"La gente cree estar plenamente informada sin haberse aproximado siquiera a una sola idea que contradiga sus prejuicios", Bill Keller.

4 de marzo de 2008

Arbolitos, médicos de una enfermedad argentina: la fiebre verde

“Cambio, cambio, cambio, cambio… ¿Dólares? ¿Euros?... cambio, cambio...”. El que habla es un tipo que parece no dedicarse a ninguna empresa en particular. No está de traje, sino más bien en pura informalidad. Un jean, una camisa y zapatillas. Se distingue, eso sí, por su incansable oferta para cambiar dinero de diferentes orígenes, la compra venta dólares o euros que acumula en un enorme fajo que tiene en la mano, mientras que en la otra ostenta una calculadora con la que parece encandilar a transeúntes y automovilistas, como si fuera un espejito. Hay otro al lado que hace lo mismo. Y otro un poco más allá. Hay, en total, siete u ocho tipos apostados sobre la vereda que hacen lo mismo: “compro, compro, compro… vendo, vendo… compro… Dólares, Euros”.

Apostados a lo largo de la avenida 7, entre 46 y 47, estos hombres que ocupan un espacio de la vereda, pegados al cordón, se ganaron el mote de “arbolitos”, porque están plantados, precisamente, en el lugar que debería ocupar un árbol.
Llamen al doctor. Los arbolitos nacieron con la fiebre verde que de tanto en tanto se apodera de los argentinos. Hicieron furor durante la década `80, con la hiperinflación alfonsinista. Reaparecieron en el 2001, con la crisis y el corralito financiero paridos por Fernando de la Rúa y Domingo Cavallo. Sobreviven.
La fiebre verde argentina se distingue en los centenares de personas que pasan la noche frente a alguna sede de la banca oficial para comprar dólares, los vecinos que viajan desde el interior a la capital en busca de una divisa a un menor precio. O los casos de los que se arrodillan para pasar bajo la cortina metálica de la tradicional casa Piano, en Buenos Aires, antes de que cierre sus puertas y deje de operar. Los arbolitos surgen en esas épocas y se diferencian de sus competidores porque ahí estarán, una considerable cantidad de horas, a la intemperie, con un fajo de billetes dispuestos al cambio, aunque un poco más caro.
Una de las particularidades de los arbolitos platenses es que ocupan apenas una cuadra del micro centro, frente al Banco de la Provincia de Buenos Aires, en la vereda de la Casa de Cambio Avenida, propiedad del ex presidente de Estudiantes de La Plata, Daniel De la Fuente.
Ubicación. “Venimos acá porque esta es la vereda de la Casa de Cambio”, reconoció uno de ellos a Diagonales. “La mejor hora de los arbolitos es cuándo baja la pizarra de Avenida. Entonces pueden vender con una mejor diferencia a su favor”, describió Fernando, nombre ficticio con el que se identifica el dueño de una casa de cambio clandestina, ubicada una galería del centro de la ciudad, a pocos metros de los arbolitos.
Aunque están prácticamente todo el día, el fuerte de los arbolitos parece comenzar con el horario de cierre de la casa de cambio. Al menos es lo que aseguró Fernando, que explicó cuáles son las diferencias con su negocio: “ellos trabajan mucho con los que vienen en auto por la avenida 7 y no tienen tiempo para buscar un estacionamiento, o no quieren caminar hasta Avenida, que es la casa más tradicional de la ciudad. Nosotros, en cambio, ya tenemos una clientela que nos tiene confianza y siempre prefiere venir hasta acá”.
¿Los arbolitos son agentes de algún capitalista o emprendedores? Ninguno quiere decir si trabaja para alguien o es independiente. Pero a la hora de explicar cómo ganan su dinero, los agente de cambio aseguran que la ganancia está en la diferencia entre lo que pagan el billete y el precio al que lo venden, que puede ser de hasta 4 ó 5 centavos.
Transacciones. “Nosotros no podemos especular”, advirtió un arbolito, que se animó a hablar en privado con la condición de que no aparezca su nombre. Según parece, tampoco es que necesiten especular: “lo más extraño ocurre cuando el dólar sube. A la gente le agarra la necesidad de comprar. En lugar de vender, vienen a comprar dólares, porque temen que el peso se devalúe más. Además, cuando sube, el que tiene dólares guardados no sale a venderlos. Los guarda pensando que va a seguir subiendo. Después cuando baja se quieren matar”, agregó.
Fernando, que abrió su local con un socio en 2002, luego de vender su parte de un restaurante, aseguró que su ganancia está en el volumen que maneja diariamente. “Ganamos con la diferencia que hacemos entre lo que pagamos y lo que vendemos, hay veces que ganamos 4 centavos por dólar, otras 3, algunas 1 y otras nada. Porque lo que no podemos dejar de hacer es la transacción. Lo que más nos conviene es mantener una paridad entre lo que compramos y lo que vendemos”.

CUADRO:
Las 13 detenciones

El 12 de abril de 2002 la policía realizó un operativo para detener a los “arbolitos”. La jornada terminó con 13 sospechosos tras las rejas, sorprendidos todos en la cuadra de 7 entre 46 y 47. Tenían en su poder 18.000 pesos, entre moneda nacional, dólares y Patacones. El fiscal Marcelo Romero los había denunciado por “violación al régimen penal cambiario”.

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