"La gente cree estar plenamente informada sin haberse aproximado siquiera a una sola idea que contradiga sus prejuicios", Bill Keller.

29 de julio de 2010

¡Feliz cumpleaños!


Amalia Benavides de Eguía, Zulema Castro de Peña, Susana Martínez de Scala y Adelina Dematti de Alaye, compañeras de lucha en Madres de Plaza de Mayo La Plata

La esperaron sentadas en una larga mesa que le armaron en el fondo del Café de las Artes, en la esquina de 6 y 49, en el Pasaje Dardo Rocha. Ella llegó a las cuatro de la tarde, con su hija del brazo, para escuchar el aplauso de sus compañeras. “¡Uy! ¡No me imaginaba que iba a haber tanta gente!”, dijo apenas cruzó el umbral del salón y empezó a recibir los abrazos de las mujeres que conoció en el ‘78, después del secuestro de sus hijos Jesús e Isidoro, cuando apenas tenían 35 y 29 años.
Zulema Castro de Peña, Zulema Peña, como la conocen todos, cumplió 90 años ayer y lo festejó con otras mujeres a las que también les robaron los hijos, mujeres con las que se colaba en los colectivos que iban a Buenos Aires para poder decir presente en las marchas de los jueves en la Plaza de Mayo, mujeres con las que envejeció, pero con las que aún se encuentra una vez por semana para compartir la vida.
“Una más y sumamos 3.000 años de historia”, dice Adelina de Alaye cuando se suma a una foto colectiva. Y es que las madres están grandes. “Esta tiene 94”, insiste, cuando Susana Scala se acerca para posar con sus compañeras. Se rien.
Las madres están grandes pero fuertes. Zulema se despierta antes de las 6 de la mañana y, como está “un poco dura”, hace ejercicios en la cama antes de levantarse. Entonces, toma conciencia que tiene que seguir: “seguir con esta voz”, dice, por la voz de la denuncia, la voz de una mujer que sabe lo que pasó y tiene que contarlo.
“Me siento muy bien”, cuenta a Diagonales. “No puedo expresar la enorme alegría que siento por este festejo. Encontrarme con tantas compañeras de lucha me pone muy alegre porque todas tenemos tantas preocupaciones que pensé que iban a venir una Madre o dos. Estoy realmente sorprendida”, afirma, con los ojos húmedos.
Enseguida recuerda Zulema su misión y explica a los periodistas: “Esta emoción me hace tener más fuerza para no olvidar y poder difundir lo que pasó durante la dictadura, para ayudar a que todos puedan entender que los derechos humanos son para todos”. Mientras habla, Zulema se aferra a la mano de Zulemita, su hija menor.
Zulemita tenía 14 años cuando secuestraron a sus hermanos, Jesús e Isidoro, y las Madres recuerdan cuando se recibió de profesora de piano. Ayer, festejaban que esté en La Plata porque vive en Lausanna, Suiza, y vino especialmente para el cumpleaños.
“Vengo muy seguido a ver a mi mamá, tanto como me permiten mis hijos, que tienen 4 y 10 años y ahora viven el cumpleaños de la abuela a la distancia”, cuenta a Diagonales. Y revela: “Aunque vivimos lejos estamos muy conectadas y todos los días hablamos una hora o una hora y media por teléfono y como siempre la noto llena de energía, con una fuerza bárbara, muy positiva, con mucho vigor”.
Sentadas a la larga mesa del Café de las Artes, como en todo cumpleaños que se precie de tal, las Madres comieron algunos sánguches de miga y tomaron café y gaseosas, acompañadas por otros familiares y algunos militantes, y se contaron las últimas novedades de los juicios a los represores.

Dos hijos desaparecidos
Zulema Castro de Peña tenía tres hijos. Zulemita vive hoy en Suiza y ayer estuvo en La Plata para festejar los 90 años de su madre. Jesús e Isidoro están desaparecidos. Ambos eran militantes políticos y fueron secuestrados en 1978, con muy pocos días de diferencia.
Jesús tenía 35 años, estaba casado y estudiaba sociología en La Plata. Cuando se fue con su familia a Buenos Aires. Trabajaba en el puerto, donde hacía los tableros electrónicos de los barcos. Vivía en el piso 19 de un edificio enfrente de Retiro y se lo llevaron cuando iba a trabajar, a los pocos días de haber terminado el Mundial el ‘78, el 27 de junio.
Isidoro tenía 29 años, también estaba casado, era técnico electrónico y estudiaba ingeniería. En Buenos Aires, Isidoro vendía cursos de inglés con libros y cassetes. Caminaba todo el día y a duras penas podía vender un par de cursos. Ella le había regalado un par de zapatos porque los suyos estaban destrozados de tanto caminar con sus cursos de inglés. Vivía en un departamento que les encantaba porque se veía el río. A las dos semanas de que se lo llevaran a Jesús, el 10 de julio, Isidoro entró a un bar a desayunar, a prepararse para una nueva jornada de caminata y trabajo, y se lo llevaron también.

Foto: Eva Cabrera

1 comentario:

Anónimo dijo...

hola fui vecino de la familia peña jugaba con daniel nieto de la señora zulema, mi madre estudio piano con ella, quiero ubicar a daniel peña mi correo es antumusica@smandes.com.ar soy fernando formigo