"La gente cree estar plenamente informada sin haberse aproximado siquiera a una sola idea que contradiga sus prejuicios", Bill Keller.
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17 de agosto de 2011

Niños en situación de calle: prohibido no ver


La Asamblea Permanente por los Derechos de la Niñez (APDN) de La Plata celebró ayer el año de lucha en la glorieta de la Plaza San Martín y anunció, además, el inicio de una semana de actividades para visibilizar la situación de chicas y chicos que viven en la calle, perseguidos, estigmatizados y reprimidos en lugar de ser protegidos. Hoy, bailarán hip hop en Plaza San Martín, realizarán una intervención artística frente a Gobernación y una charla con Laura Tafetani y Juan Manuel Combi, y participarán luego de la vigilia por los 18 años del asesinato de Miguel Bru .
Unos veinte militantes sostienen la Asamblea, que cada martes llega a la glorieta para encontrarse con los chicos, jugar un rato, conversar y comer, como en una gran familia construida con lazos de confianza mutua.
“Unos 30 chicos han pasado por la olla popular a lo largo del año, pero no quiere decir que sean todos los que están en la calle, sino sólo con los que pudimos hacer algún vínculo”, contó Manuela, de 22 años, a Diagonales. Cada martes, entre 15 y 20 pibes comen en la plaza. “Al principio venían las familias, pero ahora vienen los chicos solos”, reveló la joven.
“Conseguimos estar un año en la calle, ser la voz de los pibes, que están contando su experiencia. Denunciamos a la intendencia y la gobernación y pudimos construir un espacio con los chicos a la par, en un proceso muy lindo”, describió Justina, de 21 años.
Hace un año, la Asamblea organizaba su primera olla popular para denunciar a una patota parapolicial que atacó a los chicos a golpes, en momentos en que eran estigmatizados por algunos medios de comunicación, que los llamaba “la banda de la frazada”, por una supuesta forma de robar a las personas que cruzaban la plaza por la tarde.
Manuela lamentó que en el transcurso del año, pese a la presencia en la glorieta, la olla perdiera un poco el “espíritu de denuncia”, aunque “desde el Estado continuaran las medidas represivas en detrimento de la promoción y la protección de los derechos de los chicos”.
Justina coincidió: “Está la Ley para la protección de los derechos de niñas, niños y adolescentes, pero no hay fondos, parece que no entendieran que la vida de ellos es estar golpeados, excluidos”, afirmó Justina. El problema, para la Asamblea, queda en evidencia al analizar en qué utiliza el gobierno sus recursos: “La plata que se gasta en Seguridad y Justicia es cuatro veces más que la que se invierte en los chicos”, denunció Manuela.
Pablo, de 26 años, rescató el trabajo con los chicos. “Cuando se puso complicado salimos del bajón jugando con los pibes. Organizarnos con alegría está bueno, nos divertimos”, explicó. Y resaltó: “La semana de lucha empezó con un festejo, por el aniversario de la Olla Popular, pero sigue con las denuncias, porque la situación es igual o peor que hace un año”.
“Los chicos no encuentran afecto, que es lo que necesitan, y que no se soluciona con un techo y una comida. Los adultos se olvidan lo que es vivir en la calle y todo lo que implica”, afirmó Manuela. Y Justina agregó: “Los chicos son usados por los adultos para robar, para la prostitución y encima se comen los palos, por eso tenemos mucho cuidado”.
UN ESPACIO POLÍTICO. Los jóvenes rescataron a la Olla Popular como un espacio político y repasaron algunas de sus consignas, como aquella de “ningún pibe nace chorro” y que según Manuela “es para mostrar que hay condiciones que pueden llevar a que algún chico robe, aunque, incluso si fuera chorro, el chico no tendría la culpa”, describió. Y afirmó: “Necesitamos políticas para la vida, no para el encierro. No necesitamos que repriman a los pibes o que los encierren. Las Patrullas Juveniles, por ejemplo, no son para los chicos, son para que los vecinos se queden tranquilos”.
“Cuando decimos que 'El hambre es un crimen', queremos reflexionar sobre los crímenes de los que no nos hablan todos los días, porque está claro que el problema no es la falta de comida”, añadió.
“Tenemos muchas consignas”, pensó Manuela. Y continuó: “Al decir ‘No a la baja de la imputabilidad’, también decimos que los chicos no necesitan que los encierren, sino que necesitan contención, porque detrás de cada pibe hay un padre sin trabajo”.
La joven lamentó que haya “políticas de tipo parche” y recordó las negociaciones con el gobierno municipal de Pablo Bruera a principios de año, cuando la Asamblea denunciaba la situación de los limpiavidrios y organizaban la primera huelga del país.
“Algunos limpiavidrios vivían en la calle y dormían frente a la municipalidad, algo terrible en un año de elecciones. Les corrían los colchones, los perseguían y les inventaban causas para que se fueran. Entonces, pensamos en hacer una protesta, pero aparecieron algunos punteros que les ofrecían plata para que no vayan a la huelga. En un momento, les ofrecieron trabajo y unas casillas, pero era un bicicleteo constante. Nos tomaban el pelo. Al final contrataron a siete personas para que se incorporen a una cooperativa y les dieron unas casillas a unas personas que no tenían terrenos. Para peor, después denunciaban que las vendían. De esa situación sacamos otra consigna: ‘Las cooperativas no son trabajo y las casillas no son vivienda’”.

Los Derechos del Niño
Todos y cada uno de los derechos de la infancia son inalienables e irrenunciables, por lo que ninguna persona puede vulnerarlos o desconocerlos bajo ninguna circunstancia.

Desaparecido
Como el cuerpo no aparecía, los acusados de matar a Miguel Bru creían que no podrían condenarlos. La Justicia consideró que el cuerpo del delito puede configurarse sin la aparición del cadáver.

Foto: Esteban Martirena

Agenda de actividades de la Semana de actividades
HOY.
Hip Hop (Octava Rima- Berisso) a las 14.
Intervención frente a Gobernación y charla con: Laura Tafetani (Movimiento Chicos del Pueblo)
Juan Manuel Combi (abogado del caso Arruga) Compañeros de la Comision Carlos Presente (COCAPRECapital), de 14 a 17 horas.

Vigilia en un nuevo aniversario de la desaparición de Miguel Bru, de 19 a 2.

MAÑANA.
Cine callejero en 8 y 50, con volanteada, a las 18.

VIERNES 19.
Charla en trabajo social con: Nilda Eloy (Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos) CIAJ (Colectivo de Investigación y Acción Jurídica) Comité Contra la Tortura, a las 17.30.

DOMINGO 21.
Corso y murgas en Plaza Rocha. A las 14.30 horas.

LUNES 22.
Actividad contra el feminicidio (con horario a confirmar)

28 de julio de 2008

De mal en peor



Foto: Eva Cabrera

Las cosas pueden ir de mal en peor. Es terrible, pero es así. En marzo, cuando los 40 periodistas platenses que hacemos Diagonales paríamos el diario, un pequeño gesto nos acercó a un grupo de chicos que viven en las calles de la ciudad. Hicimos una nota breve en la que advertimos que los chicos "exigían cinco segundos de bola, que alguien los mire, no que los vea... que los mire". Y descubrimos que había gente trabajando por ellos en la Municipalidad. Descubrimos y contamos lo que a otros les parecerá obvio (y tal vez por eso lo callen), que son chicos que tienen familias destrozadas, padres violentos, golpeadores o abusadores. Y que ellos se escapan de la violencia y se entregan a una vida callejera y errática, sin futuro. "Para uno de los chicos estaba todo piola, pero otro parecía apenas poder contener un ataque de bronca, como si tuviera dentro un perro rabioso tratando de salir al ataque", contamos.
Y relatamos la historia de Ariel, que a los 8 años andaba con una gomera al pecho todo el día, haciendo tiro al blanco a las cabezas de los pibes que gritaban cosas feas de su mamá, una mujer adicta y promiscua que terminó viviendo con un dealer en El Churrasco. Te lo contamos: Ariel "aspira poxi y fuma marihuana. La bolsita es para paliar el hambre y sentirse bien, aunque el viaje dura poco, es un flash que se va enseguida. El porro es para viajar más, aunque tiene contraindicaciones: da gula y a veces no hay qué comer".
Y fue por esos días que tuvimos una buena noticia. Se trabajaba para buscar un lugar en que los chicos pudieran estar. No obligados, sino un lugar en donde los trataran bien, del que no quisieran escaparse. Nos enteramos entonces que habían sido censados. Se sabía sus edades. Y hasta había datos de los barrios desde los que llegaban al centro de La Plata.
Hace unos días nos enteramos que el funcionario municipal más comprometido con el proyecto renunció porque poco y nada se avanzó en soluciones. Para colmo de males, aparecieron cobardes capaces de golpear a los chicos con palos y cadenas. Las cosas pueden ir de mal en peor. Es terrible, pero es así.

13 de abril de 2008

Una historia verdadera

Alcohólica, drogadicta y puta. Eso es lo que la villa decía de Inés, porque se acostaba con todos los vecinos, aunque alguno fuera casado, o fuera el tipo casado que vivía en la casilla de al lado. La vida de Inés era sexo, droga y alcohol, y no se extendía más allá del rancho sin divisiones en la que vivía con sus seis hijos. Ariel, para zafar de las cargadas de los otros chicos y defender a sus hermanas, andaba con una gomera al pecho todo el día, haciendo tiro al blanco a las cabezas de los pibes que les gritaban cosas feas.
Aún con apenas 8 años, Ariel era como el papá de sus hermanas. La mamá lo mandaba con las nenas, un poco más chicas, a pedir monedas a la terminal de micros. Ahí pasaban el día, aunque él ya iba al colegio, que comenzó a dejar poco a poco.
Cuando Ariel comenzó a andar en la calle, en 2004, tenía 8 años y cinco hermanas. Ahora debe tener diez hermanos, porque su mamá no dejó de parir hijos desde entonces. Los chicos no tienen padres, aunque la mujer está en pareja con un hombre con el que convive en la villa El Churrasco.

El tiempo pasa. El pibe, que ahora cuenta 11 años, vive en un vagón en la zona de la estación Tolosa. Dejó el colegio por enésima vez, aspira poxi y fuma marihuana. La bolsita es para paliar el hambre y sentirse bien, aunque el viaje dura poco, es un flash que se va enseguida. El porro es para viajar más, aunque tiene contraindicaciones: da gula y a veces no hay qué comer.
En los tres años que pasaron desde que vivió sus primeras experiencias en la calle, el chico vivió con varias familias sustitutas a las que fue entregado por su mamá. También vivió con un tío, que lo obligaba a cargar el carro cartonero.
Aunque zafara de su mamá, Ariel caía en manos de gente que lo sometía a historias violentas y siempre terminó en la calle, sin posibilidad de elección.

La oportunidad perdida. En algún momento de su historia, el chico volvió al colegio. Como nunca había tenido la oportunidad de terminar de cursar el año, tuvo que empezar en primer grado. Las maestras lo evaluaron y decidieron que pasara a cuarto. Nadie sabía dónde había aprendido a leer o a sumar ese chico que vivía en la calle. Pero sabía.
Ariel creyó tener una oportunidad cuando su mamá recibió una casa del Plan Federal de Viviendas, con tres habitaciones. Pero la mujer vendió el hogar de material y se mudó a la villa El Churrasco, donde es la segunda mujer de un vendedor de drogas.
Tres casillas de madera tiene el Cabezón. En una vive su mamá; en otra, su mujer con sus seis hijos; y en la otra, Inés, que llevó con ella a algunos de sus hijos. Suegra, esposa y amante conviven al parecer en armonía.
Ariel aún va a visitar a su mamá, algunas veces, aunque ya no se queda a dormir en su casa. Prefiere volver al vagón del tren, en Tolosa.

Ariel pide desde los 8 años. Hoy vive en un vagón abandonado en la estación Tolosa

RECUADRO:

"Hacete amigo" para salir de la calle



Si hubiera que enumerar lo que falta, la lista debería comenzar con un lugar para que los chicos puedan comer, bañarse y elegir la posibilidad de quedarse a dormir, aunque luego la descarten.
Si hubiera que enumerar lo que hay, la lista puede comenzar con el trabajo que se realizó desde la dirección de Niñez y Adolescencia de la Municipalidad de La Plata, a través del programa "Hacete amigo".
El programa trabaja con chicos de entre 8 y 18 años que se encuentran en situación de calle, piden monedas, limpian vidrios o cuidan autos, muchos de los cuales no regresan a dormir a sus casas y prefieren quedarse en la calle.
Los coordinadores municipales realizan talleres de construcción de juguetes y recreativos en espacios públicos, con la intención de buscar un acercamiento a los pibes.
La idea completa un programa que comenzó luego de realizar un relevamiento con el que lograron censar a 90 chicos en situación de calle, aunque la cifra podría trepar al doble si se tiene en cuenta que el censo no los alcanzó a todos.
Marcelo Iafolla, coordinador del programa, explicó a Diagonales: “A esa frase de que los chicos son el futuro debemos agregarle que primero hay un presente que pide a gritos una respuesta".
La idea del programa es que los chicos desanden el camino que emprendieron un día de su casa a la calle.
La mayoría de los chicos que vagan por el centro de la ciudad mantiene algún tipo de lazo con su familia. Hay casos en los que se encuentran alguna vez cada tanto en la plaza San Martín.
Alguno recibe a su mamá o a sus hermanas para su cumpleaños, o en alguna otra fecha especial. Otros no tienen dónde ir, porque sus seres más cercanos están presos y son rechazados por otros familiares.

15 de marzo de 2008

Silvina y Pato, los “de los derechos humanos”


Foto: Eva Cabrera
-¿Alguien los ayuda?, preguntó Diagonales.
-Nadie -dijo un pibe.
-Los de los derechos humanos
-aclaró otro.
-Silvina y Pato, de los derechos humanos. Nadie más.
-Silvina dijo que nos iba a traer zapatillas. Mirá: yo ando con unas alpargatas todas rotas.

Silvina y Pato florecen en boca de los chicos que pasan el día y la noche en plaza San Martín. Ellos son “los de los derechos humanos” mencionados en la breve conversación que Diagonales mantuvo con el grupo de chicos que quiere una foto. Y posa con la bolsita de poxi en la boca. Y exige ser mirado.
Silvina y Pato trabajan para la Dirección de Niñez y Adolescencia comunal y son el nexo entre el Estado y los chicos en situación de calle. Antes trabajaron en los barrios y ahora lo hacen en las plazas.
"Hablamos sobre sus familias y sus necesidades. Si es lo mejor, tratamos de que vuelvan a sus casas y de que se escolaricen. Que refuercen el vínculo familiar y que conozcan sus derechos", cuenta la pareja, en un breve alto de su trabajo en plaza San Martín.
Se conocieron cuando tenían 15 años y ahora tienen 34. Ella se casó, tuvo dos hijas y luego se separó. Él tuvo un hijo con una chica que apenas conocía y renunció a una vida nueva que buscaba en Bariloche, para volver a vivir en La Plata y ser el padre que su hijo necesitaba.
Silvina y Pato se reencontraron en 2003, después de muchos años sin verse. Fue un flechazo. Y una noche Pato se quedó a dormir en lo de Silvina. Y la noche se hizo larga. Y es aún esa noche todas las noches, estas noches.
Mientras ella avanzaba en sus estudios de magisterio, para ser maestra jardinera, para tener un jardín de infantes o una casa para niños; en 2004 él empezó a trabajar en el viejo Consejo del Menor y la Familia, en temas de adicciones y desnutrición.
La política fue cambiando el nombre de aquel departamento comunal que hoy se llama Dirección de Niñez y Adolescencia y en el que Silvina comenzó a trabajar en 2005.
Él trabajó los barrios La Unión, la Bajada, el Mercadito y en Ringuelet. Ella en Altos de San Lorenzo. Y ahora trabajan juntos en la plaza, donde pasan el día. "Nosotros tratamos de que los chicos y sus familias tomen contacto con las asistentes sociales, abogados o psicólogos, según el caso", contaron.
Aunque recién comenzaron a trabajar en la calle en febrero, la pareja tiene una relación de extrema confianza con los chicos. "Tratamos de darles respuestas a sus problemas. Y nos propusimos no prometerles algo que después no podamos cumplir", aclararon.
Silvina y Pato trabajan en los 92 legajos que ya tiene la municipalidad con chicos en situación de calle. Cada uno de ellos es especial, único, diferente.
Ayer, por ejemplo, apareció un nuevo caso. "A éste no lo conozco", dijo Silvina. "Y no…”, le dijeron los chicos. “No lo conocés porque no viene todos los días. Viene de Magdalena", le dijeron. "¿Y se viene en micro?", preguntó ella. Le dijeron que si: "le afana plata al viejo y se viene a pasar el día acá. Con nosotros".
El chico se sentó con sus amigos, en la plaza, dispuesto a pasar el día.

Recuadros:
Jhonatan
Tiene 18 años y dice que le gustaría hacer el Servicio Militar Voluntario, para salir de la calle
ChuckyLa mamá de Chucky fue ayer visitar a su hijo a Plaza San Martín. Él no quería levantarse. Siguió tirado sobre un cartón bajo una palmera, hasta que Pato le pidió: "Dale, ponete las pilas". Y Chucky se levantó y fue a sentarse al lado de su mamá, a jugar con su hermanita. La nena lo había mirado escondida detrás de una planta, sin acercarse. Pero cuando él se sentó más cerca, ella le habló al oído. Le dijo algo, en secreto, privado.

11 de marzo de 2008

Poxi



El poxi destruye a un centenar de chicos que vagan por las calles de la ciudad
Duermen en las plazas San Martín y Moreno, locales abandonados y edificios públicos

Relevados: La mayoría de los chicos proviene de Los Hornos, Altos de San Lorenzo, San Carlos, Ringuelet, Tolosa, Romero, Olmos, Villa Elvira y El Retiro. También hay de Berisso y Ensenada.
Datos: El Municipio hizo un relevamiento que comenzó la primera semana de febrero y continúa hasta la actualidad.
Censo: El 36% de los chicos relevados en las calles tiene entre 11y 14 años; el 24 % tiene entre 6 y 10 años; 22% mas de 18 años; el 11 entre 0 y 5 años y el 7% de 15 a 17 años.
Sexo: El 67% de los chicos en situación de calle son varones, mientras que el 33% son mujeres.
Prohibido: La ley 12.011 prohíbe la venta de pegamento a menores de 18 años y contempla severas multas.
¿Sin paco?: No habría paco en la región. Creen que se debe a que en la zona no hay cocinas que fabrique cocaína

Al menos 90 chicos viven hoy de la limosna o la “gamuza” en las calles de la ciudad; abandonados o fugados de hogares imposibles. Duermen en un par de locales desocupados del centro, en alguna sede universitaria, en el Palacio Municipal o bajo árboles de Plaza San Martín o Plaza Moreno. Casi todos aspiran pegamento o nafta. Algunos consumen alcohol, marihuana o cocaína. Los proveedores son adultos, en la mayoría de los casos, abusadores.
El hospital de Niños de La Plata atiende unas diez o doce consultas diarias por drogas. Por ahí pasaron casos de chicos de 11 años que aspiraban sustancias volátiles. “En general, los chicos que están en la calle consumen pegamento y otras drogas, alcohol y lo que tienen a su alcance, lo que les convidan los adultos, que en muchos casos utilizan las drogas para abusar sexualmente de ellos”, describió Silvia Maggi, médica toxicóloga de la Subsecretaría de Atención a las Adicciones de la Provincia con funciones en el hospital.
Con la droga “los chicos buscan alterar la conciencia y olvidar lo que les aflige como el hambre o la soledad. Saben que eso les calma todo lo que nosotros no le damos. Lo que los adultos le debemos”, afirmó la médica a Diagonales.
Luego de advertir que el pegamento se aspira de latas o bolsas, Maggi aseguró que “el testimonio de los chicos es muy valioso”.

Limosnero. "Vengo al centro a pedir monedas para comprar un sanguche y una gaseosa", contó uno de los chicos a Diagonales. Tiene 13 años y vive en Melchor Romero, en una casa de madera con piso de cemento, con su mamá y un hermano. Camina la calle con otros cinco chicos que duermen en un local de 47 y diagonal 74, cerrado y en ruinas.
- ¿Alguien los ayuda?
- Nadie.
- Los de los Derechos Humanos.
- Silvina y Pato, de los Derechos Humanos. Nadie más.
- Silvina dijo que nos iba a traer zapatillas. Mirá: yo ando con unas alpargatas todas rotas.
- Y andamos re sucios.
- Deberían tener un lugar dónde bañarse y dormir...
- Un comedor para los chicos de la calle. Un comedor donde nos podamos bañar.
- ¿No tenés una moneda?
- Sólo 25 centavos.
- ¡Está bien! ¡Danos esa!
- ¿No prefieren unos sánguches?
- ¡Siiiii! ¡Y una Coca!
Apenas la bolsa con los sánguches cayó en sus manos, los chicos corrieron hacia la esquina y desaparecieron. Parecían felices y tal vez lo estuvieran, pero ya saben que la felicidad es efímera, como los sánguches.

Alarma. "Esto está creciendo a pasos agigantados. Y no sólo hay varones en la calle. También hay mujeres. He atendido chicos que tomaban de las botellas que sacan los bares del centro. Desayunaban con eso. Había una nena que desayunaba con Tía María porque en su casa había tomado café con leche y le resultaba parecido", contó Maggi.
La Municipalidad de La Plata ya relevó a 90 chicos que pasan por la misma situación que aquella nena, aunque creen que podrían ser 180. La Dirección de Niñez y Adolescencia comunal, organiza actividades en la calle. La onda es buena y los chicos creen que los coordinadores municipales son “los de los Derechos Humanos".
El coordinador Marcelo Iafolla contó que "cuando estos chicos están en la plaza armando juguetes o jugando, que por la edad es lo que tendrían que hacer, la gente los ve de otra manera. Y se da cuenta de que son preciosos".
Fuera del ámbito estatal, la única organización social que trabaja con los chicos que viven en las calles platenses es el Movimiento Octubres. "Los pibes que tuvieron conexión con nosotros eran más de 90. Ahora los tenemos un poco perdidos porque nuestro nexo está preso; pero sabemos que son casi 100 porque nos pidieron pan dulce y turrones para pasar Navidad en Plaza Moreno", contó Silvina Kociancich, militante del movimiento.
Como el Estado, Octubres trabaja en las plazas con actividades artísticas y culturales que son asistenciales, pero también preventivas.
José Gallo, referente regional de la organización, admitió que no tienen las armas para "dar las respuestas instantáneas". Pero igual es optimista: "como dicen los Pumas, podemos ir partido a partido, poniéndonos pequeños objetivos, hacer campañas con metas chicas".
Nadie lo quiere admitir públicamente, pero los chicos están organizados en grupos para defenderse, pero también para montar algún apriete que les permita hacerse de dinero para comer y drogarse.
Para Maggi, la situación generada por el consumo de droga en niños y adolescentes merece una "puesta a punto multisectorial, que contemple la participación de varios organismos del Estado". El riesgo, advirtió, es alto. Altísimo: "una juventud desaparecida como si hubiera habido una guerra". Otra vez.

El blanco del pegamento
El poxi puede generar una sensación de euforia al inhalarlo, pero los chicos terminan con un deterioro intelectual tan importante que no podrían ir a la escuela aunque quisieran.
Además de las vías respiratorias, la vía aérea superior, pulmonar, el pegamento ataca al sistema nervioso central, sobre todo del área pre frontal, lo que lleva a un deterioro intelectual y del motor sensorial muy importante. En algunos casos, los chicos no recuerdan ni cómo se escribe su nombre.
A los pibes en situación de calle no sólo los destruyen las drogas, también la mala nutrición y las enfermedades infecciosas por la actividad sexual a la que son sometidos, tal lo explicó la doctora Maggi.

En Números
Según la Subsecretaría de Atención a las Adicciones bonaerense, los Centros de Atención a las Adicciones (CPA), de la región -que incluye a Presidente Perón, Berisso y Ensenada, entre otros distritos-, apenas atendieron en dos años a once pacientes que aspiraban sustancias volátiles: el 0,9 % de los pacientes en tratamiento mencionó a los inhalantes como la sustancia de inicio.

Yo consumo
El análisis de
Pablo Orbaiceta (Colaborador de la obra del padre Carlos Cajade)
El primer paso que tenemos que dar es que el pibe encuentre un ámbito donde pueda plantear su problema de adicción, donde no se lo castigue por eso, si no establecer desde qué lugar lo podemos ayudar, dándole un entorno y herramientas que lo favorezcan en su recuperación, que no sólo es su adicción en sí.
En nuestro caso, tratamos con chicos que provienen de historias muy duras socialmente, donde el entorno familiar, si es que lo tienen, está deteriorado por la falta de trabajo y de proyectos para una mejor calidad de vida, para ellos y sus hijos.
Hoy la realidad, en la mayoría de los casos, es que los pibes tienen que sostener económicamente a sus padres, sus hermanos presos o a los hijos de éstos; esta situación ha cambiado las reglas de juego y no logran salir de ese lugar para poder tener aspiraciones propias de progreso individual.
Esta problemática no les permite plasmar ningún sueño. Se ven estancados de por vida en un lugar injusto donde la salida se les hace difícil.
Poder darles herramientas para su desarrollo, apoyándolos, les hace ver en concreto un camino con educación, trabajo y justicia, que, si deciden tomarlo, les permite modificar lo que pareciera impuesto por un sistema perverso que los deja sin sueños y esperanzas de vivir dignamente.

Lo que sobra es cobardía
Opinión
Miguel Graziano (Periodista)
Cuando preparaba esta nota leí algunos testimonios que me impactaron. Entre ellos el de un chico que había consumido. Contaba que podía comprar el pegamento en cualquier ferretería o en algún kiosco.
El pibe decía: “se hacen los buenos pero te venden para que te mueras, para que te mates”. Y sobre los que le vendían pastillas en su barrio, una villa, claro, decía que “son aquellos que no tienen huevos para salir a robar ni para ir a trabajar”.
Tiene razón, lo que sobra es cobardía.

4 de marzo de 2008

Cinco chicos en la calle buscando una mirada

Los chicos vieron en la cámara de fotos el objeto extraño que suele fascinarlos y cruzaron la calle con la idea de quedar inmortalizados en una imagen. "Pasame la bolsa", pidió uno al otro, apenas quedaron frente al fotógrafo de Diagonales, que esperaba en la puerta del diario, en diagonal 74 y 47, que un remis lo pasara a buscar para salir a una nota sobre el inicio de las clases en la ciudad, a tomar las fotos de los chicos que fueron al colegio.
Eran cinco los pibes que desde la vereda de Il Angelo advirtieron la presencia de Nicolás Acuña y comenzaron a gritarle para que les sacara una foto. Exigían cinco segundos de bola, que alguien los mire, no que los vea... que los mire.
Dos de los pibes se cruzaron para ver qué onda, a tantear el terreno. Y cuando vieron que Nicolás era inofensivo, que no les gritaba y que hasta podría sacarles a una foto, se dieron la vuelta y llamaron a los otros tres, que habían quedado en la vereda de enfrente.
"A estos pibes no ve nadie. Van por la calle aspirando poxi y no pasa nada", pensó Nicolás, cuando levantó la cámara en busca del cuadro para el retrato que los chicos querían.
Cuatro posaron aspirando pegamento. Y uno se dio la vuelta para ubicarse detrás de Nicolás, como para chequear que todo estuviera bien y de paso pispear si pasaba algún patrullero de la Policía 2, que andaba por ahí.
Para uno de los chicos estaba “todo piola”, pero otro parecía apenas poder contener un ataque de bronca, como si tuviera dentro un perro rabioso tratando de salir al ataque.
- ¿De dónde son?
- De la calle.
- Y dónde paran.
- En cualquier lado… en la plaza San Martín. No es para mandarnos la policía ¿no?
- No, claro que no.
- Si llamás a la policía venimos y rompemos todos los vidrios.
- No va a hacer falta.
- ¿No tenés una moneda? Tenemos hambre.
Uno se acercó para ver la foto en la cámara de Nicolás. Pasaba un patrullero, los chicos se asustaron y se fueron.