"La gente cree estar plenamente informada sin haberse aproximado siquiera a una sola idea que contradiga sus prejuicios", Bill Keller.

10 de junio de 2009

Es la cultura, idiota

En La Plata ocurren cosas extrañas. No, no es por el trazado de diagonales, ni los tilos o las plazas, sino por la cultura. Es posible un viernes ir a ver una obra de teatro y que no haya nadie más que los actores. Y que la obra se dé igual para la pareja que ni siquiera pagará la entrada, invitada a la función. Es cierto, como ocurrió hace 40 años en el Once, en algunos recitales los del público son todos músicos. Y más bien muy poquitos.
La noche del lunes, el grupo La cuarta pared aprovechaba la visita de sus amigos del grupo ecuatoriano Malayerba para invitarlos a dar una función en el Pasaje Dardo Rocha, en un acto al que convertirían en la presentación del IV Festival Internacional de Teatro, que se realizará en septiembre.
El dramaturgo, actor y director argentino Arístides Vargas y el actor ecuatoriano Gerson Guerra se calzarían las ropas de prisioneros para presentar La razón blindada, una obra basada en El Quijote, de Miguel de Cervantes; La verdadera historia de Sancho Panza, de Franz Kafka; y el relato que Vargas rescató de su hermano Chicho, detenido por su militancia política desde 1976 a 1984 en el penal de Rawson. Con esas fuentes, no sería difícil de imaginar un espectáculo lleno de humor y sabiduría, al mismo tiempo oscuro y luminoso.
Después de las presentaciones del grupo en el Celcit, en Buenos Aires, la de La Plata sería la única oportunidad para ver la obra: lunes, a las 21 en la sala A del Pasaje.
Gustavo Delfino y sus compañeros de La cuarta pared corrían de un lado a otro antes de las 21, mientras una larga fila se formaba en los pasillos del segundo piso del Pasaje. “Es lunes, pero vamos a incendiar la sala”, anunció el artista platense, en su rol de productor.
Poco después, casi 300 personas colmaban la sala. Y algunos espectadores aceptaban sentarse en el piso, mientras los organizadores preferían quedarse de pie, apoyados en la pared, felices por la obra que el público festejaría con risas y aplausos, felices por confirmar que ocurren cosas extrañas. Y que es la cultura la que hace andar a la ciudad. Son los artistas que hacen y no se dan por vencidos.

1 comentario:

LAS HABLADURIAS DEL MUNDO dijo...

La primer parte de esa historia la paso seguido por acá...

La segunda, aún muchos se la merecen.