"La gente cree estar plenamente informada sin haberse aproximado siquiera a una sola idea que contradiga sus prejuicios", Bill Keller.

17 de diciembre de 2008

Malos recuerdos

Fue a ver a los Redondos a Uruguay y a Santa Fé. Estuvo cuando tocaron en Mar del Plata y en la cancha de Racing. Desde el ´95 hasta el 2001 no se perdió un solo concierto. Si Patricio Rey y los Redonditos de Ricota tocaban en Jujuy, él ahorraba para el viaje y las extras. Pero algo pasó desde entonces. No fue la separación de la banda, ni los emprendimientos solistas del Indio Solari o Skay Belinson lo que lo alejaron de los recitales. Sin embargo, este fin de semana no irá al Estadio Ciudad de La Plata. Es porque le trae malos recuerdos. Y porque Solari “colabora con la gran perdición”. No está arrepentido, pero cambió su vida y hoy está “en otro canal”.
Si hubiera que buscar un fana platense de los Redondos seguro que él se anota entre los más seguidores de la historia de la banda. Gabriel Colo no puede ir al concierto: “me hacen mal algunos recuerdos. Me hace mal ver a los pibes ser devorados por la marginalidad. La última vez que el Indio vino a La Plata (en 2004) no pude terminar de ver el recital. Me fui antes de que terminara”, contó a NP.
“Los Redondos me hicieron muy bien y muy mal”, aclaró, pero los fantasmas que hoy quiere espantar le impiden disfrutar de los buenos recuerdos. “Como dice una letra, la industria de la diversión quebró. He visitado cárceles y no quiero que nada colabore para que haya tipos ahí dentro. Con lo delicado que está la sociedad y el mundo, no tenemos que dar motivos para que haya gente que se enferme. Y, en ese sentido, el Indio colabora con la gran perdición. No soy comisario de nada y no digo que no hay que escucharlo, sólo que yo ya no lo puedo hacer”, agregó.
A los 34 años, el fanático está en crisis. Y Colo ya no quiere saber nada con él: “Los recuerdos me pegan palos. Los Redondos eran demoníacos, sus recitales son recitales del demonio. He visto situaciones emparentadas con la autodestrucción del ser humano. Está claro que cuando no tocan los Redondos la gente se destruye individualmente, pero en los recitales se matan todos juntos. Me hace mal. No lo puedo ver. Yo quiero luchar para la vida, para el amanecer. Me pasó ahora”.
A Colo no sólo le gustaba la música, los riff de la guitarra de Belinson o las letras de Solari. Se sentía atraído también por el despliegue futbolero del público. “Me llamaba la atención ver juntas a las hinchadas de futbol. No les conozco la cara, pero a través de los trapos pude ver a las hinchadas de Gimnasia y Quilmes juntas en el estadio de Unión, en Santa Fe. O a la Guardia Imperial con la de Chacarita en la cancha de Racing”, describió.
La última vez que fue a un concierto fue en Córdoba. Sacó la entrada y viajó desde La Plata para ver lo que luego sería el último concierto en vivo de los Redondos, pero no llegó a entrar. Antes, ya se había sentido mal durante un concierto que los Redondos dieron en Uruguay en el 2000. “Me di cuenta que estaba en retirada. Para mi no era seguir a una banda de rock and roll, para mí era todo. Cuando hago algo voy a fondo”, advirtió.

- ¿Solari no descomprimió la situación al romper con la banda y tocar solo?
- Si, puede ser. Se cortó él. Incluso mejoró musicalmente, porque se armó como una selección y hace música de última tecnología y generación. Y también cambió la metodología de los shows. Ya no hay un pasillito de dos por dos por el que tenían que entrar todos, como ocurrió en el Patinódromo de Mar del Plata o en la cancha de Huracán, que pese a ser un estadio sólo tenía un pequeño acceso. El Indio se cortó y mejoró la calidad de la organización de sus conciertos. Y subió el precio de la entrada. Eso, por suerte, cortó muchas fieras. Además tiene más respeto por la gente, ahora invita a ir. Hace varios años atrás no se sabía si salías vivo de un concierto. El Indio no es lo mismo que los Redondos. Si llegaran a tocar los viejos Redondos, con las condiciones que imponían en su momento, esto sería Kosovo.

Colo recordó las tragedias relacionadas con los Redondos, aportó su experiencia de haber ido a todos los recitales “desde el 95 al 2001” y justificó: “era la manera de sentirme vivo. Pero era tanto el fanatismo y la ceguera que sólo vivía para eso. Ni quiero pensar los muchachos de los barrios mas pobres y qué es lo que buscan… la droga nos ha ganado por goleada… los Redondos fueron mi condena. Ya cumplí con esa condena hermosa y ahora estoy en otra etapa, intentando tener mi propia banda, que es mi familia. Quise ser el Indio y dejé de ser yo… Lo miraba y hasta cuando hablaba creía que veía a mi viejo, lo adoraba. En el Indio veía a mi viejo, aunque a él nunca lo veo y no sé qué quilombo armó en mi vida. Este fin de semana me quedo sin recital y no voy a saber para dónde arrancar, pero por lo menos tengo la certeza de que estoy en mi camino”.

1 comentario:

L.L. dijo...

No sé qué mambo tendrá este flaco en la cabeza. Yo soy seguidor de los Redondos y su arte y fui ayer al recital. También fui a Tandil en julio y vi gente de 16 años tomando merca al lado mío. Pero me parece que cargarle al Indio y los Redondos la pudredumbre social no es correcto. Sobre todo a ellos que siempre evitaron el populismo barato de la birra, el fasito y matar a un rati. Eso no lo crearon ni alentaron ellos. Incluso lo condenan. Por eso me parece triste lo que dice el entrevistado, aunque no es falso eso de que en un recital se puede ver "la autodestrucción del ser humano". Pero se puede ver eso también en una estación de subte, una cancha de fútbol o en un bar de madrugada.
Felicitaciones por el blog.