Mientras que en las tribunas los apostadores vivían ayer una jornada más, con la misma agitación de siempre, emocionados cuando los caballos estaban a metros de cruzar el disco, en las oficinas del hipódromo de La Plata todo era nerviosismo. “Estoy trabajando en la investigación sumaria”, dijo a Diagonales el administrador general del Hipódromo de La Plata, Luis Capellini, agotado, durante un alto en la reunión que lo tenía encerrado en su oficina, con abogados y contadores, mientras crecían, se multiplicaban y mutaban como un novedoso virus los rumores sobre una monumental defraudación a Loterías y Casinos de la Provincia de Buenos Aires.
La causa judicial, en tanto, pasará hoy de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) Nº 1, a cargo de Ana Medina, a la UFI Nº 8, de Investigaciones Complejas, con la carátula de “defraudación al fisco”, sin imputados, pero con declaraciones testimoniales que podrían ayudar a develar un fraude.
¿Qué es lo que pasaba en el hipódromo? Lo único concreto es que hubo un faltante de dinero. Se hablaba ayer de 1.200.000 pesos, aunque los resultados oficiales del arqueo que los peritos de la policía realizaban con los contadores de la Lotería bonaerense no fueron dados a conocer de manera oficial. Se sospecha, además, que el faltante fue denunciado como un hurto para esconder una maniobra ilícita que quedó al descubierto durante una inspección de rutina que, sin embargo, fue sorpresiva para las autoridades debido a que se adelantó un día. Hasta ahora, siempre se habían hecho los días 28 y este mes se hizo el lunes 27, lo que dejó al descubierto el faltante.
Las sospechas indican que, por alguna razón que aún no está acreditada en la causa, alguien del hipódromo retiraba dinero que se guardaba en la tesorería y lo usaba para alguna cosa. El día 28, cuando la Contaduría General de la Provincia se presentaba a realizar el arqueo, el dinero estaba en su lugar.
Según versiones periodísticas, el tesorero Diego Miranda se habría autoincriminado durante su declaración testimonial ante la policía, pero, en tal caso, su testimonio carecería de validez porque no fue realizado con el patrocinio de un abogado ni ante la autoridad judicial competente.
En tanto, diez millones de versiones y rumores corrieron más rápido que el mismísimo Russell Baze, el jockey canadiense más ganador en la historia del turf, en diferentes ámbitos relacionados con ese deporte.
Mientras que el lunes dijo a los medios que el faltante había sido descubierto “a simple vista por el personal de tesorería cuando abrió el tesoro”, Capellini habló ayer con la agencia Télam a la que indicó: “Mensualmente, un organismo como la Contaduría General de la Provincia realiza el arqueo de la tesorería y acá nunca se había detectado un faltante de dinero”.
Con la nueva explicación de la máxima autoridad del hipódromo, que el lunes no mencionó ni una sola vez el arqueo realizado por la Contaduría General de la Provincia, las sospechas, alimentadas en base a fuentes policiales, se centraron en la posibilidad de una maniobra que se realizaría desde hace mucho tiempo.
Según las fuentes judiciales, está claro que no hubo robo ni hurto, sino que se trató de una defraudación.
Lo que no se sabe es quiénes eran los responsables ni cuál era la maniobra para la que se retiraba el dinero, que figuraba en los papeles pero andaba dando vueltas, en manos misteriosas.
Antes, los números daban
El administrador general del hipódromo, Luis Capellini, afirmó ayer que “los números daban bien” en las cuentas de la institución: “Lo que es obvio es que se intentó encubrir en la figura de un hurto o un robo un faltante de dinero que debía haberse venido sustrayendo de alguna manera a través de un período de tiempo, es decir que en verdad cuando se habla de defraudación al fisco, yo también soy parte de la entidad defraudada”.
A diferencia del lunes, Capellini no estaba ayer tan seguro de que lo robado sea menor a los 200 mil pesos y reconoció que “en la caja fuerte estaba el dinero de la recaudación del hipódromo del domingo, lo recaudado en las máquinas ‘venta pago’, el dinero de lo que el hipódromo recauda como agencia del hipódromo de Palermo y de San Isidro, que había jugado el viernes y sábado, y parte de la recaudación de la carrera del jueves”.
Según todas las fuentes, faltaban los fajos con los billetes de 100 y 50 pesos y habían quedado los de 20 y 10 pesos.
En una versión
Entre las versiones, se mencionó ayer que los sindicatos de empleados mensuales y por reunión, que conducen Omar Alegre y el concejal Enrique Capparelli, retiraban la plata de la recaudación para brindar préstamos. “Es posible que alguien con mala intención esté haciendo correr esa infamia, pero estoy tranquilo porque es totalmente falso e infundado”, dijo Alegre.
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"La gente cree estar plenamente informada sin haberse aproximado siquiera a una sola idea que contradiga sus prejuicios", Bill Keller.
29 de septiembre de 2010
28 de septiembre de 2010
Por una cabeza
No forzaron la puerta, ni ninguna de las ventanas, tampoco el tesoro. No fueron vistos por los efectivos de la policía que hacen guardia en el predio, ni por los empleados de la agencia de seguridad. Tal vez las cámaras de vigilancia hayan registrado sus movimientos, pero las imágenes fueron borradas. Tanto es el dinero que faltó de las arcas del Hipódromo de La Plata, que se veía a simple vista, aunque las autoridades se esforzaban ayer en dar por tierra con las versiones periodísticas, que llegaron a mencionar que el robo fantasma supuestamente concretado a la madrugada en la tesorería de 44 y 115 podría superar el millón de pesos. El delito cometido, hasta ahora, es el de hurto, que tiene una pena que va de un mes a los dos años de prisión y es excarcelable; aunque no se descarta que se haya tratado de una estafa o una defraudación.
El faltante de dinero fue registrado ayer a primera hora de la mañana, cuando el personal de la tesorería del Hipódromo realizó la apertura del tesoro.
Apenas abrieron la caja, los empleados advirtieron que faltaba una parte importante del efectivo que habían guardado la noche anterior, que sumaba lo recaudado durante las carreras del domingo, contado y clasificado pocas horas después de que hubiera cerrado la reunión, con el remanente que se guarda para pagar los premios. En total, faltarían 1.050.000 pesos.
Luis Capelini, administrador general del hipódromo, trató de poner paños fríos al asunto. Aunque reconoció que el faltante se notaba "a simple vista", dijo que se trataba de "una suma indeterminada" y aseguró que "la recaudación total del hipódromo no superaba los 200 mil pesos". No dijo, en cambio, que el dinero recaudado por las apuestas se guarda con el remanente, lo que fue confirmado por otras fuentes.
El encargado de atender a la prensa confirmó que, hasta la apertura del tesoro, no hubo un solo indicio que advirtiera a los trabajadores sobre el faltante del dinero. "No estamos capacitados para saber a simple vista si una cerradura fue forzada", los excusó.
Capelini confirmó también que el predio cuenta con vigilancia policial y privada. Y aseguró, acto seguido, que "la justicia secuestró las filmaciones registradas por las cámaras de seguridad instaladas en los accesos, que funcionan las 24 horas". Fuentes judiciales indicaron después a Diagonales que las imágenes habían sido borradas.
¿Habrá carreras? Aunque las computadoras de la tesorería y la administración fueron secuestradas por la justicia, las actividades serán casi normales hoy en el hipódromo platense, con carreras de 14 a 21, en las que se va a poder apostar como de costumbre.
El único problema será para los apostadores que habiendo acertado alguna carrera en las últimas dos semanas aún no hayan acreditado su premio –así como la caballeriza, el jockey y el entrenador–, ya que no podrán cobrar como lo hacen habitualmente... Y es que el dinero destinado a los premios ya no está en manos del hipódromo platense.
RECUADRO
La investigación por el "faltante de dinero" denunciado por el Hipódromo de La Plata, que actualmente es administrado por el Instituto Provincial de Loterías y Casinos de la provincia de Buenos Aires, quedó en manos de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) Nº1 de La Plata, a cargo de la fiscal Ana Medina.
La causa fue caratulada "hurto", debido a que no se detectó el uso de violencia en las puertas de acceso al tesoro ni en la caja fuerte en la que se encontraba el dinero, lo que hubiese constituido el delito de "robo".
La diferencia entre "hurto" y "robo" sin agravantes -como el uso de armas o cometido en banda, por ejemplo-, es que el primer delito tiene previstas penas de un mes a dos años de prisión y el segundo de un mes a seis años.
La justicia, de todas maneras, no descarta que la causa por el "faltante" derive más adelante en una defraudación o estafa, delito que consistente en provocar un perjuicio patrimonial a alguien mediante un engaño.
DESTACADO
Se llevaron los fajos con los billetes de 100 y 50 pesos y dejaron en el lugar los de 20 y 10 pesos.
Para tener en cuenta
Hechos. En la noche del domingo, después de una jornada con carreras, un empleado cerró con llave la Tesorería, y ayer el responsable del área denunció el dinero faltante.
¿$ 1.050.000? Los peritos de la policía realizaban, junto a los de Lotería bonaerense, un arqueo "minucioso" para poder saber con exactitud la cantidad de dinero sustraída.
Borrados. No hubo ningún tipo de violencia en el lugar y las imágenes que podrían haber tomado las cámaras de seguridad fueron borradas misteriosamente.
Textual
“Hay alguna información que habla de una suma millonaria, pero diría que seguramente no es eso lo que faltó del tesoro”.
Luis Capellini / Administrador General del Hipódromo
El faltante de dinero fue registrado ayer a primera hora de la mañana, cuando el personal de la tesorería del Hipódromo realizó la apertura del tesoro.
Apenas abrieron la caja, los empleados advirtieron que faltaba una parte importante del efectivo que habían guardado la noche anterior, que sumaba lo recaudado durante las carreras del domingo, contado y clasificado pocas horas después de que hubiera cerrado la reunión, con el remanente que se guarda para pagar los premios. En total, faltarían 1.050.000 pesos.
Luis Capelini, administrador general del hipódromo, trató de poner paños fríos al asunto. Aunque reconoció que el faltante se notaba "a simple vista", dijo que se trataba de "una suma indeterminada" y aseguró que "la recaudación total del hipódromo no superaba los 200 mil pesos". No dijo, en cambio, que el dinero recaudado por las apuestas se guarda con el remanente, lo que fue confirmado por otras fuentes.
El encargado de atender a la prensa confirmó que, hasta la apertura del tesoro, no hubo un solo indicio que advirtiera a los trabajadores sobre el faltante del dinero. "No estamos capacitados para saber a simple vista si una cerradura fue forzada", los excusó.
Capelini confirmó también que el predio cuenta con vigilancia policial y privada. Y aseguró, acto seguido, que "la justicia secuestró las filmaciones registradas por las cámaras de seguridad instaladas en los accesos, que funcionan las 24 horas". Fuentes judiciales indicaron después a Diagonales que las imágenes habían sido borradas.
¿Habrá carreras? Aunque las computadoras de la tesorería y la administración fueron secuestradas por la justicia, las actividades serán casi normales hoy en el hipódromo platense, con carreras de 14 a 21, en las que se va a poder apostar como de costumbre.
El único problema será para los apostadores que habiendo acertado alguna carrera en las últimas dos semanas aún no hayan acreditado su premio –así como la caballeriza, el jockey y el entrenador–, ya que no podrán cobrar como lo hacen habitualmente... Y es que el dinero destinado a los premios ya no está en manos del hipódromo platense.
RECUADRO
La investigación por el "faltante de dinero" denunciado por el Hipódromo de La Plata, que actualmente es administrado por el Instituto Provincial de Loterías y Casinos de la provincia de Buenos Aires, quedó en manos de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) Nº1 de La Plata, a cargo de la fiscal Ana Medina.
La causa fue caratulada "hurto", debido a que no se detectó el uso de violencia en las puertas de acceso al tesoro ni en la caja fuerte en la que se encontraba el dinero, lo que hubiese constituido el delito de "robo".
La diferencia entre "hurto" y "robo" sin agravantes -como el uso de armas o cometido en banda, por ejemplo-, es que el primer delito tiene previstas penas de un mes a dos años de prisión y el segundo de un mes a seis años.
La justicia, de todas maneras, no descarta que la causa por el "faltante" derive más adelante en una defraudación o estafa, delito que consistente en provocar un perjuicio patrimonial a alguien mediante un engaño.
DESTACADO
Se llevaron los fajos con los billetes de 100 y 50 pesos y dejaron en el lugar los de 20 y 10 pesos.
Para tener en cuenta
Hechos. En la noche del domingo, después de una jornada con carreras, un empleado cerró con llave la Tesorería, y ayer el responsable del área denunció el dinero faltante.
¿$ 1.050.000? Los peritos de la policía realizaban, junto a los de Lotería bonaerense, un arqueo "minucioso" para poder saber con exactitud la cantidad de dinero sustraída.
Borrados. No hubo ningún tipo de violencia en el lugar y las imágenes que podrían haber tomado las cámaras de seguridad fueron borradas misteriosamente.
Textual
“Hay alguna información que habla de una suma millonaria, pero diría que seguramente no es eso lo que faltó del tesoro”.
Luis Capellini / Administrador General del Hipódromo
21 de septiembre de 2010
Una mirada personal y un clic sobre el mundo en el que vivimos

Necesitan expresarse, crear, transmitir, comunicar, mostrar cómo ven al mundo. Y de todas las disciplinas artísticas, ellos eligieron la fotografía. Por eso encuadran a través del visor con sus cámaras hasta acertar en un pequeño fragmento con largo por ancho y hacen clic. Se trata de siete jóvenes que hacen fotografía en La Plata, embarcados en un proyecto para editar una revista en la que generar un espacio de debate y poder publicar sus trabajos junto al de muchos otros emergentes que no tienen lugares físicos para mostrarse.
Embarcados en el sueño de la revista propia, Lisandro Pérez Aznar (26), Chelo Méndez (27), Nicolás Bonel (29) conversaron con Diagonales sobre un proyecto que empiezan a dar a conocer en medio de los festejos por el Día del fotógrafo -que se celebra hoy en gran parte de América Latina-, y que comparten con Diana González (22), Fernanda Marconi (23), Leandro Aliano (32) y Sebastián Ferreyra (31).
Con el mono de lo que será el primer número de Lumo, palabra que significa luz en el idioma esperanto, los fotógrafos aceptaron bajar al subsuelo del Pasaje Rodrigo, en 50 entre 4 y 5, a conversar sobre su proyecto, que en el primer número tendrá una nota sobre Larry Clark (en la sección fotógrafos consagrados), una entrevista a Xavier Kriskauski (referente platense) y una selección de fotos que Lisandro (hijo de Ataulfo Pérez Aznar y Helen Zout) en una sección que bautizaron como fotógrafos emergentes.
"Teníamos inquietudes y como todos nos preguntábamos cuándo, qué y cómo mostrar", aseguró Nicolás. Después de un taller de fotografía documental, el grupo se encontró con la necesidad de empezar a hablar de la fotografía e investigar más. Pensaban que podían hacerlo entre ellos, "hacia adentro", o tratar de compartir sus hallazgos a partir de su propia experiencia. "La fotografía es un oficio de formación constante, en el que nunca se deja de aprender y a pesar de que podemos decir que somos principiantes, nos pareció interesante poder iniciar un camino de investigación y análisis de manera abierta. Así se nos ocurrió la revista", describió Lisandro.
Después de muchos sábados trasnochados, el grupo decidió hacer una revista de 18 páginas, con papel ilustración blanco y negro, que aspirará a pasar a color y luego tratará de aumentar sus páginas. De manera paralela al papel, Lumo se editará en la web, para que los lectores y otros fotógrafos emergentes puedan participar de un foro de debate y discusión que logre alimentarlos a todos.
El grupo se terminó de decidir después de ver una muestra colectiva que se hizo en junio y que reunió a 210 fotógrafos platenses. No quedaron felices con todo lo que vieron, pero se impresionaron con la cantidad de participantes en el evento, que organizó el Museo Gráfico y Fotográfico (MUGAFO) del Centro Cultural Islas Malvinas.
"Hoy en día la fotografía está muy centrada en el fotoclub y no hay una mirada particular. Está la foto linda, dulce, tierna, del gatito dentro del zapato, pero no está Chelo mostrándome algo", describió Nicolás.
La descripción mereció un debate. "La foto digital no deja que el trabajo madure", coincidieron. Chelo agrego: "La fotografía analógica te obliga a pararte de manera diferente frente a lo que vas a fotografiar". Nicolás asintió y explicó que mientras que con la digital se pueden sacar cientos de fotos, con la analógica "sólo tenés 36 disparos. Después tenés que cambiar el rollo". Según Lisandro, "hay gente que nos ve cómo nostálgicos, pero lo cierto es que te hace valorar más el trabajo y permite que te tomes el tiempo para terminar de construir una historia".
Foto: fragmento-Diana González
De novela
Aventuras fotográficas
por Adolfo Bioy Casares
Estaba ansioso por fotografiar.
Caminaron hasta la estación, que fotografió de lejos y de cerca, en conjunto y por partes. Julia se mostró como una señorita diligente, de notable paciencia.
Le sirvió de auxiliar y al rato empezó a sugerirle fotografías, siempre con fundamento y mucho tino. Cuando concluyó con la estación, Almanza fotografió el Roca, un cinematógrafo que había por ahí y, yendo hacia el lago y el bosque, fotografió el edificio de la Facultad de Ciencias Exactas, que le gustó mucho, y el monumento al Almirante Brown, "de altura imponente", según le comentó a Julia. Más adelante vieron el lago, con patos y cisnes, y gente que remaba en botes. Una insinuante voz italiana preguntó:
–¿Quieren una bella fotografía? Hay que guardar el recuerdo de un momento feliz.
El que habló era uno de esos viejos fotógrafos de plaza, con su guardapolvo y su gran cámara de trípode, provista de trapo negro. Julia dijo:
–Por mí no se ponga en gasto.
Almanza contestó con un frase dirigida al fotógrafo:
–Pierda cuidado, Julia. A un colega el señor le hace precio.
–Maldito oficio –contestó el fotógrafo (dijo maledetto)–. En estos días todo el mundo es colega, pero uno tiene que vivir. Próximo al lago, próximo al lago: será una bella fotografía...
Fragmento de la novela “La aventura de un fotógrafo en La Plata”
20 de septiembre de 2010
Reciclan palés de madera y construyen casas para quienes más lo necesitan
Un palé (único término reconocido por la Real Academia Española), palet o paleta, es un armazón de madera, plástico u otros materiales empleado en el movimiento de carga ya que facilita el levantamiento y manejo con pequeñas grúas hidráulicas, llamadas carretillas elevadoras.

Entre las ruinas de la casa de la memoria del barrio El Retiro, demolida con fuego de mortero y dinamitada en 1975, un grupo de vecinos recicla palés de madera para construir sus propias casillas. Pero no dejan de soñar con casas de ladrillo.
Mientras que en algunos asentamientos precarios de la ciudad de Buenos Aires hay personas que los usan forrados con nylon, en La Plata, la idea de desarmar los palés de madera y volver a unirlos para hacer paneles que después son usados como paredes surgió entre los Vecinos Autoconvocados de Familias sin Techo, una Organización No Gubernamental (ONG) platense que trabaja en el gran La Plata.
Como no tienen sede sino sólo necesidad de hacer, los vecinos hablaron con la familia Jáuregui, propietaria de lo que queda de la casa de 47 e 159 y 160, demolida con fuego de mortero y dinamitada por la Policía, la Triple A y el Ejército, en octubre de 1975, durante un enfrentamiento de 36 horas con Juan Martín Jáuregui, un militante del Frente Revolucionario 17 de Octubre que estaba parapetado en la cocina.
Durante la nota con Diagonales, entre las ruinas de la casa, Diego Rubaja andaba de aquí para allá con las carpetas bajo el brazo y números de expedientes en la cabeza. En la zona, la ONG que preside requiere varias cosas. “Nacimos en 2007 por la necesidad de las familias que no tenían donde vivir. Hoy seremos unos 15 en la comisión y tenemos unos 50 voluntarios. Empezamos a recibir los reclamos de los vecinos que no tenían donde vivir. Nos contaban que iban a la municipalidad a pedir ayuda y sólo los anotaban en un listado. A veces estaban tres meses sin tener respuestas, viviendo en cualquier lado. Entonces, se nos ocurrió reciclar los palés, que nos donaban algunas empresas”, describió.
Actualmente, en el patio de lo que alguna vez fue la casa de Jáuregui, tres familias construyen sus casillas de madera. Elías (48) y Rosa (49) trabajan juntos y le dan una mano a Aleja (55) que hace lo suyo unos pasos más allá; mientras que Horacio (25) y Yamila (16) avanzan en la casilla que les permitirá independizarse. Sobre la pared que da al patio, además, descansan los paneles que ya armó una familia del barrio Aeropuerto a la que se le incendió la casilla. “Hubo un cortocircuito por la precariedad de la instalación eléctrica y perdieron todo. Cuando fueron a pedir ayuda a la Municipalidad les dijeron que los anotaban en una lista de espera. Vinieron acá y en menos de un mes se construyeron tres paneles. Vienen a armarla durante los fines de semana”, cuenta Rubaja.
Cada caso es un mundo, cada casa es un mundo. Tito y Rosa construyen para sus hijos, lo mismo que Aleja, que vive en una casilla de dos por dos con sus dos varones de 22 y 24 años. Horacio y Yamila viven con un tío de él y proyectan mudarse.
“Los paneles no son una solución definitiva, pero ayudan, porque el déficit habitacional es muy grande en todo el gran La Plata”, explicó Rubaja. Y agregó: “Sin los recursos para hacer otra cosa, se nos ocurrió pedir que nos donen los palés de madera para los que más necesitan tengan el material y un lugar donde construir sus propias casas. Con muchas ganas y con voluntad, hacemos lo que hacemos”.
Con herramientas para salir del paso ante la tragedia, con intercambio de ayuda para armar las casilla, los integrantes de la ONG creen que pueden evitar que la gente se convierta en rehén de un puntero político o de un funcionario. Para Rubaja es claro: “Si no existiera la necesidad, no existiríamos nosotros”.
Tito Motta, quien también integra la ONG, explicó cómo deben construirse las casillas. “Hay dos maneras –dijo–. Si clavás las tablas del lado de afuera de los tirantes, tenés que ponerle ruberoid (una tela empapada en asfalto que evita el paso del frío) del lado de adentro. Después le agregás un tejido que se compra en la ferretería, la revocás y te queda de madera por fuera y de material por dentro. Si hacés al revés y clavás las tablas del lado de adentro de los tirantes, seguís el procedimiento anterior y te queda de material por fuera y de madera por dentro. Es precario, pero no queda mal”.
SIN TECHO. SIN TIERRA. Como Horacio y Yamila, hay otros que pueden construir sus casilla pero que no tienen el lugar para hacerlo. Las tierras son, por eso, un tema por el que se preocupa la ONG Vecinos Autoconvocados de Familias sin Techo.
“En 2007 logramos firmar un acta de acuerdo con la nación, la Municipalidad, los delegados de Lisandro Olmos, y los vecinos, a través del cual el ministerio de Asuntos Agrarios de la nación cedía a la municipalidad 14 manzanas para la construcción de 460 viviendas, pero nunca se hizo nada. Hoy parece que estamos lejos del Plan Federal de Viviendas, pero ni siquiera se abrieron las calles, ni se pensó en la posibilidad de hacer un loteo social. El acuerdo por las tierras se vence el 25 de noviembre, por lo que volverían a manos de Asuntos Agrarios. Pero queremos pelear para que haya una prórroga del plazo y se puedan ocupar las tierras”, describió Diego Rubaja.
Hace diez meses que Horacio y Yamila viven en una casilla en 157 entre 46 y 47, con un tío de Horacio, que es soltero. Se quieren ir a vivir solos y por eso se construyen su propia casa, pero no tienen dónde ponerla. Es probable que tengan que instalarla en el mismo terreno en el que están ahora.
Él no tiene trabajo fijo, pero hace changas. “Comemos todos los días ¿Verdad que sí?”, le preguntó a su novia, para que lo confirme.
Elías y Rosa viven en una casilla que instalaron en un terreno prestado, sobre un arroyo que no saben cómo se llama, en lo que sería la continuidad de la calle 46, entre 157 y 155. Para llegar a su casa tienen que cruzar un puente construido sobre dos troncos. Con ellos, viven sus dos hijas, de 14 y 16 años. Tienen un gallo, una gallina ponedora, dos perros y varios gatos que deben tener alejadas de las ratas. Él, tampoco tiene trabajo. También hace changas: albañilería, carpintería o jardinería.
JUNTOS. En el mismo terreno vive Aleja, en una casilla en la que entran, a duras penas, una cama de dos plazas donde duermen sus dos hijos –que al momento de la nota trabajaban en la construcción de un edificio, en La Plata– y una cama de una plaza en la que duerme ella. Ahí cocina y lava la ropa Aleja, que pudo comprarse un lavarropas semiautomático gracias a su trabajo. Pero la señora que cuidaba murió hace dos meses y ella se quedó en la calle. “Como me estaba yendo bien compré mi chapa e hice venir a mis hijos varones, porque también tengo una hija mujer que se quedó con mi esposo, en Perú”, contó. Y recordó: “Allá, estábamos peor”, como si fuera posible.
Elías y Rosa comparten el baño con Aleja, una casilla de un metro por un metro que aprovecha la altura del terreno para desagotar en el curso de agua.
La zona es de casas de material, de clase media y clase media baja. Gente trabajadora vive por ahí, a 15 minutos del casco urbano. En la esquina está abandonado el edificio donde funcionó el Instituto de Menores Almafuerte. Y en el descampado que está entre la 46 y la 52, y entre la 155 y la 158 hay varias montañas de chatarra que no son más que un foco de infección, como si los autos amontonados uno arriba del otro fueran una demostración de que no hay ninguna posibilidad de que los vecinos más pobres puedan ocupar esas tierras fiscales. Ninguna posibilidad de salir adelante.

La casa de 47 entre 159 y 160 fue demolida con fuego de mortero y dinamitada por la Policía, la Triple A y el Ejército en octubre de 1975, durante un enfrentamiento con Juan Martín Jáuregui, un militante del Movimiento Revolucionario 17 de Octubre –después Frente Revolucionario– que estaba parapetado en la cocina.
El operativo comenzó el 17 de octubre y terminó el 19, después de un combate que terminó con el militante muerto y su padre detenido. Juan Martín era obrero de Vialidad, militante barrial, gremial y Dirigente Político que militaba en su barrio.
Cuando las fuerzas conjuntas se parapetaron frente a la casa, su padre, Martiniano, quien vivía en la casa de al lado, salió a decir que su hijo no estaba. Entonces, fue tomado prisionero y atado a un árbol durante todo el tiempo que duró el enfrentamiento. Juan Martín, resistió durante 36 horas, frente a 100 efectivos de la policía, el ejército y las tres A (Alianza Argentina Antiimperialista).
Finalmente, el 19 de octubre, los represores decidieron utilizar fuego de mortero y dinamitar la casa. El cuerpo de Juan Martín fue encontrado entre los escombros de lo que había sido la cocina, debajo de una mesa, empuñando firme una escopeta.
Martiniano, quien en ese momento tenía 72 años, fue detenido y estuvo detenido desaparecido en el pozo de Arana, en La Plata, durante tres meses. Luego, lo trasladaron a la Unidad 9, donde falleció en 1980.
Aunque hubo algún intento de recuperación, la casa de Juan permanece intacta desde 1975, igual que cuando fue bombardeada por las fuerzas conjuntas. Su familia quería convertirla en museo de la memoria, pero el desinterés oficial de los distintos gobiernos frustró el proyecto. La casa tiene un cartel que la identifica como casa de la memoria, pero nada se ha hecho para protegerla.
"Terminemos con este sistema mezquino y construyamos una nueva sociedad sin privilegios y sin marginados".
Juan Martín Jáuregui
Militante revolucionario

Entre las ruinas de la casa de la memoria del barrio El Retiro, demolida con fuego de mortero y dinamitada en 1975, un grupo de vecinos recicla palés de madera para construir sus propias casillas. Pero no dejan de soñar con casas de ladrillo.
Mientras que en algunos asentamientos precarios de la ciudad de Buenos Aires hay personas que los usan forrados con nylon, en La Plata, la idea de desarmar los palés de madera y volver a unirlos para hacer paneles que después son usados como paredes surgió entre los Vecinos Autoconvocados de Familias sin Techo, una Organización No Gubernamental (ONG) platense que trabaja en el gran La Plata.
Como no tienen sede sino sólo necesidad de hacer, los vecinos hablaron con la familia Jáuregui, propietaria de lo que queda de la casa de 47 e 159 y 160, demolida con fuego de mortero y dinamitada por la Policía, la Triple A y el Ejército, en octubre de 1975, durante un enfrentamiento de 36 horas con Juan Martín Jáuregui, un militante del Frente Revolucionario 17 de Octubre que estaba parapetado en la cocina.
Durante la nota con Diagonales, entre las ruinas de la casa, Diego Rubaja andaba de aquí para allá con las carpetas bajo el brazo y números de expedientes en la cabeza. En la zona, la ONG que preside requiere varias cosas. “Nacimos en 2007 por la necesidad de las familias que no tenían donde vivir. Hoy seremos unos 15 en la comisión y tenemos unos 50 voluntarios. Empezamos a recibir los reclamos de los vecinos que no tenían donde vivir. Nos contaban que iban a la municipalidad a pedir ayuda y sólo los anotaban en un listado. A veces estaban tres meses sin tener respuestas, viviendo en cualquier lado. Entonces, se nos ocurrió reciclar los palés, que nos donaban algunas empresas”, describió.
Actualmente, en el patio de lo que alguna vez fue la casa de Jáuregui, tres familias construyen sus casillas de madera. Elías (48) y Rosa (49) trabajan juntos y le dan una mano a Aleja (55) que hace lo suyo unos pasos más allá; mientras que Horacio (25) y Yamila (16) avanzan en la casilla que les permitirá independizarse. Sobre la pared que da al patio, además, descansan los paneles que ya armó una familia del barrio Aeropuerto a la que se le incendió la casilla. “Hubo un cortocircuito por la precariedad de la instalación eléctrica y perdieron todo. Cuando fueron a pedir ayuda a la Municipalidad les dijeron que los anotaban en una lista de espera. Vinieron acá y en menos de un mes se construyeron tres paneles. Vienen a armarla durante los fines de semana”, cuenta Rubaja.
Cada caso es un mundo, cada casa es un mundo. Tito y Rosa construyen para sus hijos, lo mismo que Aleja, que vive en una casilla de dos por dos con sus dos varones de 22 y 24 años. Horacio y Yamila viven con un tío de él y proyectan mudarse.
“Los paneles no son una solución definitiva, pero ayudan, porque el déficit habitacional es muy grande en todo el gran La Plata”, explicó Rubaja. Y agregó: “Sin los recursos para hacer otra cosa, se nos ocurrió pedir que nos donen los palés de madera para los que más necesitan tengan el material y un lugar donde construir sus propias casas. Con muchas ganas y con voluntad, hacemos lo que hacemos”.
Con herramientas para salir del paso ante la tragedia, con intercambio de ayuda para armar las casilla, los integrantes de la ONG creen que pueden evitar que la gente se convierta en rehén de un puntero político o de un funcionario. Para Rubaja es claro: “Si no existiera la necesidad, no existiríamos nosotros”.
Tito Motta, quien también integra la ONG, explicó cómo deben construirse las casillas. “Hay dos maneras –dijo–. Si clavás las tablas del lado de afuera de los tirantes, tenés que ponerle ruberoid (una tela empapada en asfalto que evita el paso del frío) del lado de adentro. Después le agregás un tejido que se compra en la ferretería, la revocás y te queda de madera por fuera y de material por dentro. Si hacés al revés y clavás las tablas del lado de adentro de los tirantes, seguís el procedimiento anterior y te queda de material por fuera y de madera por dentro. Es precario, pero no queda mal”.
SIN TECHO. SIN TIERRA. Como Horacio y Yamila, hay otros que pueden construir sus casilla pero que no tienen el lugar para hacerlo. Las tierras son, por eso, un tema por el que se preocupa la ONG Vecinos Autoconvocados de Familias sin Techo.
“En 2007 logramos firmar un acta de acuerdo con la nación, la Municipalidad, los delegados de Lisandro Olmos, y los vecinos, a través del cual el ministerio de Asuntos Agrarios de la nación cedía a la municipalidad 14 manzanas para la construcción de 460 viviendas, pero nunca se hizo nada. Hoy parece que estamos lejos del Plan Federal de Viviendas, pero ni siquiera se abrieron las calles, ni se pensó en la posibilidad de hacer un loteo social. El acuerdo por las tierras se vence el 25 de noviembre, por lo que volverían a manos de Asuntos Agrarios. Pero queremos pelear para que haya una prórroga del plazo y se puedan ocupar las tierras”, describió Diego Rubaja.
Hace diez meses que Horacio y Yamila viven en una casilla en 157 entre 46 y 47, con un tío de Horacio, que es soltero. Se quieren ir a vivir solos y por eso se construyen su propia casa, pero no tienen dónde ponerla. Es probable que tengan que instalarla en el mismo terreno en el que están ahora.
Él no tiene trabajo fijo, pero hace changas. “Comemos todos los días ¿Verdad que sí?”, le preguntó a su novia, para que lo confirme.
Elías y Rosa viven en una casilla que instalaron en un terreno prestado, sobre un arroyo que no saben cómo se llama, en lo que sería la continuidad de la calle 46, entre 157 y 155. Para llegar a su casa tienen que cruzar un puente construido sobre dos troncos. Con ellos, viven sus dos hijas, de 14 y 16 años. Tienen un gallo, una gallina ponedora, dos perros y varios gatos que deben tener alejadas de las ratas. Él, tampoco tiene trabajo. También hace changas: albañilería, carpintería o jardinería.
JUNTOS. En el mismo terreno vive Aleja, en una casilla en la que entran, a duras penas, una cama de dos plazas donde duermen sus dos hijos –que al momento de la nota trabajaban en la construcción de un edificio, en La Plata– y una cama de una plaza en la que duerme ella. Ahí cocina y lava la ropa Aleja, que pudo comprarse un lavarropas semiautomático gracias a su trabajo. Pero la señora que cuidaba murió hace dos meses y ella se quedó en la calle. “Como me estaba yendo bien compré mi chapa e hice venir a mis hijos varones, porque también tengo una hija mujer que se quedó con mi esposo, en Perú”, contó. Y recordó: “Allá, estábamos peor”, como si fuera posible.
Elías y Rosa comparten el baño con Aleja, una casilla de un metro por un metro que aprovecha la altura del terreno para desagotar en el curso de agua.
La zona es de casas de material, de clase media y clase media baja. Gente trabajadora vive por ahí, a 15 minutos del casco urbano. En la esquina está abandonado el edificio donde funcionó el Instituto de Menores Almafuerte. Y en el descampado que está entre la 46 y la 52, y entre la 155 y la 158 hay varias montañas de chatarra que no son más que un foco de infección, como si los autos amontonados uno arriba del otro fueran una demostración de que no hay ninguna posibilidad de que los vecinos más pobres puedan ocupar esas tierras fiscales. Ninguna posibilidad de salir adelante.

La casa de 47 entre 159 y 160 fue demolida con fuego de mortero y dinamitada por la Policía, la Triple A y el Ejército en octubre de 1975, durante un enfrentamiento con Juan Martín Jáuregui, un militante del Movimiento Revolucionario 17 de Octubre –después Frente Revolucionario– que estaba parapetado en la cocina.
El operativo comenzó el 17 de octubre y terminó el 19, después de un combate que terminó con el militante muerto y su padre detenido. Juan Martín era obrero de Vialidad, militante barrial, gremial y Dirigente Político que militaba en su barrio.
Cuando las fuerzas conjuntas se parapetaron frente a la casa, su padre, Martiniano, quien vivía en la casa de al lado, salió a decir que su hijo no estaba. Entonces, fue tomado prisionero y atado a un árbol durante todo el tiempo que duró el enfrentamiento. Juan Martín, resistió durante 36 horas, frente a 100 efectivos de la policía, el ejército y las tres A (Alianza Argentina Antiimperialista).
Finalmente, el 19 de octubre, los represores decidieron utilizar fuego de mortero y dinamitar la casa. El cuerpo de Juan Martín fue encontrado entre los escombros de lo que había sido la cocina, debajo de una mesa, empuñando firme una escopeta.
Martiniano, quien en ese momento tenía 72 años, fue detenido y estuvo detenido desaparecido en el pozo de Arana, en La Plata, durante tres meses. Luego, lo trasladaron a la Unidad 9, donde falleció en 1980.
Aunque hubo algún intento de recuperación, la casa de Juan permanece intacta desde 1975, igual que cuando fue bombardeada por las fuerzas conjuntas. Su familia quería convertirla en museo de la memoria, pero el desinterés oficial de los distintos gobiernos frustró el proyecto. La casa tiene un cartel que la identifica como casa de la memoria, pero nada se ha hecho para protegerla.
"Terminemos con este sistema mezquino y construyamos una nueva sociedad sin privilegios y sin marginados".
Juan Martín Jáuregui
Militante revolucionario
18 de septiembre de 2010
A cuatro años de la desaparición de Jorge Julio López

Dicho de una persona, un desaparecido se halla en paradero desconocido, sin que se sepa si vive. Con esa incógnita sobre su destino, y con una ilusión, la familia de Jorge Julio López espera noticias desde hace cuatro años. “Es imposible que esté vivo, pero la esperanza no la vamos a perder nunca”, contó Rubén, hijo menor del albañil dos veces desaparecido, cuyo paradero se desconoce desde el 18 de septiembre de 2006, cuando tenía 77 años, luego de haber dado un testimonio clave para que Miguel Osvaldo Etchecolatz, ex director de Investigaciones de la Provincia de Buenos Aires, encargado de 21 centros clandestinos de detención durante la última dictadura, fuera condenado a reclusión perpetua por “delitos de lesa humanidad cometidos en el marco de un genocidio”.
–¿Qué significa para la familia López este nuevo aniversario?
–Vivimos una gran angustia. Impotencia porque no podemos empezar el duelo. Eso es para nosotros la imagen de la persona desaparecida. No sabemos dónde llevarle una flor, dónde ir a verlo. No tenemos un lugar, un espacio donde rendirle un homenaje. Aunque, a nuestra manera, lo intentamos con la creación de una fundación en la que enseñaremos idiomas, arte y oficios, para que se mantenga su nombre y lo que nos dejó como ejemplo. Mi viejo era un tipo de laburo, de oficio y de palabra. Cuando se comprometió a ir al juicio, lo hizo, a pesar de que tal vez supiera que le podía costar la vida.
–¿Ya no creen que esté vivo?
–Hoy, después de cuatro años, tengo que decir que es imposible que esté vivo. ¡Ojalá eh! La esperanza no la vamos a perder nunca, pero es una persona mayor, de 80 años… su fortaleza no es la misma que hace 36 años atrás (cuando lo secuestraron durante la dictadura), que se bancó todo lo que se bancó. Entonces tenía 44 años. No es lo mismo que a los 80, por más bien que estuviera atendido, cosa que en ese caso no creo que sea así… Salvo que se haya ido de motus propio… o con alguien que lo conocía… es difícil.
–Parece lejana esa posibilidad de que se haya ido porque quería...
–Es la única esperanza que te queda para decir está bien, para decir que está con vida. Lo único… Al final decís: bueno, si se fue solo, tal vez… pero después pasó el tiempo y no dio ninguna señal… y vas perdiendo la esperanza. Ahora, es una ilusión más que una esperanza.
–Acaso se trate de una ilusión que la familia quiso sostener, sobre todo en los primeros meses...
–Nos habíamos aferrado a eso, pero, lógicamente, con el correr del tiempo se te va cayendo. Ya ni argumentos para creértelo tenés.
–¿Cuál es su hipótesis sobre lo que pasó?
–Si tengo que pensar algo, cada día estoy más convencido de que mi viejo salió porque quiso hasta el portillo, hasta la vereda de casa. Hasta ahí salió por propia voluntad. Ahora: si alguien lo indujo, si alguien lo obligó, si alguien lo amenazó y él no quiso preocupar a la familia, yo no lo sé. No tengo otra opción que imaginarme… tal vez salió para proteger a la familia, para que no nos hicieran daño. Es una de las cosas que nos imaginamos.
–¿Las llaves aparecieron por ahí?
–Las llaves aparecieron por ahí. Pero es el dilema de siempre, las encontramos 15 días después, o 20 o más. Ya pierdo la cuenta. Como el primer día no se hizo un rastrillaje, no se puede determinar si las tiraron después. Lo único que podemos asegurar es que su salida no estuvo forzada, quiero decir que no rompieron la puerta, no hicieron ruido… lo que no significa que no lo hayan obligado a salir.
–Él sabía con quién trataba.
–Lógicamente. Esto es como el truco, conocía las cartas con las que jugaba: se la bancó y siguió adelante. Si alguien lo amenazó antes, se la siguió bancando y seguramente a costa de lo que pasó. Tal vez pensando que cosas como esta (el secuestro, la desaparición) no iban a volver a suceder. A partir de lo que le pasó a mi viejo todo el mundo se empezó a dar cuenta que estas personas seguían dando vueltas.
–¿Eso no era difícil de prever?
–Por eso la familia hizo una denuncia para saber quién debería haber protegido a mi papá y cuidado de que esto no le pasara. Cuando dejamos al abogado oficial y fuimos a ver al doctor (Alfredo) Gascón Cotti (h) nos mostró que ya existía una ley que protege testigos. ¡Estaba!, nadie la pidió. Entonces, pedimos que se investigue quién debería haber prevenido esto. Eventualmente, le hubiera correspondido a la justicia. Y alguna vez el juez Carlos Rozanski dijo que si le hubieran pedido la protección, la hubieran dado… pero ¿a él no se le ocurrió? Si yo acuso a una persona entre más de 20 de cometer las atrocidades que cometieron ¿las otras 19 no están en libertad? No se le ocurrió a nadie decir: “bueno, qué les parece muchachos, Policía, Gobierno, Estado… a ver si protegemos a estos testigos”. Ahora funciona, tuvo que pasar lo de mi viejo, pero ¿nadie tiene la capacidad de pensar, de prever? A mí el doctor Gascón me mostró la ley... Pero suele pasar muchas veces que a los testigos se los use y una vez que se los usó, que declararon, les digan “buenas tarde, mucho gusto”, como pasó en este caso, porque si mi viejo iba al juicio solo, volvía solo. Nadie se preocupó. Hay gente que se sintió ofendida y la verdad es que no me molesta que se ofenda porque yo tengo razón. La verdad es que si se hubieran molestado en cuidarlo, seguramente, posiblemente, esto no hubiese sucedido… o tal vez sí…
–¿Cree que para su padre fue bueno declarar?
–Se sacó 30 años de encima. Fue un alivio. Él dijo en varias oportunidades que éste iba a ser el primer y último juicio al que iba a ir. Pero tenía que decir lo que sabía. Sobre todo con Pato (Patricia Dell'Orto). Quería contar lo que le pasó a ella, al marido (Ambrosio De Marco) y a los cinco compañeros que había conocido en la Unidad Básica. Llevaba ese peso dentro, por eso siguió adelante. Esa convicción no se la sacó nadie: se bancó lo que se bancó. Esperó lo que tuvo que esperar y el resultado está a la vista hoy. Tenía un vínculo tan fuerte con Pato que ni siquiera pudo conocer a su hija, Marina. Y no era que le haya faltado valor, era algo más fuerte que él.
–¿Siguieron el juicio a los penitenciarios de la Unidad 9?
–Muy poco.
–Gustavo Calotti, uno de los sobrevivientes de la Noche de los Lápices, fue compañero de celda de su padre en la U9 y durante el juicio recordó que él siempre estaba preocupado por su familia.
–Es que mi papá no fue un tipo de militancia política. Lo suyo era más bien social. Esto lo digo por lo que me puedo acordar de aquella época. No lo digo porque alguien me lo contó. Yo estaba. Éramos chicos, tenía 11 años, cuando íbamos a jugar al fútbol los fines de semana. Hacíamos carreras de embolsados y en el Día del Niño siempre había un chocolate o un juguete. Eso no es una militancia política. Ojo que tampoco justifico lo que le pasó a los militantes. No justifico nada lo que pasó.
–Pero su papá era peronista (y en 1985 se afilió al Partido Socialista).
–Es que siguió siendo peronista toda la vida, pero peronista de (Juan Domingo) Perón, no de todos los que se dicen que son peronista. Perón fue el que le dio al trabajador, y entre ellos a mi viejo, la mejor época que hasta ahora tuvieron los trabajadores. Puede ser que haya lamentado, me imagino… creo que se metió en algo que era para ayudar a la familia del barrio, a la familia grande, y terminó por pasarle lo que le pasó. Es como que el día de mañana nos pase algo por hacer la fundación. No sé si el comparativo está bien, pero sería la idea.
–A cuatro años de la desaparición ¿qué expectativas tienen?
–Las mismas que tenía el 18 de septiembre de 2006. Esperamos que alguien que sepa algo nos lo diga, que se lo cuente a la justicia para que podamos al menos tener algún indicio sobre lo que pudo haber pasado. A esta altura no tenemos más expectativa que esa. Después de cuatro años, lo único que queremos es saber qué pudo haber pasado. Qué sé yo… si está, ¿dónde está? Si está bien o no, encontrarlo, por lo menos para rendirle un homenaje, más allá de la misa que haremos el sábado y de lo que la sociedad tenga que hacer.
–El sábado hay varias actividades.
–Por lo menos en La Plata hay una marcha a las 18. La gente se va a concentrar en Plaza Moreno, por eso nosotros vamos a hacer una misa en la catedral a las 20, para que aquellas personas que quieran ir a la marcha y después venir a la misa puedan hacerlo, que tengan tiempo. En algún momento nos plantearon de hacerla más temprano, pero nos pareció correcto hacer la misa en un horario que no se interponga con la marcha.
–¿Por qué no convocan a las marchas?
–Es que no marchamos antes por otras cosas… no vamos a marchar ahora. Nosotros no convocamos, pero siempre agradecemos a la gente que se moviliza. Una vez la llevé a mi señora, que se conmovió… pero creo que por ahora vamos a seguir manteniendo esta postura. Preferimos no ir.
–Algunas veces se encontrará con gente que lo reconoce por la calle. ¿Qué le dicen?
–He tenido buenas experiencias y la verdad es que le huyo cuando alguien dice que me conoce. El jueves fui a una FM a dar una entrevista y cuando salí una vecina me preguntó por qué me estaban haciendo una nota. Le digo que “soy Rubén López el hijo de Jorge Julio” y me entró a pegar de patadas ninjas. “Por qué tenemos que pagarle nosotros la plata del secuestro a su padre”, me decía. Bueno, dejémoslo ahí porque hubo un pequeño altercado.
–¿Qué le respondió?
–Qué estaba equivocada, que a mi viejo lo secuestraron dos veces en este país. Pagar una recompensa para saber qué le pasó es lo mínimo que pueden hacer.
–Además, una de esas veces, el que lo secuestró fue el Gobierno.
–Una vez fue el Gobierno, esta vez no se sabe, pero la primera vez fue el Gobierno. Por eso, la palabra desaparecido en democracia hay que manejarla con mucho criterio.
25 de agosto de 2010
El Nazi negó a los testigos y dijo que hay un complot en su contra

El ex agente penitenciario Raúl Aníbal Rebaynera contradijo ayer las declaraciones de once testigos, aseguró que los presos políticos eran tratados igual que los presos comunes y estimó que las acusaciones de tortura que lo tienen en prisión desde hace cuatro años son parte de un complot. Al hacer uso del derecho constitucional de declarar en el juicio que se le sigue a un grupo de catorce imputados por delitos de lesa humanidad cometidos en la Unidad 9 (U9) de La Plata durante la última dictadura militar, reconoció que estuvo de guardia la noche en que fue asesinado Marcos Augusto Ibáñez Gatica, hecho por el que se encuentra acusado como “autor material”, aunque aseguró que se trató de un suicidio.
El Tribunal Oral Federal Nº 1, integrado por los jueces Carlos Rozanski, Roberto Atilio Falcone y Mario Alberto Portela, escuchó ayer al reo, que contradijo las declaraciones de once testigos, con los que su abogado pidió que se realizaran careos, y afirmó que las acusaciones en su contra son un complot hurgado por el periodista y ex militante del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) Eduardo Anguita y algunos otros ex detenidos en el pabellón 2 de la U9, que durante la dictadura militar estuvieron a disposición del Poder Ejecutivo Nacional.
Al empezar su declaración, Rebaynera adelantó que no hablaría de la muerte de Ibáñez Gatica, a la que, sin embargo, no pudo dejar de referirse.
–¿Usted sabía que le decían “El Nazi”? –preguntó Rozanski.
–¿El Nazi? Acá lo escuché –respondió el acusado–. Si lo hubiera escuchado en la cárcel no lo hubiera permitido: los sobrenombres están prohibidos. Pero no lo escuché nunca. Sí me decían “Rabanito” o “Pocas plumas”. Y cuando hacía guardia en el muro también me gritaban “Pelado cornudo” o “Pelado puto”, pero si escucho algo así no me hago cargo.
–Pero a usted le decían “El Nazi” –insistió el juez.
–Usted también tiene dos o tres sobrenombres –retrucó el reo–. No se los voy a decir porque soy loco pero no boludo. Todos tenemos sobrenombres. No sé… será que me dicen “El Nazi” porque soy rubio y de ojos celestes. Pero yo no tengo ideología.
En esos términos se desarrolló casi toda la declaración del acusado, que desde las 10 y hasta las 16 trató de retrucar algunas imputaciones que le realizaron varios testigos durante el juicio oral que se desarrolla en el edificio de la ex Amia, en 4 entre 51 y 53 de La Plata.
A TODOS IGUAL. Rebaynera explicó a los jueces que en el penal había unos 900 presos políticos y unos 400 comunes. E hizo hincapié en que a todos se los trataba igual. El acusado habló en tiempo presente y a cada pregunta sacaba el manual, por lo que costaba distinguir cuándo se refería al ideal, cuándo a lo que ocurre en las cárceles y cuándo a lo que ocurrió en la U9 durante los años de plomo. “¿Por qué no nos remitimos a los hechos?”, pidieron los jueces en varios pasajes.
El ex carcelero, que terminó su carrera en el instituto de formación del Servicio Penitenciario Bonaerense, describió tareas propias de su trabajo y contradijo las declaraciones de los testigos sobre el trato en el pabellón de aislamiento.
A los testigos que dijeron que no hacían deportes, les respondió que era porque el campo se usaba como obrador para las refacciones que se realizaban en ese tiempo en la prisión; a los que dijeron que el pabellón de aislamiento estaba siempre completo, les dijo que eso era imposible de saber porque las puertas, que son ciegas, estaban siempre cerradas; a los que dijeron que él entró a sus celdas a robarles, les aclaró que una cosa es recorrer y mirar y otra cosa es revisar. “Yo no estaba”, “no sucedió”, “es mentira”, “imposible”, fueron sus palabras cada vez que quiso retrucar los dichos de los ex detenidos.
Rebaynera dijo que se enteró de los Centros Clandestinos de Detención en 1983, cuando el tema empezó a salir en los diarios, y que recién supo de los secuestros y la muerte de familiares de algunos de las personas que estaban detenidas en la U9 en los años ‘70 cuando recibió la notificación de la prisión preventiva, tras la nulidad e inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.
Cuando los jueces quisieron saber entonces las razones por las que los testigos lo acusaban, dijo que estaban confundidos o formaban parte de un complot que planeó Anguita junto a otros presos detenidos en el Pabellón 2. “Pienso que esto estaba todo armado”, dijo Rebaynera. Y fue entonces cuando reconoció que estuvo en la prisión cuando se produjo la muerte de Ibáñez Gatica. Suicidio según él. Asesinato según la acusación fiscal. “Tuve la mala suerte –describió– de que al cuarto o quinto día que estaba de guardia se produce el suicidio. Siempre que hay un suicidio se duda del funcionario. Esa ha sido una tara. Ahí surge todo. ‘El Nazi’ dice uno. ‘Le gustan las SS’ dice otro. Se van haciendo la película”.
Cara a cara
Rebaynera retrucó puntualmente las declaraciones de Adolfo Pérez Esquivel, Eduardo Anguita, Carlos Martín Bettiol, Carlos Alvarez, Raúl Eduardo Acquaviva, Julio César Mogordoy, Dalmiro Suarez, Juan Arguello, Juan Critobal Mainer, Eduardo Zabala y Alberto Elizalde, por lo que su abogado pidió que se lo caree con cada uno de ellos, aunque hay más testigos que lo acusan de torturas.
La seguimos acá
23 de agosto de 2010
Es el miedo
Es periodista y trabaja en un diario, por lo tanto, es probable que casi a la medianoche salga de la redacción con la cabeza a dos mil y esté convencido de que caminar unas cuadras lo ayudarán a despejarse. El frío lo ubica algunas veces en un taxi, donde puede mantener conversaciones dislocadas. Así ocurrió el domingo, después de unas pocas cuadras.
Un bolero sonaba en el auto a todo volumen. Y así se quedó hasta que el chofer quiso entablar una conversación.
-Disculpame, pero no te entiendo lo que decís porque no te escucho-, advirtió el pasajero.
-Qué poca gente que anda en la calle-, dijo el chofer mientras bajaba el volumen de la música.
-Hace mucho frío- respondió el tipo.
-No –retrucó el conductor- es el miedo.
El pasajero lamentó haber caído en una trampa tan burda y se dispuso a surfear la charla.
-¿El miedo?
-Sí: el miedo. La gente no quiere salir por miedo a qué le pase algo -explicó.
Como no tenía respuesta, el chofer continuó:
-Un pasajero, un hombre grande, me contó que el miércoles a la noche iba con su mujer a tomar un café al centro pero le arrancaron la cartera a la señora. La tiraron al piso y salieron corriendo -describió.
-¿Y qué es lo que hay que hacer? –preguntó el pasajero, como para acortar caminos.
-Yo sé lo que hay que hacer-, respondió el chofer.
-¿Qué? – reclamó el pasajero, que se sabía a media cuadra del destino.
-En un día lo soluciono.
-¿Cómo? –insistió el pasajero, que empezaba a imaginar ladrones mutilados, cárceles para niños y guillotinas en las plazas. El que mata tiene que morir, iba a decir, pero le pareció mucho.
-En 24 horas se arregla todo -explicó el taxista-. Hay que colgar a un político, a un juez y a un periodista.
Un bolero sonaba en el auto a todo volumen. Y así se quedó hasta que el chofer quiso entablar una conversación.
-Disculpame, pero no te entiendo lo que decís porque no te escucho-, advirtió el pasajero.
-Qué poca gente que anda en la calle-, dijo el chofer mientras bajaba el volumen de la música.
-Hace mucho frío- respondió el tipo.
-No –retrucó el conductor- es el miedo.
El pasajero lamentó haber caído en una trampa tan burda y se dispuso a surfear la charla.
-¿El miedo?
-Sí: el miedo. La gente no quiere salir por miedo a qué le pase algo -explicó.
Como no tenía respuesta, el chofer continuó:
-Un pasajero, un hombre grande, me contó que el miércoles a la noche iba con su mujer a tomar un café al centro pero le arrancaron la cartera a la señora. La tiraron al piso y salieron corriendo -describió.
-¿Y qué es lo que hay que hacer? –preguntó el pasajero, como para acortar caminos.
-Yo sé lo que hay que hacer-, respondió el chofer.
-¿Qué? – reclamó el pasajero, que se sabía a media cuadra del destino.
-En un día lo soluciono.
-¿Cómo? –insistió el pasajero, que empezaba a imaginar ladrones mutilados, cárceles para niños y guillotinas en las plazas. El que mata tiene que morir, iba a decir, pero le pareció mucho.
-En 24 horas se arregla todo -explicó el taxista-. Hay que colgar a un político, a un juez y a un periodista.
19 de agosto de 2010
“Fue la última victoria sobre sus asesinos”

Verónica y Laura Bogliano (que en la foto están con Pilar, la hija de Laura) sepultaron los restos de sus padres desaparecidos
Los restos de una pareja de detenidos desaparecidos durante la última dictadura militar fueron recuperados por la justicia, identificados y entregados a sus hijas después de 33 años. Los platenses Adrián Claudio Bogliano y María Susana Leiva eran militantes políticos y fueron secuestrados en 1977, cuando apenas tenían 28 y 32 años. Los detuvieron de manera ilegal, los torturaron, los asesinaron y enterraron sus restos como si su identidad fuera desconocida, sepultados como NN en el Cementerio de La Plata. “El hecho de haberlos podido reconocer, de haber aparecido, fue quizá su último acto de revancha, su última victoria sobre sus asesinos”, dijeron ayer sus hijas Laura y Verónica Bogliano en la puerta de los Tribunales Federales.
En el marco del Juicio por la Verdad, la Cámara Federal dio por comprobado ayer que los restos sepultados como NN en el cementerio pertenecen al matrimonio Bogliano, y los camaristas Leopoldo Schiffrin y Julio Reboredo ordenaron la rectificación de las partidas de la necrópolis platense, donde deberá quedar constancia de los nombres de las víctimas de última dictadura cívico – militar, que gobernó el país entre 1976 y 1983.
En el acto, además, entregaron a sus hijas los restos rescatados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) que por la tarde fueron sepultados en el cementerio Parque de la Gloria.
Aunque había sido anunciado para las 11, el acto empezó un poco más tarde. A esa hora, el hall del primer piso de la Cámara Federal era un hervidero. Los compañeros y amigos se encontraban, se saludaban y conversaban sobre el acontecimiento que iban a presenciar en pocos minutos. Los abrazos se reproducían por todo el salón y el murmullo hacía imposible poder registrar, sin interferencias sonoras, el testimonio de un ex detenido desaparecido que se encontraba ante los jueces para contar su experiencia por primera vez en 34 años. Entonces, las autoridades decidieron desalojar el primer piso hasta llegado el momento del acto formal de la entrega de las urnas con los restos de los Bogliano.
Familiares, amigos y compañeros bajaron las escaleras y esperaron afuera, mientras que, en el recinto, con las Madres de Plaza de Mayo y algunos militantes como testigos, Raúl Edgardo Cha brindó su testimonio. Lloró y pidió perdón por no recordar algunos de los nombres y contó que fue secuestrado y torturado tres veces, una de ellas con su mujer. Además, dijo que tuvo que exiliarse en Brasil, donde vive. El hombre, quebrado, reconoció que no sabía dónde había estado detenido, y los jueces concluyeron que debió haber pasado por la Comisaría Quinta y el destacamento de Arana.
La sala se llenó de gente a las 12.20, cuando los jueces se dispusieron a empezar con la lectura del acta formal en la que se declaró comprobada la identidad de los restos hallados en el cementerio y analizados por el EAAF.
“Adrián Bogliano”, gritó una mujer que estaba entre el público cuando todo hubo terminado, apenas 26 minutos después. “Presente”, respondió la multitud. Se notaba que muchos tenían un nudo en la garganta. “María Susana Leiva”, volvió a gritar la mujer. “Presente”, dijo la gente, más fuerte que antes. Entonces, la voz volvió a pedir: “los 30 mil compañeros desaparecidos”. “Presente, ahora y siempre”.
LOS APARECIDOS. “Los desaparecidos no están, no existen, no son. No están ni vivos ni muertos, están desaparecidos”, sentenció en 1977 Jorge Rafael Videla cuando aún era presidente de facto. Ayer, en La Plata hubo un pequeño acto de justicia con el reconocimiento oficial de los restos de la pareja. “Los desaparecieron buscando de esta manera quedar impunes. Pero el hecho de haberlos podido reconocer, de haber aparecido, fue quizá su última victoria sobre sus asesinos, que los pretendieron desaparecer. Encontrarlos y saber de su muerte también me devuelve otra certeza. No que desaparecieron en el aire, sino que fueron asesinados. Entonces hubo asesinos y hay que buscarlos. Entonces pido justicia y que se pudran en la cárcel”, escribió Verónica y leyó su pareja, Ramón Inama, también hijo de desaparecidos.
Aquellas palabras fueron leídas en un breve acto que, a micrófono abierto, realizaron las hermanas Bogliano en la puerta de los tribunales federales de 8 y 50, al que se sumaron varios amigos y compañeros de la pareja.
Parada delante de sus primos Bernardo y Pampa o Nazarena e Inés Sánchez (del EAAF), quienes se turnaron para tener en sus manos las pequeñas urnas con los restos de sus padres, Verónica aclaró que había escrito un breve discurso porque estaba segura de que no iba a poder hablar. Y así fue que apenas reconoció que jamás perdió del todo la ilusión de tener a sus padres con ella tuvo que dejar el micrófono.
Entonces, Ramón, su compañero, se hizo su voz: “Mi mamá es María Susana Leiva y nació el 4 de enero. Nunca me acuerdo bien de qué año, pero sé que era 4 años más grande que mi papá. La secuestraron el 12 de agosto de 1977, cuando tenía 32 años. Susy le decía mi abuela cuando la nombraba, cuando ordenábamos de vez en cuando los ‘papeles importantes’ entre los que aparecían sus boletines y algunas fotos. También la llamaba todos los días para comer, queriéndonos llamar a mí y a mi hermana, se confundía y la llamaba a ella”. Y también: “mi papá es Adrián Claudio Bogliano, nació el 18 de septiembre del 49. Fue al Liceo Naval hasta el 4º año, que juró la bandera y después rindió 5º año libre en el Normal 3. Del liceo se fue a laburar a las villas de emergencia. Sus amigos nos cuentan que era un excelente compañero de trabajo”.
Pilar tiene 16 años, es hija de Laura y ayer despedía los restos de sus abuelos. Después de destacar que creció con la verdad, recordó que aprendió a escribir tratando de descifrar qué significaba ser un desaparecido, de entender por qué un gobierno mataba a los que pensaban diferente. Una vez, dijo, a los 7 años, hizo en la escuela un trabajo sobre sus derechos y escribió en un papel: “tengo derecho a tener juguetes”. La maestra le pidió que pensara algo más personal. “Tengo derecho a conocer a mis abuelos, que se los llevaron los militares”, puso. Con lapicera, la maestra agregó, después, “y los mataron”… “Yo tenía la esperanza de que los encontraran, que estuvieran en una isla y pudieran ir a rescatarlos”, explicó.
Otros familiares tomaron luego el micrófono para recordar a Adrián y Susana. Marta Ungaro, hermana de Horacio Ungaro, detenido desaparecido desde el 16 de septiembre de 1976, reivindicó la búsqueda de la verdad y destacó que sentía que el hallazgo era “un pedacito” de todos; mientras que Juan Carlos Manoukian recordó los tiempos de militancia. “Queríamos un mundo mejor y creíamos que era posible”, explicó. Y lamentó: “la violencia se nos fue imponiendo en medio de un clima muy denso. Pensábamos que teníamos que hacer todo lo que podíamos”.
Natalia, sobrina y prima, fue la última en hablar. Ella recordó a la pareja en cuestiones de la vida cotidiana, describió la casa alegre y colorida en la que vivía y contó que “todo el tiempo convidaban la palabra que alimentaba el alma”.
“Hoy, que las cosas se saben, tratamos de poner una flor en algún lugar recordando a los dos seres humanos increíbles que eran Susana y Adrián”, afirmó.
Los restos de la pareja secuestrada en 1977, torturada hasta la muerte y desaparecida hasta ahora, fueron trasladados por los familiares al cementerio Parque de la Gloria. Que en paz descansen.
Foto: Nicolás Acuña
Entrevista en Qué nos parió
10 de agosto de 2010
"No es lo mismo la justicia para los pobres que para los ricos"

Dice Mercedes que el dolor es inmenso. Infinito. Hace un año los patovicas de un boliche de Berisso dispararon contra un grupo de vecinos entre los que estaba su hijo. Lo mataron. Ella aún lo espera. Y lo extraña minuto tras minuto. Lo llora a la noche, antes de dormir. Y lo llora a la mañana, cuando despierta. Lo que le pasó, no se lo desea a ninguna madre. Así lo contó ayer a Diagonales, durante el acto que junto a sus hijos, amigos y familiares realizaron en la puerta de Alcatraz, en Montevideo y 6, para recordar a Juan Andrés Maldonado, asesinado el 9 de agosto de 2009.
Juan tenía 24 años, era el menor de nueve hermanos y trabajaba como pintor. Había ido a bailar con su novia y regresaba a su casa con la chica y algunos amigos cuando le pegaron un tiro en el pecho. Por la causa están detenidos el ex policía y jefe de la barra brava de Estudiantes de La Plata, Fabián Giannotta, Carlos Felipe Garaña Morales y Ariel Orlando Evertt, como coautores del hecho. Sospechado de repartir las armas con las que actuaron los asesinos, el relacionista público Gastón Haramboure está imputado como partícipe necesario, pero la justicia platense le dio el beneficio de la prisión domiciliaria.
“No es lo mismo la justicia para los pobres que para los ricos”, dice Sandra, una de las hermanas del joven asesinado. Y reafirma Zulma: “va a haber justicia si la conseguimos nosotros y no porque nos la den los jueces o los fiscales. Si hay justicia es porque estuvimos todo el tiempo moviéndonos, golpeando puertas, exigiendo; si no te callan, te anulan, te devastan”.
Aquella trágica madrugada en la que Juan fue asesinado, sus familiares y amigos del barrio Solidaridad, a sólo cinco cuadras del lugar del hecho, fueron hasta la puerta de la discoteca para pedir el traslado del joven, que se hizo en un patrullero luego de que un policía le dijera a un amigo de la víctima que se dejara de joder, que no tenía nada.
Mientras que el cuerpo de Juan era trasladado por un patrullero, seguido por los otros dos que estaban en la puerta de Alcatraz, los sospechosos se fugaron ante la vista de todos, lo que desató una pueblada que la Policía reprimió con gases, palazos y balas de goma. La represión se extendió hasta la puerta de la casa de la víctima.
“Sé que voy a contar con todos ustedes para que caigan todos. El que disparó y el que trajo a los asesinos a Berisso. Sé que ustedes saben que Juan era un chico divino, lleno de vida, buena persona, amado por todos, sin enemigos. Es un orgullo ser su hermana", dice Zulma a los vecinos.
Su discurso es breve. Cuenta que “se cumplen 365 días de lucha, de no bajar los brazos, de caminar y golpear puertas”. Y pide a la “señora Justicia de ojos vendados que se quite la venda y mire a jueces y fiscales, que mire cuánta mentira”. Y denuncia: “Alcatraz estaba abierto sin habilitación, por un acuerdo entre funcionarios municipales y con protección de una policía que participó de un encubrimiento y permitió la fuga de los sospechosos”. Entonces, afirma: “A Juan lo mató la corrupción”.
La noticia del crimen http://cort.as/07wv
La noticia del sepelio http://cort.as/07wu
29 de julio de 2010
¡Feliz cumpleaños!

Amalia Benavides de Eguía, Zulema Castro de Peña, Susana Martínez de Scala y Adelina Dematti de Alaye, compañeras de lucha en Madres de Plaza de Mayo La Plata
La esperaron sentadas en una larga mesa que le armaron en el fondo del Café de las Artes, en la esquina de 6 y 49, en el Pasaje Dardo Rocha. Ella llegó a las cuatro de la tarde, con su hija del brazo, para escuchar el aplauso de sus compañeras. “¡Uy! ¡No me imaginaba que iba a haber tanta gente!”, dijo apenas cruzó el umbral del salón y empezó a recibir los abrazos de las mujeres que conoció en el ‘78, después del secuestro de sus hijos Jesús e Isidoro, cuando apenas tenían 35 y 29 años.
Zulema Castro de Peña, Zulema Peña, como la conocen todos, cumplió 90 años ayer y lo festejó con otras mujeres a las que también les robaron los hijos, mujeres con las que se colaba en los colectivos que iban a Buenos Aires para poder decir presente en las marchas de los jueves en la Plaza de Mayo, mujeres con las que envejeció, pero con las que aún se encuentra una vez por semana para compartir la vida.
“Una más y sumamos 3.000 años de historia”, dice Adelina de Alaye cuando se suma a una foto colectiva. Y es que las madres están grandes. “Esta tiene 94”, insiste, cuando Susana Scala se acerca para posar con sus compañeras. Se rien.
Las madres están grandes pero fuertes. Zulema se despierta antes de las 6 de la mañana y, como está “un poco dura”, hace ejercicios en la cama antes de levantarse. Entonces, toma conciencia que tiene que seguir: “seguir con esta voz”, dice, por la voz de la denuncia, la voz de una mujer que sabe lo que pasó y tiene que contarlo.
“Me siento muy bien”, cuenta a Diagonales. “No puedo expresar la enorme alegría que siento por este festejo. Encontrarme con tantas compañeras de lucha me pone muy alegre porque todas tenemos tantas preocupaciones que pensé que iban a venir una Madre o dos. Estoy realmente sorprendida”, afirma, con los ojos húmedos.
Enseguida recuerda Zulema su misión y explica a los periodistas: “Esta emoción me hace tener más fuerza para no olvidar y poder difundir lo que pasó durante la dictadura, para ayudar a que todos puedan entender que los derechos humanos son para todos”. Mientras habla, Zulema se aferra a la mano de Zulemita, su hija menor.
Zulemita tenía 14 años cuando secuestraron a sus hermanos, Jesús e Isidoro, y las Madres recuerdan cuando se recibió de profesora de piano. Ayer, festejaban que esté en La Plata porque vive en Lausanna, Suiza, y vino especialmente para el cumpleaños.
“Vengo muy seguido a ver a mi mamá, tanto como me permiten mis hijos, que tienen 4 y 10 años y ahora viven el cumpleaños de la abuela a la distancia”, cuenta a Diagonales. Y revela: “Aunque vivimos lejos estamos muy conectadas y todos los días hablamos una hora o una hora y media por teléfono y como siempre la noto llena de energía, con una fuerza bárbara, muy positiva, con mucho vigor”.
Sentadas a la larga mesa del Café de las Artes, como en todo cumpleaños que se precie de tal, las Madres comieron algunos sánguches de miga y tomaron café y gaseosas, acompañadas por otros familiares y algunos militantes, y se contaron las últimas novedades de los juicios a los represores.
Dos hijos desaparecidos
Zulema Castro de Peña tenía tres hijos. Zulemita vive hoy en Suiza y ayer estuvo en La Plata para festejar los 90 años de su madre. Jesús e Isidoro están desaparecidos. Ambos eran militantes políticos y fueron secuestrados en 1978, con muy pocos días de diferencia.
Jesús tenía 35 años, estaba casado y estudiaba sociología en La Plata. Cuando se fue con su familia a Buenos Aires. Trabajaba en el puerto, donde hacía los tableros electrónicos de los barcos. Vivía en el piso 19 de un edificio enfrente de Retiro y se lo llevaron cuando iba a trabajar, a los pocos días de haber terminado el Mundial el ‘78, el 27 de junio.
Isidoro tenía 29 años, también estaba casado, era técnico electrónico y estudiaba ingeniería. En Buenos Aires, Isidoro vendía cursos de inglés con libros y cassetes. Caminaba todo el día y a duras penas podía vender un par de cursos. Ella le había regalado un par de zapatos porque los suyos estaban destrozados de tanto caminar con sus cursos de inglés. Vivía en un departamento que les encantaba porque se veía el río. A las dos semanas de que se lo llevaran a Jesús, el 10 de julio, Isidoro entró a un bar a desayunar, a prepararse para una nueva jornada de caminata y trabajo, y se lo llevaron también.
Foto: Eva Cabrera
13 de julio de 2010
6 de julio de 2010
Aún no se aplica el nuevo Código Urbano pero la ciudad ya parece bombardeada
Dicen que la utopía quedó atrás, allá lejos y hace tiempo, cuando la ciudad perfecta, racionalista y humanista, al servicio de la comunidad, comenzó a expandirse sobre sus lados como una mancha de aceite, informe. Entonces, la cuadrícula perfecta, cruzada de lado a lado por dos diagonales, dejó de estar rodeada de quintas y parques para expandirse, desorganizada, en una conurbe que la ahogó. Después vinieron las torres para oficinas y más tarde los edificios de departamentos.
¿Cuándo fue que se perdió el sueño de Pedro Benoit? Hay quien data la fecha de defunción del proyecto en La ley de Propiedad Horizontal, que habilitó que se puedan hacer más de una casa por lote, pero lo cierto es que La Plata crece en conflicto y su morfología cambia bajo el poder de las fuerzas del mercado desde los años '50. Y cada vez más vecinos advierten que se pone en riesgo la admirable idea conceptual que la vio nacer el 19 de noviembre de 1882.
A 128 años de su fundación, la ciudad cuenta con un nuevo Código de Ordenamiento Urbano (COU) que los vecinos critican porque permitirá construir edificios más altos en el centro, pero que, según las autoridades de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de La Plata, desnuda la carencia de un plan para la ciudad y el partido. La casa de estudios manifestó su “preocupación por la ausencia de un diagnóstico serio y profundo, una evaluación de aplicación de la norma en vigencia, el acotado tiempo de desarrollo de las modificaciones y sus validaciones a partir de la construcción de consenso”. Y, en un comunicado, advirtió: “La ciudad es un bien de todos, y por ende la construcción de la misma debe ser consensuada para poder garantizar su sustentabilidad urbano ambiental, social y económica”.
También el Centro de Ingenieros de la provincia planteo su oposición: “nos encontramos frente un código que no responde a ningún plan urbano ni vial sino mas bien a un agrupamiento de medidas desarticuladas”, lamentaron los profesionales, luego de recordar que “La Plata es el producto del proceso urbanístico más coherente y ambicioso que se haya desarrollado en la Argentina, y a pesar de ello no aprendimos a resguardar lo valioso que esto podría significar a largo plazo”.
El COU todavía no se aplica, pero la ciudad ya parece bombardeada.
¿Cuándo fue que se perdió el sueño de Pedro Benoit? Hay quien data la fecha de defunción del proyecto en La ley de Propiedad Horizontal, que habilitó que se puedan hacer más de una casa por lote, pero lo cierto es que La Plata crece en conflicto y su morfología cambia bajo el poder de las fuerzas del mercado desde los años '50. Y cada vez más vecinos advierten que se pone en riesgo la admirable idea conceptual que la vio nacer el 19 de noviembre de 1882.
A 128 años de su fundación, la ciudad cuenta con un nuevo Código de Ordenamiento Urbano (COU) que los vecinos critican porque permitirá construir edificios más altos en el centro, pero que, según las autoridades de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de La Plata, desnuda la carencia de un plan para la ciudad y el partido. La casa de estudios manifestó su “preocupación por la ausencia de un diagnóstico serio y profundo, una evaluación de aplicación de la norma en vigencia, el acotado tiempo de desarrollo de las modificaciones y sus validaciones a partir de la construcción de consenso”. Y, en un comunicado, advirtió: “La ciudad es un bien de todos, y por ende la construcción de la misma debe ser consensuada para poder garantizar su sustentabilidad urbano ambiental, social y económica”.
También el Centro de Ingenieros de la provincia planteo su oposición: “nos encontramos frente un código que no responde a ningún plan urbano ni vial sino mas bien a un agrupamiento de medidas desarticuladas”, lamentaron los profesionales, luego de recordar que “La Plata es el producto del proceso urbanístico más coherente y ambicioso que se haya desarrollado en la Argentina, y a pesar de ello no aprendimos a resguardar lo valioso que esto podría significar a largo plazo”.
El COU todavía no se aplica, pero la ciudad ya parece bombardeada.

22 de junio de 2010
Los trabajadores de Sniafa esperan una definición para conocer su futuro laboral

Un reflector con un tubo fluorescente ilumina un pequeño pasillo entre las máquinas en el sector de estirados de la hilandería. La zona sería una boca de lobo si la luz se apagara. Encendida, los trabajadores vigilan que nadie se lleve nada. Sniafa está parada y sus enormes galpones son una heladera. Si la fábrica estuviera funcionando, el calor de las maquinarias haría que la temperatura superara los 25 grados en esos mismos gélidos ambientes. Para paliar el frío, los que bancan la toma se reúnen en la cocina, donde prenden las hornallas, o en la guardia, donde tiraron cables para conectar una estufa, algunas lámparas y un televisor. La electricidad está cortada por falta de pago y hace dos meses que la empresa no paga los sueldos. Tampoco mandó telegramas de despido ni notificó suspensiones. Nada. Ellos se presentan a cumplir sus horarios y algunos se quedan a dormir, para que los edificios no sean saqueados.
–¿Qué fue lo que pasó? -preguntó Diagonales en medio de la cocina.
–¡Se afanaron todo! –explicó uno de los trabajadores.
–Claro ¿qué va a pasar? -advirtió otro.
–Igual, habría que preguntarle a los dueños –intervino un tercero–. A nosotros nos dejaron de pagar los sueldos. Cuando quisimos acordar nos dimos cuenta que no había insumos. Hoy la empresa está en concurso de acreedores y, si no se homologa el acuerdo, el 8 de julio, va a la quiebra.
–¿Creen que la empresa podría haber continuado con la producción?
–Todavía vienen muchos clientes a preguntar si esto va a seguir así, porque nosotros éramos sus principales proveedores y ellos también tendrían que cerrar -agregaron.
–Todo pasó en 15 días. No teníamos stock y trabajábamos el día a día. Ahora sabemos que se remató mucho hilo y nos dimos cuenta de que no compraban materia prima. Fue premeditado, pero nosotros nos enteramos tarde: el día que cortaron la luz.
El jueves 13 de mayo fue el último día que hubo trabajo en Sniafa. A las cuatro de la tarde, en plena producción, EDELAP cortó la luz de la fábrica de 30 y 508 por falta de pago. “Ese día dejamos de trabajar. Y una semana después empezamos a venir para que no se llevaran las máquinas ni el hilo que había quedado en el depósito”, contó Alicia, antes de alegrarse por la presencia de Sebastián Sorrenti, un hombre de “81 años y medio” que se jubiló como gerente de la empresa y aún camina entre los carreteles, convencido de que no hay que esquivar las situaciones difíciles (ver aparte).
Aunque había problemas con los sueldos, que se pagaban en cuotas, y no tuvieron aumentos en el último año, el corte de luz tomó por sorpresa a los 180 trabajadores de Sniafa. En los últimos tres o cuatro años, además, se notaba una falta de inversión en maquinarias y mantenimiento del edificio. “Evidentemente algo pasaba”, reconoció Alicia.
Fundada en 1948, Sniafa no sólo vendía en el mercado interno, sino también para Brasil, donde llegó a exportar el 70 % de su producción. La empresa es única en Sudamérica. Además de los hilados sintéticos poliamídicos, hasta que le cortaron la luz, produjo polímeros de caprolactama. “Acá se vende todo, desde el hilado hasta las sobras, no se desperdicia nada, todo es ganancia. Hay muchas fábricas, pequeños emprendimientos, que dependen de nosotros. Hay muchísima gente que nos pide que no permitamos que la empresa se venga abajo”, afirmó Alicia.
La empresa, que pertenece a Solea Trust Reg y al fondo de inversión The Tower Fund, era conducida por Benjamín Pedro Uriburu, su principal accionista.
“Uriburu es el que llevaba adelante la empresa y el que no nos pagaba los sueldos. Suponemos que se quedó con el dinero que entraba por la poca o mucha venta, porque no pagaba nada: no hacía los aportes jubilatorios, las cargas sociales, ni a la obra social. Así que todo ese dinero, que a nosotros nos descontaban, también debe haber ido a parar a sus bolsillos”, explicó Alicia.
Por ahora, la situación de los 180 trabajadores es de pura incertidumbre. Creen que hay un interesado en comprar la fábrica, pero no saben ni de quién se trata. Algunos de ellos, tal vez 100 o 120, podrían ir a trabajar a Mafi-ssa, la otra gran hilandería de la región. Y hay quien dice que, con una ayuda estatal, los trabajadores podrían poner a la empresa en funcionamiento. No hay certezas.

Un optimista que confía en el potencial de la empresa
Sebastián Sorrenti empezó a trabajar en Sniafa el 1º de enero de 1955, cuando la hilandería tenía apenas 6 años y funcionaba en Plátanos. Llegó a ser gerente de desarrollo y asesoramiento tecnológico, se jubiló y continuó como asesor hasta que, al igual que el resto de los trabajadores, un día se encontró con el concurso de acreedores y la quiebra inminente. Es, sin embargo, un hombre optimista que confía en el potencial de la fábrica.
“Sniafa es una de las más importantes productoras de hilados de nylon para uso textil. Responde a las necesidades del mercado interno y también fue una importante exportadora. Desde que se instaló el Mercosur, llegó a competir con las más importantes productoras del mundo y sobrevivió al mercado exportador por su excelencia, consolidada en su servicio técnico”, aseguró, parado en el medio de un galpón que debería estar a más de 25 grados, y que sin embargo deja circular un frío helado que cala hasta los huesos.
Con su campera cerrada hasta el cuello, Sorrenti asegura que “el cierre de la fábrica es un perjuicio para la nación, porque los hilados que puede fabricar son un insumo vital para muchos industriales textiles que tendrán que importar su materia prima, porque hay muy pocos productores locales. En los últimos años, Sniafa creó una sala para urdido (enrollado) del hilado que es única en el país, y que le permite preparar la materia prima para ser utilizada directamente por las tejedurías”.
Sorrenti se presentó como técnico perito textil y recordó sus tiempos como profesor de tecnología textil de la primera escuela técnica fundada por la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación profesional, creadas por el peronismo para educar en la enseñanza técnica.
El hombre tiene una experiencia, un conocimiento, un saber, que quiere transmitir: “si hay algún funcionario que quiera conocer la importancia de lo que se puede hacer en esta empresa, me ofrezco a explicárselo cuando crean oportuno”, afirmó. Y agregó: “a mi juicio, el estado no se puede desentender del problema que hay en esta empresa y debe colaborar para dinamizar inmediatamente, lo más rápido posible, la plata. Para que siga siendo lo que fue, incluso más allá de las fuente de trabajo”.
24 de mayo de 2010
Le dan 45 días más de cárcel al estudiante de periodismo de la UNLP detenido en Chile

Cristian Molina es compañero de Pascual, con el que filmó un documental para una cátedra libre de la Universidad Nacional de La Plata (Foto: Eva Cabrera)
El estudiante de periodismo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) detenido en febrero pasado en Chile, condenado por incendiar un camión en 2002, sumó una nueva pena de 45 días de arresto por circular con documentación de su hermano, acusado del delito de “suplantación de identidad”. Pascual Pichún Collonao (27) vivía en La Plata y tenía en Argentina un permiso provisorio como refugiado político. Sabía que no debía volver a su Ñirripil natal, pero no aguantó: fue detenido por carabineros en Temuco, durante un control de rutina, el 26 de febrero, día que comenzó a cumplir su sentencia.
Pascual forma parte de una familia mapuche que vive en la comunidad Antonio Ñirripil, en Temulemu, en la comuna de Traiguén, en la IX Región de la Araucanía, en Chile. Su papá, que también se llama Pascual Pichún, es un logko, un cacique reconocido por la lucha por sus derechos de restitución territorial y gestión económica, política, social y cultural mapuche.
Al igual que su hermano Rafael, Pascual y su papá fueron acusados, procesados y condenados en 2003 a cinco años y un día de prisión por diferentes delitos relacionados con su lucha, aunque, después de un año de prisión, Pascual logró cruzar a la Argentina, donde vivió en la clandestinidad hasta que consiguió un permiso provisorio en donde se lo reconocía como refugiado político. Entonces, dio una entrevista a la revista Azkintuwe en la que contó parte de su historia.
Los hermanos fueron detenidos el 12 abril de 2002 acusados de incendiar un camión forestal que prestaba servicios a la forestal Nancahue, de propiedad del abogado, latifundista, ex ministro de agricultura de Patricio Aylwin, miembro del Tribunal Constitucional y presidente de la Fundación Pablo Neruda, Juan Agustín Figueroa Yávar, bajo los cargos de “atentado incendiario y homicidio frustrado”. Pascual y Rafael, que entonces tenían 19 y 20 años, pasaron un año en la cárcel de Traiguén, condenados por el Tribunal Oral en lo Penal de Angol sin beneficios; hasta que iniciaron una huelga que duró 35 días (30 días de huelga de hambre y cinco de huelga seca). “A tanto llegó la gravedad de nuestra situación que nos tuvieron que internar en el hospital. Ahí aceleran el proceso y llegamos a juicio oral en enero del 2003”, relató.
El resultado del juicio fue una condena a cinco años y un día de cárcel, con el beneficio de la libertad vigilada siempre y cuando pagaran una multa de unos 10 mil dólares. Los hermanos pasaron apenas un mes con una prisión domiciliaria, hasta que el beneficio fue revocado porque no habían pagado la multa. En mayo, los Pichún volvieron a la cárcel.
Sin embargo, apenas pasaron una semana presos, y volvieron salir, gracias a un recurso de amparo. Más tarde, en lugar de arresto domiciliario, los Pichún fueron beneficiados por un arresto nocturno, por el que todas las noches dormían en la cárcel de Traiguén. En ese momento, la Corte Suprema de Justicia de Chile ratificó la condena a cinco años y un día de prisión. “Si no pagábamos la indemnización debíamos pagar con cárcel. Cuando nos notifican de eso decidimos pasar a la clandestinidad. Se supone que nadie en Chile puede estar preso por deudas, eso dicen los convenios internacionales, pero para nosotros estaba claro: era la cárcel lo que nos esperaba”.
Los hermanos huyeron de la justicia chilena a fines de 2003. Y, despues de eso, cruzaron a Argentina. Rafael, que tenía mujer e hijos, decidió volver. Pascual vivió clandestino, hasta que en diciembre de 2005 consiguió que el Comité de Efectividad para Refugiados (CEPARE) le otorgara un permiso provisorio que le permitió estar en el país con su propia identidad. Entonces, se decidió a estudiar en La Plata.
LA EXPERIENCIA PLATENSE. La detención de Pascual generó un gran revuelo en La Plata. Sus amigos y compañeros abrieron un blog (http://pascuallibre.blogspot.com) y el grupo de Facebook Pascual Pichun estamos con vos.
Cristian Molina fue compañero de Pascual en varios emprendimientos. Juntos filmaron documentales para la cátedra de “Rescate de la memoria y educación con pueblos originarios” sobre wichis y tobas.
“Antes de venir a La Plata, Pascual vivió en Zapala, en la casa de una tía, y en Buenos Aires, donde dio algunas charlas en la UBA (Universidad Nacional de Buenos Aires) sobre la situación de los Mapuches. En 2004 vino a estudiar periodismo y conoció a (el Director General de Gestión y Extensión de la UNLP) Jorge Castro, quien lo ayudó a dar los primeros pasos en la universidad”, relató Molina.
Buen alumno, pronto se convirtió en ayudante de cátedra de Análisis de la Información. Además, se sumó a la Secretaría de Derechos Humanos de la UNLP, creó y co-condujo el programa radial “La Flecha” (en Radio Estación Sur). Además, colaboraba con el periódico mapuche Azkintuwe, con Indymedia Pueblos Originarios y administraba la web informativa del Encuentro de Comunicadores Indígenas de Argentina.
“Cuando se instaló en La Plata, tenía una vida como la de cualquier estudiante, con la impronta de la militancia en Derechos Humanos”, explicó Molina.
La idea de volver a Chile habría madurado en él en diciembre de 2009, luego de reencontrarse en Zapala con su mamá y su hermana, a quienes no veía desde hacía siete años. Según Molina, el último contacto con la familia había sido un mensaje que recibió en un DVD a mediados de 2007. “Él sabía que a Chile no podía ni llamar por teléfono”, afirmó.
“Pascual volvió a La Plata en enero y empezó a plantear que quería ir a vivir al sur. Planeaba trabajar en un proyecto de extensión universitaria en radio en San Martín de los Andes, dando talleres de locución, animación y producción periodística, pero sus amigos sospechábamos que quería cruzar a Chile. Le advertimos sobre los riesgos y le pedimos que se quedara un año más en La Plata, para terminar la carrera, pero no pudimos convencerlo”, afirmó el compañero. Las cargas política y emocional, y el mandato ancestral, pudieron con él, y Pascual cruzó los Andes. “Es el único de su familia que accedió a la universidad y es el que tiene que continuar con la lucha de su padre”, describió Molina.
El 26 de febrero Pascual iba a participar de una celebración en su Ñirripil natal, pero necesitaba una manta que no tenía y decidió ir al centro a comprarla. Iba con su hermano Rafael cuando los carabineros los detuvieron para identificarlos. Rafael les dio sus papeles y nada. Pascual le dio la identificación de su hermano Alejandro. Los policías dudaron pero los hermanos ya iban a salirse con la suya cuando llegó otro efectivo. A él se le ocurrió que, si había dudas, podrían sacárselas con un análisis de las huellas digitales. Así fue como Pascual Pichún fue identificado y comenzó a pagar una condena por prender fuego un camión. O por ser mapuche.
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"Estuve dos años clandestino y nunca antes había estado tan lejos de mi familia y tanto tiempo sin comunicación."
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"El tiempo que estuve en la cárcel fue también un factor importante para aprender más y reflexionar sobre lo que soy."
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"Para la prensa, los que soñamos y luchamos por una vida mejor para nuestra gente somos los terroristas, los violentos."

El colegio y la discriminación
Cuando tenía 11 años, Pascual fue a estudiar a la ciudad de Traiguén. “Llegábamos del campo y éramos mapuches, lo que nos convertía en el blanco de las burlas”, relató en una entrevista con un periódico Mapuche, donde recordó una escuela en la que se marcaba la “diferencia por color de piel”, en la que “el más morenito siempre era el último del curso”, “era centro de las bromas y hasta los profesores nos trataban mal”.
Pascual no quería seguir estudiando, pero igual accedió luego a la enseñanza media, donde se encontró en una situación opuesta. “Entré a turismo, no tenía idea del asunto, pero elegí turismo. El liceo tenía una característica particular: promocionaba la interculturalidad, algo novedoso que a nosotros (Pascual y sus hermanos Carlos, Rafael y Jamelia) nos gustó, también a mis padres, que ya estaban dentro del movimiento mapuche. Fue un periodo muy lindo. En ese tiempo había una recuperación muy fuerte de la identidad, ahí conocimos mucha gente hicimos muchos amigos, impulsamos iniciativas culturales, creamos el grupo (de música) Kimkache cuando estábamos en segundo medio y a través de Kimkache pudimos fortalecer nuestra identidad y encontrarnos con otros jóvenes. Eso nos ayudó a tomar conciencia de que éramos mapuches y miembros de un pueblo con una gran historia. Allí nos graduamos en el 2001”.
3 de mayo de 2010
La bicicletería

Los creadores de una bicicletería solidaria instalada en un barrio surgido de un asentamiento platense iniciaron una campaña de ayuda para recolectar cuadros, ruedas, pedales, manubrios, cajas dedaleras, estrellas, cadenas y asientos que pueda usar para reciclar y construir bicicletas. Ya hicieron 35, que se repartieron entre los chicos de la zona, pero van por más: quieren armar bicis para vender y poder avanzar con otros proyectos. No lo pueden evitar. Y ahí están: en medio de una comunidad que pelea por la tierra en los estrados judiciales y que avanza paso a paso en su transformación, de un descampado abandonado a un barrio con calles asfaltadas e iluminadas, con una plaza y la bicicletería como insignias, y un centro cultural y un centro médico en construcción. "El Centro de Resistencia Cultural Barrial nace en defensa de asentamientos y en la lucha contra las acciones de desalojo promovidas desde el Estado", se presentan. Más claro, imposible.
La Resistencia… nació en el barrio Los Robles, que ocupa seis manzanas en la zona de 16 y 609 y nuclea a algunos vecinos y jóvenes formados en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), con intereses personales que no terminaban de encajar en ninguna organización social o política, aunque trabajan en sintonía con el padre Luis Farinello, cuya fundación les brinda su apoyo.
Sebastián Cuccio es abogado y tiene 36 años. Hacía siete años que había dejado de ejercer el derecho cuando una familia amiga le pidió que interviniera en un juicio por desalojo. "Yo no sabía dónde vivían, pero a partir de ese acercamiento y de conocer su situación, es que tomé un compromiso con la gente que ocupa una tierra porque no tiene dónde vivir", describe.
Anita Osaba es periodista y tiene 29. "Conocí la experiencia de Sebastián durante el año pasado y me sumé para la realización de los talleres, pero no tenía ni tengo ninguna militancia política sino sólo convicciones", explica.
Como ellos, un grupo heterogéneo participa de La Resistencia… cuyo último logro fue el taller de bicicletas al que llamaron "Los Roblecitos".
–¿Cómo nació la bicicletería?
–Surgió como necesidad. En este barrio, arreglar una pinchadura de dos o tres pesos puede significar tener la bici colgada durante dos o tres meses– cuenta Cuccio.
–¿Cómo funciona?
–Ya reciclamos 35 bicicletas que fueron para los chicos del barrio, más algunas que hicimos para vender. Tres de los chicos: Pilín, Diego y Jhonny, le agarraron la mano. Vienen a contraturno de la escuela o entre las cinco y las ocho de la tarde.
–También los fines de semana– agrega Osaba.
–¿Ya vendieron muchas bicicletas?
–Es la idea, pero sólo vendimos algunas pocas, porque por ahora las bicicletas que armamos se las dimos a los chicos del barrio. Pensamos que podemos vender algunas más y, con esa plata, bancar el proyecto. Los chicos que trabajan se quedan con un porcentaje, como para que, de a poco, jugar con lo que es el cooperativismo. El resto lo usamos para comprar repuestos. A los chicos no se les cobra el arreglo, pero cada uno tiene que arreglar su propia bici. Les damos las herramientas y los guiamos, pero lo valioso es que aprendan. A los grandes, en cambio, se les cobra algo, aunque siempre un poco menos que en una bicicletería del centro– continúa la periodista.
–¿Quién les enseñó a arreglar bicicletas?
–Aprendieron en lo de Bigote. Este proyecto no hubiera sido posible sin Bigote, un tipo que cuando falleció les dejó la bicicletería en herencia a sus empleados. Ahí le enseñaron el oficio a un chico del barrio, que a su vez les enseñó a los otros. La bicicletería de Bigote nos permite acceder a los repuestos al costo o nos da algunas piezas para que las reciclemos– añade Osaba.
LOS PROYECTOS. Jhonnatan, de 9 años, fue quien hizo visible la necesidad de la bicicletería. El pibe, que es sordo, andaba en una bicicleta para adultos, sin pedales y algunas veces sin la cámara, por lo que la cubierta sobre el piso lo obligaba a hacer una fuerza que conmovía. Como se le zafaba el pie, se lo ataba, lo que significaba una seguidilla de caídas y golpes.
Gladys Barragán, hija de Roberto Barragán, "el tipo que tuvo la mala idea de crear la plaza del barrio –broméa Cuccio–, trabajó doble turno para comprar una casilla de cuatro por cuatro" en donde hoy funciona "Los Roblecitos".
Pero la bicicletería no es el único proyecto en marcha en el barrio Los Robles. En la plaza La Resistencia… se construye en estos días un centro cultural en donde, además del apoyo escolar, darán talleres de teatro, cine, música, plástica y fotografía, por mencionar sólo los que ya están confirmados; mientras esperan que la Municipalidad de La Plata construya el centro médico que se logró a partir de ganar el último presupuesto participativo.
"También vamos a trabajar sobre micro emprendimientos productivos, como en la realización de huertas y en talleres sobre salud preventiva y primaria", cuenta Osaba.
Para Cuccio, se trata de trabajar sobre tierra –y vivienda–, educación y salud desde lo cultural. "Estos barrios se forman por el crecimiento de la ciudad y quedan lejos de todo", describe. Y agrega: "Estas tierras todavía están en juicio por desalojo y estamos pidiendo la expropiación. La ocupación se produjo hace cinco año y de a poco se formó un barrio. Aunque el terreno ya estaba ahí, Barragán armó los juegos y fundó la plaza hace tres años. En diciembre inauguramos la bicicletería y ya tenemos varias calles asfaltadas, iluminación y los proyectos del centro cultural y el centro médico. Aquí ya hay una urbanización y no hace falta más que levantar la vista para ver que se trata de tierras especulativas. No tienen ni una vaca, ni una planta sembrada. Los dueños son una Sociedad Anónima que no paga impuestos desde hace 60 años y no pueden lotear y vender porque para eso tienen que hacer mejoras, como entubar un arroyo. Pero la gente ya no se quiere ir. Y si le preguntás a los vecinos, todos quieren comprar su terrenito".
–¿Qué pasó con los vecinos?
–Generalmente los vecinos ven una casilla de madera y lo asocian con el mal vivir y la delincuencia, pero acá, por ejemplo, se hizo un trabajo para que el asentamiento se transformara en un barrio- explica Osaba.
–Hoy, este lugar no es un asentamiento, es un barrio. Ese es el gran tema: la transformación– afirma Cuccio.
Foto: Alberto Direnzo
29 de abril de 2010
Adiós a una Madre

La Madre de Plaza de Mayo platense Lidia Anselmi de Díaz murió hoy, a los 87 años. Luchaba por la búsqueda de su hijo Ricardo Antonio Díaz Anselmi, desaparecido el 7 de febrero de 1977, y para saber qué pasó con él. Buscaba una verdadera justicia. “Todos los desaparecidos son nuestros hijos, como todos los niños apropiados son nuestros nietos. Los que encontramos y los que vamos a encontrar”, escribió, hace unos días, en Diagonales.
Las Madres de Plaza de Mayo de La Plata informaron su muerte con tristeza porque se fue una compañera infaltable e infatigable, muy solidaria y querida.
Lidia había comenzado la búsqueda de su hijo el mismo día que desapareció porque, contó, al tener un marido militar, tenía pleno conocimiento de lo que estaba pasando en el país. Recorrió comisarías, cuarteles e iglesias, inició las rondas en la Plaza de Mayo y en 1980 viajó a Brasil a entrevistarse con el Papa Juan Pablo II.
En una nota que escribió para Diagonales, explicó: “Dicen que el camino se hace andando, y en el andar de las Madres hay muchos recuerdos, muchas cosas compartidas. Tal vez se nos confundan algunas fechas, porque los años han pasado, pero no se nos confunden los hechos porque están amparados por la verdad que se relata día a día”.
Sus compañeras aseguraron que “Lidia se fue a rondar a otro espacio, a una ronda que es invisible a nuestros ojos pero desde la que nos acompaña”.
Sus restos son velados en Vuida de Boccia y Hermanos, en 57 entre 13 y 14 y el sepelio será mañana, a las 9, en el cementerio local.
25 de abril de 2010
Hijo de desaparecidos da pelea contra las mineras en Andalgalá

Tenía apenas un año y medio cuando el Ejército y la Policía Bonaerense atacaron su casa con ametralladoras, fuego de mortero y bombas de fósforo; la madrugada del 22 de noviembre de 1976. Como dos días después iba a pasarle a Clara Anahí Mariani, aquella trágica madrugada él fue el único sobreviviente. Antes de morir, su papá logró ponerlo dentro de un colchón enrollado y tirarlo a la casa vecina. Su mamá, que estaba embarazada y le faltaba sólo una semana para dar a luz, murió en la balacera con su bebé en la panza. “A mí me secuestró Etchecolatz y me entregaron a una familia de un suboficial, pero a las dos o tres semanas me recuperaron mis abuelos”, contó Nicolás a Diagonales. Creció en Olavarría, volvió a La Plata a recuperar su historia y desde 2005 vive en Andalgalá, en Catamarca, donde se encontró con la minería a cielo abierto que ahora denuncia. Esta es la primera vez que cuenta su historia a un medio de comunicación.
El 15 de febrero un grupo de élite de la policía catamarqueña desató una brutal represión sobre los vecinos que se oponen a la minera Agua Rica, proyecto que pretende operar a 17 kilómetros de Andalgalá, y que es tres veces más grande que el muy cuestionado Bajo la Alumbrera. Un platense llamado Nicolás Berardi, hijo de desaparecidos, fue detenido ese día a las 17 y liberado 8 horas después, por la presión ejercida por más de 5 mil de los 17 mil vecinos del pueblo, quienes, pese a los golpes, las balas y los gases, rodearon la comisaría y exigieron a pedradas la liberación de los manifestantes detenidos.
De visita en La Plata, Nicolás se tomó unas horas para hablar con Diagonales. La entrevista fue en un bar de 4 y 51, mientras en el ex edificio de la Amia, a media cuadra, se desarrollaba el juicio a los penitenciarios y médicos de la Unidad 9 acusados de crímenes y torturas cometidas en el penal durante la última dictadura. Berardi veía pasar a los militantes, las madres, las abuelas y ex detenidos desaparecidos mientras evocaba su historia.
BICHICUÍ. María Isabel Gau iba a la Escuela Normal y Adolfo José Berardi, al Instituto José Manuel Estrada de Olavarría cuando se pusieron de novios. Terminaron el colegio, se casaron y en 1971 se mudaron a La Plata, donde empezaron a estudiar. “Ella hacía el Profesorado de Biología y él, el de Ciencias Económicas”, recordó Nicolás. Ambos militaban en la Liga de Estudiantes Socialistas y con el triunfo de Héctor Cámpora pasaron a la Juventud Peronista. Fueron Montoneros y pasaron a la clandestinidad en septiembre de 1974.
La casa de los padres de Nicolás, en 63 entre 15 y 16, era una de las tres viviendas operativas de Montoneros en La Plata. “Funcionaba como un centro de falsificación de documentos para los militantes clandestinos, que tenían pedidos de captura y necesitaban moverse por el país”, explicó. Las otras eran la de Mirta Noemí Dithurbide, en 139 entre 47 y 49 (no hay 48) que cayó el mismo 22 de noviembre, pero al mediodía, y le costó la vida a seis militantes; y la de Diana Teruggi y Daniel Mariani, en 30 entre 55 y 56, en la que el 24 de noviembre de 1976 fueron asesinados cuatro jóvenes militantes y fue robada la bebé Clara Anahí Mariani Teruggi.
Si bien no hay una certeza sobre cómo fue que las casas cayeron con tan pocas horas de diferencia, Nicolás supone que los grupos de tareas llegaron a su casa después de haber secuestrado a un ingeniero de apellido García Cano, quien habría construido en las tres viviendas lo que en la jerga de montoneros se llamaba “embutes” y que podrían ser descriptos como escondites muy sofisticados y difíciles de abrir.
Los tres operativos fueron conducidos por Ramón Camps y Miguel Osvaldo Etchecolatz, cuya presencia está confirmada al menos en las casas Gau-Berardi y Teruggi-Mariani. En ambos casos, además, se menciona que los bebés que sobrevivieron a las balaceras quedaron en manos de Etchecolatz.
Aquellos días de terror, de ráfagas de ametralladoras, fuego de morteros y bombas de fósforo, los padres de María Isabel Gau estaban en La Plata. Paraban en el Hotel Provincial, donde esperaban la llegada de su segundo nieto. De pronto, se encontraron con que habían matado a su hija embarazada y su nieto de un año y medio estaba con un suboficial de policía identificado como Aquiles Caputo. “Deben haber tenido la impunidad de las personas del interior que no sabían nada”, especuló Nicolás. Lo cierto es que llegaron a Etchecolatz. “Me contaron que el tipo los llevó a su oficina, los sentó frente a él y me puso a mí en el medio. Entonces, les dijo que yo iba a elegir con quién quedarme. Bichicuí, me llamaba mi abuela. Y me fui con ella”.
–¿Bichicuí?
–Dicen que era el apodo con el que me llamaban mis viejos.
–¿Tienen idea de la razón por la que Etchecolatz cumplió con su palabra?
–Es una de esas cosas que no tienen explicación. Tengo una abuela de apellido Aguer y tal vez, dentro de las muchas hipótesis que manejamos, creemos que esa situación los haya intimidado. Es raro. No tenemos certezas.
Cuando le devolvieron a Nicolás, los apropiadores entregaron también su cuna, sus juguetes y toda su ropa, que había sido robada de la casa y formaban parte del cuarto que le había armado su apropiador.
Nicolás creció en Olavarría con sus papás como desaparecidos. Vivía con sus abuelos maternos. Un fin de semana lo pasaba con su abuela paterna y el otro con el abuelo, que vivían separados. “Tenía –recordó– tres historias distintas”.
“Mi abuelo murió en 1977, no resistió lo de mi vieja. Con la llegada de la democracia, en 1983, la asesoría de psicólogos recomendó que nos mudáramos y nos fuimos a La Pampa. Viví con mi abuela materna, mis tías y primos de mi edad”. A los 18 años, Nicolás eligió volver a La Plata a estudiar. Hizo Diseño y después Educación Física, pero se quedó con el profesorado de Ciencias de la Educación.
“Yo llegué sabiendo que mis viejos eran desaparecidos. Y acá me puse a averiguar qué había pasado. Quería recuperar las casas en donde había vivido y, entonces, hice un juicio de declaratoria de herederos. En esa época, dibujaba bebés dentro de ojos. Iba al psicólogo y pensaba que me pasaba algo, pero entonces un tío vino a contarme que mi mamá estaba embarazada cuando la mataron”, recordó.
Nicolás hizo un juicio por desalojo y, después de perder y apelar, recuperó su casa en 2004, con técnicas de okupas: “Había sido usurpada en el ‘83 por el familiar de un policía, un tipo que andaba en el robo de autopartes o algo así. Miré el lugar hasta que se fue. Un día puse un ladrillo en la puerta, esperé una semana y entré cuando confirmé que no había nadie. Ahora viven dos chicos de Olavarría y una chica de Andalgalá”.
Del 22 al 24 de noviembre la casa abre sus puertas. Se imprimen 200 invitaciones que se reparten entre los vecinos más cercanos y se realiza una convocatoria a realizar algunas actividades culturales. La primera vez, el matrimonio de la casa de enfrente se presentó ante Nicolás con una mamadera y un par de chupetes que habían usado la noche que mataron a sus padres para tratar de calmarlo después de la balacera, cuando la policía empezó a vaciar su habitación para mudarla a la casa de su apropiador.
Después de terminar sus estudios, en 2005, Nicolás entendió que debía buscar su lugar en el mundo. Estaba entre Córdoba y Andalgalá, donde finalmente se instaló, conoció a Paz y ahora tiene un hijo de un año y medio.
EL ALGARROBO. En Andalgalá, Nicolás es uno de los hippies. Uno de los jóvenes que llegaron de ciudades importantes para vivir conectados con la naturaleza. Así lo categorizan las autoridades comunales, que cuando hay un alguna movida ecológica preguntan: ¿cuántos hippies hay ahí? “No se animan a decir subversivos, pero también nos dicen fundamentalistas, terroristas y extremistas”, reveló.
El problema para las autoridades parece ser que los “hippies” no son los únicos que se oponen a la minería a cielo abierto. Cada protesta reúne unas 2.000 personas y después de la represión, en febrero, 5.000 vecinos salieron a la calle y se la tomaron con la comisaría.
“Cuando la policía llegó al pueblo, las chicas y las señoras le llevaban agua y frutas frescas, pensando que la represión iba a ser menos dura. Ni se imaginaban lo que iba a pasar”, explicó Nicolás.
Unas 20 mil personas viven en Andalgalá, que a través del riego por acequias mantiene plantaciones de membrillo, nogales y olivos.
La minera Agua Rica todavía está en etapa de exploración. Ubicada entre 17 y 25 kilómetros del centro del pueblo (según midan los vecinos o la empresa), en donde nacen los ríos que alimentan de agua a la población, se calcula que su tamaño será tres veces más grande que La Alumbrera y que cada pozo –abierto con 25 mil kilos de dinamita– tendrá un diámetro de un kilómetro y una profundidad de mil metros. A lo lejos se ven las luces de la minera, que consumiría más energía que la ciudad de San Miguel de Tucumán.
“La roca sale hecha polvo y a ese polvo se le pone agua. En un segundo usan el agua potable que usaría toda una familia en un año. Al concentrado que queda lo someten a un proceso de lixiviación con cianuro, que hace que se separen los metales. Sacan oro, plata, cobre, molibdeno -que es una mezcla de metales-, uranio y tierras raras, que caen en un dique. Por cañerías lo llevan de Catamarca a Santiago del Estero –310 kilómetros–, pasando por Tucumán. En Santiago del Estero lo cargan en camiones hasta Santa Fe, donde parten en barco con destino a Canadá, según dicen. El uranio es materia prima para desarrollar tecnología atómica y las tierras raras son utilizadas para tecnología de alta complejidad en la industria armamentística”, describió Nicolás. Y afirmó: “El mayor problema es que se trata de una industria química y el derecho al agua es el derecho por excelencia de los pueblos, un derecho a la vida”.
–¿Qué hay que hacer?
–Hay que prohibir el modo de producción a cielo abierto. Tiene que prohibirse la minería por lixiviación química con utilización de cianuro. Canadá, Europa y casi todo Estados Unidos ya lo hicieron. No existe la minería química a pequeña escala sin contaminación.
–¿Cómo hacen?
–Hay que volver a la minería tradicional, que no es tan insegura como antes, a las minas capillitas, por socavón y galería. Más artesanal.
–¿Agua Rica no producirá trabajo para la región?
–Si La Alumbrera fuera tan óptima, Catamarca no sería tan pobre. Ya no podemos pensar que las promesas van a ser reales.

Andalgalá, ubicada al noroeste de Catamarca, es la tercera ciudad en importancia de la provincia.
RECUADROS
Laura y María del Cielo
El mediodía del 22 de noviembre de 1976 la policía bonaerense y el ejército cayeron sobre una casa de 139 entre 47 y 49 de Mirta Noemí Dithurbide y su compañero Roal Montes. Mirta, que tenía 19 años y una hija llamada María del Cielo, estaba embarazada y murió en el ataque. También murieron Montes, Miguel Ángel Tierno, María Graciela Toncovich y Elda Aída D'ipolito.
La abuela de María del Cielo, que vivía a dos cuadras, había notado movimientos raros en el barrio y había ido a buscar a su nieta. También se llevó a Laura, hija de Elda D'ipolito, quienes vivían en la misma casa. Las dos nenas llegaron a escuchar un tiroteo muy ruidoso y prolongado. “No sé cómo y por qué sabíamos que se trataba de un ataque a mi casa, mis cosas y mi familia. Yo los creí inmortales y recuerdo que escondidas debajo de la mesa de la cocina gritábamos con Laura ‘dale que ganamos’”, contó María del Cielo en una denuncia, en 1998.
Clara Anahí
El 24 de noviembre de 1976, un grupo de 150 policías de la Bonaerense al mando de Ramón Camps y Miguel Etchecolatz arrasaron la casa de la calle 30 de La Plata en la que vivían Daniel Mariani y Diana Teruggi, con su hija, Clara Anahí, que en ese momento tenía tres meses.
Daniel Mariani no estaba en la casa, aunque fue asesinado ocho meses después. Además de Diana, murieron en el ataque Roberto César Porfidio, Juan Carlos Peiris y Daniel Mendiburu Elizalde. Clara Anahí sobrevivió por una acción de su mamá: así como el papá de Nicolás lo metió en un colchón y lo pasó a la casa del vecino, tras la primera descarga, Diana escondió a Clara Anahí en una bañera, bajo una pila de almohadones.
Después del tiroteo, la bebé fue robada y hasta la fecha permanece desaparecida, aunque se sospecha que podría ser Marcela Noble, criada como propia por la dueña del multimedios Clarín, Ernestina Herrera de Noble.
Su abuela, María Isabel “Chicha” Chorobik Mariani, lleva adelante una búsqueda que este año cumplirá 34 años.
La Alumbrera
En Bajo Alumbrera, la minera habría dejado un cráter de dos kilómetros de diámetro y 600 metros de profundidad. Según denuncias, en un mes se utiliza allí la misma cantidad de dinamita que en el resto de Argentina en un año. Por día se muelen 340 toneladas de tierra de las que se obtienen, gracias a los ácidos, seis gramos de oro y seis kilos de cobre por tonelada.
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