"La gente cree estar plenamente informada sin haberse aproximado siquiera a una sola idea que contradiga sus prejuicios", Bill Keller.
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23 de mayo de 2025

¿Cuándo se baila?

 


Estaba yo solo, sentado en la punta de una larga mesa, muy temprano para mi costumbre, cuando una pareja adulta entró al salón del Club Ateneo Popular con la vista puesta en dónde sentarse. Me vieron ahí, con la bandejita de cartón vacía, la botella de vino de la casa y la copa sin servir y me preguntaron si podían sentarse en la mesa.

-Claro, es un lugar libre, pueden sentarse ustedes donde quieran -les dije.

-Muy bien -respondió ella-, muchas gracias.

Flaco y alto, él llevaba un pantalón blanco y usaba una boina. Ella vestía de negro y aunque tenía un suéter, no se quitaba la campera buscando aclimatarse. Los dos pasarían los 70 años, estimé.

Primero preguntaron por la calefacción del lugar y luego por lo que podrían comer. Dijeron que habían ido a bailar tango hace un par de semanas y enseguida preguntaron:

-¿Cuándo se baila?

-Si quieren bailar ahora, pueden salir a la pista, acá a nadie le importa si hay una o diez parejas bailando. Sino, esperen un rato que arranca la clase.

-¿Hay una clase? ¿Para qué? -preguntó ella, que se mostraba más dada a la conversación con un extraño.

-Hay una clase de boleros. No se la pierdan, les dije.

La forma de mi botella los hizo dudar. Me preguntaron si era vino y empezaron a discutir qué pedir. Cuando se decidieron —no llegué a oír qué—, él fue a buscar las bebidas.

Ella aprovechó para contarme que habían llegado al club por recomendación de su hija, que iría más seguido si no fuera porque no tiene plata.

El apareció bastante pronto, con un vaso con una bebida negra que ella creyó cerveza. El fernet era para él, que le preguntó qué cerveza tomaría.

-Roja o negra -le dijo.

-Sólo hay cerveza artesanal -dijo él.

-Entonces, roja o negra -insistió ella.

Intervine sin certeza sobre el tipo de cerveza que había en las heladeras para decirle que solo había rubia o IPA.

Puso cara de que no le gustaban, pero le mandó comprar una rubia.

Fue entonces que me tiró la confidencia.

-Somos novios -me dijo.

-Ahhh! Qué hermoso -le contesté.

-Yo estoy separada hace mucho tiempo -reveló- y él quedó viudo hace poco. Nos reencontramos en febrero, pero tenemos una relación secreta.

Advirtió que el hombre se acercaba y estiró la mano para tocar la mía en busca de una confidencia:

-No quiero que me escuche hablar de esto -me dijo.

Él traía una empanada de verdura para ella, pero necesitaba confirmar qué cerveza prefería, mientras bajaba la espuma de su fernet, que había quedado sobre la mesa.

Cuando él se fue, ella siguió:

-Nos vemos todas las semanas. Él vive a 174 kilómetros -me dijo- pero tiene una camioneta y viene a verme. Yo también voy, pero menos, porque no tengo auto. Además, yo soy libre, puedo hacer lo que quiera, pero él no quiere que sus hijos se enteren: todavía están de duelo.

-¿Y hablan por teléfono muy seguido? ¿cómo se comunican? -pregunté.

-Estamos todo el día juntos -me sorprendió-. Nos llamamos por video y desayunamos juntos, almorzamos juntos, estamos todo el día hablando. Estamos re contentos. Nosotros fuimos novios cuando éramos chicos, cada uno hizo su vida, pero ahora me encontró por Facebook. Nos encontramos después de 50 años.

El hombre casi la descubre revelando su secreto. Le dejó una cerveza rubia y volvió a sentar a su lado justo cuando empezaba la clase.

-Si quieren bailar vayan a tomar la clase -los apuré.

Ella se metió lo que quedaba de la empanada en la boca y con máxima velocidad se sacó la campera, mientras él hacía lo mismo y le daba un beso al Fernet antes de salir a la pista.

Los miré de lejos mientras tomaban la clase y casi me arrepiento de mi recomendación cuando escuché que les pedían que se tomaran de los tobillos. De pronto imaginé al hombre de cabeza al piso, cosa que por suerte, o por milagro, no pasó. La indiscreción es mi fuerte. Y quería saber si eran felices, así que los seguí un poco más.

Intentaron soltarse cuando les pidieron cambiar de pareja, pero no duraron mucho: volvieron a tomarse como si los demás no estuvieran.

Un poco antes de que termine la clase volvieron sonrientes a la mesa y pidieron que les tomara una foto. Él me pasó su teléfono para que pudiera retratarlos. Así lo hice. Pidieron otra, más, vertical, de cuerpo entero. Y otra para que se vea el escenario. 

-¿Nos podés tomar otra foto cuando sale la banda? -preguntaron.

El Sindicato Argentino de Boleros empezó a sonar y nadie bailaba. Yo empezaba a preocuparme.

-Anímense, acá no baila el que quiere sino el que puede -les dije.

Les daba vergüenza, pero salí un minuto y cuando volví eran una de las parejas que estaban en la pista.

Cuando terminó la primera parte del show volvieron presurosos a la mesa y empezaron a agarrar sus cosas.

-¿Ya se van? -pregunté.

-Sí -respondieron a dúo.

-A otros menesteres -me dijo ella, por lo bajo, tocándome la mano otra vez.

Y se fueron. A sus menesteres.

6 de mayo de 2011

Troilo, Salgán y Pugliese también van a la escuela


Lo que recibí de otros, lo tengo que pasar a otros, afirma el bandoneonista Rodolfo Mederos, y sube al escenario para participar de una peña escolar, una acción comunitaria, colectiva, nada superficial, no para que lo aplaudan, sino para transmitir un saber, un gusto; para compartir el hecho vital que significa tocar tango: la música clásica nacional, sostiene. Debajo, los alumnos de la Escuela de Educación Primaria N° 84 del barrio Villa Elvira lo miran con desconfianza, se sorprenden, le tocan la espalda a un compañero y miran para otro lado, bostezan, se ríen, ven bailar a una pareja, escuchan a sus compañeros más grandes cantar a coro y descubren un instrumento que se llama bandoneón, del que el invitado especial, ese hombre vestido de negro, saca sonidos musicales. Mederos siembra de manera muy austera, con la esperanza de generar un entusiasmo, una necesidad.
“Ningún pueblo tendrá futuro si no tiene memoria”, dice, sentado en el aula de primer grado de la escuela que ayer lo tuvo como protagonista, después de pasar el día en el salón de actos, en el marco del ciclo “Escuela, Tango, Club” que puso en marcha la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires, destinado a los chicos que cursan el nivel de enseñanza primaria.
El evento contó con la participación de los alumnos de 4º y 5º grado, que cantaron para los más chicos, y hubo dos parejas de baile. Los docentes estuvieron representados por Antonella Bruschi en baile y Marcela Rodríguez en canto; mientras que los músicos locales –invitados por la Municipalidad de La Plata–, subieron al escenario a mostrar su arte y pudieron tocar acompañados por el maestro en el bandoneón. Decí por Dios que me has dado / que estoy tan cambiado / no sé más quién soy…
De alguna manera, Mederos intenta presentarle el tango a la tercera o cuarta generación de argentinos “huérfanos” de aquella música popular que supo bailarse en el club del barrio, “desaparecidos” ambos después de la “década infame” que significó la última dictadura cívico militar. “Porque no hubo sólo 30 mil desaparecidos –dice–, sino también una cultura desaparecida: la dictadura y sus socios las multinacionales obligaban a borrar las cintas y las matrices de la música popular argentina, porque había que hacer lugar a la ‘nueva ola’”, entre los que podrían citarse a Palito Ortega, Johnny Tedesco, Jolly Land y Violeta Rivas, máximos exponentes del Club del Clan que se popularizó en los ‘60 y ‘70.
“Nos orientaron hacia otros gustos, más anglosajones. No es que sea un Bin Laden de la música, pero quisimos creer que inventamos una nueva categoría musical y la llamamos rock nacional, pero la música expresa una forma de ser, un lugar, no puede ser igual en todos lados. Y el rock es anglosajón”, opina.
Dice Mederos que los argentinos compramos y el tango, que había llegado a un nivel de perfección que todavía no ha sido superado, dejó de ser la música popular que era. “Los muchachos de hoy se encuentran con un panorama bastante estéril y, aunque siempre estoy esperanzado, estamos transcurriendo un momento muy crítico en el que hay que ahondar mucho en el pasado para poder aprender. El camino que tienen que hacer los jóvenes es una locura. Antes no era así. Yo aprendí con la orquesta, aprendí como se aprende a hablar. Hoy los chicos no tienen con quién tocar, de quién aprender”, afirma.
Y se queja: “pareciera que tenemos vocación de esclavos, de sometidos. Si queremos hacer algo de alto nivel, algo importante, lo llamamos a Plácido Domingo, cuando el tango es nuestra música clásica”.
Además de tocar en los turnos mañana y tarde en el colegio, a la nochecita los músicos locales y el maestro armaron una milonga en el Club Circunvalación, en 7 entre 77 y 78.
Pese al panorama desolador que presenta, con toda la música atravesada por el rock, para Mederos hay esperanza, lejos del bullicio y del ruido, porque todavía hay quien necesita mirar hacia su interior y profundizar. Cuando la virtud deje de ser la rapidez y sean el tiempo y la confianza, sostiene Mederos; cuando sea importante detenerse en un parque a ver los árboles, a escuchar los pájaros, entonces, podrán ser recuperados los Troilo, los Salgán, los Pugliese, nuestros Beethovens, nuestros Mozarts. “Me honra venir a las escuelas a tratar de recuperar la esencia del tango y desparramarla un poco, porque sino, terminaremos siendo nada. Como ya sabemos: no hay pueblo sin historia”, dice Mederos.

1 de mayo de 2011

Un actor, un trabajador de la cultura


En los ‘70 trabajó en Quebracho y participó en La Patagonia rebelde. Estuvo prohibido durante la dictadura y volvió a actuar en democracia. Hizo teatro, cine y televisión, pero también fue militante gremial y llegó a ser secretario general de la Asociación Argentina de Actores, a principios de los ‘90. Es el actor nacional que más cortos filmó y acaba de protagonizar El Fausto Criollo, la película de Fernando Birri basada en el cuento de Estanislao Del Campo. Se llama Omar Fanucci y hoy estrena en La Plata He visto a Dios, un clásico del teatro nacional escrito en 1930 por Francisco Defilippis Novoa, que será dirigido por Norberto Barruti en la sala Armando Discépolo de la Comedia de la Provincia de Buenos Aires.
“Ahora los días se me hacen más largos, un poco pesados. La gente está trabajando y yo ya me estudié la letra”, revela a Diagonales, un poco ansioso ya, sentado en la mesa del patio de la sala del taller de teatro de la Universidad Nacional de La Plata, donde se instaló el 7 de febrero, para empezar con los ensayos de la obra que estará en la cartelera del teatro de la provincia durante los próximos dos meses. “La relación con la gente del teatro ha sido muy fuerte”, sostiene.
Fanucci y Barruti se conocieron desde hace años en el Encuentro de teatro de Teodolina, que se realiza desde 1993 en Santa Fe, aunque fue recién el año pasado que al director platense se le ocurrió que podría hacer una obra con el actor santafesino. Poco después del último festival en el que se vieron, Barruti lo llamó para tentarlo. ¿Vos conocés He visto a Dios?, le preguntó. “Claro que la conocía: una obra bárbara”, dice Fanucci. Hubo otro llamado a los dos días. Venite a ver Babilonia, invitó el director, que desde marzo de 2010 tiene en cartelera la obra de Armando Discépolo, originalmente estrenada en 1925.
Fanucci viajó a La Plata a ver Babilonia y quedó enganchado. “Muy enganchado”, corrige. “La puesta me parece una obra maestra. Una obra de arte: todo el juego de las idas y venidas hacen de la obra una opereta musical, pero sin sonido. Enseguida me interesó la posibilidad de trabajar con él”, afirma. Barruti ya tenía todo preparado y lo invitó a ir a un hotel. Fanucci no quiso. “Pedí quedarme en el teatro. Vine el 7 de febrero y el 9 ya estábamos ensayando”.
“Estoy muy contento porque es la primera vez que hago grotesco y me encontré con un maestro del género. Es impresionante lo que sabe de esto. Al menos de esto. Además, me relacioné muy bien con el elenco y la obra es maravillosa. A la noche me acuesto pensando en el personaje”, describe.
Aunque tenía la posibilidad de ir a un hotel, Fanucci decidió quedarse en el teatro. “En este mundo de silencio y fantasmas. Porque hay fantasmas”, ríe. Y fue allí que trabajó camino al estreno, que consideró como la cima de una montaña. “Una vez que estás arriba ves todo el panorama.
Entonces, el público te da la energía necesaria para continuar con la creación, una energía que va y que viene y al actor le pega en la cara. Porque el teatro es el actor y el público, el otro”, asegura.
LA OBRA. Fanucci vio He visto a Dios dos veces. Una versión para televisión y una vez en teatro, en Teodolina. Sin embargo, cuando ensayaba para la puesta que lo tendrá como Carmelo Salandra, inmigrante italiano, joyero y relojero que acumula dinero para su hijo, sentía que todo era nuevo. “No me acordaba de algunas escenas, porque, aunque podrían ser muy importantes para la obra, en aquellas puestas habían sido intrascendentes”, cuenta.
Con el correr de los ensayos, Fanucci tuvo la certeza de trabajar en una obra a la que describe como “teatral hasta la médula, con el conflicto presente a flor de piel en todas las escenas”.
Además, explica, en la obra de Defilippis Novoa hay “una cosa que no pasa en las otras obras de principios de siglo pasado: la tragedia está en la mitad de la historia. No al final. Hay algo, en la mitad de la historia, que cambia la vida de este hombre”.
Salvando las distancias, sin comparar la situación política sino la personal, el actor distinguió lo que le sucede su personaje con lo que le ocurrió a las Madres de Plaza de Mayo. “Lo atraviesa la tragedia y va en búsqueda de la verdad”, dice.
DIVIDIDO EN DOS. Dice Fanucci que dividió su vida en dos. Una parte fue la actoral y la otra el compromiso social. Estudió actuación con Carlos Gandolfo, Raúl Serrano y Juan Carlos Gené; hizo obras de teatro contemporáneo, absurdo, realismo y de investigación. Trabajó con Hilda Ledesma y Alejandra Boero y hacía en televisión Teatro como en el teatro, con Rodolfo Ranni y Julio De Grazia, cuando fue el golpe de estado de 1976. Y aunque estuvo prohibido, no abandonó la labor sindical en actores.
En el ‘83 volvió a hacer cine, dirigió teatro de la oscuridad y ganó un Martín Fierro por Los cuentos del Capitán, que se transmitía por cable. Entre sus últimas películas recordó La Esperanza, que se estrenó en 2003 y lo tuvo como protagonista junto a Ulises Dumont; y El Piano Mudo, dirigida con Zuhair Jury, el hermano de Leonardo Fabio, y protagonizada por el pianista Miguel Angel Estrella.
De su vida militante, trajo al presente Ford Falcon buen estado se vende, un cortometraje muy famoso, que lo llevó a recorrer el país en los años ‘80. Y su vida sindical. “Los trabajadores tienen que estar unidos en alguna parte. Y los actores somos trabajadores de la cultura, así que siempre trabajé -ad honorem- en la Asociación Argentina de Actores. Pensar en los otros fue lo mejor que me pasó en la vida. Ahora, ya pienso que cumplí”, afirma.
Los días en La Plata son para Fanucci siempre parecidos. Se levanta temprano a estudiar, toma unos mates y sale a caminar. Durante la semana va a Plaza Moreno. Los domingos le gusta ir a ver a la gente en Plaza Italia. "Soy un trabajador de la cultura y me gusta lo popular", dice.

24 de marzo de 2011

El Golpe

Marzo del 76. Terminó el carnaval. Sandro tocó en Gimnasia y Esgrima y Dyango en Estudiantes, con Los Plateros. Todos los clubes vivían una época de gloria: Unidos de Olmos fletaba micros desde el centro y había fiestas en Brandsen, Universal, Romerense, Deportivo Platense, Vereadores y Villa San Carlos. La confitería bailable de la noche platense se llamaba Macondo.

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La tienda Delmar lanzó su temporada de invierno con un “descuento especial al estilo francés”, que empezaba con un 5% y podía alcanzar el 10% para compras de hasta 20.000 pesos. El Dodge 1500 venía con freno a disco y aseguraba tener un alto valor de reventa. “Por algo será”, decía, la publicidad. Las concesionarias locales ofrecían planes para quien quisiera comprar el nuevo modelo de Peugeot 404.

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El domingo 21 de marzo, Gimnasia recibió a Estudiantes en un clásico con poco para recordar. Aunque en el Campeonato Nacional jugaban en zonas diferentes, en esa fecha les tocó el interzonal. Gimnasia iba primero en la zona B, junto a Quilmes, mientras que Estudiantes -que también jugaba la Libertadores- estaba quinto en la A, detrás de Huracán, Independiente, Ferro y Boca. Héctor Milano abrió el marcador para el Pincha a los 24 minutos del primer tiempo y Oscar Fornari empató el partido, a los 33 del segundo.

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“Sol de papel” era un destacado conjunto platense de música rock. Junglerías, Americanto, Negros Spirituals, El Negro Cabrera, Nacimiento y Nuevo Día participaban de un evento que se realizaba en el Coliseo Podestá con el lema “La Plata canta”. Rubén Alippi, el grupo Reflejos y Mario Bustos eran algunos de los que tocaban en las fiestas que había por la ciudad.
Acróbatas, payasos, magos y adiestradores de animales entretenían a los chicos en El Circo Mágico Chino, que había instalado en 7 y 528 su gran carpa con pistas y galerías de asientos para el público.

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La Orquesta Estable del Teatro Argentino, dirigida por el maestro Roberto Ruiz, inauguró la temporada 1976 con “La zapatera prodigiosa”, obertura de José Castro; el “Preludio a la siesta de un fauno”, de Claude Debussy; y obras para violín y orquesta de Ernest Chausson y Maurice Ravel, con la participación del violinista Szymsia Bajour.

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Los teatreros estaban reunidos en el grupo de Teatro Independiente de La Plata (TILP), dirigido por Gilberto Mirabella, que abrió la temporada de la flamante sala Discépolo con “Aurelia y sus hombres”, una comedia con denuncia social con la que el dramaturgo español Alfonso Paso ganó el Premio Nacional de Teatro de su país en 1961.
El TILP, anunciaba las obras “Las de Barranco”, de Gregorio de Laferrere, y la comedia “El mentiroso”. Entre las obras infantiles, iban a presentarse “El espantapájaros que quería ser rey” y “Ronda de los juglares”. El fin de semana anterior al Golpe de Estado subió a escena “Canto general”, de Pablo Neruda, en una adaptación dramática de Ricardo Indiart, que contó con las actuaciones de Virginia Lago, Onofre Lovero, Víctor Hugo Vieyra, Héctor Gióvine y el percusionista Juan Roldán.

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Había escasez de pollos y huevos en los almacenes y los productores tenían que salir a dar explicaciones. La Asociación de Pescadores del Río de la Plata informaba que los peces del río “no se encuentran contaminados”. Había vecinos con perros en sus departamentos y otros que se quejaban por ello. Y quienes estacionaban su auto en la vereda y provocaban la bronca de los transeúntes.
Ya había, en aquel marzo del 76, algún conflicto por la música pirata. Aunque los grabadores no estaban difundidos, había quien vendía cassettes grabados con música copiada de un disco. La polémica se debatía en los tribunales y, en otras ciudades del país, hasta había comerciantes procesados y con prisión preventiva.

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La película documental italiana “Adiós, tío Tom”, que denunciaba el racismo y la esclavitud, se promocionaba como un éxito de público en La Plata. Y aunque fue levantada en la víspera del 24 de marzo, volvió de inmediato a la trasnoche del cine Select. “El joven Frankestein”, de Mel Brooks, llevaba varias semanas en el Cine 8; y la que convocaba en el Roca era Isabel Sarli, con tres películas que empezaban a las 13.30 se exhibían una detrás de la otra. La última, a las 22.40.
También se promocionaba como un cine para adultos la película “¿Qué pasa, Pussycat?”, una comedia de enredos que Woody Allen había estrenado 10 años antes y contaba los conflictos entre hombres y mujeres en un hotel.
La semana del golpe se estrenó en La Plata “La Mary”, dirigida por Daniel Tinayre y con los protagónicos de Susana Gimenez y Carlos Monzón. Se anunciaba como “la película más audaz del cine argentino” y compartía la cartelera con “La Perra”, protagonizada por Libertad Leblanc y “El rincón de las vírgenes”, un título que alarmaba o entusiasmaba junto a la advertencia de “prohibida para menores de 18 años”, pero era una película de arte, pícara, adaptada al cine del cuento “Anacleto Morones” de Juan Rulfo, que cuenta la historia del tal Anacleto, un hombre con facilidad de palabra que hacía creer en milagros a la gente.
En el Cervantes daban “El discreto encanto de la Burguesía” y “El fantasma de la libertad”, doble programa con filmes de Luis Buñel. En el Astros estrenaban “Aguirre, la ira de Dios”, de Werner Herzog, considerada como una de las joyas del cine alemán.
“Infierno en la torre” iba por su sexta semana. Era el tanque hollywoodense del momento. Porcel tenía en cartelera “El gordo de América”.

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Marzo del 76. Terminó el carnaval. Y la muerte ya es una realidad en la vida cotidiana de los platenses.

21 de septiembre de 2010

Una mirada personal y un clic sobre el mundo en el que vivimos



Necesitan expresarse, crear, transmitir, comunicar, mostrar cómo ven al mundo. Y de todas las disciplinas artísticas, ellos eligieron la fotografía. Por eso encuadran a través del visor con sus cámaras hasta acertar en un pequeño fragmento con largo por ancho y hacen clic. Se trata de siete jóvenes que hacen fotografía en La Plata, embarcados en un proyecto para editar una revista en la que generar un espacio de debate y poder publicar sus trabajos junto al de muchos otros emergentes que no tienen lugares físicos para mostrarse.
Embarcados en el sueño de la revista propia, Lisandro Pérez Aznar (26), Chelo Méndez (27), Nicolás Bonel (29) conversaron con Diagonales sobre un proyecto que empiezan a dar a conocer en medio de los festejos por el Día del fotógrafo -que se celebra hoy en gran parte de América Latina-, y que comparten con Diana González (22), Fernanda Marconi (23), Leandro Aliano (32) y Sebastián Ferreyra (31).
Con el mono de lo que será el primer número de Lumo, palabra que significa luz en el idioma esperanto, los fotógrafos aceptaron bajar al subsuelo del Pasaje Rodrigo, en 50 entre 4 y 5, a conversar sobre su proyecto, que en el primer número tendrá una nota sobre Larry Clark (en la sección fotógrafos consagrados), una entrevista a Xavier Kriskauski (referente platense) y una selección de fotos que Lisandro (hijo de Ataulfo Pérez Aznar y Helen Zout) en una sección que bautizaron como fotógrafos emergentes.
"Teníamos inquietudes y como todos nos preguntábamos cuándo, qué y cómo mostrar", aseguró Nicolás. Después de un taller de fotografía documental, el grupo se encontró con la necesidad de empezar a hablar de la fotografía e investigar más. Pensaban que podían hacerlo entre ellos, "hacia adentro", o tratar de compartir sus hallazgos a partir de su propia experiencia. "La fotografía es un oficio de formación constante, en el que nunca se deja de aprender y a pesar de que podemos decir que somos principiantes, nos pareció interesante poder iniciar un camino de investigación y análisis de manera abierta. Así se nos ocurrió la revista", describió Lisandro.
Después de muchos sábados trasnochados, el grupo decidió hacer una revista de 18 páginas, con papel ilustración blanco y negro, que aspirará a pasar a color y luego tratará de aumentar sus páginas. De manera paralela al papel, Lumo se editará en la web, para que los lectores y otros fotógrafos emergentes puedan participar de un foro de debate y discusión que logre alimentarlos a todos.
El grupo se terminó de decidir después de ver una muestra colectiva que se hizo en junio y que reunió a 210 fotógrafos platenses. No quedaron felices con todo lo que vieron, pero se impresionaron con la cantidad de participantes en el evento, que organizó el Museo Gráfico y Fotográfico (MUGAFO) del Centro Cultural Islas Malvinas.
"Hoy en día la fotografía está muy centrada en el fotoclub y no hay una mirada particular. Está la foto linda, dulce, tierna, del gatito dentro del zapato, pero no está Chelo mostrándome algo", describió Nicolás.
La descripción mereció un debate. "La foto digital no deja que el trabajo madure", coincidieron. Chelo agrego: "La fotografía analógica te obliga a pararte de manera diferente frente a lo que vas a fotografiar". Nicolás asintió y explicó que mientras que con la digital se pueden sacar cientos de fotos, con la analógica "sólo tenés 36 disparos. Después tenés que cambiar el rollo". Según Lisandro, "hay gente que nos ve cómo nostálgicos, pero lo cierto es que te hace valorar más el trabajo y permite que te tomes el tiempo para terminar de construir una historia".

Foto: fragmento-Diana González

De novela
Aventuras fotográficas
por Adolfo Bioy Casares
Estaba ansioso por fotografiar.
Caminaron hasta la estación, que fotografió de lejos y de cerca, en conjunto y por partes. Julia se mostró como una señorita diligente, de notable paciencia.
Le sirvió de auxiliar y al rato empezó a sugerirle fotografías, siempre con fundamento y mucho tino. Cuando concluyó con la estación, Almanza fotografió el Roca, un cinematógrafo que había por ahí y, yendo hacia el lago y el bosque, fotografió el edificio de la Facultad de Ciencias Exactas, que le gustó mucho, y el monumento al Almirante Brown, "de altura imponente", según le comentó a Julia. Más adelante vieron el lago, con patos y cisnes, y gente que remaba en botes. Una insinuante voz italiana preguntó:
–¿Quieren una bella fotografía? Hay que guardar el recuerdo de un momento feliz.
El que habló era uno de esos viejos fotógrafos de plaza, con su guardapolvo y su gran cámara de trípode, provista de trapo negro. Julia dijo:
–Por mí no se ponga en gasto.
Almanza contestó con un frase dirigida al fotógrafo:
–Pierda cuidado, Julia. A un colega el señor le hace precio.
–Maldito oficio –contestó el fotógrafo (dijo maledetto)–. En estos días todo el mundo es colega, pero uno tiene que vivir. Próximo al lago, próximo al lago: será una bella fotografía...

Fragmento de la novela “La aventura de un fotógrafo en La Plata”

23 de julio de 2009

Hasta aquí: cultura

¡último día en la sección Cultura de Diagonales! Sigo en el diario, pero en la sección Sociedad. Debo algunas notas, pero ya las irán haciendo mis compañeros! gracias a los artistas que me dejaron entrevistarlos!!!!!!!

30 de junio de 2009

Lo que Humo(r) nos legó



El dibujante, editor, diseñador y artista plástico Andrés Cascioli falleció el jueves, a los 73 años. La revista Humo(r) fue su gran obra, creó una forma de usar el ingenio y el sarcasmo para burlar las barreras del poder. Y fue una marca en la subjetividad de una generación. Los platenses que publicaron en sus páginas la recuerdan para Diagonales en una despedida al tipo que la creó y, a su manera, nos liberó:

Una marca profunda
Por Jorge Goyeneche
Novelista - autor del blog www.revista-humor.blogspot.com
La revista Humo(r) fue un desvío. No un atajo, ese recorrido fácil que nos hace saltear etapas y nos ubica rápidamente al final del recorrido, sino la decisión de no aceptar la mirada permitida: saltar por el Mundial, tirar papelitos como Clemente, pegar en el auto un cartelito que rezaba “Somos derechos y humanos”. Frente al aislamiento que la gran masa imponía, Humo(r) fue una diagonal.
Estábamos sin trabajo en un departamentucho húmedo, llovía, no había un peso, se nos había acabado la garrafa. Un melodrama ruso en blanco y negro. Un hijo y un embarazo avanzado. La última moneda, con su pedido de auxilio a padres o suegros, se la tragó el teléfono público que estaba a tres cuadras. Era el 78. Como exorcismo, nos pusimos a escribir y meses después nos contestaron de la revista. Y así empezó todo. A pesar de algún número secuestrado, a pesar de un amago de huida romántica por los techos vecinos de la calle Piedras en la primera sede de la editorial, fueron años felices porque la hostilidad militarizada no podía contra nosotros. También era una fiesta acarrear las notas (sin Internet, sin celular, sin fax, ni siquiera había teléfono en casa) había que tomarse el tren, caminar silbando hasta San Telmo y sentarse en la redacción a charlar con Tomás Sanz, Fabre, Vázquez, cruzarse con Dolina, Sasturain, los dibujantes. Y todo con enorme amabilidad (juro que no estoy mejorando el pasado, estas pocas líneas no alcanzan para describir el afecto y la cordialidad de aquella redacción). Luego llegaban cartas comentando esas notas desde Noruega, desde un pequeño pueblito aislado en Santiago del Estero, desde cualquier lugar donde otros exiliados externos o internos se reconfortaban a pesar de la soledad y la distancia.
Nadie puede salir de esos recreos largos sin una marca profunda. Tanto en el anclaje afectivo como en la forma de acercarse al lector, en la manera de enfocar el análisis del entorno. Humo(r) es un gen. Aquellas tapas que ponían en escorzo a los superhombres (Menotti como San Martín; la junta como tres monos que no hablan ni miran ni oyen; la Justicia ciega en patineta; Galtieri conquistador a lo Mel Brooks); aquellas notas, aquellos reportajes que buscaban el subtexto. Es una marca en la forma de mirar.
El día de la muerte de Cascioli en TN lo mataron a Fabregat. Una joyita. Mientras el banner rápidamente anunciaba la noticia, arriba pasaban un video, sin sonido, en el que se veía al uruguayo Fabre. Una hora después lo corrigieron y pusieron al verdadero muerto. Y finalmente, Michael, el negro blanco, el Grassi del norte, se lo llevó del todo.
Cuando todo el sistema cultural mira derecho, sé –gracias a Humo(r)– que hay que inclinar un poco la cabeza o directamente poner todo patas para arriba. Como dijera Prodan en “Murciélagos”: “yo estoy al derecho, dado vuelta estás vos”.

Esa ventana urgente y necesaria
Por Horacio Fiebelkorn
Escritor y periodista
Fotos superpuestas: Videla dando un discurso, diarios que callan el relato de la entrega y la masacre civil, y mi propia imagen de pibe de 21 años que empieza a publicar notas en la revista Humo(r), que funcionaba en dos departamentos de la calle Piedras, con un clima casi familiar, íntimo y bohemio: se cocinaba allí mismo a la hora de comer, se almorzaba en equipo sobre los escritorios. Toda una mística vital en tiempos desastrosos.
Sólo una cosa tenía clara aquel veinteañero: la vida cotidiana era una porquería sin par en esa cárcel de las emociones que era La Plata en esos años. Desde ese lugar escribía, y Humo(r) daba refugio. Era una ventana por donde respirar algo distinto de la palabra oficial y mediática de esos años, jugada al cretinismo, la mediocridad y la hipocresía.
La revista acompañó la bronca colectiva previa al retorno de la democracia, y en ese camino quebró la sintaxis clásica del periodismo, al promover una lengua sarcástica y una mirada implacable hacia una cotidianidad y un sentido común viciados por el fascismo. Se lucían las plumas de Fabregat, Dolina, Sanz, Saccomano, Sandra Russo o Gloria Guerrero, junto a los reportajes de Mona Moncalvillo, el arte de Cascioli o Nine, el despuntar de los jóvenes Langer, Rep y Daniel Paz, y los ya veteranos Viuti y Grondona White. Creo que ese fue su mayor aporte al periodismo: hoy muchos escriben como lo hacíamos en Humo(r), aunque la ironía, en los 90, dejó de ser un arma y pasó a engrosar el repertorio del cinismo vacío y seudo canchero. En cuanto a la gráfica, la revista revalorizó a las páginas de humor en los diarios: no hay medio que no tenga sus humoristas, más o menos ácidos, más o menos talentosos.
En la columna del “debe”, hay que computarle a Humo(r) haber hecho suya la idea alfonsinista de que todo reclamo era “desestabilizador”. Esta adhesión le quitó humor y la convirtió en una revista de opinión. En paralelo, el crecimiento de la editorial La Urraca encontró su techo en los ‘80: cierre de revistas como El periodista, rumores de vaciamiento nunca confirmados, y el estado fantasmal en que fue quedando el edificio de la calle Venezuela, con un Cascioli casi aislado y demasiado convencido de haber derrotado, él solo, a la dictadura. Aquella bohemia heroica de los primeros ‘80 ya estaba bajo tierra. Y los ‘90 terminaron de cargarse a la propia revista, que pese a todo hizo historia por no tratar de imbéciles a los lectores, y por abrir esa ventana urgente, necesaria, que a tantos nos permitió respirar en tiempos difíciles.

La marca del humorista
Por Genoveva Arcaute
Poeta y narradora, autora del blog www.revista-humor.blogspot.com
Permitirnos vivir en estado de escritura, que es un estado de gracia. Quincena a quincena, la incertidumbre de si sería o no publicada la nota que había sido penosamente acarreada en el Río de La Plata (Centenario y Calchaquí, Mitre de Avellaneda y subte en Constitución, previo licuado de banana para reponer energía) y cuya idea o plan estaba aprobado veinte o treinta días antes. Y no pensar en el teléfono para abreviar la agonía porque no lo tenía en casa, los públicos eran pocos y los que andaban, devoraban fichas que no se conseguían en ningún kiosco. Estamos hablando de los últimos revolcones de la dictadura y los primeros augurios de la democracia. Y claro, la vida pasaba por ahí, la única calle con luz.
Podían pasar dos cosas: A) La nota salía, entonces todo era alegría y fe en la propia escritura, se podía vivir tranquilo hasta la próxima, pensar con tiempo suficiente, desarrollar esa idea que ya estaba conversada y, sobre todo esto, saberse colaboradora de Humo(r), leída y disfrutada por quichicientos lectores hermanos. Sin contar que un artículo doble página era pagado más o menos como cuatro horas cátedra de secundaria (multiplicadas por cuatro semanas: dieciséis horas reales con un curso). Lo cual no es poco, si recuerdo que cuando vino Cortázar al San Martín a conversar con sus lectores, no pudimos ir a verlo por malaria, miseria, sequía, como quieran llamarlo. ¡Quién iba a decir que sería la última oportunidad! O B) La nota no salía, y entonces toda la negrura del fracaso caía sobre nosotros. ¿Acaso el Gordo Soriano había mandado algo a último momento? ¿O Malvinas terminaba con todos los rincones de la revista donde podía caber la notita de los platenses, costumbrista, con risas y ese tinte tan aquí-estamos-vivos-y-con-ganas-de-empezar? ¿O le tocaba a Santiago Varela, a Manolo da la Zarza, a la Wargon, que pulsaban la misma cuerda?
Entonces quedaba el consuelo: la Súper, la Sex o alguna otra, que nunca terminaban de definirse. Súperhumo(r), por ejemplo, empezó como muestrario de la nueva historieta, densa en lo intelectual, única en el dibujo, carísima de publicar. Después, entregados al radicalismo, Enrique Vázquez la dirigió unívocamente a lo político. ¡A ver esa ductilidad, señoras! Ese oficio de adaptarse a líneas e intenciones. Después la Sex se la tragó, valga la expresión y otra vez, a ensayar otro humor, otra temática. Lo bueno, lo grande, es que siempre estaba la oportunidad de demostrar que una podía, que para algo había elegido como oficio nada menos que la palabra.
Y aquí concluyo. La escritura de un escritor se hace en un aprendizaje lento e inconciente. Fuerzas que a una la moldean, la determinan y sólo se divisan con el correr del tiempo. Y si algo como escritores nos dejó esa década, fue sin duda la marca del humorista. La vocación de desnudar ese sesgo que la realidad se empeña en disimular, sacado a la luz en el verso, en la narración, en lo que, como entonces, se ponga por delante.

Nuestras obligaciones
Por Carlos Pinto (autor de la obra que ilustra esta serie de notas)
Ilustrador y humorista gráfico
Cuando tenía seis años dibujaba con mi amigo Marito, en Avellaneda, mientras tomábamos la merienda y veíamos El zorro o Meteoro en un enorme televisor blanco y negro. Eramos felices dibujando historietas. Luego crecimos, vino la dictadura militar, mi familia se mudó a Necochea y me alejé de mi amigo. Desde la tranquilidad de la playa, sin procedimientos militares ni persecuciones a la vista, viví una adolescencia feliz. Parecía estar en una costa ajena a todo lo que sucedía en el país. Pero pasaban cosas. Llegó a mis manos la revista Humo(r), con las inolvidables tapas del Tano Cascioli y sus necesarias denuncias. Más tarde llegaron Sexhumo(r), Superhumo(r) y Fierro. Mi vida cambió con esa constelación de revistas creadas por Cascioli y sus implacables monstruos del dibujo. Me abrieron un mundo. Me animaron a estudiar. Llegó la democracia, vine a La Plata y me recibí de profesor. A mediados de los ‘80, en la galería de arte Praxis, en calle 49, se hizo una muestra de todas las luminarias de la revista y conocí a Raúl Fortín, un artista platense con una trayectoria impresionante. Él me acercó a Humo(r).
Terminaba agónicamente el gobierno de Raúl Alfonsín, los tiempos habían cambiado, gobernaba Carlos Menem y Ediciones de La Urraca no tenía el auge de antaño, pero yo no quería perderme la ilusión de publicar allí: Era coronar un sueño que había empezado en las tardes de merienda con mi amigo. Armé una carpeta y fui, sin pensar que podría encontrarme con mi amigo de la infancia. Ahí estaba Marito, era uno de los jefes de dibujantes de la editorial. Hacía 19 años que no nos veíamos. Y empecé a publicar, era la época de los chistes de Menem: la Ferrari, la avispa, “el quincho”. Pero con el correr de los meses, los grandes dibujantes e intelectuales que habían germinado junto a Cascioli, Humo(r) y sus satélites, abandonaron la editorial, la mayoría enojados con el Tano.
No lo conocí personalmente, pero sin saberlo, ese Tano me cambió la vida. Me mostró que se podía ser profesional del dibujo, que se podía hacer una revista, que con un lápiz se podía hacerle burla a los poderosos.
Admiro su enorme obra, no es fácil en un país como el nuestro y en el contexto que lo hizo, ser creativo, dibujar como los dioses, armar una editorial, reunir a los mejores y hacer éxitos que desafiaran a una dictadura.
El Tano Cascioli, Raúl Fortín, y tantos otros de aquel glorioso staff, tienen ganado un enorme lugar en la historia del periodismo gráfico, y el del humor gráfico argentino. Desde las facultades de arte, desde las escuelas, desde los medios de comunicación, desde nuestra memoria como ciudadanos, tenemos la obligación de revisar sus obras como ejercicio de valoración artística, de la memoria y de estudio de nuestra historia.

19 de marzo de 2009

Malvinas

El Museo de Arte y Memoria (9 entre 51 y 53) inaugura a las 19 de hoy la muestra Malvinas. Retratos y paisajes de guerra, compilada por Juan Travnik durante más de 15 años. El trabajo incluyó más de 250 entrevistas de las cuales resultaron los casi 70 retratos que ahora se exhiben en La Plata. “La muestra es una invitación a reflexionar sobre el destino”, contó su autor a Diagonales.
El retrato fotográfico es un género que trabaja en la idea de mostrar el carácter y las cualidades físicas o morales de las personas fotografiadas. En el caso de las fotos que Travnik tomó a los ex combatientes, lo que los hombres retratados tuvieron en común puede verse en su mirada.
Al iniciar su trabajo, el fotógrafo pensaba en reconocer –de alguna manera– el papel que tuvieron los que estuvieron en la guerra. Y en particular el de los conscriptos, que no eligieron la carrera militar sino que fueron a Malvinas por estar cumpliendo con el Servicio Militar, que era obligatorio en aquellos años. “Me interesó ver qué huellas quedaban en esa gente que vivió esa experiencia tan fuerte. Hay que tener en cuenta que empecé a tomar las fotografías no cuando los combatientes volvían de Malvinas, sino diez años después”.
En su búsqueda por abrir el debate y permitir que surgieran preguntas que interpelaran al pasado reciente, Travnik descubrió la indiferencia y el rechazo que sufrieron los ex combatientes. Aunque tomó las fotografías a lo largo de 15 años, advirtió que los ex soldados sufrieron el abandono: “no podría decir que todos, pero la mayoría… la abrumadora mayoría, diría, me dijo que sufrió más en el continente que durante la guerra”, contó. Y agregó: “No tuvieron ni apoyo material, ni afectivo, ni psicológico que los contenga. Hubo falta de interés en que tuvieran la reinserción social que merecen. Creo que es evidente con la cantidad de suicidios de ex combatientes, que son muchos más que las bajas que hubo durante la guerra”.
Travnik recordó además que en el momento de la invasión a Malvinas hubo mucha solidaridad de la sociedad: “Más allá de lo que se hizo con todo eso, lo cierto es que la gente mandaba cosas, juntaba dinero o joyas. De alguna manera era una muestra de que apoyaba a esos otros ciudadanos que defendían la soberanía, más allá de que la decisión de recuperar las islas hubiera sido tomada por una dictadura”.
Es en el recuerdo que la muestra se resignifica para cada uno de aquellos visitantes que tienen conciencia sobre guerra. Y entonces, la muestra cumple con su función de invitar a reflexionar sobre el destino y tal vez, por qué no, pueda ayudar a tomar conciencia sobre la necesidad de dejar de lado la indiferencia.

1 de febrero de 2009

Enero en La Plata

En enero no queda nadie en La Plata. Y los pocos que se quedan se quedan guardados, escondidos, sólo por no salir solos, a aburrirse. Hay lugares libres para estacionar en el centro y… en fin, hay quien cree que la ciudad es un paraíso y quien la ve como una ciudad fantasma, abandonada no por el fracaso de la actividad económica que la sostenía ni por desastres naturales, sino, todo lo contrario, por las merecidas vacaciones y el éxodo hacia la playa o la montaña. Hay receso en el gobierno y los Tribunales están cerrados. No hay fútbol. Así es La Plata en enero según el imaginario popular: un lugar vacío. Tampoco hay teatro: sólo Los Muñocos, para niños, en Plaza Moreno. Apenas dos visitas musicales, Juan Falú y el Beto Caletti Trío. Y alguna que otra propuesta local en el bar Pura Vida o en Mulata. Mientras que febrero arranca a full, con actividades entre semana, viernes, sábados y domingos, "enero es un mes que no se programa", reconocieron los programadores locales de los entes estatales a Diagonales.
-Esa es la verdad, enero es un mes que no se programa-, explicó Iván Maidana, secretario de Cultura municipal.
-¿El año pasado fue igual?
-Arrancamos un poco antes. Tal vez haya tenido que ver que era nuestro primer verano y recién empezábamos la gestión.
-¿Qué hicieron?
-Empezamos en la segunda quincena de enero con el ciclo de cine en las plazas, que este año arranca en unos días.
-Con qué tiene que ver la falta de programación de los veranos.
-Por un lado con que se iban todos. Es algo histórico en la ciudad. Y por otro lado, teníamos la necesidad de acomodar las salas, los espacios. Utilizamos nuestra temporada baja para resolver cuestiones estructurales. Problemas edilicios que si bien no eran graves teníamos que solucionar. Durante la segunda quincena de enero trabajamos en la organización de los espectáculos que se presentarán en febrero.
-Ya febrero arranca con todo...
-Si. El lunes abre el Espacio Inca con la presencia de Leonardo Fabio y la presentación de Aniceto. Además, mañana (por hoy) empieza el ciclo "Verano para ver y escuchar", con el que llevamos cine y música a los museos.
Maidana se tomó unos días de vacaciones en enero, pero hasta el 10 estuvo en la ciudad, por lo que pudo observar que se quedó algo más de gente que lo habitual.
-Antes la clase media vacacionaba una quincena o todo un mes, pero ahora las vacaciones son de tres o cuatro días. Tal vez la ciudad fantasma de enero sea sólo un mito.
-Es cierto. Es probable que tengamos que programar algo en enero. Tomar, de alguna manera, los espacios públicos.
El otro organismo del estado que tiene una gran presencia en la ciudad es el Instituto Cultural de la Provincia. Siro Colli, director artístico de la Comedia de la Provincia de Buenos Aires.
-En nuestro caso, fue una decisión propia unificar las vacaciones en enero-, aclaró.
-¿Por qué?
-Es la tradición. Históricamente, la ciudad queda vacía en enero, aunque este año hubo mucha gente que se quedó.
-La actividad durante primera quincena parecía normal
-Antes no había nadie en ningún lado. Suspender las actividades parece algo natural, pero será así hasta que la realidad lo modifique.
-Tampoco hubo oferta de los grupos independientes.
-Es que, los que en otros años intentaron hacer algo no tuvieron suerte. Entonces, los teatristas aprovechan enero para pintar las salas o hacer algunos arreglos.
-Y qué es lo primero que se viene.
-Arrancamos con un festival de teatro infantil y uno de títeres, el 10 de febrero.

RECUADROS
En el Teatro Argentino
Aunque no debía haber nadie, porque están todos de vacaciones hasta el 3 de febrero, alguien atendió el teléfono cuando Diagonales llamó al Teatro Argentino. "Los teatros líricos de todo el mundo tienen un mes de vacaciones", dijo la voz. Y agregó: "toda la vida fue así".
La decisión de cerrar el teatro durante el mes de enero es histórica y forma parte de una tradición. Incluso cuando el Teatro del Lago funcionó como su apéndice, y pese a que estaba construido para que sostuviera las presentaciones veraniegas, nunca funcionó durante el mes de enero.
La ley artística, que es la número 12.268, no menciona en ninguno de sus artículos el tema de las vacaciones, ni obliga al receso mensual. Los cuerpos artísticos, auxiliares, técnicos, profesionales y de mantenimiento y servicios retomarán las actividades el 3 de febrero.
Aunque la apertura de la sala será con la presencia del catalán Joan Manuel Serrat, a fin de mes, las producciones propias comenzarán a presentarse en abril.

Los Visitantes
Juan Falú y Beto Caletti Trío (Caletti + Marcos Archetti y Diego Alejandro) fueron los únicos artistas de trayectoria nacional que visitaron la ciudad durante el mes de enero. Ambos se presentaron en Ciudad Vieja, en 17 y 71. El guitarrista de folclore llenó el bar el 17 de enero. Beto Caletti, en tanto, tuvo un bar estuvo casi lleno, con algo más del 70 por ciento de sus mesas ocupadas.

Las fijas

Los grupos de covers fueron una de las alternativa durante los fines de semana de enero. Aunque sólo abrió los fines de semana, Hemisferio presentó shows de Cocktail covers band, Los Manolos y el Tango Criollo Club. En Mirapampa, en tanto, se presentaron La Mandragora, Los Calamares, Generacion X, Serrat Como Serrat, Todos Menos Tu e Insert Coint.

11 de diciembre de 2008

Eternos caminantes


Decididos a "engomar el mundo de ilusiones con coches y golosinas y multitudes", y dispuestos a mostrar "los talentos que se tienen por dentro", los integrantes del taller El Cisne del Arte de la Casa de Pre Alta del Hospital Alejandro Korn presentan hoy el segundo número de Eternos Caminantes, la revista que produjeron en sociedad con alumnos y docentes de Diseño Activo, de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata. Los talleristas, coordinados por la artista platense Laura Lago, presentan su revista a las 15 en la sede de la Casa, en 56 entre 9 y 10.
Eternos Caminantes resume las actividades a las que se dedicaron los talleristas durante el año: "La escritura, el dibujo, el collage y la pintura. Además, narra el proceso de elaboración de la marca del taller El Cisne del Arte y otros trabajos que propusieron desde la cátedra de Diseño Activo, relacionados con la identidad de los alumnos", describió Lago a Diagonales.
Formada en el teatro platense y a punto de recibirse como coordinadora de técnicas psicodramáticas y corporales en salud mental en el Instituto de Neurociencias de Buenos Aires (INEBA), y como profesora de juegos dramáticos en la Universidad del Centro (Unicen), en Tandil, la artista creó los talleres de la Casa de Pre Alta en agosto de 2006, luego de trabajar cinco años en el Hospital Neuropsiquiátrico Domingo Taraborelli, en Necochea.
–¿Qué particularidad tienen los talleres, teniendo en cuenta que los alumnos son pacientes de un hospital neuropsiquiátrico?
–Aunque no se descarta si el interesado lo propone, nuestros talleres no buscan la formación de artistas, más bien se piensa el lenguaje y el mundo del arte como un universo de recursos y contenidos del que pueda valerse una persona con sufrimiento psicofísico a la hora de expresarse, para vivir en armonía con su entorno y hacerse valer como sujeto de sus intereses. Por supuesto, también para que aquellos que se piensan como artistas puedan desarrollarse aún más. En los casos en que el arrasamiento subjetivo es muy fuerte, la apuesta del taller y la mía en particular es propiciar un terreno fértil para el nacimiento de algún tipo de interés, inclinación, ansias. Muchas personas llegan al taller sin saber con qué se van a encontrar.
–¿Cómo nació la revista?
–La revista nació por iniciativa de los propios talleristas, a partir de otras experiencias en las que habían visto materializado algún tipo de publicación. Este segundo número fue producido junto a alumnos y docentes de Bellas Artes, y arrancó de un encuentro con Sara Guitelman, adjunta del Taller C/Filpe de la carrera de Diseño y Comunicación Visual, a quien conocimos durante la muestra de fin de año 2007 que se hizo en el Centro Cultural Islas Malvinas. Ellos nos aportaron la gráfica del taller de arte, la creación de los afiches, el logo y el diseño de la revista. Y juntos creamos la marca El Cisne del Arte en un trabajo que realizamos en el taller de letras. Además, desarrollamos otros trabajos relacionados con la identidad de los alumnos.
–Por ejemplo...
–Trabajamos sobre el espacio que cada uno consideraba su casa. Fue interesante porque no se planteó el objeto casa, sino la función casa, ese lugar singular que cada uno reconoce íntimamente como su hogar, su refugio, su hábitat. Es importante esta mirada acerca de la función, dado que en este taller hay personas que viven en el Centro de Rehabilitación o en la Sala Ingenieros, dos espacios intra hospitalarios, o en pensiones o casa alquiladas. Y sin embargo, el "sentimiento casa" estaba presente en todos: un rincón, un sector del hospital a determinada hora, el taller mismo. La cuestión de "sentirnos en casa" nos atraviesa a todos.
–¿Hay proyectos para desarrollar otros objetos además de la revista?
–Este año mostraremos una selección de obras del taller de plástica acompañando la presentación de la revista. El año que viene, la intención es seguir trabajando con Diseño Activo y desde los talleres producir la publicación de un libro de poemas de un alumno que ya escribía, Daniel Degol; un libro tipo antología, de varios autores; una muestra plástica mas extensa, y la posibilidad de crear un taller de teatro y expresión corporal itinerante, que vaya girando por distintos lugares culturales de la ciudad.

29 de noviembre de 2008

La semana del niño


No es el día del niño, no. Ni llegaron los Reyes Magos; no, tampoco. Sin embargo, los chicos de La Plata tienen por delante una semana de fiesta: La muestra de los talleres artísticos de La Grieta, el espacio de encuentro y creación, risas y juegos, que hay en el Galpón de Encomiendas y Equipajes de la ex Estación Provincial de Trenes, en el barrio Meridiano V, que comenzará hoy y continuará hasta el sábado 6, también apto para jóvenes y adultos de todas las edades.
Más de 300 chicos de los diferentes talleres mostrarán los trabajos que hicieron durante el año y festejarán su aprendizaje con muestras en vivo, sueltas de faroles –o globos aerostáticos- y hasta la gran reinauguración de la Legendaria Cancha de Bolitas de Meridiano V, que cerrará el evento y se coronará con un campeonato de bolitas hasta que baje el sol, según prometió la tallerista Gabriela Pesclevi.
En una visita guiada realizada apenas horas antes de la gran inauguración, Pesclevi contó a Diagonales los detalles de la programación y adelantó, además, la presencia de Batuqueros Playeros para mañana, domingo, a las 22, en un inmejorable marco de suelta de faroles + fogón + tentempié + swing con fuego + sorpresas. Imperdible.
Las actividades se desarrollarán en el viejo galpón recuperado que alguna vez recibió y amontonó las encomiendas, en 18 y 71. Y comenzarán hoy, a las 11, con la apertura del taller de collage para chicos y grandes a cargo de la ilustradora María Wernicke, para lo que habrá que averiguar si quedaron lugares, porque los cupos eran limitados.
Hoy hay muestra de collages de los talleres de plástica para chicos La Vaca de Muchos Colores, a las 18. Y a la misma hora, el taller de plástica para adultos, que se llama Gato Imán, organizará juegos en el playón de la vieja estación.
A las 20, en los andenes de la estación y el interior del galpón, comenzará la muestra de los trabajos del taller de acrobacia aérea en telas, del que participaron chicos y grandes.
Algunas de las actividades del domingo se suspenden por lluvia, como el taller de construcción de faroles, a cargo de los Talleres de Plástica y el Taller de Objetos e Invenciones. Pero habrá otras que se realizarán aunque haya que ir con paraguas, como la presentación de la obra de teatro “Los campamentistas”, una creación colectiva para una noche de primavera del Taller de Teatro para chicos. Otra de las presentaciones bajo techo es la de danza teatro, que contará con la presencia de la bailarina Julieta Rano, como invitada especial.
Lo dicho: si está lindo tocarán los Batuqueros Playeros y se elevarán al cielo los faroles construidos durante la tarde. Si hay lluvia, la actividad será reprogramada.
Pesclevi explicó que no sólo se verán las producciones de los talleres que se desarrollan de marzo a diciembre, sino también el espíritu que los anima.
La tallerista, fundadora de La Grieta, adelantó que los días clave para que los chicos visiten la muestra serán hoy, el miércoles, el viernes y el sábado que viene, porque otros chicos mostraran sus trabajos. “Las programaciones del martes y el jueves serán más interesantes para los adultos, aunque a nosotros nos gusta que grandes y chicos estén juntos, compartiendo”, aseguró Pesclevi.
Además de las muestras, habrá talleres a los que sumarse durante la semana y eventos artísticos. El próximo fin de semana, además, funcionará una radio abierta en la que se difundirán las actividades de la muestra y se presentará un radioteatro: “La princesa Margarita no se quiere casar”, protagonizado por una vecina. Según pudo saber Diagonales, habrá panfletos en los que se difundirán rumores sobre el personaje principal de la obra, ferviente opositora del matrimonio y en romance con un dragón.
Con motivo de la reinauguración de la Legendaria Cancha de Bolitas, un espacio simbólico que representará a las canchitas de bolitas que había en el barrio cuando el juego era muy popular, aunque los chicos siguen jugando hoy, se desarrollará un campeonato (que ha de ser el primero del siglo XXI) hasta que ya no se vean chocar las lecheras con las japonesas o los bolones. La muestra cerrará poco más tarde, con una cena a la canasta.
Comenzará a gestarse, entonces, la organización para la cena de fin de año y la construcción del muñeco que será quemado para despedir el 2008. Pero esa es otra historia.

19 de noviembre de 2008

Arte indisciplinado



"¡Táctica Plop! Arte indisciplinado, entrometido, caradura y casi vandálico". Así dice su página web. En la calle, en tanto, sus dibujos aparecen por cualquier lado, marcando la sombra de los árboles cuando, en lugar de estar iluminados por la luz del sol, se extiende por la vereda proyectada por un farol de la calle. Al banco de la plaza lo pintan lleno de corazones; al buzón, repleto de correos. Y, alguna vez, en la oscuridad, dibujaron la silueta de un pasajero del pasado, de esos que "de madrugada y sólo para los ojos atentos, se dejan ver apurados en su rutina eternizada, cuando corren para alcanzar el tren que parte de la estación que existió en el Pasaje".
Tienen nombres, como todo el mundo, pero no los quieren decir. Diagonales encontró una forma de identificarlos. Después de buscar en la página de Internet del grupo, encontró los datos ficticios de dos de de sus integrantes y su tarjeta personal. Él es Poliyo. Y las características de su presentación dicen: Limadura: 75 gr., timidez: 67 cm., intuición: 750 ml., mala vibra: 2,4 gb y madurez: una copita. Ella es Labi Pola R. Contradicción: 99 %, líbido: 1400 kg., autoestima: 3, voracidad rpm: 63,6, lisergia: 77 %.
Con preferencia al anonimato, los artistas se negaron a una entrevista en un bar o tan siquiera en una plaza. Prefirieron el chat. Querían Messenger, pero cedieron ante la propuesta de usar gmail.
Al disertar sobre sus identidades, la misteriosa pareja explicó que el anonimato fue parte constitutiva de la gran idea del trabajo en grupo. "Nos permite actuar con más libertad. Y creemos que tiene que ver también con la ciudad, donde cada uno se convierte en un ser anónimo", escribieron Poliyo y Labi, que chatearon juntos bajo una sola identidad, la del colectivo artístico.
Fue de esa manera que accedieron a contar qué es Táctica Plop! Escribieron: "Es una excusa que encontramos a realizar imágenes pensando en la calle como otro circuito posible para el arte. Arte urbano". Y aclararon: "No es un capricho, ni es salir a hacer algo a la calle. Hay una base conceptual detrás de cada intervención. Ninguna puede ser aislada ni reproducida en otro contexto sin perder la intención, ya que todas tienen una intima relación con lo callejero, con lo urbano, con la vida en la ciudad. Además, somos productores de imágenes, que a la vez trabaja cada uno en sus respectivas obras. A pesar de lo que parezca, nos lo tomamos con seriedad y compromiso profesional".
–En la web dicen que hacen arte indisciplinado, entrometido, casi vandálico...
–Así nos definimos desde un principio. No queríamos caer en una sola disciplina, o una única manera de hacer las cosas.
–¿Tiene que ver con que también intervienen en espacios privados?
–¿Por lo de vandálico?, es que casi tenemos un poco de respeto. Casi. Tratamos de no pintarle la casa a nadie. Un lugar público, por lo general, es la vereda. ¿Qué más público que eso? Pero, hay una cuota de "violencia": intervenir es no pedir permiso. La calle tiene un público "obligado" a ver.
–¿Cómo fue posible el armado de este colectivo?
–Fuimos estudiantes de Bellas Artes de la UNLP. La idea de TP! surgió discutiendo cuestiones que tienen que ver con nuestra práctica. Sabíamos que la calle es otro circuito y queríamos explotar sus posibilidades. Y, en particular, utilizar y reformular lenguajes urbanos, soportes, pero tratando de innovar. Por eso trabajamos pensando exclusivamente en el contexto de dónde va a ser realizada la intervención. Cualquier trabajo nuestro no funcionaría fuera de donde fue hecho, están pensadas conceptualmente. El concepto, la imagen y el contexto están siempre en relación, triangulados.
Cuando Poliyo y Labi formaron Táctica Plop! salieron a la calle con una serie de pestañas (carteles como los que se usan para promocionar o vender cosas, desde propaganda de clases de inglés hasta parqueros). Las pestañas tenían dibujos de animales domésticos que la gente podía arrancar y llevarse: "Era un objeto para llevar, una mascota, una compañía".
Después vinieron las sombras, y más tarde unas zapatillas con espejitos, que llamaron ¡Let's dance! por el tema de David Bowie. Y las colgaron sobre los cables de la esquina de 7 y 48. Después, dejaron como abandonadas algunas pequeñas valijitas de plástico rosa, tiradas en alguna plaza. Y es que algunas veces sus intervenciones son una invitación a moverse por la calle y también una reinterpretación de algún fenómeno social, como los cartelitos y las zapatillas colgantes.
–En los dibujos sobre las sombras aparece la palabra "pausa" ¿Qué es la pausa para ustedes?
–Es detenerse en el tiempo. Sabemos que las sombras, con su movimiento, marcan el paso del tiempo. Pero nosotros elegimos luz artificial, del alumbrado público, la que no se mueve. Ésa es la que marcamos.
–La sombra pintada, entonces, no es de un momento del día, sino de la noche.
–Claro. Las elegimos por la forma, la silueta. Buscamos atrapar la sombra totalmente artificial. La que tiene que ver con la calle. La sombra urbana, nocturna.
–¿Esa sería la pausa?
–Sí, ese momento que dura horas, desde que el sol se esconde hasta que vuelve a salir, esa es la pausa.
Aunque algunas de sus intervenciones resultaron nostálgicas –como una que hicieron en las paredes de Bellas Artes, con una pegatina de afiches de casetes gigantes supuestamente grabados y regrabados con discos de Soda Stéreo, Patricio Rey, Chopin, Los Abuelos de la Nada o Nirvana–, los Plops! también están a tono con los nuevos tiempos: tienen blog y sus intervenciones están ubicadas con un Google Earth.
"No somos tecnofóbicos, para nada. Internet nos parece una herramienta buenísima, sobre todo por el contacto en el blog, que nos permite interactuar con los ‘espectadores’", aseguraron.
Los interesados pueden navegar por http://www.tacticaplop.blogspot.com/.

30 de octubre de 2008

Creadores sin verso: los grupos que llenan de poesía las calles


Unos colgaron poesía en la plaza: ataron sogas de un árbol a otro y las ocuparon con sus escritos y los de otros 40 poetas que se engancharon en la convocatoria. Lo hicieron dos veces a finales del año pasado y otra vez este año. Además, reincidirán en noviembre. Se llaman Colgada de Poesía.
Otros empezaron a juntarse a leer sus poesías sin presión de un maestro o guía que les dijera qué estaba bien ni qué estaba mal.
Eran cuatro o cinco en una casa y cuando se largaron a hacer un recital en público se encontraron con que eran casi cien personas las que querían escuchar. Y leer.
Le pusieron a su grupo El hombrecito de jengibre.
Y hay más. Poetas y cantautores se reúnen una vez por mes en un evento que fue bautizado como Aguas internacionales en el Centro de Cultura y Comunicación.
Los referentes de tres grupos de jóvenes poetas locales que producen encuentros con la poesía desde sus originales y particulares visiones contaron sus experiencias a Diagonales. Ellos son Verónica Rodríguez y Facundo Saxe, de Colgada de Poesía; Lucía Alabart Lago, Cintia Fernández Martínez y Matías Massarella, de El hombrecito de Jengibre, y Pablo Nardo, de Aguas Internacionales.

INTERVENCIÓN. La Colgada nació a partir de una experiencia internacional. Una amiga de Facundo, que vive en Alemania, pasó una temporada en La Plata con la idea de imitar una performance de las plazas de Berlín. "A partir de esa idea, de algo así como poner un puestito, nosotros decidimos tomar la plaza", contó Facundo. La primera experiencia fue noviembre 2007 en Plaza Italia.
Verónica, Facundo y otros cuatro amigos trabajaron toda la madrugada para que las sogas no interrumpieran el paso de las personas y que, al mismo tiempo, estuvieran a una altura que pudieran ser leídas, tomadas y guardadas por los caminantes. Cuando volvieron a la plaza al mediodía, encontraron su obra totalmente destrozada: "Las poesías habían sido arrancadas con bronca, pero enseguida nos pusimos a hacer más copias y las pegamos a la tarde", dijo Verónica.
El grupo intuía que había gente interesada en leer poesía y no iba a darse por vencido así nomás. Los destrozos no eran más que parte de lo que podría pasar con la intervención, por lo que se lo tomaron con calma e insistieron, no sólo ese mismo día, sino en diciembre y en abril, en diferentes espacios públicos de La Plata. Primero Plaza Italia y luego Plaza Islas Malvinas.
Para sumarse a La Colgada sólo hay que ponerse en contacto con el grupo, vía mail o blog. "Varios armaron sus blogs personales a partir de nosotros, pero también hay gente que no quiere que le subamos sus poemas a Internet, sino que sólo quiere participar de los eventos en las plazas", explicó Facundo.
Verónica aseguró que la cosa funciona: "Cada vez que vamos a la plaza para ver qué pasa nos encontramos con que la gente se detiene a leer y muchos se llevan un poema".

JENGIBREANOS. Los creadores de El hombrecito de Jengibre son estudiantes de literatura que no querían un taller pero empezaron a juntarse para ver si podían hacer "algo" o, paradojas, para encontrar un lugar en el que encontrarse. Ese algo terminó por ser un grupo que se junta a leer poesías y puede reunir a casi un centenar de escuchas.
"Cuando nos encontramos no es para escribir, sino para leer", dijo Matías. "El grupo nació para darnos un lugar y no con la idea de mejorar nuestra escritura", agregó.
Los jóvenes poetas reconocieron que no dejan de analizar lo que escriben, pero que eso no es lo más importante en el grupo. "Es bueno escuchar una devolución, pero no de la forma", explicó Lucía. Matías sumó: Te faltaron tres versos en decasílabos, usaste muchos adjetivos". "El análisis surge de las cosas que están escritas, no de un molde", agregó Cintia.
Cuando decidieron dejar sus casas para hacer un evento, eligieron La bicicletería, un centro cultural que hace un año se formó en el barrio Hipódromo.
Si bien hubo alguna experiencia similar a la de ellos en La enseña de las tres ranas o en Bukowski, todos "los que vinieron al evento nos dijeron que nunca habían ido a un recital de poesía".
La lectura fue el 28 de junio, una noche de neblina que hacía temer un rotundo fracaso. Sin embargo, casi cien personas se acercaron a La Bicicletería, que contó con la banda Nenufarte, el grupo fotográfico Specere y micrófono abierto para que el público leyera su poema.
Aunque tienen blog, el espacio en Internet nació después del primer recital de poesía y mucho después de que cada uno de los integrantes de El hombrecito... desarrollara su propia versión web, por donde promocionaron el evento.

INTERNACIONALES. Aguas Internacionales se dio de manera azarosa. Nardo pasó por el Centro de Cultura y Comunicación y mientras tomaba una cerveza preguntó por la posibilidad de tocar ahí con su proyecto solista.
Le dijeron que sí, pero no sabían en qué contexto invitarlo. Así nació la idea de hacer un evento que contuviera a otros cantautores e incluyera a poetas.
Una cosa llevó a la otra y surgió lo que podría definirse como "un ciclo abierto en donde se invita a la gente a subir a escena y hacer uso del micrófono no sólo para cantar o leer, sino también para tirar alguna propuesta o improvisar", según explicó Nardo a Diagonales.
"La idea es generar un espacio mensual en donde cada cual pueda ir a disfrutar y a participar con lo que sepa. Por ahí ocurre que hay muchos músicos dando vueltas, quizá tocando en bandas o en orquestas y que en su intimidad tal vez componen canciones, o escriben poemas, y eso tal vez no suelen mostrarlo. Entonces pueden venir, subir y tocar dos temas o leer algo, un material que en otro contexto no vería la luz".
El evento suele contar con dos o tres números que le dan una forma. Dice Nardo que "luego allí la cosa se articula diferente, según lo que vaya pasando".
Al igual que los otros grupos, Aguas inernacionales no discrimina. No tiene una estética muy marcada ni excluyente y tampoco, al menos por el momento, un desarrollo estético particular.
Sólo se genera el espacio para actuar con un mínimo de cuestiones. Hay escenario, hay micrófono y hay público. Aunque este último no siempre está dispuesto a escuchar: "A veces se generan discusiones porque viene mucha gente y no todos están atentos a lo que pasa en escena".
Nardo muestra la temática que se maneja en los epectáculos: “Podes subir y bajarte los pantalones, como ocurrió en el primer Aguas.... Si la gente aplaude, alienta o tira cosas..., bueno, bancátela".
Y agrega que "el evento se desenvuelve solo y suele durar hasta las seis de la mañana, con gente que sigue subiendo a cantar o decir algo, hasta que nos echan".

21 de agosto de 2008

Sismo Trapisonda


La revista digital que se consigue donde uno menos lo espera
El periodista Sebastián Lalaurette cuenta la aventura de hacer una publicación en cd

Es en el rincón menos esperado que el objeto o cosa se aparece, dentro de un sobre transparente con un muñequito de plástico pegado con cinta scotch. Puede ser arriba de la tabla de una hamaca de Plaza Moreno, en el capot de un auto o en el zócalo de una columna que uno se encuentre un cd que dice, escrito en fibra negra, llevame. Si el objeto es apropiado y el disco entra en una computadora, la revista experimento, plop literario azaroso, repentino e imprevisible; intervención urbana y apuesta literaria, toma forma. El objeto o cosa en cuestión se llama Sismo Trapisonda y es una apuesta del periodista Sebastián Lalaurette, que trabaja en la corresponsalía local del diario La Nación y, según se presenta en su blog There's a place, a veces escribe poemas, más raramente cuentos y hace años que lucha con una futura novela. Lalaurette es director, editor, diseñador, reclutador y distribuidor de la nueva revista platense que no es de papel ni está colgada en internet, sino que brota misteriosamente a lo largo y ancho de la ciudad.
El proyecto se explica en el hecho de que se trata de una revista literaria para quienes no leen literatura ni consumen arte. Y tal vez por eso no es de papel ni está disponible en internet, sino que aparece por ahí. "En la ciudad ya hay ofertas culturales. Y en internet hay tantas cosas que podrías pasar miles de vidas consumiendo productos culturales. Hay tantas cosas que uno se atraganta, no puede procesarlas y su aprovechamiento es mínimo. No estoy en contra de internet, no me opongo, de hecho tengo un blog y doy a conocer el proyecto por internet, pero no quiero llegar a los que leen, sino a los que no leen", explicó Lalaurette.
Una vez que decidió que el soporte de la revista sea un cd abandonado en un sitio público, el periodista se puso a trabajar sobre el objeto: "Lo primero que hice fue ponerle llevame, para que se vea que no es basura, que no es un cd perdido por nadie sino que alguien lo dejó ahí. Y en segundo lugar le agregué un muñequito de cotillón, para que pueda ser identificado como un objeto artístico. Esos muñequitos, además, son únicos, porque no se repiten", contó.
Lalaurette confía en que la curiosidad haga el resto y que el potencial lector aproveche el objeto único y suyo e ingrese el disco en su máquina. Antes de poner en marcha el proyecto, el periodista realizó varias pruebas para saber si el disco soportaría un par de días a la intemperie. Un cd al sol salió airoso del examen. Y dejó otro bajo la lluvia con el mismo resultado. El sobre de plástico transparente en el que está envuelta la revista digital, fue elegido por sobre el de papel por razones obvias: no se mancha ni sedeshace con el agua.
"El concepto de Sismo Trapisonda reconoce varios antecedentes. Entre ellos, la red mundial de BookCrossing, la primera etapa de Axxón (pionera en revistas digitales que, en sus inicios, se distribuía en diskette) y formas de intervención urbana como las colgadas de poesía platenses, los poemas paracaidistas del también platense grupo Sal Diagonal y hasta el trabajo del Frente de Liberación de Enanos de Jardín", cuenta el periodista en la web en donde presenta a la revista (http://sismotrapisonda.com.ar).
Además de no estar colgada en internet y de carecer por completo de un circuito de distribución, la revista tampoco tiene periodicidad, sino que saldrá cada tanto.
"Pienso que puede salir cada dos, tres o cuatro meses", especuló Lalaurette. Habrá que buscarla.

DONDE?
El primer número de Sismo Trapisonda salió en agosto con cien ejemplares. Además de un texto de Lalaurette, tiene colaboraciones de Celia Ríos, Carlos Aprea, Greta, Carolina Mettini, Ariadna Pérez Ramírez, Verónica Rodríguez, Griselda Collazos y José María Pallaoro, entre otros. La revista se consigue en cualquier sitio: una parada de colectivo, un banco de plaza, el cordón de la vereda, la mesa de un bar, un buzón de correo o un zaguán.

Otras influencias platenses para conocer
Sismo Trapisonda reconoce influencias platenses de Colgada de poesía y Sal Diagonal. El primero es un colectivo de poetas que tiene un blog (http://www.colgadadepoesia.blogspot.com/) y el segundo un proyecto poético urbano creado por Pablo Nardo, que también tiene un blog (http://saldiagonaldeaqui.blogspot.com/). Lo que hace el grupo Colgada de poesía es, como su nombre lo indica, colgar poesía de los árboles de las plazas.
Sal Diagonal, en tanto, se reconoce como un proyecto poético urbano y cuenta en su haber con dos intervenciones. La primera fue un reconocimiento de la Diagonal 74, a través de recorrerla en toda su extensión empezando en 120 y 32 y terminando en el cementerio; en "rechazo a la idea de las cosas aprendidas sin cuestionar, de las cosas dadas por ciertas"; en "actitud de encarar la ciudad de una manera no cotidiana".
Por último, "a modo de poema o acto poético naciendo en una punta de la línea y muriendo en el otro, el cementerio".
El segundo hecho fue una realización de un poema visual aéreo, armado en cintas de papel con un texto de Etienne de La Boite del año 1548, escrito para ser proclamado en espacios públicos, bajo el título de Discurso de la servidumbre voluntaria y editado en la ciudad de La Plata por una editorial llamada "Superabundans Haut".

La palabra justa
Salir afuera, mostrarse. El objetivo de toda persona que escribe es simple, pero muchas veces el mercado no proporciona los medios para que se cierre el círculo que arrancó con el escrito. Algo de esto sabía un casi adolescente Jorge Luis Borges cuando en 1921 publicó el primer número de Prisma, la revista mural en la que los porteños podían leer, en hojas pegadas en las paredes del centro de Buenos Aires, sus ideas y durísimas críticas contra los libros y escritores del momento.
Pero las ideas innovadoras no sólo son fruto de las fluctuaciones del mercado. En Cuba, luego de la caída del Muro de Berlín y el desajuste económico que se vivió mientras la Unión Soviética se desmembraba, una de las faltas más violentas fue la del papel. En ese momento, el grueso de los movimientos de escritores jóvenes (poetas y narradores de entre 15 y 35 años) tomaron una decisión acertada y, por si fuera poco, netamente revolucionaria: salieron a escribir sus poemas y cuentos en las paredes de La Habana. Los vecinos, por supuesto, aplaudieron la medida y cedieron gustosos los frentes de sus viviendas para que el arte triunfe por sobre las necesidades.
Las intervenciones, los grupos de poetas y las revistas como Sismo Trapisonda en La Plata son herederas brillantes de todas esas historias.
Por Miguel Russo, editor de la sección Cultura del diario Diagonales

14 de agosto de 2008

La Plata pinta bien


Totalmente subsidiaria de Buenos Aires, así funciona en materia de arte plástico la ciudad de La Plata. Apenas una galería y un proyecto privado para que los artistas locales puedan pasear su trabajo por el país. Y muchos espacios públicos abiertos a todo tipo de expresiones, pero inútiles a la hora de darle al artista una herramienta para parar la olla; con la sola excepción de la tienda del Museo de Arte Latinoamericano (MACLA), en el Pasaje Dardo Rocha, que aparece como una alternativa. La propietaria de una inmobiliaria había montado una galería en su sede y también vendía obras de arte, tarea que tiene un poco abandonada.
PALABRA DE EXPERTO. "A las galerías les es muy difícil mantenerse en La Plata", afirmó a Diagonales el artista plástico y director del MACLA César López Osornio, que recorrió la historia local para encontrar sólo un espacio que supo mantenerse en el tiempo: la galería Austral, que estaba ubicada en un pasaje de 49 entre 7 y 8, al lado de una marquería permaneció durante 25 años, pero hace mucho que cerró sus puertas. "Trabajaba arte de calidad y también mostraba platenses", recordó el artista, cuya última obra vendida fue pagada en 10 mil dólares.
López Osornio aseguró que La Plata es una ciudad cultural, pero no tiene mercado. Resulta increíble la gran cantidad de artistas plásticos de primera línea que surgieron de la ciudad, más o menos ignorados por sus vecinos y que tuvieron gran repercusión nacional e internacional: desde el propio Lopez Osornio a Luis Tomasello, Martínez Soliman, Emilio Pettoruri; Raúl Mazzoni, Curatela Manes, Alejandro Puente, Hugo de Marziani, Edgardo Vigo, Hugo Sousbiele, Dalmiro Sirabo, Gabriel Berlusconi y tantos otros. También parece increíble que la ciudad tenga la escuela de arte más grande de América Latina y no deje de parir artistas que comienzan a ser reconocidos en Buenos Aires y el exterior, como Santiago Poggio (29 años), Hernán Cédola (30) o Francisco Ungaro (36).
"El arte argentino y latinoamericano está muy bien cotizado. Ha ganado mucho en el mercado por su calidad. Y también por algunas inversiones, porque hay una familia de Venezuela, la familia Cisneros, que es multimillonaria y tiene una gran colección de arte", describió López Osornio, que introdujo el tema de las cotizaciones y los valores económicos de las pinturas.
"Hay varios métodos para valorar económicamente una obra. Hay que tener en cuenta la edad del artista, sus antecedentes y la calidad, aunque la calidad es subjetiva y muy difícil de cuantificar. En el mundo, el mercado y la cotización de las obras es manejado por dos galerías norteamericanas. Y se sabe que generalmente su opinión es total y absolutamente a favor de ellos", describió.
Además, el profesor recordó una anécdota que a su mujer le da un poco de bronca y lo tiene a él como protagonista. En los años 90, durante un viaje a Japón con una de sus hijas, tuvo un problema de salud que hizo temer por su vida. El valor de sus obras, al conocerse la noticia, aumentó considerablemente.
ESPACIO INSTITUCIONAL. La tienda del MACLA es uno de los espacios para comprar obra de arte en La Plata. Cedida a la asociación de amigos del Museo, es alquilada por Claudia Chacón y Nina Pérez Almazán. La tiende vende obras de arte, pero intenta ser un espacio en el que los visitantes del museo encuentren recuerdos de su visita a La Plata, desde lápices, hasta láminas que reproducen las obras del patrimonio de la institución, pasando por bolsos plásticos e individuales de mesa. "Este espacio empezó más como galería de arte, pero nosotras pretendemos darle más énfasis al merchandising", contó Chacón. Sin embargo, por primera vez en su historia, la tienda vende obras originales de los artistas que exponen como invitados en el museo (no del patrimonio) y en estos días ofrece cuadros del dibujante y pintor Carlos Garaycochea.
Entre los objetos originales que acompañan la venta del merchandising, las nuevas concesionarias agregaron el tealosophhy, producido por Inés Berton, una de las catadoras de té más reconocidas de argentina, que creó infusiones particulares para la ciudad de Barcelona, el Dalay Lama, los reyes de España y ahora también para el MACLA.
Hay también en la tienda esculturas de Silvia Porta, obras en cartón corrugado y pequeños motivos de peltre de Osvaldo De Castelli -que salen entre 120 y 150 pesos-, joyas de autor de Sergio Colón y Maximina Paz o acrílicos sobre cartón de Kutty Di Bartolo por 300 pesos.
GALERIA DE ARTE. Pisouno es hoy la única galería de arte de capitales privados que funciona en la ciudad. Nació en marzo de 2007 con la idea de promover el arte local por el país e intercambiar materiales para que artistas de otras zonas pudieran exponer sus trabajos en La Plata. En aquel momento existía Sudaca, un espacio de artistas que priorizaba a los plásticos platenses y tenía un local en 13 y 58, pero Sudaca cerró en diciembre y Pisouno sumó a sus objetivos la exhibición de obras platenses.
Dirigida por Cristian Ladaga y Karina Cortez, la galería organizó una muestra itinerante que el año pasado permitió que 19 artistas platenses exponer sus obras en galerías de Buenos Aires, Córdoba y Rosario; en un evento que bautizaron "0221 La Plata se muestra". Este año, la exposición también se desarrollará en La Cumbre, y exhibirá trabajos de 18 plásticos.
"Si sos muy raro, o muy muy bueno las galerías de Buenos Aires te chupan en dos minutos, pero también hay muchos otros artistas que están haciéndose un camino, que recién empiezan y hay que ayudarlos a hacerse conocidos", explicó Ladaga a Diagonales. Con ese espíritu es que Pisouno organiza la muestra viajera y monta sus exposiciones en el departamento de 48 esquina 9.
Aunque no hay parámetros, Ladaga se animó a desandar los argumentos usados a la hora de evaluar el valor comercial de una obra. Mientras que los grandes maestros son tasados por entidades bancarias, como el Banco Ciudad, los plásticos de segunda línea y aquellos que recién comienzan tienen que equilibrar algunos aspectos más o menos objetivos. "Se tiene en cuenta lo que vende el artista, las exposiciones o ferias en las que participó, si fue premiado en algún concurso, si tuvo menciones, si hace exposiciones colectivas o individuales", describió la directora de la galería.
La galería ya es muy conocida en La Plata y poco a poco se convierte en una alternativa para los platenses que compran obras de arte. Además, sirvió para que muchos primerizos se entusiasmaran con la pintura y compraran su primera obra. "No hay que saber nada. Sólo te tiene que gustar", dijo Ladaga. Y agregó que "la pintura te da una alegría que ninguna lámina te podría dar".
Para la directora de Pisouno, comprar una obra también puede ser una buena inversión: "hay colecciones de inversión, porque la obra de arte nunca deprecia su valor. Si compraste a 100, lo menos que vas a vender es a 100", aseguró.
ART DEALER. Romina Tempesta es licenciada en economía y estudió 10 años de pintura con el maestro Carlos Pacheco, donde conoció a muchos de los buenos artistas platenses. Su experiencia al frente de la gestión y la comercialización en la inmobiliaria de la familia terminó por darle las herramientas para convertirla en vendedora de arte, o, como se dice en inglés: art dealer.
Al principio, Romina usó las instalaciones de la inmobiliaria para hacer exposiciones y vender cuadros, pero la mudanza del local a Plaza Paso y la maternidad la alejaron de la tarea. Ahora, sólo patrocina y trabaja con Manuel Rubín. "Somos un equipo. Yo financio algunas de las participaciones en exposiciones o eventos y otras veces hacemos un esfuerzo común, pero yo lo asesoro", describió a Diagonales.
Para Romina "La Plata es un mercado particular que no tiene hábito de comprar. La gente prefiere comprarse otros objetos, pero como pasa con la música, el teatro o el cine, alguien te tiene que meter en ese mundo del arte, que es apasionante".

Rö Barragán: El arte de crear y crearse

Los artistas deben cumplir con la doble función de crear arte y crearse a sí mismos. Rö Barragán es una joven plástica que comenzó a ganar notoriedad en los dos últimos años, presentó una instalación en el Centro Cultural Recoleta y su obra fue seleccionada para estar en el Salón Nacional. Vende, pero no vive del arte, trabaja en la facultad de Bellas Artes y en la dirección de Cultura y Educación. Y da clases en su taller, y les alquila el taller a sus amigos para que den clases. Sus obras cuestan entre 350 y 800 pesos.
Es grabadora y trabaja en lo que se llama "nuevos soportes". Hace dos años, Barragán creó un personaje al que llamó "La llorona". Es una mujer hecha de imágenes de ella misma, que mezcla autorretratos con dibujos y fotos de algunos paisajes, que se reflejan en la panza. La llorona tiene los ojos de una foto de Barragán y la boca de otra. Si tiene nariz es de una tercera foto. Y lo mismo si se le ven las tetas, los brazos o las manos.
En la obra que hoy exhibe en el Museo Municipal (junto a otros jóvenes artistas platenses) La llorona realiza diferentes y originales actividades domésticas: la que cose, cose un corazón; la que plancha, plancha mariposas; la que cocina, cocina pájaros de colores. En este caso, la obra impresa en tela, que no es grabado ni fotografía ni dibujo y al mismo tiempo es todas esas cosas juntas, están pegadas a una tabla de madera que tiene guata, lo que le da una forma similar a "almohaditas para llorar", según dijo la artista.
Técnicamente, lo suyo es una mezcla de varias disciplinas de la que sobresalen los grabados. Las obras nacen en la computadora y son impresas en tela a través de una transferencia térmica (de calor) experimental. Las telas, luego, pueden ser parte de una escultura o envolver una almohadilla, lo que la emparenta a un cuadro tradicional.
"Cuando pensé en estudiar arte no sabía bien qué era, ni cómo podría ser. No tenía idea del desarrollo profesional de un artista", reconoció. Los adelantos en su carrera le permiten jugar a que avanzó varios casilleros en la idea de crear al artista. Barragán, aunque aún no viva del arte, está en una situación privilegiada sostenida en "el secreto de no dejar de trabajar y mostrar lo que hacés", según reveló.
"Hago muestras todos los años. Trato de hacer una individual y participar de varias colectivas. Y desde el año pasado estoy trabajando con las chicas de Pisouno, con la muestra itinerante; aunque en noviembre voy a exponer sola acá en La Plata", contó a Diagonales.

Hernán Cédola: una cosa es una cosa...

"Una cosa es el arte, la pintura. Y otra muy distinta es el negocio del arte. En un punto se encuentran, pero son dos cosas distintas", adviertió Hernán Cédola a Diagonales apenas comenzar la nota en su taller de Tolosa. Y su caso es bastante particular, porque Hernán vende. Y vive del arte. Si bien varían de acuerdo a su tamaño, sus cuadros están cotizados desde los 600 dólares de los pequeños formatos en soporte de papel, hasta los cuatro mil dólares de las grandes telas (de hasta 2 x 2), según se ofrecen a la venta en la galería porteña Zavaleta Lab.
Cédola comenzó a exponer en 2004 en el Centro Cultural Borges, en Buenos Aires, casi sin experiencia previa. Tenía obra y había armado una carpeta, por lo que la presentó directamente en la a la dirección de artes visuales del centro, que lo seleccionó para que expusiera su trabajo en una de las salas de Viamonte y San Martín un año después. "Les gustó el proyecto y me invitaron a exponer", sintetizó el artista.
Es desde el año pasado que Cédola expone y vende en Zavalera Lab, la galería que también llevó su obra a Colombia, a la feria de arte Art Bo, que se realiza en Bogotá.
Técnicamente, lo suyo es una mezcla de grabado, fotografía y pintura. "Estudié un año en Bellas Artes para aprender grabado, que era la técnica que me interesaba. Pero yo vengo de la fotografía, que estudié con Ataulfo Pérez Aznar. Lo que aprendí en fotografía lo trasladé a la pintura en lo conceptual y después fui apuntando a las técnicas que voy usando, porque generalmente voy generando mis propios recursos y técnicas. En realidad soy más autodidacta", describió.
En sus últimos trabajos, reunidos bajo el título de "estudios para óleo y grabados", Cédola colorea enormes partituras recreadas sin criterio musical. El resultado, sin embargo, es bien musical. "Nada es real o verdadero en estas imágenes, pero mi profesor de música me dijo que la tonalidad que ve en mis obras en la misma que él ve en la partitura", contó.
A la hora de hacer una lectura del negocio del arte plático en La Plata, el artista prefirió apuntar a todas las disciplinas. Y consideró: "la ciudad nació para ser vanguardia, una ciudad iluminada, y hay gente haciendo de todo, pero ocultos, porque la dirigencia quedó atrás. Hay espacios y predisposición pero falta presupuesto. Es una cadena".