"La gente cree estar plenamente informada sin haberse aproximado siquiera a una sola idea que contradiga sus prejuicios", Bill Keller.

23 de abril de 2017

El derecho de ser un mono



Igual que el personaje de Kafka que comenzó a interpretar en el teatro de su pequeñísimo pueblo, donde hoy lo aplauden de pie, Sergio necesitaba una salida. Casi ciego de nacimiento, su infancia no fue feliz. Tampoco su adolescencia. Era un hombre de 31 años que había estado encerrado toda la vida, que no sabía jugar, que no había ido a la escuela y era escondido de las pocas visitas que había en su casa, hasta que un día se reveló a su destino y logró escapar.

***

“Te vas a morir de hambre y vas a volver”, le decía su padre cuando dejó su casa.

***

Si hubiesen sujetado con clavos mi libertad de acción no hubiese cambiado nada… y… pregúntense por qué, pregúntense por qué.

Hay que rascarse entre los dedos de los pies hasta que salga sangre, reventarse el lomo contra las rejas del cajón, que no van a hallar respuestas. No hay salida. No hay salida.

Pero yo tenía que encontrar… una. Sin una salida yo no podía seguir viviendo. Sin una salida hubiese reventado tarde o temprano.

***

Sergio Tapié entra a escena vestido con un traje impecable. Lleva un portafolio en la mano y camina lentamente, como si estuviera a punto de perder el equilibrio. Como reconoce las fuentes de iluminación, lo espera una pequeña mesa con un mantel blanco que le permite ubicarse, recorrer el tablado sin llevarse nada por delante, apoyar la jarra con agua y el vaso del que habrá de beber varias veces durante la función.

No hay salida, dice su Mono Libre. Su Pedro El Rojo, capturado por la compañía Haigenbeck para ser la atracción del circo o del teatro de variedades y que aprendió a tomar aguardiente y a decir sus primeras palabras cuando era transportado dentro de una pequeña jaula en un vapor. Prisionero.


***

Ahora Sergio está sentado en el comedor de un pequeño departamento que el Taller del Teatro de la Universidad Nacional de La Plata tiene para recibir a sus invitados. Lo acompaña Juan Pérez, un ex bailarín de folklore que encontró en el teatro la posibilidad de no extrañar los aplausos del público. El anfitrión es Norberto Barruti, que cocina unos ravioles con algo de estofado para los invitados. Un periodista es el cuarto en la mesa.

-La salsa tiene algo de carne –le dice Juan. Y agrega: -es que, no sé por qué, pero a Sergio no le gusta el pollo.

Sergio no dice nada. Tiene el tenedor en su mano izquierda y con la yema de los dedos de la mano derecha recorre el plato tocando la comida hasta que encuentra lo que busca. Un segundo después estará disfrutando de su primer bocado de carne.

***

Esta noche presentará “Informe para una academia” en una de las salas del teatro platense. Acaba de levantarse después de unas pocas horas de sueño tras un largo viaje en el que no pegó un ojo, sentado en el peor asiento del micro, arriba del motor, escuchando el run run.

Juan llevará adelante la conversación. Contará de las idas y vueltas que tuvieron que hacer para que les dieran el pasaje que a Sergio le corresponde por su discapacidad y reirá de la decepción del maletero cuando tuvo que cargar el bolso en el que llevaban congelado el lechoncito que a la noche asarían a la parrilla  y que a esa hora del mediodía descansaba sobre una mesa. Barruti es el mejor anfitrión del mundo.

-Ensayamos cuatro veces por semana. Sergio tiene que viajar 45 kilómetros desde Ataliva Roca hasta Santa Rosa. Es el único con “problemas” que sube al micro en Ataliva, todos lo conocen, pero se la hacen difícil. Ahora tuvimos que ir tres veces hasta que nos confirmaron que nos daban los boletos –revela antes de zambullirse en la historia que los llevará a la séptima presentación de “Informe para una academia”, la primera fuera de La Pampa.

***

Sergio nació en el campo a seis kilómetros de un pequeño pueblo que no supera los mil habitantes. Es el sexto hijo de siete. El único que no ve, el que no fue a la escuela hasta que un pastor evangélico lo convenció de que dejara su casa y empezara a ir a la iglesia.

Así fue como, a los 32 años, empezó la escuela para ciegos, aprendió braile y tuvo sus primeros amigos fuera de su familia. Así fue como conoció el teatro. Sus primeras intervenciones fueron en el aula, donde las maestras les leían escenas que luego interpretaban para sus compañeros. Pero fue una breve experiencia en un programa del gobierno nacional que se llamó Teatro por los Pueblos donde se presentó por primera vez ante el público. Quedó prendado.

Casi al mismo tiempo, también Juan hacía sus primeros pasos en las tablas. Barruti había llegado a la provincia con el respaldo del teatro Nacional Cervantes para formar un elenco que saldría de gira por la provincia y coronaría con una función en la sala de la calle Libertad, en la ciudad de Buenos Aires. Juan formó parte del elenco y se animó a dar clases por los pueblos.

Cuando Sergio le pidió que lo dirigiera en una obra entró en pánico y le dijo que no. Su mujer le dio una buena idea:

-Llamalo ya al Colo.

-Donde hay una necesidad hay un derecho –le dijo Barruti del otro lado de la línea.

-Si vos me ayudás, yo me animo –respondió.

-Lo que quieras, lo que me pidas, vos dale para adelante.

-La complicación la tenía yo en la cabeza.

Apenas escuchó la historia Barruti no tuvo dudas que tenía una obra para Sergio, pero aún no imaginaba por lo que tendrían que pasar sus amigos pampeanos para poder materializar el trabajo.

Sergio ya tenía director.

La primera vez que le leyó el texto Juan le preguntó:

-¿Vos te imaginás a un mono?

Sergio le contestó con otra pregunta.

-¿Qué es un mono?


***


Aprender la letra tampoco fue sencillo. Aunque sabe braile, Sergio perdió la práctica, además, hubiera sido muy complicado porque había que pasar la obra, una versión de Maricel Beltrán, asistente de Barruti en el teatro de la UNLP.

Juan decidió grabar el texto en un tono neutro. Sergio lo escuchó una y otra vez pero se sintió frustrado. Lo llamó para decirle que no iba a poder. Que abandonaran la idea.

El director no se dio por vencido. Dividió los audios en catorce traks.

-Éramos dos absolutos ignorantes -dice Juan ahora, con una sonrisa de oreja a oreja.

Y agrega:

-Fuimos inconscientes, irrespetuosos, osados, corajudos. ¿Por qué no?

En febrero viajaron a La Plata; estuvieron dos días encerrados en el teatro, con el Colo y parte de su equipo: dos asistentes, un actor ayudante y una vestuarista.

-La verdad es que fue algo increíble para Sergio. Desde viajar, porque nunca lo había hecho, hasta trabajar de esta forma tan intensiva. Y allí armamos prácticamente la obra, junto al Colo. A la vuelta nos quedaba ensayar, generar acciones nuevas, modificar las que se podían generar. A partir de marzo comenzamos a ensayar tres veces por semana y cuando estuvimos cerca del estreno, que fue en junio, empezamos con una rutina de cuatro ensayos semanales.

-El de Kafka es un texto afín al pensamiento existencial, nos habla de la razón y el sentir del vivir. La persona que tiene una razón para vivir empieza a darle valor a la vida. Para nosotros, que lo estudiamos, nos está diciendo que el encierro es la forma del capitalismo, que en el mundo del tener el hombre se convierte en un animal, pero no sabemos, porque Kafka no lo dice nunca. Tal vez sólo esté contando un cuento para sus amigos del bar. De alguna manera era perfecto para Sergio. Hay algo relacionado en su historia con la cuestión de fondo del conflicto.

-No podríamos haber elegido otro –dice Juan.

-El mono quiere salir –agrega Barruti-. Son parecidos, pero diferentes.

***

Mis recuerdos, mis propios recuerdos comienzan en una jaula. Mtntntnt… No era una jaula con rejas en los cuatro lados, no, sino que eran tres rejas, clavadas a la tabla de un cajón. La tabla del cajón era la cuarta pared. Era demasiado baja para estar parado y demasiado estrecha para estar sentado. Yo permanecía en cuclillas, con las rodillas temblando, sumergido en la oscuridad…

***

Sergio nació el 3 de diciembre de 1971 en Ataliva Roca, un pueblo en el que –según el censo de 2010- viven 707 personas (había 488 habitantes en 1991), está ubicado en el departamento de Utracán, en la provincia de La Pampa, a 45 km de la capital de la provincia. Lo cruza la Ruta Nacional 35 y su economía se basa en la agricultura y la ganadería.

La familia vivía en una casa de cuatro dormitorios, con cocina a leña y estufa hogar con un campo de 250 hectáreas utilizadas para la cría de ganado. Mientras sus hermanos iban al colegio, Sergio aprendía las tareas del campo.

-Los tuvo cortitos a todos, pero conmigo fue peor.

-¿Por qué?

-No podía asimilar que yo fuera así, le daba vergüenza.

-¿Te escondía de los demás?

-No le gustaba la gente, cuanto menos vinieran a visitarlo mejor. Él no iba a visitar a nadie nunca. Y cuando iba alguien me mandaba afuera o a la pieza. No quería que yo estuviera mucho con la gente.

-Tal vez pensaba que era una forma de cuidarte.

-No quería que saliera de al lado de él.

-¿Por qué?

-No sé. Por miedo a que la gente anduviera diciendo que yo andaba por ahí, solo, teniendo una familia.

-Al menos tuviste muchos hermanos. ¿A qué jugaban?

-No jugué mucho con mis hermanos.

-Pero algo habrás jugado cuando eras un chico. Todos los niños juegan.

-Yo no. Solamente jugaba con unos primos que vivían a un kilómetro de mi casa. A veces venían de visita y jugaba con ellos.

-¿A qué jugaban?

-Tenía un carro con unas ruedas de bicicleta. Uno se subía y los otros empujaban. También jugábamos a la pelota.

-¿A la pelota?

-A patear penales. Otra cosa no podía hacer.

-¿Y tu mamá? Hablás poco de tu mamá.

-Ella siempre me defendía, pero también estaba sometida. En mi casa se hacía lo que decía mi papá.

***

Los hermanos de Sergio crecieron, se mudaron al pueblo y no pudieron negarle que fuera a pasar el rato con ellos. Su hermana Elda, cinco años mayor, lo recibía en su casa, donde la visitaban dos pastores de la comunidad cristiana que abrieron para Sergio la primera puerta.

María y José lo invitaron a cuidar una casa que tenían en Ataliva Roca y él se mudó.

-Una vez que salí del campo me empezó a ir mejor, le daba gracias a Dios por eso.

En su casa paterna se decía que había sido secuestrado por una secta. Le iban con cuentos a sus padres, que le iban a sacar la plata, que lo iban a explotar, que los pastores eran, en realidad, brujos.

-¿Alguna vez te fue a visitar?

-Nunca. Yo lo veía en la casa de mis hermanos. Él pensaba que no iba a poder sobrevivir.

-¿Tu mamá tampoco iba a visitarte?

-Mi mamá tampoco. Si él no iba no quería que nadie fuera. Él mandaba.

-Y no te ayudaba para que pudieras salir adelante...

-Nunca.

-Pero vos no ibas a volver al campo.

-Volver ahí era como una cárcel, no iba a salir más.

Con la iglesia llegó la escuela de ciegos y sus primeras cosas de hombre. No tuvo novias, tuvo amigas que lo iban a visitar, alguna se quería casar, pero él desconfiaba. Se quedaban un día o dos, pero le gustaban los hombres. No se conformaba con uno. Tal vez hubiera funcionado… quién sabe.

Mientras el padre esperaba que fracasara y volviera a casa, Sergio se abría un mundo nuevo. Pasó complicaciones, comió mal, tuvo frío en invierno y calor en verano, pero empezó a trabajar haciendo mandados, consiguió que otras personas lo ayudaran a tener su pensión -lo que recién logró tener en 2007-, que le cedieran una casa en comodato, que el comedor municipal le diera la comida de lunes a viernes.

No fue fácil, no es fácil. Hay gente que lo ayuda pero otros que lo tratan de vivo, dicen que se hace el loco, les molesta que consiga cosas, que tenga casa y comida sin necesidad de trabajar. El siguió adelante, con el tiempo se fue de la iglesia y llegó al teatro.

***

-Sergio desconocía la implicancia de una estructura dramática así que comenzamos con el desafío de poder transmitirle eso a través de posturas, del tacto. Eso me remitió muchísimo a mis primeros años de teatro, cuando en los talleres estimulan este contacto físico con los compañeros. Sergio aún no había experimentado este contacto y las tensiones a través de esas percepciones también estuvieron buenas. Tuvimos que hablar mucho sobre esto y a su vez nos fuimos teniendo más confianza.

-¿Cómo hacían?

 -Yo le mostraba con mi cuerpo, y él con sus brazos y manos tocaba e iba aprendiendo.

-¿Para vos cómo fue Sergio?

-Ensayamos mucho, cuatro veces por semana. Él me decía “tocame”, “vos tenés que ponerte así”. Y así fuimos armando todo. “Vos tenés que sentir eso y hacer lo tuyo propio”, me decía. “Hacelo natural. No fuerces nada. Natural”. Y yo fui sintiendo.


***

Ahora falta sólo una hora para la función y Sergio está con Juan detrás de bambalinas. Se pone los zapatos, el chaleco y el saco antes de salir a reconocer el escenario y tocar la escenografía.

Juan chequea todo para él. Pide una silla más alta y una mesa más larga, rectangular, como la que usó en las otras funciones. Sobre ella coloca un mantel blanco. El técnico de la sala acomoda las luces que le permitirán conocer los límites por los que podrá moverse.

-Ahora sí –dice Sergio cada vez que se enciende un tacho. Su salida.

***

-¿Tu papá llegó a ver la función?

-No quiso ir. No era compañero mi padre. Era de las personas de antes, pensaba una cosa y cambiara lo que cambiara para él siempre era igual.

-¿Cómo te sentís con eso?

-Yo ya salí. Otros están sometidos.

-¿Sus historias son parecidas a la tuya?

-Tengo una amiga a la que los padres le manejan todo. A la hermana le compran todo, a ella nada. Tiene 29 años pero no quieren que se le acerque ningún hombre. Y conozco a otra que tiene 26. ¡Ni hablar de que tenga novio! Son tan dependientes.

-¿Qué les pasará a esos padres?

-Nunca les enseñaron nada a propósito, para que no se fueran de al lado de ellos.

-Y a vos qué te pasa.

-Cada vez me gusta menos estar solo. A una de ellas la cargo, le digo que me quiero casar. Ella se ríe, piensa que es un chiste. Los padres no la dejan hacer nada. A mí no me importan los padres, me importa ella.

***

El público comenzó a llegar al teatro. Unos días antes un profesor de la escuela de ciegos pasó por casualidad e invitó a varios de sus alumnos, hay gente de teatro, público fiel. En el fondo del edificio, Barruti tira brazas bajo el lechoncito mientras calcula cómo hará para escaparse de la parrilla y ver la obra.

Detrás de bambalinas Juan le da a Sergio la última arenga:

-Ahora vamos a disfrutar de este momento. Vamos a dejar todo en escena pero eso no significa que vamos a estar nerviosos. Vamos a agradecer lo que nos dan y para eso vamos a hacer una gran función. Tomate tu tiempo. Tranquilo. Vamos a empezar a cambiarnos. Ya son casi las nueve, falta poco.

***

La sala ya está llena. La función va a comenzar.

***

Y a la noche, después de tener éxitos ya casi insuperables, después de banquetes, veladas, de reuniones científicas, a mí me espera… una pequeña chimpancé semi amaestrada. Yo me entrego a sus brazos a la manera de los monos. Lo paso muy bien pero de día no puedo verla. Ella tiene en la mirada la turbación y la locura del animal domesticado. Eso únicamente yo puedo verlo y no lo puedo soportar.

De todos modos, he logrado, en resumen, lo que me había propuesto lograr. Que no se diga que no valía la pena.

Por otra parte a mí no me interesa el juicio de los hombres. Yo solo pretendo difundir conocimientos. Yo sólo estoy informando. También a ustedes, señores académicos, solamente les he informado.


***

La sala queda en penumbras y el público aplaude de pie.

*Nota publicada en la Revista La Pulseada

10 de abril de 2017

Las víctimas de delitos graves que luchan por un mundo mejor

La primera vez que el gobernador escuchó a Daniel Vega se vio envuelto en una conversación que le resultaba extremadamente profunda y difícil de entender. “Cuándo pedirán cosas duras: el castigo, la represión, la pena de muerte”, pensaba. Tenía enfrente a un matrimonio que acaba de perder a su hijo Lucas de un tiro en la cabeza a manos de dos adolescentes que querían robarle el celular. Pero
no escuchaba ningún pedido de mano dura. Nada de eso. Daniel y su mujer planteaban, en cambio, su preocupación por los chicos que cometen delitos. Hoy sostienen un hogar que da contención a menores judicializados y forman parte de la agrupación Víctimas por la Paz (VyP).



"El perdón es mucho más constructivo que la venganza, aunque a veces es muy difícil perdonar", dice Mario Juliano, el juez de Necochea que preside la Asociación Pensamiento Penal (APP) desde la que se promueve a la agrupación VxP, un espacio que nuclea a personas que sufrieron hechos de violencia y que "coinciden en que la solución no es el endurecimiento de la ley penal, la restricción de derechos y libertades y el encarcelamiento indiscriminado" sino promover un “diálogo creativo que posibilite encontrar caminos de integración y convivencia”.

Parecen casos extraños y particulares pero no lo son tanto. Un programa que realiza la APP en radio Utopía abrió la puerta a los testimonios. “Veníamos haciendo varias entrevistas a víctimas que nos llamaban la atención, personas que eran capaces de reaccionar de un modo distinto a la forma en que suponemos reacciona el estereotipo de la víctima. Por eso se nos ocurrió juntar esta fuerza cívica distinta para hacer una propuesta en algún punto contracultural”, explica Juliano a Veintitrés.

Y así aparecieron los Vega. Y así apareció Gastón Tuculet, de La Plata. Gastón es papá de Juan Pedro, un chico de 19 años que fue a comer un asado con amigos y no volvió más. Otro chico de su edad lo mató de un tiro en la cabeza cuando iba a comprar gaseosas y hielo. Gastón tenía una carpintería, pero ahora trabaja en los institutos de Menores de la Provincia, para los adolescentes presos. Les enseña a jugar al rugby, deporte que su hijo hizo desde los 5 años hasta que lo mataron.




Hay más casos, no son de familias que sobrevivieron a sus hijos, sino de víctimas de robos y otros delitos que reaccionaron de manera solidaria, como Francisco Gallo, de Neuquén, quien un día despertó de madrugada luego de escuchar la explosión de la vidriera de su local. Cuando llegó a la vereda del negocio, lleno de ira, se encontró con dos nenas y un varón, de 9, 10 y 15 años, temblando de frío y miedo, con las manos sobre un patrullero. No sólo le pidió a la policía que los dejara ir, sino que les dio los peluches que querían llevarse. Al día siguiente, la madre llevó a los chicos a pedir disculpas y se ofreció a ayudar para pagar los daños. Francisco quizo que la chica de 15 años fuera cada tanto a su negocio y le mostrara el boletín. Aquel mismo día, lanzó la campaña “Un amigo por un amiguito”, con la que acopia juguetes para regalar.

-Los defensores de la mano dura suelen decir “a vos no te pasó”.
-Hoy es difícil –explica Juliano- que no encontremos a alguna persona que no haya sufrido algún hecho delictivo, todos en algún momento algo nos ha ocurrido, sobre todo en ciudades grandes. La categoría de la víctima es bastante más generalizada de lo que pensamos. Lo que tienen de particular las personas que integran VyP es que no obstante haber sufrido delitos, en algunos casos muy graves, no quieren mano dura. Y no están hablando desde una posición cómoda, lo que les da una legitimidad que muchas veces no tenemos los académicos.

-Y hay posibilidades de encuentros.
- Hay posibles encuentros, vivimos en una sociedad plural, que tenemos que evitar las generalizaciones hablando de “la gente”, “la gente” no existe, hay diversidades y muchas personas, abandonar la unanimidad de las ideas, esto no va a existir en una sociedad democrática, una sociedad que está por delante de una dirigencia política para asumir cuestiones conflictivas.




Aquellos encuentros pueden producirse incluso entre miembros de una familia. Sergio Núñez trabaja en la construcción en Tandil y lleva adelante un programa que busca que chicos no caigan en el delito: creó un taller de bicicletería y luego incorporó una capacitación en carpintería. La idea se le ocurrió mientras su hijo estaba internado luego de ser golpeado por una patota. El primero que se ofendió con la idea fue su hijo: "Quedate con tus nuevos amiguitos, yo me voy de casa", le dijo. Volvió al otro día y se puso a ayudar a su papá.

-La asociación también plantea condenas alternativas para algunos delitos, ¿cómo es eso?
-Desde la APP proponemos sistema penitenciario alternativo. Las cárceles no cumplen la función constitucional que le ha sido asignada. Nos hemos fijado en algunas experiencias como la cárcel uruguaya de Punta de Rieles, un establecimiento con más de 600 personas condenadas que viven como en un pueblo, con trabajo, emprendimientos productivos, restaurante, heladería y comercios de todo tipo. En 6 años hubo un solo episodio de violencia grave adentro de la prisión y tiene un índice de reincidencia de sólo el 3%.

-¿En Argentina de cuánto es?
-No hay datos ciertos, pero lo ubicamos en alrededor del 40%. Lo cual es demostrativo del fracaso de la cárcel y de nosotros como sociedad.

-¿Ese tipo de cárceles no podrían generar condiciones con las que después las personas detenidas no se van a encontrar cuando salgan?
-El regreso a la sociedad es uno de los grandes interrogantes, hay una gran dificultad de reinsertarse pero en algunos lugares se llevan a cabo algunas experiencias importantes, como la creación de una agencia de empleo, para que el Estado brinde ventaja a los empleadores, sean empresas o comerciantes. El capital siempre va a resolver desde el punto de vista económico. Del mismo modo se podría promover el trabajo dentro de la cárcel.

-Hay otro tema que nos producen sentimientos contradictorios, como el caso de Gustavo Prellezo, asesino de José Luis Cabezas, que se recibió de abogado…
-Lo primero que tenemos que comprender –afirma Juliano- es que no todas las personas somos iguales, ni los que sufrieron ni los que cometieron el delito. Hay casos de personas que jamás van a perdonar, otros que han cometido hechos muy graves y dieron pruebas suficientes de su resocialización, pero no podemos mirar el tema con ingenuidad o candidez. Hay personas que resulta seriamente muy difícil que regresen sencillamente a la sociedad por la atrocidad de los hechos que han cometido, se trata de casos muy puntuales. En el sistema penal, la enorme mayoría está detenida por hechos comunes, que realmente no merecen una objeción particular. Luego, quedarán éstos casos reservados a una particular revisión. No hay que perder de vista que las víctimas tienen el derecho a ser escuchadas.




Algunas víctimas, como Daniel Vega, tienen un punto de vista particular sobre su situación. Tanto que pueden sorprender a sus interlocutores, como lo reconoció el gobernador de Misiones Maurice Closs hace unos años, cuando participaba de la inauguración del Hogar que lleva  el nombre de Lucas Vega: “No estaba preparado para escuchar que los padres de un niño asesinado estén preocupados por los chicos que cometen ese tipo de acciones”, reconoció.

16 de noviembre de 2016

“Para los sectores reaccionarios, la verdad no tiene ninguna importancia”

Jubilado, el juez que condenó a Etchetcolatz, Von Wernich y Smart se defiende y contraataca: denuncia un complot. Lanata, Piumato y Garavano. Papel Prensa y los responsables civiles de la dictadura.


Publicada en Letra P.


Rozanski se siente un poco extraño. En su primer día sin trabajo, después de 15 años de juicios monumentales -por la cantidad de víctimas, por la cantidad de imputados y por la magnitud de los crímenes cometidos- se sienta para dar una entrevista sobre sus últimos días a cargo del Tribunal Federal Oral N° 1 de La Plata, luego de acceder a la jubilación tras una renuncia que –aunque él dice que no- llegó apurada por una denuncia por malos tratos y dilación de causas. Obligado a dar explicaciones, denuncia un complot político, mediático y judicial del que sería imposible defenderse.

BIO. Tiene 65 años. Nació en Boedo, donde creció. Trabajó en la mueblería familiar y terminó la secundaria en la nocturna del Juan José Paso. En 1980, al filo de los 30, se graduó de abogado en la UBA. Ejerció en forma particular hasta que, hace 25 años, entró por concurso como Juez de la Cámara del Crimen en Bariloche. En 1996, denunció a un compañero del Tribunal por haber sometido a un interrogatorio "perverso" a una chica con retraso mental profundo que había sido violada. El caso motivó la reforma del Código Procesal Penal y, desde entonces, los menores sólo pueden testificar con Cámara Gesell (frente a psicólogos y con el juez oyendo detrás de un vidrio espejado). Volvió a concursar por un cargo cuando se abrieron en la Justicia Federal, en 2001. Obtuvo la nota más alta y el entonces presidente Fernando De la Rúa lo nombró juez del Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata.

-Calificó a las acusaciones en su contra como “difamaciones bizarras” y “burdas mentiras”.
-Claro, porque había un objetivo concreto, que era que yo me fuera. En este tipo de momentos, el sistema es inverso. Se invierten las cosas. El otro día escuchaba una conferencia de Milan Kundera: “El castigo precede a la culpa”. Me impresionó siempre esa conferencia, que fue hace muchos años, pero ese concepto se va comprobando en la realidad. Lo segundo que dice es que “la realidad no tiene importancia”. Incluso se puede ver en Facebook lo que dicen los empleados del tribunal, que hablan con una calidez y un sentimiento muy fuerte. Si esta gente está publicando estas cosas, ¿cómo puede ser que no sea tenida en cuenta? Es que no interesa. Durante 33 años de democracia y, en mi caso, 25 años de juez, nunca tuve presión del Estado de ningún tipo, pese a que ejercí con gobiernos de diferentes signos políticos, porque cuando asumí como juez en la provincia de Río Negro había un gobierno radical. Ésta es la primera vez que siento que se concretó. No es solamente una situación psicológica. Es una realidad concreta, anunciada en un medio de comunicación.
-Todo comenzaría con una información dada en televisión.
-Jorge Lanata dijo en su programa que el Gobierno había decidido echar a tres jueces federales antes de fin de año. Dos semanas después, el representante del Poder Ejecutivo ante el Consejo de la Magistratura (Juan Bautista Mahiques) estaba activando la denuncia. Lanata ya había adelantado que el Gobierno tenía los nueve votos para echarme. La escena es patética: antes de notificarme de qué se me acusaba, ya estaban preparados para tomar las declaraciones testimoniales. Esto es Kafka en estado puro. Es como estar privado de todos los derechos.
-En los medios se mencionaba una lista de los delitos de los que se lo acusaba: destrato, acoso moral, selección de expedientes para su tramitación en detrimentos de otros, excesos de licencia, dilación de causas…
-Y falta la acusación del alquiler de un teatro para hacer un juicio por lesa humanidad. Esto lo dijo Romina Manguel con Lanata. Y de eso, de todo eso, no hay media palabra de verdad. La sede de calle 4 (entre 51 y 53 de La Plata) fue alquilada por el Consejo de la Magistratura luego de que el edificio fuera tasado por la Corte Suprema de Justicia. Eso es algo imposible de modificar. Esta gente está diciendo una tontería.
-Decía que lo había alquilado a un familiar. ¿Hay algún familiar…?
-¡No! De ninguna manera.
-¿Quiénes son los dueños del teatro?
-La AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina).
-¿Usted dice que pueden decir cualquier cosa, aunque sea disparatada?
-Nada de lo que dicen es cierto, pero, si el que está comunicando sabe que va a comunicar una mentira y decide hacerlo, estamos en problemas. Hace 25 años que trabajo en tribunales, escribí un libro sobre maltrato (Abuso sexual infantil: ¿Denunciar o silenciar?) que está agotado y ellos me hacen la denuncia. Es muy bizarro. Quienes promueven esto son delegados de (el secretario general de la Unión de Empleados Judiciales de la Nación, Julio) Piumato y algunos de ellos, militantes de Luis Abelardo Patti. El resto de los empleados, la mayoría de los que trabajan conmigo, dice otra cosa…
-Supongamos que los malos tratos no puedan ser cuantificables, que algunos empleados se hayan sentido maltratados y otros no, pero la dilación de causas y los excesos de licencia sí.
-No tienen ningún asidero: cada una de las licencias que tuve fueron las mismas que cualquier juez tiene por compensaciones de feria. Es más, todavía me deben 60 días. Está todo acreditado y documentado. Esto es algo que en diez minutos se comprueba.
-¿Y las causas que prescribieron?
-En primer lugar, no prescribió ninguna causa con detenidos. En segundo lugar, las excarcelaciones no las ordeno yo, (que) integro un tribunal colegiado. Fueron decisiones de un tribunal. Ninguna causa de un tribunal oral federal puede prescribir por decisión de un solo juez. Una cosa de sentido común. Es lo que se hubiera probado si se continuaba. El problema es que estas cosas no están preparadas para que continúen. Lo único que puede prosperar es lo que es verdad, no lo que es mentira. Cuando se utiliza la mentira, lo que se está buscando no es la etapa en la cual se puede acreditar si sucedió o no el hecho. Se busca la mentira misma, no el avance sobre la verdad, porque va a perjudicar al que está generando la mentira.
-¿Usted considera que todo es una construcción mediática?
-Quedó explícito en los editoriales del diario La Nación cuando estaba siendo juzgado (el ex ministro de Gobierno bonaerense) Jaime Lamont Smart, previo a terminar el juicio. O sea que estas operaciones de prensa ya venían de antes. Y es una conjunción de motivos, dentro de los cuales el más importante es la complicidad civil y empresarial con la dictadura, que se confirma luego con lo que sucedió con Papel Prensa, porque las escenas del traspaso de las acciones de Papel Prensa fueron descriptas en el juicio de Circuito Camps por Lidia Papaleo. Ahí es donde se expone en la audiencia su tortura, la tortura de sus familiares, de la familia Graiver, la amenaza de matar a su hija.
-Y comienza a motorizarse la causa por Papel Prensa.
-Claro. En ese momento, el Estado denuncia penalmente. Acá comienzan esas cuestiones.
Los editoriales del diario La Nación que menciona Rozanski fueron publicados en julio de 2008 (http://www.lanacion.com.ar/1030549-la-injusta-detencion-de-jaime-smart), cuando Lamont Smart fue detenido, y en septiembre de 2011 (http://www.lanacion.com.ar/1408608-la-persecucion-a-jaime-smart), cuando apenas comenzaba el juicio por el Circuito Camps. El primero hablaba del carácter secreto de “las operaciones militares realizadas para abatir a la subversión y que los civiles -funcionarios, miembros del Poder Judicial, la población en general- desconocían las órdenes dispuestas y, consecuentemente, los hechos producidos en operaciones militares”, mientras que el segundo reclamaba “que se haga justicia y que se disponga el cese de la actual situación del doctor Smart”.
A finales de 2012, el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata no sólo condenó a Smart sino que, a pedido de la querella de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, remitió las copias de las declaraciones prestadas por Lidia PapaleoRafael Iannover e Isidoro Graiver al Juzgado Correccional en lo Criminal Federal donde se investigaba –y aún se hace- el traspaso compulsivo de la empresa Papel Prensa a los diarios ClarínLa Nación y La Razón.
Así lo ve Rozanski:
-Cuando, el 24 de julio, Lanata pone los muñecos de Daniel RafecasEduardo Freiler y yo en la pantalla y dice que el Poder Ejecutivo había decidido echarnos, no me daba cuenta de qué era lo que nos unía. Rafecas es juez de primera instancia, Freiler es de Cámara y yo, del tribunal oral. Nos cruzamos para hablar del tema pero no encontrábamos nexos hasta que nos dimos cuenta de que los tres tomamos intervención en el caso de Papel Prensa. Es la única forma de entender por qué tanta saña. En el juicio oral, Lidia Papaleo relató su tortura y contó la escena anterior a ser secuestrada, en la que (el CEO de Clarín, Héctor) Magnetto, le dijo que iba a matar a su hija y a su mamá. Esto se grabó y se difundió. De modo que ahí ya para estos medios no había vuelta atrás. Estamos hablando de fortunas incalculables.
-Entonces el rol de los medios de comunicación fue construir un personaje.
-Por lo menos, en lo que me consta… cuando Clarín publica que Leonardo Fariña fue excarcelado, yo estaba de viaje pero en los días siguientes habla de que yo tenía una “extraña licencia” y luego pone que el presidente del Tribunal fue visto tomando un café en el elegante Pasaje Rodrigo (un pequeño Patio Bullrich de La Plata) con el ex secretario de la Nación Julián Álvarez. Jamás me senté a tomar un café con Julián Álvarez. Dan nombre, apellido y un lugar físico. Ellos saben que jamás me senté ahí. Están construyendo una información. Después, sacan una nota diciendo que yo soy el ideólogo de Justicia Legítima y después, que soy el más lúcido de Justicia Legítima. Están afirmando que pertenezco a una asociación a la que no pertenezco.
-De todas maneras, pertenecer no hubiera significado nada.
-Por supuesto que no. Yo estuve en el origen de Justicia Legítima, pero nunca pertenecí. No es que estuve asociado y me fui. Comulgo con lo que piensa. Si hubiera pertenecido, no tendría problemas, pero, si no me senté con Álvarez a tomar un café, si no pertenezco a Justicia Legítima, hay una intención de operación de prensa. Estas cosas son interesantes porque tiene que ver cuál es la intención de un medio de prensa en inventar.
-Pero la excarcelación de Fariña sí fue ordenada por el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata.
-Fue ordenada por los jueces Jorge Michelli y Germán Castelli. César Álvarez votó por la prisión domiciliaria. Acá hay otro dato curioso: la hija de Michelli es Gabriela Michelli, quien era secretaria del tribunal y es la misma persona que le pasa información a un periodista de La Nación, su cuñado, Hugo Alconada Mon. Unas horas antes de que la defensa de Fariña fuera notificado de la excarcelación, Alconada Mon tuitea con un juicio de valor: “La ruta del dinero k: excarcelaron a Fariña”. Quien pasa la información es nada menos que la cuñada y quien firma la excarcelación es el suegro. Una cosa es cuando desde afuera se toma conocimiento de que hay operaciones de prensa pero otra cosa distinta es cuando vos sos víctima de eso. Esta situación no puede no tener respuesta.

La responsabilidad de los civiles
Letra P: -La cuestión de llegar a la responsabilidad de los civiles fue creciendo durante el desarrollo de los juicios. Igual que el tema de las sentencias, las primeras condenas, a Miguel Osvaldo Etchecolatz y el cura Christian Von Wernich, fueron por crímenes cometidos “en el marco de un genocidio” y luego por el delito internacional del genocidio.
Rozanski: -Hay una progresión. Yo soy el único que está en todos los juicios. No es un dato menor, lo cual es una contradicción para quienes me acusan de vago o de dejar que las causas prescriban. Durante siete años, estuve solo en el tribunal. Los otros dos jueces fueron cambiando, gente que, además, cobra más, porque se cobra un dinero importante por ser subrogante. En fin, la concreción de esos juicios fue mostrando cada vez más. En el primero, yo consideré que condenar por la figura del genocidio podía llegar a poner en duda la sentencia, pero, al mismo tiempo, había que ponerlo. Había que hacerlo de manera que garantizara que esa sentencia no iba a ser modificada en instancias superiores por ese tipo de cuestiones. Así surgió el concepto de “en el marco de un genocidio”. Con el tiempo, los juicios se fueron instalando en todo el país y eso permitió que se avanzara, dependiendo de la composición del tribunal, en contemplar la posibilidad de la condena por “el delito internacional de genocidio”, utilizando figuras internas como es el homicidio calificado o la tortura.
LP: -Los juicios demostraron que se podía usar la figura del delito internacional.
R: -Argentina firmó mucho antes del 76, después de la segunda guerra mundial, la Convención Sobre Genocidio. En nuestro caso, la disputa era si se cuadraba o no a las víctimas como un grupo nacional, porque la convención no receptó, aunque estaba en el proyecto, la inclusión de grupos por persecución política. Ese inciso fue quitado a instancia de Stalin. Entonces, se ubicó a las víctimas dentro del grupo nacional, cosa que, además, es compartido por otros juristas.
Las sentencias por las que fueron condenados Etchecolatz, Von Wernich y la de la Unidad 9 fueron ratificadas por la Corte Suprema.

-¿Todo para que no se avance en la responsabilidad de los civiles?
-Todo con el mismo objetivo. El que comienza con esta operación es Piumato y lo hace cuando está por comenzar un juicio por crímenes de lesa humanidad en la Unidad 9, que es un lugar donde él estuvo detenido o, por lo menos, figuraba como detenido. Y el juicio tuvo que empezar horas más tarde porque él lo estaba boicoteando junto con una secretaria del tribunal que fue recusada para este juicio por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. ¿Y quién era esa secretaria? Gabriela Michelli.
-¿Qué interés podría perseguir Piumato?
-Piumato figuraba como detenido en la Unidad 9 pero en el juicio no participaba como testigo ni como víctima ni como querellante ni como denunciante, lo cual, en una persona que es pública, que además es secretario de Derechos Humanos de la CGT, es llamativo. Eran testigos Adolfo Perez Esquivel, Jorge Taiana, Cachorro Godoy, pero Piumato no. Si no estaba en ninguna de las cuatro categorías, habría que preguntarse o preguntarle a él por qué.
-¿Por qué?
-No lo puedo decir.
-…
Rozanski saca su teléfono para mostrar las fotos de los afiches con los que empapelaron el palacio de tribunales de la calle Libertad cuando, acompañado por su abogado, Eduardo Barcesat, y varios organismos de Derechos Humanos que se presentaron como “amicus curiae”, fue a hacer su descargo por las acusaciones. “Basta Rozanski de presiones”, decían los carteles.
-Todo el edificio estaba empapelado con afiches con mi foto y mi apellido. También había algunos contra (la procuradora general de la Nación, Alejandra) Gils Garbó. Había afiches pegados incluso en la puerta de ingreso a la Comisión de Disciplina. Y, por supuesto, estaban firmados por la Unión de Empleados de la Justicia de la Nación, de la que Piumato es su secretario general. En algunos, en lugar de una foto, pusieron el mismo muñequito que usó Lanata en su programa. ¿Qué esperanza puede tener una persona que va a responder una denuncia? Esto le quita legitimidad al procedimiento. Esto es, claramente, una situación de persecución. A mí no me hubieran destituido. Lo que armaron es un castillo de naipes.
-Pero aparece la alternativa de la jubilación.
-Esto era insostenible. En un país en estas condiciones, que las denuncias sean falsas no alcanza para que no me destituyan. Ése es el problema. La respuesta sería sencilla. Yo tengo la tranquilidad de que esto que se dice no sucedió. No debería tener ningún problema en enfrentarlo, pero, si afrontarlo es ir a un proceso donde ya se anuncia el resultado por los medios de comunicación, no están dadas las garantías. No iba a someterme a un escarnio. El costo hubiera sido para mí imposible. No hay nadie que aguante. No se respeta ningún tipo de norma. Es una luz roja muy fuerte. En otro escenario sería totalmente sencillo. Renuncié después de hacer el descargo, donde aclaro todo esto, que es absolutamente absurdo. Además, todo el proceso es nulo. A esta altura del partido, no puedo no darme cuenta de que esto yo no puedo pelearlo y que la verdad no alcanza. Hice lo que tenía que hacer. El tiempo irá diciendo las cosas.
-¿Quién lo manda a Piumato?
-Dos fotos clave. Una en una escalera, antes de una comida. El evento tuvo lugar el 28 de septiembre y en la foto están, entre otros, Piumato, el presidente del Consejo, Miguel Piedecasas; la diputada Adriana Donato, presidenta de la comisión de disciplina del Consejo; el consejero representante del Poder Ejecutivo, Juan Mahiques, y el juez consejero Luis Cabral. Todos ellos impulsaron la denuncia.


Una semana después, fue la VII Conferencia Nacional de Jueces, que no por casualidad este año tocó en La Plata,  en el Teatro Coliseo Podestá. El Ministerio de Seguridad (a cargo de Patricia Bullrich) cortó la calle para hacer una gran foto. Ahí se los puede ver otra vez a Piumato, junto a (el ministro de Justicia de la Nación, Germán) Garavano, sonrientes.


-¿Cuál sería el fin último de todo esto?
-Un poco de cada cosa. El objetivo es el disciplinamiento. Si se puede llegar a operaciones de esta naturaleza, con la que se obtiene la renuncia de un juez federal, se está transmitiendo un mensaje a mucha gente. En segundo lugar, esto tendrá incidencia en los juicios porque se torna virulento. No puede ser interpretado de otra manera. Tiene que ver con que esta preocupación no existía mientras se estaba juzgando a gente uniformada, pero comienza o se intensifica a partir de la condena a Smart, porque los juicios, a medida que avanzan, cada vez van mostrando más aspectos del terrorismo de estado. Y estos aspectos no pueden excluir a los sectores empresarios y también eclesiásticos, porque es parte de la verdad que se va conociendo. Finalmente, la prisión domiciliaria. Esto lo anunció (Ricardo) López Murphy hace un par de años en una reunión con un grupo que se llama Abogados por la Paz y la Concordia. Como no se podía conseguir un indulto, había que ir por la prisión domiciliaria. En pocos meses más, entre el 80 y 90 por ciento de los detenidos por delitos de lesa humanidad va a tener domiciliaria, con todo el esfuerzo que les significó a las víctimas y testigos una enormidad volver a relatar lo sucedido, con todo lo que significó que el mismo estado que cometió los crímenes impulsara el juzgamiento, el único país del mundo en el que sucedió de esta manera.
-¿Qué le quedó pendiente como juez?
-Me voy con el gusto desagradable de que yo había cumplido un ciclo. Acá es imposible sostener que me jubilo por las denuncias, porque empecé a tramitar la jubilación un año antes, pero cuando salió esto me fui. Lamentablemente, para los sectores reaccionarios, la verdad no tiene ninguna importancia.

Un tema doméstico: le sacaron la custodia
Apenas se inicia la entrevista con Letra P, Rozanski recibe un llamado telefónico y se disculpa. Se quedó sin agua en la casa y tiene que atender.
Letra P: -Me llamó la atención cuando pasé por su casa, hace un tiempo, la custodia que tenía.
Rozanski: -La sacaron.
LP: -¿Cómo?
R: -Una medida medio absurda. Yo tenía seguridad en mi casa desde la segunda desaparición de (Jorge Julio) López (ocurrida el 18 de septiembre de 2006), cuando comenzaron las amenazas. Eso continuó durante diez años y hasta el día de hoy. Ahora estamos por ir a juicio con un tipo que durante cuatro meses amenazó con matarme y matar a una secretaria del tribunal, con matar a sus chiquitos. Decía “mi único jefe es Miguel Osvaldo Etchecolatz”. Lo detuvieron con tres armas cargadas. Pero no les importa nada. Igual sacaron la custodia. Tengo que volver a pedirla. Además, vengo de presentar un escrito en la Cámara porque pidió la excarcelación. En este contexto, que te saquen la custodia es preocupante.

LOS JUICIOS. Como presidente del Tribunal Oral Federal N° 1 de La Plata, Carlos Rozanskiintervino en una gran cantidad de juicios por delitos de lesa humanidad: Erchecolatz-Berges por apropiación (2004), Miguel Etchecolatz (2006), Christian Federico von Wernich (2007), Mansilla - Duret por el caso Labolita (2009), Unidad 9 de La Plata (2010), Alonso (2010), Pedro César Guerrero (2011), Circuito Camps (2012), Casado Tasca (2012), Madrid - Elichalt (2013), La Cacha (2014), Fuertar 5 (2015) y Favero-Alvarez (2016).

4 de octubre de 2016

La historia del nieto 121

Un hombre de 40 años y dos hijos es el nieto 121. Se llama Maximiliano, es médico y vive en Palermo. Hace apenas unos días supo que es hijo de los desaparecidos Ana María Lanzillotto y Domingo Menna y tiene un hermano, Ramiro.

Nació en cautiverio. Su papá, su hermano, que tenía dos años, y su mamá, embarazada de ocho meses, fueron secuestrados el 19 de julio de 1976 en Villa Martelli. Domingo era parte de la cúpula del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) - Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y vivía con su familia unos pisos más abajo que Roberto Santucho.

Los grupos de aproximación de Abuelas de Plaza de Mayo se acercaron para plantearle la posibilidad de que fuera hijo de desaparecidos y él se prestó al cotejo genético “convencido” de que estaban equivocados, explicó Estela de Carlotto.

El juicio que se realizó en septiembre de 2012 en los tribunales de San Martín permitió reconstruir la historia del secuestro, la desaparición y el asesinato de su familia junto a Santucho, y su mujer, Liliana Delfino, y otro de los integrantes del Buró político del PRT-ERP, Benito Urteaga, y su hijo de dos años.

Domingo fue el primero en caer. Llevaba en su bolsillo la boleta de una farmacia con su dirección, alguno de los niños que vivía en el lugar tenía tos y había alquilado un nebulizador. Unas horas después, las 14.30 de un lunes nublado y frío, el portero llamó a la puerta del departamento de Santucho, en el cuarto piso del edificio situado en la calle Venezuela 3149.

-Soy Daniel –dijo del otro lado de la puerta el encargado.

Liliana Delfino asomó sus ojos azules al pasillo, vio al portero correr hacia las escaleras y dio el grito de alerta mientras intentaba trabar la puerta.

- ¡Es el Ejército!

-¡Ríndanse, hijos de puta –se escuchó un vozarrón.

Dice la leyenda que el grupo que irrumpía en la casa no sabía que se encontraría con Santucho, quien llegó a manotear una legendaria pistola obsequiada por Salvador Allende y mató a uno de los sorprendidos intrusos. Murió acribillado. Urteaga cayó a su lado.

Las dos mujeres serían llevadas a Campo de Mayo. Algunas versiones dicen que pasaron por el Vesubio. Ana María estaba embarazada de 8 meses. Ramiro, que estaba en una guardería, fue retirado por los militares poco después.

El operativo fue difundido por los medios de comunicación, que identificaron a los detenidos y a los muertos. No era para menos, se trataba de la cúpula del PRT-ERP.

La mujer de Urteaga, Pola, recuperó a su hijo unos meses más tarde y se exilió en Nicaragua. Ana María tuvo a su bebé en Campo de Mayo. Entre las detenidas corrió la voz: “La mujer del Gringo dio a luz”, decían. La familia Lanzillotto inició una búsqueda desesperada.

-Mirá, de tu hermana y el marido, olvidate, olvidate porque nadie te va a decir nada, ni dónde están, ni nada –advirtió un amigo.

Les dijeron, sin embargo, dónde estaba Ramiro, que fue recuperado de una guardería policial, en San Martín, en los primeros días de agosto de 1976.

Igual que Maximiliano, Ramiro creció sin conocer quién era. Aunque las primeras noches lloraba llamando a su mamá Ani, algún mecanismo de defensa psicológico le permitió conocer su historia poco a poco, llegó a llamar mamá a su tía Quela y creyó que sus primos eran sus hermanos. A los 13 años le contaron la verdad y tuvo tiempo para entender a sus padres. Se hizo salesiano, viajó a una misión a Etiopía, dejó la iglesia, se casó y hoy tiene tres hijos. Vive en Chepes, un pueblo de La Rioja. Es profesor de física y química en un bachillerato de jóvenes y adultos.

Cuando Ramiro se enteró que su mamá estaba embarazada continuó con la búsqueda que sus tías habían llevado adelante en Abuelas de Plaza de Mayo desde su fundación. En dos chicas creyó encontrar a la hermana que su mamá parió en cautivero. Los estudios de ADN dieron negativo.

Hace cuatro años, cuando iba a declarar en el juicio por la desaparición de su familia envió un mensaje con la intención de abrir una puerta. "Yo tengo 38 años, mi hermana o hermano tendría que tener 36, si me está escuchando debería saber que todos los especialistas coinciden en el hecho de que la verdad te va a hacer libre. Después vos podés criticar a tus viejos, si querés. Que se equivocaron, que no; porque a lo mejor mi hermana o hermano tenga construido un pensamiento totalmente de derecha, qué sé yo. Pero más allá de eso, conocer la verdad en tu historia es clave, de ser feliz y hacer feliz a otro”, afirmó.

Maximiliano sabe hoy que su madre es Ana María Lanzillotto y su padre Domingo Menna. Y que Ana María era hija de Nicolás Lanzillotto y Brígida Cáceres. Nacida y criada en La Rioja. Era maestra y escribía poesía, estudió abogacía en Tucumán, pero no terminó sus estudios porque prefirió militar en el PRT. Domingo Menna es hijo de Pánfilo Menna y de Irma, nació en Italia pero fue criado desde chiquito en Tres Arroyos. Estudió en Córdoba. Ana María y Domingo se conocieron en el 72, o tal vez en el 73. Sabrá que estuvieron juntos hasta que los secuestraron. Y que permanecen desaparecidos.

Sabe que su familia fue perseguida por muchos años, que su tía también fue desaparecida, que -como su hermano- sus primos fueron secuestrados y recuperados, que tiene un tío que también sufrió la cárcel y la tortura apenas iniciada la dictadura y que su abuela murió de un infarto cuando se enteró.

Tal vez le ocurra lo mismo que a su hermano cuando conoció su historia: “Fue como una película, no me parecía una historia real. No se me encarnó hasta que no pasaron años... al principio, por un lado me parecía que habían hecho lo que creían por el bien de la gente. Y por otro, me parecían equivocados... Y la verdad es que cada vez menos creo que se equivocaron ellos en algo, en su militancia. Cada vez es más pequeño el margen de crítica que tengo de lo que hicieron mi viejo y mi vieja durante los setenta”.




El arrullo que no fue. Ana María y Domingo con Ramiro en brazos, la familia que no pudo tener Maximiliano.

3 de abril de 2016

La abuela inundada

–Señora, tenemos que salir porque va a entrar más agua –le dijo Lourdes.
–Subamos las cosas –pidió ella.
Cómo negarse ante el pedido....
Chicha, con sus 90 años a cuestas y una ceguera progresiva que le impide ver nada definido, subía los papeles y recuerdos que guardaba en los muebles de su casa, a las sillas, a la mesa.
El agua entraba por todas partes pero todavía era posible pensar que era lógico que parara de llover.
Eso pensaba Chicha: ya va a parar.
–Salgamos señora –insistía Lourdes.
–Ya va a parar –respondía ella.
Pero no paraba.
Se hacía de noche. El agua crecía. No había electricidad. Y no paraba de llover.
Entonces sí, Chica admitió que debían buscar ayuda y abrió la puerta de calle. Un torrente de agua mugrienta y fría le llegó a la cintura.
Su tesoro, el archivo de la historia de su familia, los documentos que guardó para que Clara Anahí sepa, para que Clara Anahí conozca; las muñecas que le compró a su nieta en cada viaje que hizo para pedir su restitución, los papeles guardados durante los 36 años de lucha por la memoria, la verdad y la justicia, la historia de la bebé robada por los milicos, la bebé robada por los asesinos que creció sin saber quién era realmente, apropiada y negada, quedaban bajo el agua.
Todo bajo el agua de lluvia de una ciudad que se inundaba.
Y no paraba de llover.
Chicha estaba empapada y supo que tenía salir de la casa. Decidió ir a su habitación a buscar ropa. Abrió el ropero y se dio cuenta que ya no quedaba nada seco. Sintió el cansancio. Se sentó en la cama. El agua le llegó al pecho. No tenía miedo.
Veía como se perdía todo, pero no tenía miedo. Sabía que tenía que salir. Salvar la vida.
Cuando se disponía a dejar la casa, la puerta de su habitación se le cayó encima. Amortiguada por el agua, no la golpeó muy fuerte.
Lourdes, que estaba ahí para asistirla, que la acompañaba en su ceguera, que siempre le lee por las noches, llamó a un vecino que las ayudó a escapar por una puerta lateral. Las llevó a un primer piso, a la casa de una vecina, donde ya había otras mujeres.
Chicha se dio cuenta que una de las señoras estaba semidesnuda. Contaba que la correntada le había sacado la ropa. Entonces se vio a sí misma, con un camisón de verano, cubierta de hojas doradas, hojas del otoño. Y le causó risa sentirse como una Venus.
Durmió tres días seguidos.
Supo del desastre. Y de la solidaridad. Cuando quiso acordar, un vecino llevaba el almuerzo para un montón de gente que trabajaba en su casa, que trabajaba para quitar la humedad de las paredes y se las ingeniaba para salvar los documentos que Chicha guardó durante casi cuatro décadas para que Clara Anahí conozca algo de su verdadera historia. Papeles que colocaban entre papel secante, para luego colgarlos al sol y por las noches volver a guardarlos entre secantes. Y así todos los días. Para que se sequen, para que Clara Anahí sepa. Para que Clara Anahí sepa tiene una abuela. Una abuela que en 1977 se juntó con muchas otras abuelas para buscar a sus nietos desaparecidos, a sus nietos robados. Que tiene una abuela de 90 años que nunca dejó de buscarla. Una abuela que hace unos días escribió otro documento para atesorar: “Te quiero y te espero querida mía”, dice.

9 de enero de 2016

Lo ratificaron los municipales: la lucha continúa



Horas después de la represión en pleno centro de La Plata, los trabajadores de la municipalidad despedidos realizaron una asamblea en la que ratificaron su plan de lucha por la reincorporación y recibieron con un gran aplauso a Ana María, la empleada que recibió los nueve perdigones de la bala de goma que le fue disparada por la espalda a pocos metros de distancia.
Más de 200 trabajadores participaron del evento que se realizó en la glorieta de la plaza San Martín, entre los edificios de la gobernación y la legislatura bonaerense, en el que acordaron volver a movilizar el lunes 11 a las 11, otra vez a las puertas de la Casa de Gobierno local.
Sobre sus escalinatas fueron subiendo uno a uno para dar sus puntos de vista sobre la situación, luego de que Ana María contara cómo había sido herida: “escuché que el intendente había dado la orden de reprimirnos y pensé que nos iban a empujar”, reveló. Minutos después cayó dolorida en medio de la plaza Moreno, sin lograr entender aún por qué le ardía tanto la espalda.


Los despedidos acordaron no ceder en el justo reclamo de los trabajadores de ser reincorporados a sus puestos y repudiar cualquier forma de represión.
En el lugar se informó sobre la denuncia presentada ante la fiscalía de Alvaro Garganta, a la que presentaron las pruebas que acreditan la utilización de balas de goma, además de una filmación del momento en que comienzan los disparos, en el que se escucha lo que Ana María había revelado minutos antes pero en boca de un policía: “el intendente dio la orden de reprimir”.
Se recordó la situación por la que pasaron los trabajadores de las cooperativas municipales, quienes fueron arriados como ganado al Estadio Ciudad de La Plata, luego de varios meses sin cobrar (3.500 pesos mensuales), y se denunció la muerte de un hombre que había estado hacinado y al rayo del sol, que por la noche sufrió un paro cardíaco que le costó la vida.
El lunes, mientras se realice la marcha, el municipio tendría que efectivizar el pago a los cooperativistas, algo que muchos pusieron en duda durante la asamblea.
Otro trabajador advirtió que la decisión de reprimir no es local y reveló que también los trabajadores municipales de Neuquén habían sido gaseados y baleados. Se enumeraron luego los conflictos en los que intervino la policía de los diferentes gobiernos de Mauricio Macri: la represión en el indoamericano, en el hospital Borda y a los trabajadores de Cresta Roja.
Se habló del nuevo gobierno no como el futuro, sino como el pasado: se mencionaron el ´55, el ´76 y los años ´90.
Los municipales platenses que iniciaron el conflicto con la toma del palacio municipal contaron que lo primero que hicieron fue cortarle el agua y la luz al edificio al que acababan de llegar los funcionarios de la nueva gestión y no fue porque fueran ñoquis, sino porque conocen perfectamente el lugar en el que trabajaban todos los días. Y por eso mismo se dieron cuenta que los iban a echar sin que mediara siquiera una mínima comunicación.
Algunos diálogos, polifónicos, se impusieron ante las presentaciones, como cuando se habló de persecución política.
–Dicen que nosotros éramos empleados de Bruera y que por eso nos pueden despedir –afirmó alguien.
–Dicen que van a ir a buscar a la casa a los punteros políticos –agregó otro.
–¡Que vengan! –retrucó alguien–, pero hay que avisarles que somos peronistas.
–La represión es para todos –respondieron más allá.
–Nos están tirando mierda, demonizándonos. Dicen que somos planeros y choripaneros y a hasta algunos de nuestros vecinos les creen. Pero tenemos que advertir que no vamos a bajar los brazos, que esto es por el amor que nos tenemos el uno al otro, que son ellos los que quieren la guerra, nosotros queremos trabajar. No queremos denunciar el lunes a la tarde que tenemos un muerto y veinte compañeros heridos –logró decir a viva voz un trabajador subido a la escalinata de la glorieta.
–Si somos 300 nos van a cagar a palos otra vez, pero si somos 3000 no van a poder –le respondió otro.
–No seamos ingenuos y no pensemos que esto le pasa a fulano o a mengano, esto nos pasa a todos. No seamos boludos de esperar a las paritarias, el gobierno ya le aumentó el sueldo a la policía para que salga a reprimir la protesta social –afirmó un hombre–.
En medio de un debate que se abrió por el compromiso que deben asumir los gremios en el conflicto alguien parafraseó a Juan Domingo Perón: “Con los dirigentes a la cabeza o con la cabeza de los dirigentes”.
Una chica recordó que también la Unión Cívica Radical integra el frente Cambiemos y pidió interpelar al partido porque no puede estar de acuerdo con la represión. Otra se mostró sorprendida por la situación y recordó que hace años que hay manifestaciones sin que pase nada grave.
El rol de los medios de comunicación y las redes sociales también estuvo presente en el debate cuando los trabajadores denunciaron un cerrojo informativo y advirtieron que debían confiar en internet y en los medios comunitarios. Los despedidos decidieron sumarse a la página de Facebook de “Resistiendo con Aguante La Plata” para coordinar las acciones y el plan de lucha que prometieron no abandonar. Y volvieron los diálogos.
–Los medios no nos van a sacar, pero tenemos a las radios comunitarias y las redes sociales –dijo uno de los trabajadores.
–Tenemos que confiar en las redes sociales –le confirmó alguien.
–Tengamos en cuenta que no es “compartir” y poner “me gusta” –aclaró una estudiante de comunicación.
–Vamos a estar en la calle –la respaldó un hombre.
Antes de cerrar el acto, como una forma de exorcizar los miedos y la estigmatización, cada militante gritó el nombre de la organización que se sumó desde ahora al reclamo de los municipales despedidos. Y cada uno fue recibido con un cerrado aplauso.