"La gente cree estar plenamente informada sin haberse aproximado siquiera a una sola idea que contradiga sus prejuicios", Bill Keller.
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7 de noviembre de 2011

Aquel viaje sin retorno

La única certeza que tuvo cuando se enteró que estaba embarazada fue que no quería ser mamá. Habló con su novio y decidieron que podrían ir a un hospital a pedir ayuda. No sabían qué podían hacer, ni cómo, ni dónde. XX fue a varios hospitales platenses y terminó pagando $3.500 por un aborto clandestino que le realizaron en algún consultorio del que no sabe ni la dirección.
XX no tiene nombre, ni siquiera de fantasía. Sólo es una mujer de 27 años, que vive en La Plata y que aquel día de incertidumbre inició un recorrido por los hospitales donde el maltrato fue moneda corriente. Buscaba una guía, una ayuda. Las pastillas no habían funcionado. La falta de respuestas la llevaron a un hospital de Florencio Varela, donde tampoco pudieron ayudarla. Fueron los amigos los que la guiaron hasta un médico que la operó en un consultorio.
La operación se hizo en una especie de clínica, un consultorio con una sala de operaciones, con la intervención del médico de nombre desconocido, al que nunca antes había visto, con la ayuda de una enfermera a la que apenas vio, en un lugar también desconocido de la ciudad.
Luego de acordar el precio, XX esperó que la pasaran a buscar en una esquina de la ciudad. Su novio no podía acompañarla, sólo pudo dejarla sola en la esquina, y esperar, porque tampoco sabía dónde irían. El auto era conducido por el supuesto médico y la enfermera iba en el asiento del acompañante. “Mirá para abajo”, le pidieron. Ella hizo caso y se dejó llevar. No sabe dónde fue.
Cuando llegaron al consultorio le pidieron que siguiera con la vista en el piso y la tomaron del brazo para guiarla. La entraron al consultorio, acondicionaron la operación y la anestesiaron. Se durmió.
Cuando despertó, la enfermera le dijo que todo había salido bien, que se quedara tranquila, que tendría que esperar un rato para que se le pasara la anestesia.
XX esperó y cuando estaba un poco más despierta la subieron al auto, le pidieron que mirara para abajo y la llevaron a la misma esquina donde la habían levantado.
Fue a su casa, vomitó, se sintió mal, tuvo dolores y un pequeño desorden hormonal, pero todo salió bien. Esa fue su experiencia.

14 de febrero de 2011

@RodolfoWalsh


Más de mil usuarios de la red social Twitter leen los microtextos de un usuario que se presenta como Rodolfo Walsh y relata las anécdotas que lo llevaron a escribir el libro Operación Masacre, la primera obra de “ficción periodística” o novela testimonial. En tiempo real, desde hace un año, una pareja de comunicadores especializados en medios digitales y social media, evocan al periodista y escritor y rememoran el día a día de la investigación del fusilamiento ilegal de 12 hombres, ocurrido el 9 de junio de 1956 en José León Suárez, como consecuencia de la sublevación contra gobierno de facto de la autodenominada “Revolución Libertadora”, y del que siete detenidos resultaron sobrevivientes.
¿Qué habría sucedido si Rodolfo Walsh hubiese utilizado Twitter en el año 1957? Es la pregunta que trataron de responder.
Alvaro Liuzzi tuvo la idea una tarde de julio de 2010 en la que daba una charla en Mar del Plata. No sabía bien qué iba a hacer, pero quería usar la red social que el año pasado explotó en Argentina para homenajear a Walsh. Iba a hablar de blogs y periodismo multimedia cuando se le ocurrió decir que “Operación Masacre está tan bien escrito que no lo lees, lo ves”. Y concluyó: “Se trata de una obra que podría darse a conocer en cualquier plataforma”.
Fue entonces cuando decidió crear el usuario @RodolfoWalsh, al que empezó a presentar, todavía sin una idea definida.
A diferencia del Facebook, donde la gente se hace amiga, en Twitter los usuarios se siguen. Y lo primero que hizo Liuzzi fue seguir a varios periodistas y militantes kirchneristas, muchos de los cuales se alegraban de la ocurrencia y festejaban que los siguiera Rodolfo Walsh.
Pronto, sin embargo, algunos empezaron a sentirse incómodos. “Antes de Operación Masacre, Walsh era antiperonista y yo tiraba palos contra el peronismo, contra Perón. Decía que no entendía al peronismo. Entonces, me di cuenta que estaba a seis meses de que se enterara de los fusilamientos”, relató Liuzzi a Diagonales.
En esos días, Vanina Berghella, creadora de la web Tu Bicentenario, ya se había sumado al trabajo, entusiasmada con la idea del homenaje. Como Walsh y Enriqueta Muñiz, hicieron un equipo que comenzaría a desgranar el paso a paso de la investigación en micromensajes de 140 caracteres.
“Después de llevar tres o cuatro meses con la cuenta, empezamos a sincronizar los mensajes: de 2010 a 1956, de 2011 a 1957”, describió el periodista.
En un bar de La Plata, a metros de la casa en la que Walsh vivía cuando inició su investigación, Luizzi recordó el día en que su @RodolfoWalsh se enteró que un hombre había sobrevivido a un fusilamiento. Para Walsh fue el martes 18 de diciembre de 1956, para @RodolfoWalsh fue el sábado 18 de diciembre de 2010. “Ese día lanzamos el sitio (http://proyectowalsh.com.ar), con el que se completa el proyecto con entrevistas documentales”, explicó.
Para no faltar a la verdad, o al menos a la que legó el auténtico Walsh, Liuzzi y Berghella se valieron de un apartado en el que el periodista describe día a día los pormenores de su investigación. Así, aquel 18 de diciembre @RodolfoWalsh contó: “Anoche, frente a un vaso de cerveza, alguien me dijo ‘hay un fusilado que vive’. Impactante historia, trataré de investigar”. Un día después, anunció: “El dato que escuché: realizaron fusilamientos clandestinos durante la noche del 9 de junio”. Y reveló: “Me la relató anoche Juan Carlos Livraga, dice ser unos de los fusilados que logró escapar con vida…”.
La última noticia de la cuenta de Twitter es el hallazgo de un tercer sobreviviente, Horacio Di Chiano. “Allí estaba, el tercer resucitado, vivito y coleando”, contó @RodolfoWalsh. Quienes empiecen a seguirlo hoy, podrán ser testigos del hallazgo de los otros cuatro sobrevivientes y el proceso que lo llevó a publicar Operación Masacre, la primera obra de “ficción periodística” o novela testimonial. Y convirtió a un antiperonista en jefe de Inteligencia de Montoneros.

Foto: Alberto Direnzo

22 de junio de 2010

Los trabajadores de Sniafa esperan una definición para conocer su futuro laboral



Un reflector con un tubo fluorescente ilumina un pequeño pasillo entre las máquinas en el sector de estirados de la hilandería. La zona sería una boca de lobo si la luz se apagara. Encendida, los trabajadores vigilan que nadie se lleve nada. Sniafa está parada y sus enormes galpones son una heladera. Si la fábrica estuviera funcionando, el calor de las maquinarias haría que la temperatura superara los 25 grados en esos mismos gélidos ambientes. Para paliar el frío, los que bancan la toma se reúnen en la cocina, donde prenden las hornallas, o en la guardia, donde tiraron cables para conectar una estufa, algunas lámparas y un televisor. La electricidad está cortada por falta de pago y hace dos meses que la empresa no paga los sueldos. Tampoco mandó telegramas de despido ni notificó suspensiones. Nada. Ellos se presentan a cumplir sus horarios y algunos se quedan a dormir, para que los edificios no sean saqueados.

–¿Qué fue lo que pasó? -preguntó Diagonales en medio de la cocina.
–¡Se afanaron todo! –explicó uno de los trabajadores.
–Claro ¿qué va a pasar? -advirtió otro.
–Igual, habría que preguntarle a los dueños –intervino un tercero–. A nosotros nos dejaron de pagar los sueldos. Cuando quisimos acordar nos dimos cuenta que no había insumos. Hoy la empresa está en concurso de acreedores y, si no se homologa el acuerdo, el 8 de julio, va a la quiebra.
–¿Creen que la empresa podría haber continuado con la producción?
–Todavía vienen muchos clientes a preguntar si esto va a seguir así, porque nosotros éramos sus principales proveedores y ellos también tendrían que cerrar -agregaron.
–Todo pasó en 15 días. No teníamos stock y trabajábamos el día a día. Ahora sabemos que se remató mucho hilo y nos dimos cuenta de que no compraban materia prima. Fue premeditado, pero nosotros nos enteramos tarde: el día que cortaron la luz.
El jueves 13 de mayo fue el último día que hubo trabajo en Sniafa. A las cuatro de la tarde, en plena producción, EDELAP cortó la luz de la fábrica de 30 y 508 por falta de pago. “Ese día dejamos de trabajar. Y una semana después empezamos a venir para que no se llevaran las máquinas ni el hilo que había quedado en el depósito”, contó Alicia, antes de alegrarse por la presencia de Sebastián Sorrenti, un hombre de “81 años y medio” que se jubiló como gerente de la empresa y aún camina entre los carreteles, convencido de que no hay que esquivar las situaciones difíciles (ver aparte).
Aunque había problemas con los sueldos, que se pagaban en cuotas, y no tuvieron aumentos en el último año, el corte de luz tomó por sorpresa a los 180 trabajadores de Sniafa. En los últimos tres o cuatro años, además, se notaba una falta de inversión en maquinarias y mantenimiento del edificio. “Evidentemente algo pasaba”, reconoció Alicia.
Fundada en 1948, Sniafa no sólo vendía en el mercado interno, sino también para Brasil, donde llegó a exportar el 70 % de su producción. La empresa es única en Sudamérica. Además de los hilados sintéticos poliamídicos, hasta que le cortaron la luz, produjo polímeros de caprolactama. “Acá se vende todo, desde el hilado hasta las sobras, no se desperdicia nada, todo es ganancia. Hay muchas fábricas, pequeños emprendimientos, que dependen de nosotros. Hay muchísima gente que nos pide que no permitamos que la empresa se venga abajo”, afirmó Alicia.
La empresa, que pertenece a Solea Trust Reg y al fondo de inversión The Tower Fund, era conducida por Benjamín Pedro Uriburu, su principal accionista.
“Uriburu es el que llevaba adelante la empresa y el que no nos pagaba los sueldos. Suponemos que se quedó con el dinero que entraba por la poca o mucha venta, porque no pagaba nada: no hacía los aportes jubilatorios, las cargas sociales, ni a la obra social. Así que todo ese dinero, que a nosotros nos descontaban, también debe haber ido a parar a sus bolsillos”, explicó Alicia.
Por ahora, la situación de los 180 trabajadores es de pura incertidumbre. Creen que hay un interesado en comprar la fábrica, pero no saben ni de quién se trata. Algunos de ellos, tal vez 100 o 120, podrían ir a trabajar a Mafi-ssa, la otra gran hilandería de la región. Y hay quien dice que, con una ayuda estatal, los trabajadores podrían poner a la empresa en funcionamiento. No hay certezas.


Un optimista que confía en el potencial de la empresa
Sebastián Sorrenti empezó a trabajar en Sniafa el 1º de enero de 1955, cuando la hilandería tenía apenas 6 años y funcionaba en Plátanos. Llegó a ser gerente de desarrollo y asesoramiento tecnológico, se jubiló y continuó como asesor hasta que, al igual que el resto de los trabajadores, un día se encontró con el concurso de acreedores y la quiebra inminente. Es, sin embargo, un hombre optimista que confía en el potencial de la fábrica.
“Sniafa es una de las más importantes productoras de hilados de nylon para uso textil. Responde a las necesidades del mercado interno y también fue una importante exportadora. Desde que se instaló el Mercosur, llegó a competir con las más importantes productoras del mundo y sobrevivió al mercado exportador por su excelencia, consolidada en su servicio técnico”, aseguró, parado en el medio de un galpón que debería estar a más de 25 grados, y que sin embargo deja circular un frío helado que cala hasta los huesos.
Con su campera cerrada hasta el cuello, Sorrenti asegura que “el cierre de la fábrica es un perjuicio para la nación, porque los hilados que puede fabricar son un insumo vital para muchos industriales textiles que tendrán que importar su materia prima, porque hay muy pocos productores locales. En los últimos años, Sniafa creó una sala para urdido (enrollado) del hilado que es única en el país, y que le permite preparar la materia prima para ser utilizada directamente por las tejedurías”.
Sorrenti se presentó como técnico perito textil y recordó sus tiempos como profesor de tecnología textil de la primera escuela técnica fundada por la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación profesional, creadas por el peronismo para educar en la enseñanza técnica.
El hombre tiene una experiencia, un conocimiento, un saber, que quiere transmitir: “si hay algún funcionario que quiera conocer la importancia de lo que se puede hacer en esta empresa, me ofrezco a explicárselo cuando crean oportuno”, afirmó. Y agregó: “a mi juicio, el estado no se puede desentender del problema que hay en esta empresa y debe colaborar para dinamizar inmediatamente, lo más rápido posible, la plata. Para que siga siendo lo que fue, incluso más allá de las fuente de trabajo”.

24 de mayo de 2010

Le dan 45 días más de cárcel al estudiante de periodismo de la UNLP detenido en Chile


Cristian Molina es compañero de Pascual, con el que filmó un documental para una cátedra libre de la Universidad Nacional de La Plata (Foto: Eva Cabrera)

El estudiante de periodismo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) detenido en febrero pasado en Chile, condenado por incendiar un camión en 2002, sumó una nueva pena de 45 días de arresto por circular con documentación de su hermano, acusado del delito de “suplantación de identidad”. Pascual Pichún Collonao (27) vivía en La Plata y tenía en Argentina un permiso provisorio como refugiado político. Sabía que no debía volver a su Ñirripil natal, pero no aguantó: fue detenido por carabineros en Temuco, durante un control de rutina, el 26 de febrero, día que comenzó a cumplir su sentencia.
Pascual forma parte de una familia mapuche que vive en la comunidad Antonio Ñirripil, en Temulemu, en la comuna de Traiguén, en la IX Región de la Araucanía, en Chile. Su papá, que también se llama Pascual Pichún, es un logko, un cacique reconocido por la lucha por sus derechos de restitución territorial y gestión económica, política, social y cultural mapuche.
Al igual que su hermano Rafael, Pascual y su papá fueron acusados, procesados y condenados en 2003 a cinco años y un día de prisión por diferentes delitos relacionados con su lucha, aunque, después de un año de prisión, Pascual logró cruzar a la Argentina, donde vivió en la clandestinidad hasta que consiguió un permiso provisorio en donde se lo reconocía como refugiado político. Entonces, dio una entrevista a la revista Azkintuwe en la que contó parte de su historia.
Los hermanos fueron detenidos el 12 abril de 2002 acusados de incendiar un camión forestal que prestaba servicios a la forestal Nancahue, de propiedad del abogado, latifundista, ex ministro de agricultura de Patricio Aylwin, miembro del Tribunal Constitucional y presidente de la Fundación Pablo Neruda, Juan Agustín Figueroa Yávar, bajo los cargos de “atentado incendiario y homicidio frustrado”. Pascual y Rafael, que entonces tenían 19 y 20 años, pasaron un año en la cárcel de Traiguén, condenados por el Tribunal Oral en lo Penal de Angol sin beneficios; hasta que iniciaron una huelga que duró 35 días (30 días de huelga de hambre y cinco de huelga seca). “A tanto llegó la gravedad de nuestra situación que nos tuvieron que internar en el hospital. Ahí aceleran el proceso y llegamos a juicio oral en enero del 2003”, relató.
El resultado del juicio fue una condena a cinco años y un día de cárcel, con el beneficio de la libertad vigilada siempre y cuando pagaran una multa de unos 10 mil dólares. Los hermanos pasaron apenas un mes con una prisión domiciliaria, hasta que el beneficio fue revocado porque no habían pagado la multa. En mayo, los Pichún volvieron a la cárcel.
Sin embargo, apenas pasaron una semana presos, y volvieron salir, gracias a un recurso de amparo. Más tarde, en lugar de arresto domiciliario, los Pichún fueron beneficiados por un arresto nocturno, por el que todas las noches dormían en la cárcel de Traiguén. En ese momento, la Corte Suprema de Justicia de Chile ratificó la condena a cinco años y un día de prisión. “Si no pagábamos la indemnización debíamos pagar con cárcel. Cuando nos notifican de eso decidimos pasar a la clandestinidad. Se supone que nadie en Chile puede estar preso por deudas, eso dicen los convenios internacionales, pero para nosotros estaba claro: era la cárcel lo que nos esperaba”.
Los hermanos huyeron de la justicia chilena a fines de 2003. Y, despues de eso, cruzaron a Argentina. Rafael, que tenía mujer e hijos, decidió volver. Pascual vivió clandestino, hasta que en diciembre de 2005 consiguió que el Comité de Efectividad para Refugiados (CEPARE) le otorgara un permiso provisorio que le permitió estar en el país con su propia identidad. Entonces, se decidió a estudiar en La Plata.

LA EXPERIENCIA PLATENSE. La detención de Pascual generó un gran revuelo en La Plata. Sus amigos y compañeros abrieron un blog (http://pascuallibre.blogspot.com) y el grupo de Facebook Pascual Pichun estamos con vos.
Cristian Molina fue compañero de Pascual en varios emprendimientos. Juntos filmaron documentales para la cátedra de “Rescate de la memoria y educación con pueblos originarios” sobre wichis y tobas.
“Antes de venir a La Plata, Pascual vivió en Zapala, en la casa de una tía, y en Buenos Aires, donde dio algunas charlas en la UBA (Universidad Nacional de Buenos Aires) sobre la situación de los Mapuches. En 2004 vino a estudiar periodismo y conoció a (el Director General de Gestión y Extensión de la UNLP) Jorge Castro, quien lo ayudó a dar los primeros pasos en la universidad”, relató Molina.
Buen alumno, pronto se convirtió en ayudante de cátedra de Análisis de la Información. Además, se sumó a la Secretaría de Derechos Humanos de la UNLP, creó y co-condujo el programa radial “La Flecha” (en Radio Estación Sur). Además, colaboraba con el periódico mapuche Azkintuwe, con Indymedia Pueblos Originarios y administraba la web informativa del Encuentro de Comunicadores Indígenas de Argentina.
“Cuando se instaló en La Plata, tenía una vida como la de cualquier estudiante, con la impronta de la militancia en Derechos Humanos”, explicó Molina.
La idea de volver a Chile habría madurado en él en diciembre de 2009, luego de reencontrarse en Zapala con su mamá y su hermana, a quienes no veía desde hacía siete años. Según Molina, el último contacto con la familia había sido un mensaje que recibió en un DVD a mediados de 2007. “Él sabía que a Chile no podía ni llamar por teléfono”, afirmó.
“Pascual volvió a La Plata en enero y empezó a plantear que quería ir a vivir al sur. Planeaba trabajar en un proyecto de extensión universitaria en radio en San Martín de los Andes, dando talleres de locución, animación y producción periodística, pero sus amigos sospechábamos que quería cruzar a Chile. Le advertimos sobre los riesgos y le pedimos que se quedara un año más en La Plata, para terminar la carrera, pero no pudimos convencerlo”, afirmó el compañero. Las cargas política y emocional, y el mandato ancestral, pudieron con él, y Pascual cruzó los Andes. “Es el único de su familia que accedió a la universidad y es el que tiene que continuar con la lucha de su padre”, describió Molina.
El 26 de febrero Pascual iba a participar de una celebración en su Ñirripil natal, pero necesitaba una manta que no tenía y decidió ir al centro a comprarla. Iba con su hermano Rafael cuando los carabineros los detuvieron para identificarlos. Rafael les dio sus papeles y nada. Pascual le dio la identificación de su hermano Alejandro. Los policías dudaron pero los hermanos ya iban a salirse con la suya cuando llegó otro efectivo. A él se le ocurrió que, si había dudas, podrían sacárselas con un análisis de las huellas digitales. Así fue como Pascual Pichún fue identificado y comenzó a pagar una condena por prender fuego un camión. O por ser mapuche.

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"Estuve dos años clandestino y nunca antes había estado tan lejos de mi familia y tanto tiempo sin comunicación."

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"El tiempo que estuve en la cárcel fue también un factor importante para aprender más y reflexionar sobre lo que soy."

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"Para la prensa, los que soñamos y luchamos por una vida mejor para nuestra gente somos los terroristas, los violentos."



El colegio y la discriminación
Cuando tenía 11 años, Pascual fue a estudiar a la ciudad de Traiguén. “Llegábamos del campo y éramos mapuches, lo que nos convertía en el blanco de las burlas”, relató en una entrevista con un periódico Mapuche, donde recordó una escuela en la que se marcaba la “diferencia por color de piel”, en la que “el más morenito siempre era el último del curso”, “era centro de las bromas y hasta los profesores nos trataban mal”.
Pascual no quería seguir estudiando, pero igual accedió luego a la enseñanza media, donde se encontró en una situación opuesta. “Entré a turismo, no tenía idea del asunto, pero elegí turismo. El liceo tenía una característica particular: promocionaba la interculturalidad, algo novedoso que a nosotros (Pascual y sus hermanos Carlos, Rafael y Jamelia) nos gustó, también a mis padres, que ya estaban dentro del movimiento mapuche. Fue un periodo muy lindo. En ese tiempo había una recuperación muy fuerte de la identidad, ahí conocimos mucha gente hicimos muchos amigos, impulsamos iniciativas culturales, creamos el grupo (de música) Kimkache cuando estábamos en segundo medio y a través de Kimkache pudimos fortalecer nuestra identidad y encontrarnos con otros jóvenes. Eso nos ayudó a tomar conciencia de que éramos mapuches y miembros de un pueblo con una gran historia. Allí nos graduamos en el 2001”.

3 de mayo de 2010

La bicicletería


Los creadores de una bicicletería solidaria instalada en un barrio surgido de un asentamiento platense iniciaron una campaña de ayuda para recolectar cuadros, ruedas, pedales, manubrios, cajas dedaleras, estrellas, cadenas y asientos que pueda usar para reciclar y construir bicicletas. Ya hicieron 35, que se repartieron entre los chicos de la zona, pero van por más: quieren armar bicis para vender y poder avanzar con otros proyectos. No lo pueden evitar. Y ahí están: en medio de una comunidad que pelea por la tierra en los estrados judiciales y que avanza paso a paso en su transformación, de un descampado abandonado a un barrio con calles asfaltadas e iluminadas, con una plaza y la bicicletería como insignias, y un centro cultural y un centro médico en construcción. "El Centro de Resistencia Cultural Barrial nace en defensa de asentamientos y en la lucha contra las acciones de desalojo promovidas desde el Estado", se presentan. Más claro, imposible.
La Resistencia… nació en el barrio Los Robles, que ocupa seis manzanas en la zona de 16 y 609 y nuclea a algunos vecinos y jóvenes formados en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), con intereses personales que no terminaban de encajar en ninguna organización social o política, aunque trabajan en sintonía con el padre Luis Farinello, cuya fundación les brinda su apoyo.
Sebastián Cuccio es abogado y tiene 36 años. Hacía siete años que había dejado de ejercer el derecho cuando una familia amiga le pidió que interviniera en un juicio por desalojo. "Yo no sabía dónde vivían, pero a partir de ese acercamiento y de conocer su situación, es que tomé un compromiso con la gente que ocupa una tierra porque no tiene dónde vivir", describe.
Anita Osaba es periodista y tiene 29. "Conocí la experiencia de Sebastián durante el año pasado y me sumé para la realización de los talleres, pero no tenía ni tengo ninguna militancia política sino sólo convicciones", explica.
Como ellos, un grupo heterogéneo participa de La Resistencia… cuyo último logro fue el taller de bicicletas al que llamaron "Los Roblecitos".
–¿Cómo nació la bicicletería?
–Surgió como necesidad. En este barrio, arreglar una pinchadura de dos o tres pesos puede significar tener la bici colgada durante dos o tres meses– cuenta Cuccio.
–¿Cómo funciona?
–Ya reciclamos 35 bicicletas que fueron para los chicos del barrio, más algunas que hicimos para vender. Tres de los chicos: Pilín, Diego y Jhonny, le agarraron la mano. Vienen a contraturno de la escuela o entre las cinco y las ocho de la tarde.
–También los fines de semana– agrega Osaba.
–¿Ya vendieron muchas bicicletas?
–Es la idea, pero sólo vendimos algunas pocas, porque por ahora las bicicletas que armamos se las dimos a los chicos del barrio. Pensamos que podemos vender algunas más y, con esa plata, bancar el proyecto. Los chicos que trabajan se quedan con un porcentaje, como para que, de a poco, jugar con lo que es el cooperativismo. El resto lo usamos para comprar repuestos. A los chicos no se les cobra el arreglo, pero cada uno tiene que arreglar su propia bici. Les damos las herramientas y los guiamos, pero lo valioso es que aprendan. A los grandes, en cambio, se les cobra algo, aunque siempre un poco menos que en una bicicletería del centro– continúa la periodista.
–¿Quién les enseñó a arreglar bicicletas?
–Aprendieron en lo de Bigote. Este proyecto no hubiera sido posible sin Bigote, un tipo que cuando falleció les dejó la bicicletería en herencia a sus empleados. Ahí le enseñaron el oficio a un chico del barrio, que a su vez les enseñó a los otros. La bicicletería de Bigote nos permite acceder a los repuestos al costo o nos da algunas piezas para que las reciclemos– añade Osaba.

LOS PROYECTOS. Jhonnatan, de 9 años, fue quien hizo visible la necesidad de la bicicletería. El pibe, que es sordo, andaba en una bicicleta para adultos, sin pedales y algunas veces sin la cámara, por lo que la cubierta sobre el piso lo obligaba a hacer una fuerza que conmovía. Como se le zafaba el pie, se lo ataba, lo que significaba una seguidilla de caídas y golpes.
Gladys Barragán, hija de Roberto Barragán, "el tipo que tuvo la mala idea de crear la plaza del barrio –broméa Cuccio–, trabajó doble turno para comprar una casilla de cuatro por cuatro" en donde hoy funciona "Los Roblecitos".
Pero la bicicletería no es el único proyecto en marcha en el barrio Los Robles. En la plaza La Resistencia… se construye en estos días un centro cultural en donde, además del apoyo escolar, darán talleres de teatro, cine, música, plástica y fotografía, por mencionar sólo los que ya están confirmados; mientras esperan que la Municipalidad de La Plata construya el centro médico que se logró a partir de ganar el último presupuesto participativo.
"También vamos a trabajar sobre micro emprendimientos productivos, como en la realización de huertas y en talleres sobre salud preventiva y primaria", cuenta Osaba.
Para Cuccio, se trata de trabajar sobre tierra –y vivienda–, educación y salud desde lo cultural. "Estos barrios se forman por el crecimiento de la ciudad y quedan lejos de todo", describe. Y agrega: "Estas tierras todavía están en juicio por desalojo y estamos pidiendo la expropiación. La ocupación se produjo hace cinco año y de a poco se formó un barrio. Aunque el terreno ya estaba ahí, Barragán armó los juegos y fundó la plaza hace tres años. En diciembre inauguramos la bicicletería y ya tenemos varias calles asfaltadas, iluminación y los proyectos del centro cultural y el centro médico. Aquí ya hay una urbanización y no hace falta más que levantar la vista para ver que se trata de tierras especulativas. No tienen ni una vaca, ni una planta sembrada. Los dueños son una Sociedad Anónima que no paga impuestos desde hace 60 años y no pueden lotear y vender porque para eso tienen que hacer mejoras, como entubar un arroyo. Pero la gente ya no se quiere ir. Y si le preguntás a los vecinos, todos quieren comprar su terrenito".
–¿Qué pasó con los vecinos?
–Generalmente los vecinos ven una casilla de madera y lo asocian con el mal vivir y la delincuencia, pero acá, por ejemplo, se hizo un trabajo para que el asentamiento se transformara en un barrio- explica Osaba.
–Hoy, este lugar no es un asentamiento, es un barrio. Ese es el gran tema: la transformación– afirma Cuccio.

Foto: Alberto Direnzo

25 de abril de 2010

Hijo de desaparecidos da pelea contra las mineras en Andalgalá


Tenía apenas un año y medio cuando el Ejército y la Policía Bonaerense atacaron su casa con ametralladoras, fuego de mortero y bombas de fósforo; la madrugada del 22 de noviembre de 1976. Como dos días después iba a pasarle a Clara Anahí Mariani, aquella trágica madrugada él fue el único sobreviviente. Antes de morir, su papá logró ponerlo dentro de un colchón enrollado y tirarlo a la casa vecina. Su mamá, que estaba embarazada y le faltaba sólo una semana para dar a luz, murió en la balacera con su bebé en la panza. “A mí me secuestró Etchecolatz y me entregaron a una familia de un suboficial, pero a las dos o tres semanas me recuperaron mis abuelos”, contó Nicolás a Diagonales. Creció en Olavarría, volvió a La Plata a recuperar su historia y desde 2005 vive en Andalgalá, en Catamarca, donde se encontró con la minería a cielo abierto que ahora denuncia. Esta es la primera vez que cuenta su historia a un medio de comunicación.
El 15 de febrero un grupo de élite de la policía catamarqueña desató una brutal represión sobre los vecinos que se oponen a la minera Agua Rica, proyecto que pretende operar a 17 kilómetros de Andalgalá, y que es tres veces más grande que el muy cuestionado Bajo la Alumbrera. Un platense llamado Nicolás Berardi, hijo de desaparecidos, fue detenido ese día a las 17 y liberado 8 horas después, por la presión ejercida por más de 5 mil de los 17 mil vecinos del pueblo, quienes, pese a los golpes, las balas y los gases, rodearon la comisaría y exigieron a pedradas la liberación de los manifestantes detenidos.
De visita en La Plata, Nicolás se tomó unas horas para hablar con Diagonales. La entrevista fue en un bar de 4 y 51, mientras en el ex edificio de la Amia, a media cuadra, se desarrollaba el juicio a los penitenciarios y médicos de la Unidad 9 acusados de crímenes y torturas cometidas en el penal durante la última dictadura. Berardi veía pasar a los militantes, las madres, las abuelas y ex detenidos desaparecidos mientras evocaba su historia.

BICHICUÍ. María Isabel Gau iba a la Escuela Normal y Adolfo José Berardi, al Instituto José Manuel Estrada de Olavarría cuando se pusieron de novios. Terminaron el colegio, se casaron y en 1971 se mudaron a La Plata, donde empezaron a estudiar. “Ella hacía el Profesorado de Biología y él, el de Ciencias Económicas”, recordó Nicolás. Ambos militaban en la Liga de Estudiantes Socialistas y con el triunfo de Héctor Cámpora pasaron a la Juventud Peronista. Fueron Montoneros y pasaron a la clandestinidad en septiembre de 1974.
La casa de los padres de Nicolás, en 63 entre 15 y 16, era una de las tres viviendas operativas de Montoneros en La Plata. “Funcionaba como un centro de falsificación de documentos para los militantes clandestinos, que tenían pedidos de captura y necesitaban moverse por el país”, explicó. Las otras eran la de Mirta Noemí Dithurbide, en 139 entre 47 y 49 (no hay 48) que cayó el mismo 22 de noviembre, pero al mediodía, y le costó la vida a seis militantes; y la de Diana Teruggi y Daniel Mariani, en 30 entre 55 y 56, en la que el 24 de noviembre de 1976 fueron asesinados cuatro jóvenes militantes y fue robada la bebé Clara Anahí Mariani Teruggi.
Si bien no hay una certeza sobre cómo fue que las casas cayeron con tan pocas horas de diferencia, Nicolás supone que los grupos de tareas llegaron a su casa después de haber secuestrado a un ingeniero de apellido García Cano, quien habría construido en las tres viviendas lo que en la jerga de montoneros se llamaba “embutes” y que podrían ser descriptos como escondites muy sofisticados y difíciles de abrir.
Los tres operativos fueron conducidos por Ramón Camps y Miguel Osvaldo Etchecolatz, cuya presencia está confirmada al menos en las casas Gau-Berardi y Teruggi-Mariani. En ambos casos, además, se menciona que los bebés que sobrevivieron a las balaceras quedaron en manos de Etchecolatz.
Aquellos días de terror, de ráfagas de ametralladoras, fuego de morteros y bombas de fósforo, los padres de María Isabel Gau estaban en La Plata. Paraban en el Hotel Provincial, donde esperaban la llegada de su segundo nieto. De pronto, se encontraron con que habían matado a su hija embarazada y su nieto de un año y medio estaba con un suboficial de policía identificado como Aquiles Caputo. “Deben haber tenido la impunidad de las personas del interior que no sabían nada”, especuló Nicolás. Lo cierto es que llegaron a Etchecolatz. “Me contaron que el tipo los llevó a su oficina, los sentó frente a él y me puso a mí en el medio. Entonces, les dijo que yo iba a elegir con quién quedarme. Bichicuí, me llamaba mi abuela. Y me fui con ella”.

–¿Bichicuí?
–Dicen que era el apodo con el que me llamaban mis viejos.
–¿Tienen idea de la razón por la que Etchecolatz cumplió con su palabra?
–Es una de esas cosas que no tienen explicación. Tengo una abuela de apellido Aguer y tal vez, dentro de las muchas hipótesis que manejamos, creemos que esa situación los haya intimidado. Es raro. No tenemos certezas.

Cuando le devolvieron a Nicolás, los apropiadores entregaron también su cuna, sus juguetes y toda su ropa, que había sido robada de la casa y formaban parte del cuarto que le había armado su apropiador.
Nicolás creció en Olavarría con sus papás como desaparecidos. Vivía con sus abuelos maternos. Un fin de semana lo pasaba con su abuela paterna y el otro con el abuelo, que vivían separados. “Tenía –recordó– tres historias distintas”.
“Mi abuelo murió en 1977, no resistió lo de mi vieja. Con la llegada de la democracia, en 1983, la asesoría de psicólogos recomendó que nos mudáramos y nos fuimos a La Pampa. Viví con mi abuela materna, mis tías y primos de mi edad”. A los 18 años, Nicolás eligió volver a La Plata a estudiar. Hizo Diseño y después Educación Física, pero se quedó con el profesorado de Ciencias de la Educación.
“Yo llegué sabiendo que mis viejos eran desaparecidos. Y acá me puse a averiguar qué había pasado. Quería recuperar las casas en donde había vivido y, entonces, hice un juicio de declaratoria de herederos. En esa época, dibujaba bebés dentro de ojos. Iba al psicólogo y pensaba que me pasaba algo, pero entonces un tío vino a contarme que mi mamá estaba embarazada cuando la mataron”, recordó.
Nicolás hizo un juicio por desalojo y, después de perder y apelar, recuperó su casa en 2004, con técnicas de okupas: “Había sido usurpada en el ‘83 por el familiar de un policía, un tipo que andaba en el robo de autopartes o algo así. Miré el lugar hasta que se fue. Un día puse un ladrillo en la puerta, esperé una semana y entré cuando confirmé que no había nadie. Ahora viven dos chicos de Olavarría y una chica de Andalgalá”.
Del 22 al 24 de noviembre la casa abre sus puertas. Se imprimen 200 invitaciones que se reparten entre los vecinos más cercanos y se realiza una convocatoria a realizar algunas actividades culturales. La primera vez, el matrimonio de la casa de enfrente se presentó ante Nicolás con una mamadera y un par de chupetes que habían usado la noche que mataron a sus padres para tratar de calmarlo después de la balacera, cuando la policía empezó a vaciar su habitación para mudarla a la casa de su apropiador.
Después de terminar sus estudios, en 2005, Nicolás entendió que debía buscar su lugar en el mundo. Estaba entre Córdoba y Andalgalá, donde finalmente se instaló, conoció a Paz y ahora tiene un hijo de un año y medio.

EL ALGARROBO. En Andalgalá, Nicolás es uno de los hippies. Uno de los jóvenes que llegaron de ciudades importantes para vivir conectados con la naturaleza. Así lo categorizan las autoridades comunales, que cuando hay un alguna movida ecológica preguntan: ¿cuántos hippies hay ahí? “No se animan a decir subversivos, pero también nos dicen fundamentalistas, terroristas y extremistas”, reveló.
El problema para las autoridades parece ser que los “hippies” no son los únicos que se oponen a la minería a cielo abierto. Cada protesta reúne unas 2.000 personas y después de la represión, en febrero, 5.000 vecinos salieron a la calle y se la tomaron con la comisaría.
“Cuando la policía llegó al pueblo, las chicas y las señoras le llevaban agua y frutas frescas, pensando que la represión iba a ser menos dura. Ni se imaginaban lo que iba a pasar”, explicó Nicolás.
Unas 20 mil personas viven en Andalgalá, que a través del riego por acequias mantiene plantaciones de membrillo, nogales y olivos.
La minera Agua Rica todavía está en etapa de exploración. Ubicada entre 17 y 25 kilómetros del centro del pueblo (según midan los vecinos o la empresa), en donde nacen los ríos que alimentan de agua a la población, se calcula que su tamaño será tres veces más grande que La Alumbrera y que cada pozo –abierto con 25 mil kilos de dinamita– tendrá un diámetro de un kilómetro y una profundidad de mil metros. A lo lejos se ven las luces de la minera, que consumiría más energía que la ciudad de San Miguel de Tucumán.
“La roca sale hecha polvo y a ese polvo se le pone agua. En un segundo usan el agua potable que usaría toda una familia en un año. Al concentrado que queda lo someten a un proceso de lixiviación con cianuro, que hace que se separen los metales. Sacan oro, plata, cobre, molibdeno -que es una mezcla de metales-, uranio y tierras raras, que caen en un dique. Por cañerías lo llevan de Catamarca a Santiago del Estero –310 kilómetros–, pasando por Tucumán. En Santiago del Estero lo cargan en camiones hasta Santa Fe, donde parten en barco con destino a Canadá, según dicen. El uranio es materia prima para desarrollar tecnología atómica y las tierras raras son utilizadas para tecnología de alta complejidad en la industria armamentística”, describió Nicolás. Y afirmó: “El mayor problema es que se trata de una industria química y el derecho al agua es el derecho por excelencia de los pueblos, un derecho a la vida”.

–¿Qué hay que hacer?
–Hay que prohibir el modo de producción a cielo abierto. Tiene que prohibirse la minería por lixiviación química con utilización de cianuro. Canadá, Europa y casi todo Estados Unidos ya lo hicieron. No existe la minería química a pequeña escala sin contaminación.
–¿Cómo hacen?
–Hay que volver a la minería tradicional, que no es tan insegura como antes, a las minas capillitas, por socavón y galería. Más artesanal.
–¿Agua Rica no producirá trabajo para la región?
–Si La Alumbrera fuera tan óptima, Catamarca no sería tan pobre. Ya no podemos pensar que las promesas van a ser reales.


Andalgalá, ubicada al noroeste de Catamarca, es la tercera ciudad en importancia de la provincia.

RECUADROS
Laura y María del Cielo
El mediodía del 22 de noviembre de 1976 la policía bonaerense y el ejército cayeron sobre una casa de 139 entre 47 y 49 de Mirta Noemí Dithurbide y su compañero Roal Montes. Mirta, que tenía 19 años y una hija llamada María del Cielo, estaba embarazada y murió en el ataque. También murieron Montes, Miguel Ángel Tierno, María Graciela Toncovich y Elda Aída D'ipolito.
La abuela de María del Cielo, que vivía a dos cuadras, había notado movimientos raros en el barrio y había ido a buscar a su nieta. También se llevó a Laura, hija de Elda D'ipolito, quienes vivían en la misma casa. Las dos nenas llegaron a escuchar un tiroteo muy ruidoso y prolongado. “No sé cómo y por qué sabíamos que se trataba de un ataque a mi casa, mis cosas y mi familia. Yo los creí inmortales y recuerdo que escondidas debajo de la mesa de la cocina gritábamos con Laura ‘dale que ganamos’”, contó María del Cielo en una denuncia, en 1998.

Clara Anahí
El 24 de noviembre de 1976, un grupo de 150 policías de la Bonaerense al mando de Ramón Camps y Miguel Etchecolatz arrasaron la casa de la calle 30 de La Plata en la que vivían Daniel Mariani y Diana Teruggi, con su hija, Clara Anahí, que en ese momento tenía tres meses.
Daniel Mariani no estaba en la casa, aunque fue asesinado ocho meses después. Además de Diana, murieron en el ataque Roberto César Porfidio, Juan Carlos Peiris y Daniel Mendiburu Elizalde. Clara Anahí sobrevivió por una acción de su mamá: así como el papá de Nicolás lo metió en un colchón y lo pasó a la casa del vecino, tras la primera descarga, Diana escondió a Clara Anahí en una bañera, bajo una pila de almohadones.
Después del tiroteo, la bebé fue robada y hasta la fecha permanece desaparecida, aunque se sospecha que podría ser Marcela Noble, criada como propia por la dueña del multimedios Clarín, Ernestina Herrera de Noble.
Su abuela, María Isabel “Chicha” Chorobik Mariani, lleva adelante una búsqueda que este año cumplirá 34 años.

La Alumbrera
En Bajo Alumbrera, la minera habría dejado un cráter de dos kilómetros de diámetro y 600 metros de profundidad. Según denuncias, en un mes se utiliza allí la misma cantidad de dinamita que en el resto de Argentina en un año. Por día se muelen 340 toneladas de tierra de las que se obtienen, gracias a los ácidos, seis gramos de oro y seis kilos de cobre por tonelada.

5 de abril de 2010

Los tobas en La Plata


“Para algunos tiene más interés la tierra en la que podrían sembrar soja que las personas que la habitan desde tiempos ancestrales”, dice Alejandro Ferrari a Diagonales, con la experiencia de su viaje al impenetrable a flor de piel y la sangre caliente, luego de conocer la experiencia de unos dos mil aborígenes despaisados, que malviven en casas de adobe o bajo los árboles, alimentados a hojas y miel, desnutridos, cada vez peor por los cambios que sobre su hábitat ejerce la sobreexplotación de las tierras vecinas, desde la tala del Amazonas a la utilización del agua de los ríos para regar sembradíos. “En el impenetrable, los chicos tienen una extraña lastimadura en el cuello, a la altura del oído, que apoyan en la tierra cuando duermen, agusanados”, explica, mientras muestra una pila de fotos que lo confirman.
En medio de aquel paisaje desolador, una leyenda empezó a forjarse una tarde en que los tobas esperaban una señal divina en medio de un ritual. Ocurrió entonces que escucharon la voz de una mujer que cantaba desde los parlantes de un auto que pasaba por la ruta: quién es, se preguntaron. Un cacique agarró unas pocas cosas y la fue a buscar. Patricia Sosa acababa de dar un concierto en Córdoba cuando recibió una carta en la que le pedían ayuda. No sabía que iba a crear la fundación “Pequeños Gestos, Grandes Logros”. Y mucho menos que tendría en La Plata a algunos de sus principales colaboradores.
Doce miembros de varias comunidades tobas del Chaco impenetrable llegaron hoy a La Plata para realizar cursos de construcción de viviendas, artesanías y cooperativas. “La idea es ayudarlos a mejorar su calidad de vida”, cuenta Ferrari, el contador platense que es mentor y sostén del viaje, junto al cheff Cristian Ordóñez, quienes se sumaron a la Organización No Gubernamental (ONG) de la cantante y viajaron al Chaco en noviembre último. Ferrari, convocado por la admiración que sentía por Patricia Sosa, y Ordóñez, por la causa nomás.
“Lo único que busca la fundación es ayudar a los tobas para que puedan, sin perder su cultura, insertarse en la nuestra y tener recursos para generar sus propias fuentes de ingreso y vivir con dignidad. No hay ningún interés político ni religioso, sino cultural y humanitario”, afirma Ferrari en la oficina platense de Pequeños Gestos…, su propio estudio contable.
La idea del viaje, que se extenderá de hasta al 17 de abril, es que los doce aborígenes que llegan a La Plata a formarse puedan extender a sus comunidades algunas técnicas para perfeccionar la producción de artesanías, que puedan adquirir conocimientos en construcción para hacer sus propias casas y, por último, iniciarlos en el cooperativismo, como manera de organizar sus actividades económicas. La fundación Ala Plástica, el laboratorio de tecnología habitacional de la facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y el colegio de graduados en Cooperativismo y mutualismo de la República Argentina, capacitarán a los miembros de las comunidades.
“Algunos de los tobas que vienen a La Plata nunca vieron una ciudad”, cuenta Ferrari, con ojos iluminados, y saca la lista de las cosas que consiguió para que el proyecto fuera posible: “Van a parar en el Club Universitario, en Punta Lara”, dice, a manera de presentación de la lista de las empresas y organismos del Estado que se sumaron a la iniciativa de la fundación.

TIEMPO PASADO. Patricia Sosa, Ferrari, Ordóñez y otros 33 voluntarios, entre ellos dos estudiantes de la facultad de Odontología de la UNLP y su profesora, Adriana Gamino, fueron en noviembre al Chaco en un viaje recordado por un incidente en la ruta, cuando un piquete organizado por punteros políticos retuvo a la caravana y exigió quedarse con parte de la ayuda que la ONG llevaba al impenetrable, donde hace algunos años atrás las comunidades tobas vivían de la pesca en los ríos y la siembra artesanal.
“La contaminación y la deforestación, la tala del Amazonas y la utilización del agua de sus ríos para la siembra de la soja hicieron que se quedaran sin recursos naturales”, enumera el contador, mientras repasa las fotos de Villa Bermejito y describe: “La tierra está resquebrajada, porque llueve de vez en cuando y cuando llueve, llueve mucho. Las casas son de barro y muy precarias, pero algunas veces uno se encuentra con una cama al lado de un árbol. Y esa es la casa: no les llevamos ropa porque no tienen dónde guardarla. Los nenes que están gorditos están mal alimentados y casi todos los chicos están agusanados. Además, todos tienen problemas dentales. Sólo hay agua en las escuelas y es de color amarillo. Parece jugo, pero es el agua que toman”.
Cuando la fundación llegó hace dos años, los mismos tobas que habían salido de su territorio a buscar ayuda se dieron cuenta de que estaban todavía mucho peor de lo que pensaban. Tal vez por eso, algunas acciones concretas sobre su salud, parecen la bendición que buscaban.
Eduardo Galván es un oftalmólogo marplatense que colabora con la fundación. “Lo suyo –comenta Ferrari– es sencillo y emocionante, va con sus aparatos a revisar a los indios y a cada uno le da sus anteojos. Les pide a sus pacientes que le den los anteojos que van a tirar y los guarda en una caja que después se lleva al impenetrable. Cuando los tobas se ponen los anteojos y vuelven a ver se largan a llorar”.
Para la ONG, los cursos que vienen a hacer a La Plata permitirán a los tobas crear una cooperativa con la que comercializar sus artesanías y ser contratados para la construcción de obras públicas o benéficas, además de darles herramientas para construir sus propias casas.
“La fundación quiere sentar las bases para que ellos puedan sobrevivir. Pero ahora necesitamos que esta iniciativa perdure en el tiempo y que sigan las campañas”, agrega Ferrari, con una sonrisa que lo muestra en la ruta, en marcha.




22 de marzo de 2010

42 meses sin López



Unas 42 personas, que en algún momento pudieron ser 45 ó 46, integrantes de la Multisectorial La Plata, Berisso y Ensenada; jóvenes militantes del Partido Obrero (PO) y el Partido de los Trabajadores Socialista (PTS); se reunieron ayer en la esquina de 7 y 50 para recordar los 42 meses que se cumplieron de la desaparición forzada de Jorge Julio López. Exigieron “juicio y castigo a los responsables de su secuestro” y escucharon un discurso de Nilda Eloy. “En algo fallamos: No logramos que esta sociedad se entere de que López no nos falta a algunos, nos falta a todos”, afirmó.
Una mesa del PO y algunos pocos militantes que repartían Prensa Obrera y el Manifiesto del Partido Obrero a los trabajadores, el pueblo y la juventud de la provincia de Buenos Aires, eran todo lo que había en la esquina a las 17. Hora en que había sido citada la manifestación. Los militantes del PTS conversaban a unos pocos metros, cruzaban a la plaza y volvían a la esquina, con sus altas banderas apoyadas en el piso.
Media hora después, una camioneta llegó con los equipos de sonido y un hombre y su hija armaron rápidamente los equipos para que Eloy pudiera dar un breve pero contundente discurso no exento de autocrítica.
Los militantes levantaron sus banderas y la ex detenida desaparecida, que pasó por al menos seis centros clandestinos de detención, recordó al micrófono que se cumplían ayer “tres años y medio de falta, de injusticias, de bronca”. Y contó que el martes a la noche, los militantes de Justicia ya! le preguntaron a los abogados que trabajan en la causa por la desaparición de López, ocurrida el 18 de septiembre de 2006, qué podían decir en el acto. ¿Y la causa?, preguntaron. “El silencio fue rotundo”, recordó Eloy.
“Hoy no podemos decir que la causa está paralizada. No. Ahora se hacen cosas inconducentes, cosas que se deberían haber hecho hace tres años y medio y no se hicieron. Ahora tratan de reconstruir todo lo no hecho, todo lo que se dejó de forma muy adrede en manos de una burocracia judicial y eso es imposible”, explicó, al ver el afuera.
Pero Eloy también miró para adentro e hizo una autocrítica: “Evidentemente en algo fallamos: No logramos que esta sociedad se entere de que Jorge Julio López no nos falta a algunos, nos falta a todos. No logramos que esta sociedad se entere de que los represores que debían estar presos siguen en libertad”. Y agregó que “paralelamente a la impunidad de los años '70 vienen con el verso de la inseguridad, con la intención de convencernos de que es bueno reprimir, que es saludable la tortura. Y por eso insisten con el maldito código contravencional”.
La ex detenida desaparecida les pidió a los militantes que multipliquen su mensaje y lamentó no tener nada más para decir, porque -dijo- “seguimos con distintos procesos represivos y de impunidad mientras hay una judicialización para quienes luchan por una vida digna”.
Después de los aplausos, los militantes volvieron a tomar los micrófonos para leer sus consignas: “a 42 meses de la desaparición de jorge julio lópez seguimos en las calles, como desde el primer día, luchando, denunciado y exigiendo al gobierno su Aparición con Vida. Juicio y castigo a los responsables de su secuestro y desaparición”.

Foto: Matías Adhemar

8 de marzo de 2010

Oficios terrestres



En una casa de 11 y 68 un hombre guarda los recortes de su vida. Contra una pared, colgados unos sobre otros, Pedro Alberto Peroni, de 84 por cumplir, puso los moldes de las polleras, los pantalones, las camisas y los blazers que hizo cuando era un joven emprendedor que aprovechaba su oficio de sastre para comenzar a vestir a los colegios platenses.
–¿Cómo fue que empezó a vestir a los estudiantes?
–Me vino a buscar el sacerdote del colegio Padre Castañeda (13 entre 68 y 69). Usaban blazer color bordó y no se conseguía en confección. Yo lo cortaba, lo hilvanaba, lo probaba y, si había que hacerle alguna corrección, lo afinaba. Al otro día lo entregaba. Las chicas usaban boina.
–¿Trabajaba solo?
–Era capaz de levantarme a las cuatro de la mañana para cortar un molde, pero no trabajaba solo. Tuve una compañera buenísima en mi mujer y también un oficial de primera. Un hombre que también trabajaba con su esposa.
–¿Qué hacía su mujer?
–Ella se encargaba de la administración y de las empleadas. Ordenaba las ventas.
En la pequeña habitación en donde Peroni guarda moldes de camisas, jumpers y polleras evasé, también resguarda una máquina en la que todavía se sienta a coser, a veces para su mujer y compañera de toda la vida, Carmen Fiscarelli, y otras para alguno de sus nietos.

Don Peroni empezó en el oficio de sastre en Junín, aunque fue en La Plata donde terminó de formarse.
Tenía 14 años cuando comenzó a trabajar. El primer año en la sastrería no cobró un centavo. El papá había acordado con el sastre que le enseñara el oficio al mayor de sus hijos varones (en total fueron siete hermanos). Algo que se acostumbraba, tanto que en el negocio había otro aprendiz de la misma edad, también enviado por sus padres.
En aquel entonces, Peroni hacía de todo. “Limpiaba los vidrios y hacía los mandados. Era así porque también me enseñaba un oficio”, recordó.
Cuando empezaba el segundo año en la sastrería, el dueño se apiadó de sus aprendices y comenzó a pagarles unos 120 pesos mensuales. Sin embargo, el papá de Peroni no tuvo mejor idea que hacerse un traje a medida y con lo que costaba el traje dejó a su hijo con otro año sin paga.
Cuando tenía 16 años su familia se trasladó a La Plata con la idea de quedarse. “Mi papá había conseguido trabajo en la Dirección de Escuelas y a mí me llevó a una sastrería de 11 y 59. La fachada del edificio está igual, aunque ahora funciona una carnicería”, contó Peroni.
Una cosa llevó a la otra. El hombre conoció a un sastre platense de apellido Rucci y trabajó para la casa Delmar, hasta que un día de 1948 se decidió a armar el taller en el patio de la casa de sus padres, en 68 entre 10 y 11, con su propia máquina de coser. “Si ponés el lomo Dios te ayuda”, revela: el vecino de la esquina de su casa le ofreció un local en el que podría trabajar. Y a los pocos meses de haberse mudado, otro vecino le alquiló un salón con luz y gas, para que, además de confeccionar o arreglar ropa, pudiera exhibirla para la venta. En 1950 tenía abierto un negocio que ya no debía compartir con nadie en la esquina de 11 y 68, ahí donde hoy vive. No tenía cocina ni baño, sino apenas un salón y tres habitaciones que reformó en pocos meses.
Al tiempo llegaron los primeros uniformes del Castañeda y luego de todos los colegios privados de La Plata. Los moldes aún están guardados en su casa, junto al caballete, el pascalote y la media luna.
–¿Por qué guarda los moldes?
–Algunos se pueden usar. Mis hijos tienen algunas cosas que usan, pero… además… lo que pasa es que me da lástima. Me ha pasado que tiré algo y después lo ando buscando.
Los moldes de Peroni son recortes en los que se puede leer la historia de la ropa de los colegios platenses. Sus tres hijos tuvieron sus propias inquietudes y, aunque dos de ellos siguen con el negocio familiar, heredaron el bordó e impusieron el escocés. Y fueron de la camisa, el blazer y la corbata a la chomba.

Foto: Alberto Direnzo

28 de enero de 2010

Un prócer de la Justicia platense


Eduardo Hortel es un prócer de la Justicia platense. Empezó cosiendo expedientes en 1952 como practicante ad honorem y pasó por todos los cargos que correspondían a la justicia penal en primera y segunda instancia; es profesor titular de Derecho Procesal 1, cátedra 2, en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP); comentó dos veces el Código Procesal Penal de la Nación junto al ex presidente de la Corte Suprema Ricardo Levene y doce veces el Código Procesal Penal de la Provincia; fue uno de los redactores de la reforma al Código de Procedimientos bonaerense y presidió la cámara que condenó a prisión perpetua a los ex policías Walter Abrigo y Justo José López por "torturas seguidas de muerte" contra el estudiante de periodismo Miguel Bru, y al odontólogo Ricardo Barreda por el asesinato de su esposa, sus hijas y su suegra. Hoy, a los 72 años, ejerce como abogado y representa a la familia de Andrés Núñez, el albañil que desapareció en 1990 luego de haber sido detenido en la Brigada de Investigaciones de La Plata y cuyo cadáver fue hallado en 1995 enterrado e incinerado en un campo.
–¿Hay alguien que conozca más que usted a la justicia bonaerense?
–Hay algunos que dicen que sí. Yo pienso que no-, afirmó.
–¿Qué se acuerda de aquel chico que empezó a cocer expedientes?
–Ese chico era medio loco. Mi padre me tenía prometido que me iba a conseguir un trabajo y como el tiempo pasaba y no cumplía, a los 13 años me metí de ayudante en una verdulería. Yo ya iba al Colegio Nacional y mis padres estaban como locos pero no me decían nada. Empezaron a buscar una salida y mi papá consiguió que entrara como auxiliar en la justicia. Salía del colegio y corría para tribunales.
–¿Qué querrían aquellos padres?
–Buscaban un futuro para mí.

Vaya que tuvieron razón sus padres. Cuando Hortel se recibió de abogado ya tenía 20 años de servicios en la justicia. En 1973 estaba en condiciones de retirarse. Y aunque siempre quiso trabajar de abogado, retrasaba la decisión mientras ascendía sin quemar etapas, lo que lo lleva a decir hoy con orgullo que pasó "por todas las jerarquías". Y a afirmar sin tapujos: "Nadie sabe un carajo de nada sobre seguridad".
–¿Por quién lo dice?
–Todos. Ninguno sabe. Estoy escribiendo un libro en el que trataré de armar un plan para el Ministerio de Seguridad. No es fácil pero pienso que tal vez lo tenga terminado antes de fin de año.
–¿Qué piensa de León Arslanián y Carlos Stornelli?
–Los dos han faltado a la verdad. Todos trataron de tener un plan, pero no están preparados. Hay que decirle a la gente que esto no se arregla de un día para el otro. Ahí tenemos el caso de la familia Pomar, que estuvo 24 días desaparecida (desde el 14 de noviembre al 8 de diciembre de 2009). Habían tenido un accidente y el auto, los padres y las dos nenas (de 3 y 6 años) estaban tirados al lado de la ruta. Ahora hay familiares que quieren que se investigue si el auto fue chocado por algún patrullero, pero yo creo que no: ¡Esta es la forma normal de trabajar de la Policía!
–Los rastrillajes fueron un desastre.
–¡Se hicieron rastrillajes desde un avión! El diccionario de la Real Academia Española dice de rastrillar ¡en Argentina y Uruguay! "En operaciones militares o policiales, batir áreas urbanas o despobladas para reconocerlas o registrarlas". Es decir: si te encontrás con un arbusto te tenés que meter a ver qué hay, si oculta algo.
–El caso, además, no produjo cambios en la cúpula policial.
–El gobernador Daniel Scioli reconoció que estaba buscando una persona de confianza para poner en el Ministerio de Seguridad. Y yo me preguntó ¿qué quiere decir "una persona de confianza"? ¿Por qué no va a buscar a un experto? Ah no. Los políticos buscan primero a alguien del mismo palo y después que sea de "confianza". Este es uno de los problemas más graves.
–Cada uno que llega dice que el que se fue era un desastre.
–Al bajarle la caña a Arslanián, Stornelli se baja la caña él mismo. Ahora se forman policías en seis meses o un año, cuando lo mínimo tendrían que ser tres años. Stornelli reconoció que mandó 900 tipos a la costa atlántica y eso lo único que quiere decir es que dejó el conurbano con 900 policías menos. Además, dicen que hay unos 54 mil policías, no sé cuántos serán con exactitud porque todas las semanas le suman mil, pero ¿cuántos tenemos en la calle? Si trabajan 24 horas por cada 48: ¿habrá 10 mil policías en la calle?
–¿Qué hay que hacer?
–Hay que tener mucho cuidado con porque muchas técnicas exitosas en el extranjero podrían resultar un fracaso en nuestra provincia. También hay que entender que no es lo mismo la ciudad de Buenos Aires que una provincia que tiene 300 mil kilómetros cuadrados y 15 millones de habitantes. El problema de la seguridad no se soluciona en un día ni en dos años. La gente se pone caliente porque le mienten, pero necesitamos un plan de por lo menos cinco años para ver cómo seguimos. Hace falta más inversión en la policía y en la justicia. Inversión y capacitación. Acá hay que cumplir con la Constitución y con la Ley, porque estamos acostumbrados a no cumplir. No cumple la gente, no cumplen los los políticos ni nadie.
–¿Qué opina del 911?
–No se puede hacer una línea de emergencia con un protocolo de preguntas: uno llama para hacer una denuncia y lo empiezan a interrogar. Es mejor tener patrulleros como para atender todos los llamados, sin importar si son falsos o verdaderos.
–¿Y del mapa de la inseguridad de Francisco De Narváez?
–Una mentira. La peor mentira de todas, porque no tiene base científica. Cualquiera llama y hace una denuncia y la publican si chequearla, como si fuera una verdad. Hablo sin tapujos porque no estoy en condiciones (económicas) de soportar un juicio por calumnias e injurias o uno por daños y perjuicios –bromeó–, pero creo que tanto Arslanián como Stornelli son honestos. La única duda que tengo es por el triple crimen de policías (de la planta transmisora de 7 y 630). ¿Se acuerdan que la hipótesis más fuerte era que se trató de un crimen pasional por encargo? Si alguien quiere matar a un tipo por un problema amoroso lo espera en la oscuridad y listo. Acá los tres policías fueron asesinados a puñaladas y rematados a balazos. (El fiscal) Marcelo Romero está investigando ahora si había droga de por medio. Es difícil que lo pueda probar, pero sabemos que fueron al lugar con un perro adiestrado que se volvió loco con una caja que ha costado muchísimo peritar, porque primero mandaron una caja equivocada y luego parece que no tenía nada. Lo que es seguro es que entraron a robar y estaban dispuestos a matar como mataron. Para que no quedaran testigos.
–¿Por qué se retiró?
–Desde que me nombraron en Casación Penal tuve la idea de retirarme para ejercer la profesión, pero el trabajo en la Sala Segunda era impresionante: sacábamos entre 35 y 50 sentencias por semana. Y estamos hablando de sentencias definitivas, la que condena o absuelve, en un promedio de 6 ó 7 por día. Entonces pregunté: ¿Está bajando la cantidad de causas atrasadas que teníamos? Y me dijeron que no. Entraban más causas de las que salían. Huí despavorido. Me fui en diciembre y ya no volví.
-¿Qué es lo que pasaba que no daban las cuentas pese al trabajo que hacían?
-¡Por la cantidad de delitos que se comenten! Y, además, claramente faltan órganos. Mi impresión personal es que definitivamente faltan inversión y decisión política. El gobernador anunció más salas, pero en las que actuaría un solo juez si hay conformidad de las partes. No se pueden juzgar delitos graves con un solo juez. La doctrina dice que dos son mayoría, pero no que se puede integrar el tribunal con sólo dos jueces. Como abogado del caso Núñez acabo de hacer un conjunto de presentaciones que me rechazaron, pero lo hicieron con una sala de dos jueces, entonces ahora le pido a la Corte que aplique la doctrina.

RECUADRO
Dos de los casos más resonantes que tuvo que juzgar la justicia de La Plata fueron la desaparición de Miguel Bru y los asesinatos de una mujer, su madre y sus hijas en manos del odontólogo Ricardo Barreda. Ambos casos fueron juzgados por la Sala I de la Cámara Penal. "El caso Bru primero y Barreda después hicieron que me pusiera a estudiar medicina legal, porque sin las ciencias auxiliares no hubiéramos podido condenar", explicó Eduardo Hortel, presidente del tribunal, a Diagonales.
La condena a cadena perpetua de los policías Walter Abrigo y Justo José López por la desaparición y muerte del estudiante de periodismo Miguel Bru, ocurrida el 17 de agosto de 1993, resultó un fallo histórico en el que los camaristas Hortel, María Rosentock y Pedro Luis Soria consideraron como agravantes la convicción de impunidad que tenían los asesinos y basaron su condena en peritajes, testimonios y la ausencia del cuerpo de la víctima.
"Teníamos que establecer si Miguel había estado o no en la comisaría Novena. Los presos lo habían visto y dijeron que lo sacaron exánime, pero de pronto los presos pueden declarar para perjudicar a los policías, así que necesitábamos estar seguros. Entonces, tuvimos la certeza de las pericias caligráficas. El libro de guardia había sido raspado, pero tanto que apenas quedaba el 10% del papel. Algo había pasado. Había un perito que decía que el apellido borrado empezaba con B y la segunda palabra tenía una g (de Miguel). Otro perito aseguraba que no: decía que la B podía ser una R, una P, o una D, y que la g podría ser una j o una y. Entonces, la Corte nos autorizó a comprar un aparato a Alemania y mandó un perito a formarse. Después enviamos el material al Instituto Balseiro, en Bariloche, donde con los lentes más potentes los peritos dictaminaron que había una B y que la segunda letra era una r. Además, confirmaron que había una g", describió.
Y continuó: "hicimos una pericia extra. Como la hoja había sido escrita toda por la misma persona, pedimos que armaran el nombre de Miguel Bru con los de los otros detenidos. Lo superpisieron sobre el espacio raspado y entraba perfecto. Esto nos convenció de que Miguel había estado privado de la libertad en la comisaría Novena, daba fe a los testigos y la entrada raspada nos hacía pensar que había ocurrido algo que habían querido tapar”.
–¿Porqué perseguían los policías a Miguel?
–Lo perseguían porque los vecinos de la casa en la que vivía Miguel se quejaban por ruidos molestos. Miguel tenía una banda de rock, pero no era un delincuente, era un joven de su época, un rockero; estaba anotado en la facultad, pero no había rendido ninguna materia. Abrigo y López hicieron un allanamiento ilegal para buscar droga en la casa, pero no encontraron nada y Miguel los denunció. Un día salió camino a Magdalena y desapareció.
–En este caso hay una confusión con el tema del cuerpo del delito.
–Claro, porque el cuerpo del delito (corpus delicti) es el conjunto de elementos que permiten determinar la existencia de un hecho criminoso. El cuerpo del delito es un concepto jurídico penal, no es el cuerpo del muerto. Ese concepto consiste en la reconstrucción inducida por las pruebas del hecho. Podemos equivocarnos, pero es la verdad procesal.
En el caso Barreda, en tanto, el tema para el tribunal fue determinar si era un simulador –cómo decía el perito Jorge Folino– o un "paranoico", dos posturas antagónicas que planteaban los peritos psicológicos. Los jueces debían decidir a cuál de las dos pericias le daban preponderancia. Enfrente tenían a un hombre que había disparado contra su ex mujer, sus hijas y su ex suegra con una escopeta y luego las había rematado a todas.
“No lo recuerdo textual, pero cuando terminaba de declarar le preguntamos cómo se había sentido después de matar a las mujeres. Él dijo que se sentía muy mal. Creo que usó la palabra mortificado. Después fue a ver a la novia y cuando ella le preguntó cómo estaba él le contestó: 'me mandé una cagada bárbara'. Pero un paranoico nunca hace algo malo. Era una respuesta impropia para un paranoico", describió.
-¿Qué pasaba en esa casa?
-Barreda estaba separado. Incluso cuando compraron la casa de 48 (entre 10 y 11) ya estaban divorciados con las leyes de la época, pero vivían juntos por un acuerdo. Él usaba una habitación y un consultorio y las mujeres el resto de la casa.
–Pero Barreda era maltratado, todos recuerdan que le decían “Conchita”.
–Claro, él no tenía por qué hablarles, pero se les acercaba y ellas lo despreciaban. Hay que pensar que Barreda era muy putañero. Desde que eran chiquitas sus hijas lo veían andar con las minas de aquí para allá, sin ocultar nada.
-¿La idea del crimen fue creciendo en él?
-Tenía la escopeta atrás de una puerta y poco antes del crimen se anotó en un curso de homicidio que daba el colegio de abogados.
-¿Qué querría aprender?
-Cómo matar sin cometer errores. Estaba perfecto el tipo, sabía lo que hacía.

30 de agosto de 2009

Cultivadores de marihuana



La Corte Suprema despenalizó la tenencia de marihuana para consumo personal y Diagonales fue tras los cultivadores platenses de esa hierba para que cuenten sus experiencias. Parecía que iba a ser difícil dar con ellos, pero no, para nada. Apenas 24 horas bastaron para encontrar a cinco que aceptaron contar sus historias. Y todos hubieran sido capaces de presentar a varios amigos que también plantan para autoabastecerse. Como si salieran del patio a contar lo suyo, M., E., L., J.A. y R. (llamados por sus iniciales) hablan de adicciones, legalización, motivos y consecuencias del consumo. Al aire libre.

EXPERIMENTO. M. tiene 33 años y está en el final de una carrera universitaria en La Plata, que abandonó este año porque su mamá sufre una enfermedad terminal y él la está cuidando. Fuma desde el verano del '98 y cosecha desde 2007, para autoconsumo, aunque también hace canjes y alguna vez vendió.
"Empecé a fumar en el verano del '98 en un viaje que hice con un amigo de La Plata por el sur. Fue en El Bolsón. Se dieron las condiciones, porque yo hasta entonces tenía prejuicios. Todavía no me había llegado el turno", contó. Desde entonces, vivió en la ciudad y en un pequeño -pequeñísimo- pueblo de La Pampa, donde hacía 5 kilómetros hasta el acceso en la ruta para encerrarse en su camioneta a fumar un porro tranquilo: "No quería levantar la perdiz", justificó. Casi 10 años después, en 2007, hizo su primera experiencia como agricultor en una casa interna con un pequeño patio. Hasta entonces compraba, "con las dificultades propias de conseguir una droga ilegal".

–¿Cómo empezaste a cultivar?
–Empecé con la idea de imitar la experiencia de un amigo que me demostró que era posible. Fue casi por rebote, por valorar la calidad y para evitarme los riesgos que tiene ir a comprar a lugares marginales.
–¿Cuál es tu método de cultivo?
–Tenés que respetar las estaciones. Se siembra en primavera y hay que acompañar el proceso de la planta. Uno va aprendiendo, al principio abonás la tierra con productos orgánicos, pero luego te vas dando cuenta que no hay secretos: es sol y agua. Yo proceso la basura para abonar la tierra y aprovechar los recursos. El experimento te abre la cabeza. Aprendés de la lógica orgánica de la planta y adquirís una política ecologista. Te relacionás con la tierra desde la agricultura doméstica, que te ennoblece.
–¿Cuándo fue tu última cosecha?
–La última cosecha fue en abril y me va a alcanzar para consumir todo el año. Estoy en una situación particular porque mi vieja está internada muy mal y no puedo estar fumado, necesito estar atento a lo que me dicen los médicos, por lo que estoy fumando mucho menos, pero soy de los que fuman todos los días. Fumo en pipa, por lo menos una pipa por día. Además, tengo que estar tranquilo para poder disfrutarlo. Si estás bien y fumás, estás fantástico; pero si estás mal y fumás, vas a saber de verdad lo que es estar mal.
–Lo de tu mamá te está obligando a cambiar de hábito.
–Y sí. Mi vieja tiene una enfermedad terminal. Tiene cáncer y pasó dos meses internada… Yo quiero nebulizarla con marihuana. Ella está anémica pero no tiene sed ni apetito y yo creo que la puedo ayudar. Obvio que no le voy a dar de fumar, pero se puede vaporizar el thc para usarlo como analgésico. En Europa ya hay productos farmacéuticos que se hacen con marihuana.
–¿Alguna vez vendiste lo que cultivaste?
–Sí. Vendí y troqué.
–¿Canjes con otros cultivadores?
–Sí, también, pero tengo un amigo que me mandaba pizzas a cambio de marihuana. Y un par de veces hubo gente que quería pagar y no me pareció mal, de última, vendía algo de mi trabajo, que es el mismo que el que vende soja.

TRES PORROS DIARIOS. E. tiene 29 años, es estudiante de la UNLP y trabaja en una imprenta. Nació en Bahía Blanca. Es hijo de hippies y para él la marihuana es como el pan, aunque la primera vez que cultivó, cuando tenía 16 años, sus padres lo obligaron a tirar la planta. Empezó a fumar a los 15 años. Y no fue por rebeldía, ni novedad, porque sus padres fumaban delante de él cuando era un nene. "Me relaja, tiene cuestiones sedantes. Es una planta, no tiene agregados", describió.

–¿Cuándo empezaste a cultivar?
–Cultivo esporádicamente desde los 16 años siempre in door (puertas adentro), es decir en interior, con luz artificial y un ventilador sobre la planta, para que no se estanque, que se mueva y que no tenga bichos. Además, tiene gotera, para el riego y temporizador, para que tenga 18 horas de luz y 6 de oscuridad total.
–¿Qué dijeron tus viejos cuando se dieron cuenta?
–La primera vez que me vieron con una planta me la hicieron sacar, por miedo, no por lo que me pudiera pasar, sino porque mi familia no quería que la sociedad me juzgara. Más porque vivíamos en Bahía Blanca, donde si sabían que plantaba seguro pensarían que era un narcotraficante. Ahora me declaro fumador en todos los ámbitos en los que me muevo.
–¿Y por qué decís que cultivás esporádicamente?
–Cuando no cultivé fue porque no pude hacerlo. Por las mudanzas viví en casas en las que no era posible mantener la temperatura, o la luz. Y si la planta sale macho no sirve, aunque se puede usar para hacer hachís, necesitás algo así como 250 gramos de marihuana para hacer 25 gramos de un buen hachís casero. Pero esa es la cultura europea.
–¿Qué opinás de la despenalización?
–La despenalización rompe con el narcotráfico. Y rompe con los prejuicios. Y desmitifica en el sentido de que la marihuana no es una droga: no genera adicción. Yo fumo diariamente y bastante, me puedo fumar dos o tres por día. Para mí es como el pan. Y no estoy re loco. No es que vas a ser menos productivo. Podés venir a la facultad a estudiar y prestar atención en la clase. Igual, creo que hay que despenalizar, no legalizar.
–¿Vendiste alguna vez?
–Facilité.
–¿Y eso?
–Trueque.
–¿A cambio de qué?
–De todo. Siempre produje para mí y para mis amigos. Si daba, también facilité o hice trueques.

PARA BAJAR LA CORTINA. L. tiene 42 años y es el mayor de todos los entrevistados, aunque no el único que tiene un hijo. Vive en pareja y tiene una nena de 3 años. Alquila un departamento interno y tiene un pequeño patio en el que cultiva marihuana y tiene un perro. Trabaja de portero y también hace changas en sus horas libres.

–¿Te acordás de la primera vez que fumaste?
–El primer porro me lo fumé en el viaje de egresados a Bariloche, pero fue una cosa muy aislada, porque no volví a fumar hasta que vine a La Plata a estudiar. Al principio fumaba muy de vez en cuando, en alguna reunión, porque no era tan común como es ahora. No tenía nadie, era muy contado y cuando aparecía un porro era una fiesta.
–¿Era difícil conseguir marihuana en los '80?
–Conseguía por algún conocido. Cuando empezás a fumar de a poco sabés dónde ir a comprar, alguien te pasa alguna línea, te vas enterando de quién vende y en qué lugares. En mi caso no me tocó correr riesgos por ir a buscar faso. Nunca me metí en lugares que ni sabés qué te puede llegar a pasar. Nunca tuve desesperación.
–¿Cómo fue que empezaste a cultivar?
–El cultivo empezó por ver, por gracia o no sé cómo llamarlo… por la novedad de tener una planta. Con el tiempo empecé a ver que pegaba, que era rico, que el cuelgue era distinto al del comprado y empecé a cuidar las plantas para no perder las cosechas. En la época en que empecé a fumar no había casero ni autocultivo.
–¿Fumás del comprado también?
–No. Sólo de vez en cuando, si no tengo y me encuentro con algún amigo. Ahora no sé qué le ponen, pero realmente no sabés qué fumás. El faso comprado me pega muy violento, muy duro. Lo que tengo yo es más tranqui. Aparte, el precio se fue a las nubes. Prefiero fumar el casero.
–¿Te gusta cultivar?
–Está bueno. Que germine la semilla (con un germinador o en una maceta) y cuidar la planta, regarla, porque necesitas mucho agua, mucha humedad. A mi nunca me agarrró una plaga. Me ha pasado que se la comieran los caracoles, pero el problema es cuando son chiquitas, una vez que pasa los 40 centímetros ya crece sola y puede llegar a los tres metros. Son re cañas, crecen.
–¿Cuánto fumás?
–Depende de lo que tenga que hacer. Si tengo que hacer algo que necesito estar pilas no fumo. Me cuelgo. Fumo sólo si estoy seguro que ya no tengo nada que hacer el resto del día, que puedo estar al pedo. Entonces, le pego un par de secas y listo.
–¿Qué te parece lo mejor y qué lo peor de fumar marihuana?
–Lo mejor es el divague. El vuelo es lo mejor del mundo. Eso está buenísimo. Lo peor será el mal que le hace el humo al pulmón, la toxicidad por inhalar el humo.
–¿Vendiste alguna vez?
–No, no, ni en pedo. Regalé muchas veces, ni hablar. Pero vender ni se me cruzó por la cabeza.

RESCATADO. J. A. tiene 27 años, es empleado administrativo y ya no cultiva. De fumar todos los días durante algunos años, ahora fuma marihuana casera gracias a las cosechas de amigos a los que en su momento les regaló plantas o semillas. Le alcanza con dos o tres porros por mes.

–A los 15 fumé con un grupo de amigos, en una tarde de campo. Apareció uno que tenía y nos preguntó si queríamos probar. Nos sentamos en ronda y nada… no se percibió bien en ese momento. A los dos meses me fumé uno de noche, sin alcohol y lo sentí: me dio mucha hambre. Después, no me interesó más y creo que fue porque hacía mucho deporte. Volví a fumar a los 18, pero nunca compré. Fumaba la que había en el momento, porque alguien que cultivaba me convidaba.
–¿Cómo accediste al cultivo?
–Cuando tuve 20 años me regalaron dos plantas. Las cuidé, las transplanté a tierra en el fondo de mi casa y crecieron bien. Tenían buen aspecto y llegaron a medir como yo (1 metro 80). En ese momento, en mi casa nadie me preguntó nada. Siempre tuve aprecio por la naturaleza.
–¿Qué pasó después?
–Me puse a averiguar por Internet. Las fui cuidando y aprendí a curarlas, a cortarle las ramas. Aprendí a mirarlas, a olerlas, a tocarlas: si tenía resina por fuera, las cortaba. De las semillas de esas primeras plantas practiqué la siembra. Lo ideal es que las semillas estén en la oscuridad total hasta que exhiban la parte verde de la planta. Lo primero que sale es la raíz y si le da el sol se muere… no sé si es importante esto…
–¿Qué pensás?
–Creo que hay que saber hacer las cosas, (fumar) no es una boludés. Te puede cambiar la personalidad. Hay que tener un control. Dar a luz todo, para autolimitarse y que los demás te ayuden a limitarte.
–¿Vos le contaste a tus viejos?
–Al principio decía que era cualquier otra planta y de a poco fui dando la cara. Lo tomaron bien porque supe explicar que era normal, que si bien puede causar un daño... mostraba seguridad para dejarlos tranquilos. Conté que mis amigos también fumaban. Y les mostré que a ninguno de nosotros nos iba mal. Me permitió liberarme.
–¿Por qué dejaste de cultivar?
–Después de cada cosecha, después de haber fumado muchos meses seguidos, cuando me veía a mí mismo, me daba cuenta que había dejado cosas que hacer. Había abandonado un poco mi higiene, no me cortaba el pelo o no me afeitaba. La marihuana te quita un poco de incentivo. El exceso te derrumba, te desmotiva. Fumar mucho te deja en un estado de confusión. Se te vienen mil ideas a la cabeza pero no terminás ninguna. Pensás e imaginás, pero no hacés nada. Ahora sólo fumo tres o cuatro veces por mes. Algún fin de semana o cuando estoy a mil con el trabajo y quiero bajar un poco.
–¿Qué es lo mejor y lo peor del porro?
–Lo más positivo es la tranquilidad y la armonía que te da. Si estás sin apetito también es muy bueno, pero creo que es un efecto momentáneo, el inmediato después de fumar. Lo peor es el humo caliente, si a ese humo no lo llevás a un proceso de enfriamiento no te hace mal. La combustión es lo peor por el calor, que te quema células del esófago.
–¿Vendiste alguna vez?

–Nunca. Y siempre aconsejé a mis amigos que no vendan, que hagan trueques, por un vino, por una foto, por un cuadro, pero por plata no. Todo lo que producía lo compartía con amigos. Me querían comprar, pero nunca vendí nada. A los que querían comprar les regalaba.

OTRO RESCATADO. R. tiene 30 años, es casado y tiene una nena de 4 años. Es empleado de una editorial de Buenos Aires. De lunes a viernes viaja en micro para cumplir con su jornada laboral de 9 horas y media por día. Le gusta la marihuana desde que la probó, hace 16 años.

–La primera vez que fumé fue a los 14 años. Fumé un paraguayo y ya me gustó. Seguí fumando y llegué a fumar mucho, a estar muy colgado. Después estuve dos años sin fumar y hoy sólo fumo de mi planta. Hace un montón que no compro.
–¿Cómo cultivás?
–Tengo un balcón con una maceta. Yo planté sin tener ni idea. Ahora tengo dos o tres plantas.
–¿No te da miedo que se vea?
–No creo que nadie la identifique. Bah, no me preocupo por eso.
–¿Fumás mucho?
–Ahora fumo los fines de semana. En la semana sólo me permito un terapéutico si vengo muy limado, si estoy estresado o acumulo bronca, para no juntar mala onda, pero tuve un tiempo, como dos años, de estar fumado todo el día. Estaba muy colgado, sin laburo. Un día decidí rescatar y aflojé. Entonces, estuve dos años fin fumar. Después dejé de fumar tabaco y me dolió muchísimo más, me ponía re loco, el cuerpo lo necesitaba, me lo pedía, quería nicotina y alquitrán. Al porro, lo dejé de fumar y listo. De todos los vicios que tuve y tengo, el de fumar marihuana me parece el más natural. Lo comparo como el que llega a su casa y se toma un whisky para terminar el día.
–¿Y qué es lo peor?
–Lo peor es el cuelgue, pero pasa por cada uno. Te importa el momento y sólo el momento. Te colgás, no activás, dejás de hacer algo que tal vez necesites hacer. Lo pateás o simplemente no lo hacés.
–¿Vendiste alguna vez?
–La planta es mía y nada más. Una vez compré y vendí a algunos amigos. Es jugoso porque es plata fácil, pero no da para hacer esa movida. Les vendí a algunos amigos, a conocidos, pero no de lo que cosecho. Aquella vez fui a una villa a comprar y después repartí a algunos amigos. Lo que cosecho es para mí y, en todo caso, regalo.

La Corte Suprema despenalizó la tenencia de marihuana para consumo personal y los cultivadores platenses de la hierba no creen que sea gran cosa. M. prevé que ayuda a romper el prejuicio, E. coincide y opina que "la despenalización rompe con el narcotráfico". L. cuenta que le gusta que se diga que no es un tema judicial sino de salud pública. J. A. acuerda en que va contra los narcos. Y explica: "para vender hay que tener más de diez plantas. Me parece un exceso". Para R. es un pasito nomás.

19 de marzo de 2009

Tres marchas y una ciudad inmutable


La Plata debía ser ayer una ciudad partida en tres. Y sin embargo, la vida siguió para los platenses con la misma parsimonia de siempre, inmutable. Ni la movilización llamada por los famosos contra la inseguridad, ni la presencia de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, ni la desaparición de Julio López despertó pasiones en la ciudad.
Mientras que Cristina se presentaba en el Teatro Argentino, las movilizaciones por la seguridad y la desaparición de López iban a juntarse a la misma hora y en el mismo lugar, citadas ambas para las 18 en plaza Moreno. Los primeros vecinos en llegar convocados por Susana Giménez, Marcelo Tinelli y Moria Casán se perdían entre los militantes de izquierda, fieles y constantes.

PLAZA MORENO. Movilero de una radio AM de Buenos Aires habla por celular con su productor.
-Che, no todavía no vino nadie a la marcha por la inseguridad.
-Y bueno, esperá un poco más.
-Sólo hay gente en la marcha por López ¿querés que te la cubra?
-No. Dejá. Vos cubrí lo de la inseguridad.
-Pero no viene nadie.
-No importa, esperá.

En rigor, a esa hora del día, las pocas personas que se acercaron a la movilización por la inseguridad andaban por ahí, perdidas entre los militantes, que todavía no sacaban bombos y pancartas, por lo que confundían a los desacostumbrados y novísimos manifestantes.

-Señoras ¿Ustedes vinieron por la marcha de la inseguridad?, preguntó Diagonales.
-Si, pensamos que ésta gente estaba para eso-, respondió Gloria, más extrovertida que Beatriz.
-Ellos vienen todos los 18 de mes a reclamar por la desaparición de López.
-¡Ah! No sabíamos nada.
-¿Y cómo se enteraron de la marcha de hoy?
-Por los medios. Por el diario y por la radio. TN puso la lista de ciudades y la hora en la que se iban a hacer las concentraciones. La principal es en Buenos Aires, pero se marcha en todo el país.
-¿Qué es lo que reclaman?
-Queremos que las autoridades tomen conciencia. Tienen que responder. Estamos todos expuestos a la inseguridad, consecuencia de la falta de educación y trabajo.
-¿Hay poca gente no?
-La gente tiene miedo de involucrarse. Hasta que no le pasa en carne propia no se da cuenta.
-¿Ustedes fueron víctimas?
-No, gracias a Dios no. Pero tenemos muchos amigos a los que les pasaron cosas…
-¿Qué piensan de la movilización por López?
-De eso también tiene que dar cuenta este gobierno. Lo que sucedió a este señor y a su familia es muy grave. No sabía que los de López se iban a juntar acá. Es un hecho que repudiamos, pero es un hecho distinto, son cosas distintas. Lo de la inseguridad lo tienen que solucionar. Y pronto.

Gloria, de 68 años, y Beatriz, de 67, iban a despedirse, pero entraron en confidencia.

-Esto no lo pongas… pero yo quisiera saber qué piensan estos chicos sobre lo que pasó en los ´70. Porque les cuentan una historia que… se la dan vueltas… nosotras lo vivimos. Yo estudiaba y tenía dos trabajos y… bueno, fue una guerra, había dos bandos… aunque claro, mucha mayor responsabilidad sobre lo que pasó tuvieron los militares, porque ellos tenían el poder...

COMPAÑEROS. "Hola ¿no?", se encuentran a pocos pasos de las señoras los compañeros de la facultad, los compañeros de militancia, en la marcha por López. Son los mismos de siempre, los que cada 18 marchan de Plaza Moreno a Plaza San Martín, los dueños de la calle, los que comparten la plaza con los que quieren seguridad, los que van a modificar su caminata mensual por la presencia de la Presidenta en el Teatro Argentino. Ahí estaba, también, la ex detenida-desaparecida Nilda Eloy, compañera de López.

-Mucha gente que viene a la marcha por la inseguridad se confunde y espera al lado de ustedes.
-Es que la nuestra es la marcha de los inseguros. Los que estamos inseguros somos nosotros. Nosotros marchamos por nuestra dignidad. Marchamos contra los que nos quisieron hacer desaparecer, los que nos quieren tabicar, contra los que nos intentan amordazar otra vez-, explicó.
-¿Cuáles son las novedades de la causa?, preguntó Diagonales.
-Fui a los Tribunales Federales a preguntar quién era el responsable de la causa. Hablé con (el juez Hugo) Coraza y me dijo que ya no tiene la causa, fui a (ver al juez Humberto Manuel) Blanco y me dijo que se la pasó al fiscal (Sergio Franco), pero el fiscal me dijo que todavía no la aceptó, por lo que la causa aún debería estar en manos de Blanco. Podemos decir que estamos ante la cuarta desaparición de López.

Al mencionar la cuarta desaparición de López, Eloy hace mención a las desapariciones físicas que López sufrió en la década del ´70 y la que sufrió luego del juicio al represor Miguel Osvaldo Etchecolatz, el 18 de septiembre de 2006. La tercera desaparición fue “mediática” y la cuarta sería “judicial”.
Cuando la marcha por la desaparición de López hubo partido, el periodista de la AM de Buenos Aires se esfumó por el eter y los que manifestaban contra la inseguridad comenzaron a ocupar la vereda de la Municipalidad. Pese a la decepción por la escasa convocatoria, ya que no sumaban 70 personas, se plantaban de espaldas al Palacio, sobre el cordón, a aplaudir y gritar: "seguridad, seguridad, seguridad". Así estuvieron hasta poco después de las 20, festejando cada vez que los automovilistas que paraban en el semáforo tocaban bocina en señal de apoyo.

-Son pocos, pero les tocan bocina-, observó el periodista.
-Dejate de joder. Los platenses tienen una apatía total. Es una vergüenza-, consideró una manifestante.

A sólo tres cuadras de ahí, el Gobierno realizaba un acto con la presencia de la Presidenta. Como la de López, la marcha del Frente para la victoria era una marcha de militantes. Militantes peronistas.

- Nosotras acompañamos al compañero Juan José Cantiello-, contó a Diagonales un grupo de mujeres de Francisco Solano.
-¿Sabían que también hay una marcha por la inseguridad?
-No, ni idea-, respondió Nimia.
-Yo si -intervino Mirta-. Y te voy a decir lo que pensamos la mayoría de nosotros. Esa marcha viene de gente que son ricos y famosos, porque los artistas populares y la gente no se puede expresar en ningún lado. Esa gente no tiene nada que ver con el pueblo.
-Pensamos que hay un sistema que impide a nuestros jóvenes desarrollarse como persona y realizarse y militamos para que lo puedan hacer.
-Señor, señor -llamaron dos chicas-, somos de Bragado y queremos salir en el diario.
-¿Quiénes son ustedes?
-Somos militantes de una juventud solidaria cuyo referente es Eduardo Gatica. Vinimos a apoyar el proyecto nacional, la ley de radiodifusión y el adelanto de las elecciones, porque la gente ya sabe a quién va a votar.

Más o menos al mismo momento, pasadas las 20, comenzaron a desconcentrar las tres marchas. Sin incidentes. Y sin despertar el interés de los vecinos, inmutables.

Foto: Ezequiel Gil Soria