
Las compañeras salieron a las 7 de la mañana para poder estar en el funeral y durante 9 horas caminaron 13 ó 14 cuadras por el microcentro porteño para entrar a la Casa Rosada por puro agradecimiento. Más allá, la abuela llevaba un banquito playero para que la nieta, que acaba de cumplir los 5 años, pudiera participar de un acontecimiento que recordará toda la vida. Una piba cargó a su bebé recién nacido con orgullo porque quería dar las gracias al gobernante que cambió su barrio, construyó escuelas y plazas, y les llevó la luz, el gas y el trabajo a los vecinos. Otra chica, que creció entre desilusiones, llevó una rosa en las manos: ahora sabe que se puede; igual que él, que se bancó dos campos de concentración y sobrevivió a la dictadura, y ayer peregrinó por el centro con la multitud, para poder despedir a su compañero.
Ellos fueron sólo algunos de los miles de argentinos que velaron al ex presidente Néstor Kirchner y que permanecen de duelo desde que se enteraron de su muerte, el miércoles a la mañana, y lo harán al menos hasta hoy, cuando sus restos sean sepultados en Río Gallegos, donde nació en 1950. Ayer, formaron una larga fila que terminaba frente a la Catedral Metropolitana, en la calle San Martín, fue por Rivadavia hasta Carlos Pellegrini, para retomar por avenida de Mayo bordear Hipólito Yrigoyen y terminar en la Casa Rosada.
Entre la gente, Nilda, Mariana, Andrea y Paula se identificaban con una bandera de la UNLP / Conicet.
–Son de La Plata. Nosotros somos de Diagonales. ¿Les hacemos una foto?
–Esperen que ahí viene Paula, que fue la que nos organizó para que vengamos –dijeron.
Y le pidieron a su compañera que apurara el paso.
–Dale que son de Diagonales –le gritaron.
–¿Cómo se enteraron de la muerte de Kirchner?
–Estaba esperando el Censo con la tele prendida cuando escuché un llanto conmovedor –contó Andrea.
–Entonces –completó Mariana– nos empezamos a llamar por teléfono entre nosotras. Se murió Néstor Kirchner. ¿Kirchner?, nos preguntaban. Sí, Kirchner. ¿Néstor Kirchner? La gente parecía tildada. No lo podía creer.
Mientras Paula apuraba el paso, explicaron:
–Venimos a darle el aguante a Cristina y a agradecerle a Néstor todos los cambios por los que luchó, por morirse así, en la trinchera.
PRIMERO LOS NIÑOS. Aunque estaba mucho más atrás, Candela, de 5 años, bien pudo alcanzar a las amigas platenses. Su abuela le llevó una sillita playera para que pudiera sentarse cuando la fila se detuviera y la espera se volviera tediosa. Sin embargo, cuando los que estaban adelante empezaban a caminar, Candela se entusiasmaba, miraba para atrás, y si la abuela Marta no le agarraba la sillita ella se decidía a avanzar por las suyas. Como un Formula 1, se adelantaba como nadie, con la silla pegada a la cola y el torso para adelante. Entonces, la tenían que ir a buscar, la hacían retroceder y le acomodaban otra vez para que se sentara en medio de la Avenida de Mayo, junto a las mismas personas con las que había iniciado la fila, seis horas antes.
La abuela Marta contó a Diagonales que estaba preocupada por el desequilibrio que pudiera presentarse y confiaba en que el gobierno se pudiera enfocar hacia un proyecto nacional y popular.
Tiago, de cuatro meses, pasaba de los brazos de Celeste, de 20 años, a los de Noemí, de 48. Llegados al microcentro porteño desde Adrogué y Almirante Brown, bebé, mamá y abuela peregrinaban como todos para despedir a Kirchner en persona.
–¿Qué las impulsó a venir?
–Me sentí muy mal cuando me enteré, pero decidí mejorarme y venir a seguir escribiendo la historia. Por suerte pude traer a mi hija y a uno de mis nietos.
–Venimos porque Néstor hizo muchas cosas por el país, por nosotros, por nuestro barrio y nuestra familia. Fue un prócer. Y si Cristina se postula la vamos a votar a ella. -dijo Celeste.
-Nuestro barrio creció un montón -afirmó la abuela.
-Hay más escuelas, hay más plazas.
-Hay agua corriente, hay gas natural.
-Y hay más trabajo.
-Y la asignación universal por hijo y las pensiones para la gente grande... yo tengo unas tías que jamás de la vida se hubieran imaginado que podrían jubilarse.
ILUSIONES. Cecilia, que nació en el '76, mientras la dictadura secuestraba y mataba a los jóvenes militantes, creció con la ilusión de ayudar para que este país salga de las interminables crisis, pero se desencantó pronto, al salir de la adolescencia. "Por suerte después apareció Néstor", explicó.
-Por eso estás acá.
-Quise venir a darle las gracias. Nos decían que no se podía, pero ahora sabemos que se puede.
Alejandro Fantino también cree que se puede. Militante de los '70, pasó por dos campos de concentración y sobrevivió a la dictadura. Por eso estaba ayer en la fila junto a los demás, para despedir al compañero Néstor, como estuvo cuando Héctor Cámpora asumió la presidencia, el 25 de mayo de 1973.
RECUADRO
Flores y chori
Los vendedores ambulantes vendían flores. Muchas flores. Y también pizza, chipá, empanadas, sánguches de milanesa o jamón y queso. Chori y Paty. Pastelitos de batata o de membrillo. Bombón helado. Hay Coca y agua, voceaba una mujer, que también levaba Fanta y Sprite. Cerveza, fría la cerveza. Posters de Perón y Evita, fotos de Evita, banderas de Néstor con un crespón negro.
Karina, de 24 años, ordenaba billetes de dos pesos sentada sobre una heladerita de telgopor. Una vez que los acomodó, los guardó en el delantal. Iba a esperar que alguien se acercara cuando tembló su celular. Era un mensaje de su tía, que le preguntaba qué estaba haciendo. Le respondió. “A veces salgo con una panchera, pero voy a todo tipo de eventos. Es mi trabajo”, contó a Diagonales.
Sobre la calle Defensa había varios autos viejos a los que les habían sacado los asientos traseros para poder llenarlos de gaseosas y algunas camionetas cargadas de botellas y bolsas de hielo.
-¿Cómo va la venta? –preguntó Diagonales.
-No paramos. Y vamos a seguir toda la noche. Hay que ganarse la vida -dijo un vendedor.
RECUADRO II
Una foto
Calle Rivadavia, entre Suipacha y Esmeralda, sólo una foto de lo que fue la tarde. Una foto. La gente se amontona. Sólo en esa cuadra, a las 18, más de dos mil personas se apretujan y cantan el himno. Hay aplausos, silencio. Y entonces, surge la marcha peronista o el aliento a la Presidenta: “Borom bombón, borom bombón, para Cristina: la reelección”. Ellos dicen que son soldados del Pingüino y gritan: ¡Viva la Patria! ¡Viva! Carajo. Néstor no se murió, aseguran. Vive en el pueblo, dicen.
Foto: Alberto Direnzo.
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