"La gente cree estar plenamente informada sin haberse aproximado siquiera a una sola idea que contradiga sus prejuicios", Bill Keller.

24 de noviembre de 2008

Los rubios

El Gran Buenos Aires visto a la madrugada desde la ventada de un colectivo se parece al traveling de una película de Jim Jarmush. También la vida interior de la máquina que transporta seres humanos desde un lugar cercano (Quilmes, Florencio Varela o Berazategui) puede parecer una película de Jarmush. Blanco y negro.

Unas pocas personas recién salidas de sus trabajos nocturnos esperan el micro en el Cruce. Y suben para tirar sus humanidades sobre asientos cuyos respaldos van y vienen como hamacas. Es sábado a la noche y debieran estar felices, pero no. En la parada de Varela la gente tiene cara de cansada, de explotada.

Poco más allá suben cinco o seis metaleros, vestidos con remeras negras que dicen Almafuerte, el poeta renombrado en banda de heavy metal. “Grande se ha hecho la franja entre el arriba y abajo. Unos se van pa’ Miami, otros se van al carajo. Son cosas que pasan... son cosas que pueden pasar”, cantan en los recitales.

Se bajan casi todos antes de llegar a la rotonda de Alpargatas, algunos en El Ombú, otros en Bosques y los últimos en el Barrio Pepsi. Arriba quedan los otros, los que van con cara de cansados. O explotados. En Alpargatas se suman una pareja y un par de tipos, que salieron y vuelven a casa. También un inspector, que pica los boletos. Y hasta le hace pagar a uno que el chofer dejó pasar, para no pelear, por no discutir.

Camino General Belgrano. Villa Elisa, City Bell. Dos chicas y un chico caminan rezagados. Una lleva a otra a caballito, algunos alientan. Un pibe hace pis sobre el portón de una casa. La banda sube al micro. Son tantos y se demoran tanto que los rezagados llegan jugando. Se divierten. Hay colados. Los ve el guarda, pero los deja pasar. Una chica está preocupada porque le faltan 10 centavos. Los consigue de sus amigos. Se van al fondo y cantan el feliz cumpleaños. Son chicos felices. Y gritan que están borrachos. Una de las chicas pregunta “dónde nos bajamos”. Y uno le responde que “en Plaza Italia”. Y ella dice que "no. En Plaza Italia no: está lleno de negros”.

1 comentario:

mariahopey dijo...

Me gustó. Muy bueno lo de ¨suben y tiran sus humanidades¨.