan vivir. Que digan, por esto luchó mi abuela, por esto luchó mi madre”.

FALCONE. Si bien hay muchas cosas en común, cada barrio es un mundo, por eso La Falcone funciona en asambleas locales. “Cuando surgieron las cooperativas nos dijeron que podríamos construir cualquier cosa y nosotros pensamos en los baños. ‘¡Qué buena idea!’, pensamos.A la gente que vivía en las quintas le pareció absurdo. Necesitan baños, pero ellos viven en las casillas de los patrones, en los predios en los que trabajan: si hacíamos los baños, iban a quedar en las casas de los patrones. Lo que hicimos, en ese caso, fue priorizar la propiedad de la tierra y compramos un terreno en condiciones de ser urbanizado para construir viviendas frente a Parque Sicardi. Los vecinos no nos dejaron ocupar, pero estamos construyendo nuestro barrio en 18 y 610”, describió César, coordinador territorial de la agrupación.
Los patrones, afirma César, no quieren que los trabajadores tengan sus casas. Si viven en las quintas están disponibles para regar la lechuga a la mañana y a la tarde, levantar los laterales de los invernáculos de nylon si está lindo, bajarlos si de pronto se levanta el viento; cosechar el tomate dos veces por semana si están en temporada y, sobre todo, “si no tienen donde vivir, los empleados no pueden decir que no”, afirmó.
Los esposos María Eva y Jorge son los referentes barriales en Villa Montoro, donde funciona una sede de la Escuela Primaria Básica (EPB) Nº 706 –de Los Hornos–, una biblioteca y un comedor, a una cuadra la feria paraguaya. “Tenemos 38 alumnos inscriptos, pero muchos sólo vienen por los certificados de asistencia para cobrar el plan. Nosotros trabajamos para que los chicos vengan a estudiar y puedan terminar el colegio, porque la mayoría es repitente y no tiene cabida en otros colegios. Logramos que unos 15 o 20 pibes tomen las clases de manera responsable”, explicó la mujer.
El comedor funciona los viernes a la noche y los sábados al mediodía y da de comer a unas 90 personas, entre chicos y adultos. La gente pasa por el local y carga un bol con la comida que se lleva a su casa. “Hay quien tiene vergüenza y no viene aunque necesite. Y también hay gente que podría hacerse su propia comida y viene igual”, agregó María Eva. Conocedores del barrio y sus necesidades, porque son vecinos, José también se encarga de repartir la comida en algunas casas.

–Hay varias casas de material. La gente quiere progresar –comentó Diagonales.
–Antes sólo había casillas, pero cuando les dijeron que se podían quedar, empezaron a bajar ladrillos de todos lados –afirmó Cesar.
–Cuando la gente cobra el aguinaldo, hay ladrillos y bolsas de cemento en todas las casas –agregó María Eva.
Las casas de madera y chapa tienen piso de tierra o contrapiso, no hay cielorrasos y el baño desagota en un pozo. Antes de ir a dormir, calientan los dormitorios con una pantalla o enchufan una resistencia que calienta un ladrillo refractario. Los más pobres todavía se calientan con braseros.
–¿Cómo hacés cuando hace mucho frío?
–Hacemos fuego afuera y después entramos la ceniza –contó una vecina con su bebé en brazos.

RECUADROS
La necesidad de conectarse
La agrupación María Claudia Falcone tiene presencia en 17 barrios de La Plata, donde las acciones son decididas en Asambleas. Y no hay reparos a la hora de tratar los temas. Este año, a los vecinos de Arana no les alcanzaron los juguetes que les dieron los gobiernos, por lo que hicieron comida y organizaron fiestas en el local de la Agrupación para que todos los chicos tuvieran juguetes. En la Armonía, el hijo de una militante murió atropellado por un auto y ahora quieren iluminar la 137, se organizan para pintar los cordones y poner lomos de burro. En Romero, tienen un taller textil en el que cosen guardapolvos que la Nación paga $0.30 por unidad, pero están por hacer una feria para poder reparar algunas de las máquinas, que están rotas.
“Necesitamos conectar con gente de la universidad, porque tenemos cooperativas autogestionadas y estamos organizados como ONG, pero no tenemos quién nos haga los balances y hay que tener todos los papeles al día”, contó César.

La voluntad, la lucha y los oídos sordos
“Hay pocos recursos pero mucha voluntad”, coincidieron los militantes. Lo que necesitan, lo que reclaman, es que se aceleren los trámites para que todos aquellos que ya llevan más de diez años de ocupación puedan acceder a la propiedad de las tierras y que, al mismo tiempo, la ley se flexibilice con tenencias precarias para quienes tienen una antigüedad de cinco años.
Quieren viviendas dignas y exigen el acceso al Fondo Nacional de la Vivienda (FONAVI). Además, luchan por la apertura de calles, el asfalto o un mejorado, las cloacas y el alumbrado público. Muchos podrían pagar la luz de sus viviendas pero Edelap no les coloca el medidor porque no son propietarios. “Hay barrios enteros que fueron censados y finalmente no pudieron acceder a sus medidores.Tenemos nuestras dudas sobre la situación económica de la empresa y si está en condiciones de cumplir con los acuerdos que hace”, describió Eduardo, del Movimiento de Trabajadores Desocupados Darío Santillán.

CENSO 2010
Según el CENSO 2010, en La Plata hay 1.534 viviendas ranchos (1.700 hogares) y 10.794 viviendas casillas (11.821 hogares) en las que conviven 50.462 personas. 44.105 Personas viven en casillas / 6.357 Personas viven en ranchos.
El déficit habitacional alcanza también a unas 675 personas que viven en locales que no fueron construidos como habitaciones y otras 933 que viven en piezas de inquilinato. Otras 885 viven en hoteles o pensiones.
(Fuente: CENSO 2010)


Asentamientos y Villas de La Plata(Fuente: Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) Darío Santillán / Agrupación María Claudia Falcone / http://www.mapu.org.ar)
ZONA SUR: 1 - Los Chaques. 2 - Altos de San Lorenzo. 3 - Puente de Fierro. 4 - Villa Elvira. 5 - Las Palmeras. 6 - Santa Isabel. 7 - Elizalde. 8 - El Ombú. 9 - Villa Elvira I. 10 - Villa Montoro. 11 - Villa Montoro II. 12 - Los Robles. 13 - Villa Alba. 14 - El Palihe. 15 - Barrio Aeropuerto. 16 - Parque Sicardi. 17 - La Armonía. 18 - La Aceitera. 19 - La Acacias.
ZONA OESTE: 20 - Ripol. 21 - Romero. 22 - La Granja. 23 - Las Rosas. 24 - Altos del sol. 25 - Malvinas. 26 - Romero. 27 - Futuro. 28 - Villa Nueva. 29 - Los Hornos. 30 - Los Hornos. 31 - Los Hornos. 32 - El Olvido. 33 - El Bajo. 34 - La Vía. 35 - Las Quintas.
ZONA NORTE: 36- Nini. 37- La 514. 38- La 514 (2). 39- El Mercadito 40- Hernández. 41- Mercosur. 42- La Fábrica Vieja. 43- Colinas del sol. 44- Barrio Monteagudo. 45- El Rincón. 46- Arturo Seguí. 47- La Victoria.