"La gente cree estar plenamente informada sin haberse aproximado siquiera a una sola idea que contradiga sus prejuicios", Bill Keller.

25 de agosto de 2010

El Nazi negó a los testigos y dijo que hay un complot en su contra


El ex agente penitenciario Raúl Aníbal Rebaynera contradijo ayer las declaraciones de once testigos, aseguró que los presos políticos eran tratados igual que los presos comunes y estimó que las acusaciones de tortura que lo tienen en prisión desde hace cuatro años son parte de un complot. Al hacer uso del derecho constitucional de declarar en el juicio que se le sigue a un grupo de catorce imputados por delitos de lesa humanidad cometidos en la Unidad 9 (U9) de La Plata durante la última dictadura militar, reconoció que estuvo de guardia la noche en que fue asesinado Marcos Augusto Ibáñez Gatica, hecho por el que se encuentra acusado como “autor material”, aunque aseguró que se trató de un suicidio.
El Tribunal Oral Federal Nº 1, integrado por los jueces Carlos Rozanski, Roberto Atilio Falcone y Mario Alberto Portela, escuchó ayer al reo, que contradijo las declaraciones de once testigos, con los que su abogado pidió que se realizaran careos, y afirmó que las acusaciones en su contra son un complot hurgado por el periodista y ex militante del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) Eduardo Anguita y algunos otros ex detenidos en el pabellón 2 de la U9, que durante la dictadura militar estuvieron a disposición del Poder Ejecutivo Nacional.
Al empezar su declaración, Rebaynera adelantó que no hablaría de la muerte de Ibáñez Gatica, a la que, sin embargo, no pudo dejar de referirse.
–¿Usted sabía que le decían “El Nazi”? –preguntó Rozanski.
–¿El Nazi? Acá lo escuché –respondió el acusado–. Si lo hubiera escuchado en la cárcel no lo hubiera permitido: los sobrenombres están prohibidos. Pero no lo escuché nunca. Sí me decían “Rabanito” o “Pocas plumas”. Y cuando hacía guardia en el muro también me gritaban “Pelado cornudo” o “Pelado puto”, pero si escucho algo así no me hago cargo.
–Pero a usted le decían “El Nazi” –insistió el juez.
–Usted también tiene dos o tres sobrenombres –retrucó el reo–. No se los voy a decir porque soy loco pero no boludo. Todos tenemos sobrenombres. No sé… será que me dicen “El Nazi” porque soy rubio y de ojos celestes. Pero yo no tengo ideología.
En esos términos se desarrolló casi toda la declaración del acusado, que desde las 10 y hasta las 16 trató de retrucar algunas imputaciones que le realizaron varios testigos durante el juicio oral que se desarrolla en el edificio de la ex Amia, en 4 entre 51 y 53 de La Plata.

A TODOS IGUAL. Rebaynera explicó a los jueces que en el penal había unos 900 presos políticos y unos 400 comunes. E hizo hincapié en que a todos se los trataba igual. El acusado habló en tiempo presente y a cada pregunta sacaba el manual, por lo que costaba distinguir cuándo se refería al ideal, cuándo a lo que ocurre en las cárceles y cuándo a lo que ocurrió en la U9 durante los años de plomo. “¿Por qué no nos remitimos a los hechos?”, pidieron los jueces en varios pasajes.
El ex carcelero, que terminó su carrera en el instituto de formación del Servicio Penitenciario Bonaerense, describió tareas propias de su trabajo y contradijo las declaraciones de los testigos sobre el trato en el pabellón de aislamiento.
A los testigos que dijeron que no hacían deportes, les respondió que era porque el campo se usaba como obrador para las refacciones que se realizaban en ese tiempo en la prisión; a los que dijeron que el pabellón de aislamiento estaba siempre completo, les dijo que eso era imposible de saber porque las puertas, que son ciegas, estaban siempre cerradas; a los que dijeron que él entró a sus celdas a robarles, les aclaró que una cosa es recorrer y mirar y otra cosa es revisar. “Yo no estaba”, “no sucedió”, “es mentira”, “imposible”, fueron sus palabras cada vez que quiso retrucar los dichos de los ex detenidos.
Rebaynera dijo que se enteró de los Centros Clandestinos de Detención en 1983, cuando el tema empezó a salir en los diarios, y que recién supo de los secuestros y la muerte de familiares de algunos de las personas que estaban detenidas en la U9 en los años ‘70 cuando recibió la notificación de la prisión preventiva, tras la nulidad e inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.
Cuando los jueces quisieron saber entonces las razones por las que los testigos lo acusaban, dijo que estaban confundidos o formaban parte de un complot que planeó Anguita junto a otros presos detenidos en el Pabellón 2. “Pienso que esto estaba todo armado”, dijo Rebaynera. Y fue entonces cuando reconoció que estuvo en la prisión cuando se produjo la muerte de Ibáñez Gatica. Suicidio según él. Asesinato según la acusación fiscal. “Tuve la mala suerte –describió– de que al cuarto o quinto día que estaba de guardia se produce el suicidio. Siempre que hay un suicidio se duda del funcionario. Esa ha sido una tara. Ahí surge todo. ‘El Nazi’ dice uno. ‘Le gustan las SS’ dice otro. Se van haciendo la película”.

Cara a cara
Rebaynera retrucó puntualmente las declaraciones de Adolfo Pérez Esquivel, Eduardo Anguita, Carlos Martín Bettiol, Carlos Alvarez, Raúl Eduardo Acquaviva, Julio César Mogordoy, Dalmiro Suarez, Juan Arguello, Juan Critobal Mainer, Eduardo Zabala y Alberto Elizalde, por lo que su abogado pidió que se lo caree con cada uno de ellos, aunque hay más testigos que lo acusan de torturas.

La seguimos acá

23 de agosto de 2010

Es el miedo

Es periodista y trabaja en un diario, por lo tanto, es probable que casi a la medianoche salga de la redacción con la cabeza a dos mil y esté convencido de que caminar unas cuadras lo ayudarán a despejarse. El frío lo ubica algunas veces en un taxi, donde puede mantener conversaciones dislocadas. Así ocurrió el domingo, después de unas pocas cuadras.
Un bolero sonaba en el auto a todo volumen. Y así se quedó hasta que el chofer quiso entablar una conversación.
-Disculpame, pero no te entiendo lo que decís porque no te escucho-, advirtió el pasajero.
-Qué poca gente que anda en la calle-, dijo el chofer mientras bajaba el volumen de la música.
-Hace mucho frío- respondió el tipo.
-No –retrucó el conductor- es el miedo.
El pasajero lamentó haber caído en una trampa tan burda y se dispuso a surfear la charla.
-¿El miedo?
-Sí: el miedo. La gente no quiere salir por miedo a qué le pase algo -explicó.
Como no tenía respuesta, el chofer continuó:
-Un pasajero, un hombre grande, me contó que el miércoles a la noche iba con su mujer a tomar un café al centro pero le arrancaron la cartera a la señora. La tiraron al piso y salieron corriendo -describió.
-¿Y qué es lo que hay que hacer? –preguntó el pasajero, como para acortar caminos.
-Yo sé lo que hay que hacer-, respondió el chofer.
-¿Qué? – reclamó el pasajero, que se sabía a media cuadra del destino.
-En un día lo soluciono.
-¿Cómo? –insistió el pasajero, que empezaba a imaginar ladrones mutilados, cárceles para niños y guillotinas en las plazas. El que mata tiene que morir, iba a decir, pero le pareció mucho.
-En 24 horas se arregla todo -explicó el taxista-. Hay que colgar a un político, a un juez y a un periodista.

19 de agosto de 2010

“Fue la última victoria sobre sus asesinos”


Verónica y Laura Bogliano (que en la foto están con Pilar, la hija de Laura) sepultaron los restos de sus padres desaparecidos

Los restos de una pareja de detenidos desaparecidos durante la última dictadura militar fueron recuperados por la justicia, identificados y entregados a sus hijas después de 33 años. Los platenses Adrián Claudio Bogliano y María Susana Leiva eran militantes políticos y fueron secuestrados en 1977, cuando apenas tenían 28 y 32 años. Los detuvieron de manera ilegal, los torturaron, los asesinaron y enterraron sus restos como si su identidad fuera desconocida, sepultados como NN en el Cementerio de La Plata. “El hecho de haberlos podido reconocer, de haber aparecido, fue quizá su último acto de revancha, su última victoria sobre sus asesinos”, dijeron ayer sus hijas Laura y Verónica Bogliano en la puerta de los Tribunales Federales.
En el marco del Juicio por la Verdad, la Cámara Federal dio por comprobado ayer que los restos sepultados como NN en el cementerio pertenecen al matrimonio Bogliano, y los camaristas Leopoldo Schiffrin y Julio Reboredo ordenaron la rectificación de las partidas de la necrópolis platense, donde deberá quedar constancia de los nombres de las víctimas de última dictadura cívico – militar, que gobernó el país entre 1976 y 1983.
En el acto, además, entregaron a sus hijas los restos rescatados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) que por la tarde fueron sepultados en el cementerio Parque de la Gloria.
Aunque había sido anunciado para las 11, el acto empezó un poco más tarde. A esa hora, el hall del primer piso de la Cámara Federal era un hervidero. Los compañeros y amigos se encontraban, se saludaban y conversaban sobre el acontecimiento que iban a presenciar en pocos minutos. Los abrazos se reproducían por todo el salón y el murmullo hacía imposible poder registrar, sin interferencias sonoras, el testimonio de un ex detenido desaparecido que se encontraba ante los jueces para contar su experiencia por primera vez en 34 años. Entonces, las autoridades decidieron desalojar el primer piso hasta llegado el momento del acto formal de la entrega de las urnas con los restos de los Bogliano.
Familiares, amigos y compañeros bajaron las escaleras y esperaron afuera, mientras que, en el recinto, con las Madres de Plaza de Mayo y algunos militantes como testigos, Raúl Edgardo Cha brindó su testimonio. Lloró y pidió perdón por no recordar algunos de los nombres y contó que fue secuestrado y torturado tres veces, una de ellas con su mujer. Además, dijo que tuvo que exiliarse en Brasil, donde vive. El hombre, quebrado, reconoció que no sabía dónde había estado detenido, y los jueces concluyeron que debió haber pasado por la Comisaría Quinta y el destacamento de Arana.
La sala se llenó de gente a las 12.20, cuando los jueces se dispusieron a empezar con la lectura del acta formal en la que se declaró comprobada la identidad de los restos hallados en el cementerio y analizados por el EAAF.
“Adrián Bogliano”, gritó una mujer que estaba entre el público cuando todo hubo terminado, apenas 26 minutos después. “Presente”, respondió la multitud. Se notaba que muchos tenían un nudo en la garganta. “María Susana Leiva”, volvió a gritar la mujer. “Presente”, dijo la gente, más fuerte que antes. Entonces, la voz volvió a pedir: “los 30 mil compañeros desaparecidos”. “Presente, ahora y siempre”.

LOS APARECIDOS. “Los desaparecidos no están, no existen, no son. No están ni vivos ni muertos, están desaparecidos”, sentenció en 1977 Jorge Rafael Videla cuando aún era presidente de facto. Ayer, en La Plata hubo un pequeño acto de justicia con el reconocimiento oficial de los restos de la pareja. “Los desaparecieron buscando de esta manera quedar impunes. Pero el hecho de haberlos podido reconocer, de haber aparecido, fue quizá su última victoria sobre sus asesinos, que los pretendieron desaparecer. Encontrarlos y saber de su muerte también me devuelve otra certeza. No que desaparecieron en el aire, sino que fueron asesinados. Entonces hubo asesinos y hay que buscarlos. Entonces pido justicia y que se pudran en la cárcel”, escribió Verónica y leyó su pareja, Ramón Inama, también hijo de desaparecidos.
Aquellas palabras fueron leídas en un breve acto que, a micrófono abierto, realizaron las hermanas Bogliano en la puerta de los tribunales federales de 8 y 50, al que se sumaron varios amigos y compañeros de la pareja.
Parada delante de sus primos Bernardo y Pampa o Nazarena e Inés Sánchez (del EAAF), quienes se turnaron para tener en sus manos las pequeñas urnas con los restos de sus padres, Verónica aclaró que había escrito un breve discurso porque estaba segura de que no iba a poder hablar. Y así fue que apenas reconoció que jamás perdió del todo la ilusión de tener a sus padres con ella tuvo que dejar el micrófono.
Entonces, Ramón, su compañero, se hizo su voz: “Mi mamá es María Susana Leiva y nació el 4 de enero. Nunca me acuerdo bien de qué año, pero sé que era 4 años más grande que mi papá. La secuestraron el 12 de agosto de 1977, cuando tenía 32 años. Susy le decía mi abuela cuando la nombraba, cuando ordenábamos de vez en cuando los ‘papeles importantes’ entre los que aparecían sus boletines y algunas fotos. También la llamaba todos los días para comer, queriéndonos llamar a mí y a mi hermana, se confundía y la llamaba a ella”. Y también: “mi papá es Adrián Claudio Bogliano, nació el 18 de septiembre del 49. Fue al Liceo Naval hasta el 4º año, que juró la bandera y después rindió 5º año libre en el Normal 3. Del liceo se fue a laburar a las villas de emergencia. Sus amigos nos cuentan que era un excelente compañero de trabajo”.
Pilar tiene 16 años, es hija de Laura y ayer despedía los restos de sus abuelos. Después de destacar que creció con la verdad, recordó que aprendió a escribir tratando de descifrar qué significaba ser un desaparecido, de entender por qué un gobierno mataba a los que pensaban diferente. Una vez, dijo, a los 7 años, hizo en la escuela un trabajo sobre sus derechos y escribió en un papel: “tengo derecho a tener juguetes”. La maestra le pidió que pensara algo más personal. “Tengo derecho a conocer a mis abuelos, que se los llevaron los militares”, puso. Con lapicera, la maestra agregó, después, “y los mataron”… “Yo tenía la esperanza de que los encontraran, que estuvieran en una isla y pudieran ir a rescatarlos”, explicó.
Otros familiares tomaron luego el micrófono para recordar a Adrián y Susana. Marta Ungaro, hermana de Horacio Ungaro, detenido desaparecido desde el 16 de septiembre de 1976, reivindicó la búsqueda de la verdad y destacó que sentía que el hallazgo era “un pedacito” de todos; mientras que Juan Carlos Manoukian recordó los tiempos de militancia. “Queríamos un mundo mejor y creíamos que era posible”, explicó. Y lamentó: “la violencia se nos fue imponiendo en medio de un clima muy denso. Pensábamos que teníamos que hacer todo lo que podíamos”.
Natalia, sobrina y prima, fue la última en hablar. Ella recordó a la pareja en cuestiones de la vida cotidiana, describió la casa alegre y colorida en la que vivía y contó que “todo el tiempo convidaban la palabra que alimentaba el alma”.
“Hoy, que las cosas se saben, tratamos de poner una flor en algún lugar recordando a los dos seres humanos increíbles que eran Susana y Adrián”, afirmó.
Los restos de la pareja secuestrada en 1977, torturada hasta la muerte y desaparecida hasta ahora, fueron trasladados por los familiares al cementerio Parque de la Gloria. Que en paz descansen.

Foto: Nicolás Acuña
Entrevista en Qué nos parió

10 de agosto de 2010

"No es lo mismo la justicia para los pobres que para los ricos"



Dice Mercedes que el dolor es inmenso. Infinito. Hace un año los patovicas de un boliche de Berisso dispararon contra un grupo de vecinos entre los que estaba su hijo. Lo mataron. Ella aún lo espera. Y lo extraña minuto tras minuto. Lo llora a la noche, antes de dormir. Y lo llora a la mañana, cuando despierta. Lo que le pasó, no se lo desea a ninguna madre. Así lo contó ayer a Diagonales, durante el acto que junto a sus hijos, amigos y familiares realizaron en la puerta de Alcatraz, en Montevideo y 6, para recordar a Juan Andrés Maldonado, asesinado el 9 de agosto de 2009.
Juan tenía 24 años, era el menor de nueve hermanos y trabajaba como pintor. Había ido a bailar con su novia y regresaba a su casa con la chica y algunos amigos cuando le pegaron un tiro en el pecho. Por la causa están detenidos el ex policía y jefe de la barra brava de Estudiantes de La Plata, Fabián Giannotta, Carlos Felipe Garaña Morales y Ariel Orlando Evertt, como coautores del hecho. Sospechado de repartir las armas con las que actuaron los asesinos, el relacionista público Gastón Haramboure está imputado como partícipe necesario, pero la justicia platense le dio el beneficio de la prisión domiciliaria.
“No es lo mismo la justicia para los pobres que para los ricos”, dice Sandra, una de las hermanas del joven asesinado. Y reafirma Zulma: “va a haber justicia si la conseguimos nosotros y no porque nos la den los jueces o los fiscales. Si hay justicia es porque estuvimos todo el tiempo moviéndonos, golpeando puertas, exigiendo; si no te callan, te anulan, te devastan”.
Aquella trágica madrugada en la que Juan fue asesinado, sus familiares y amigos del barrio Solidaridad, a sólo cinco cuadras del lugar del hecho, fueron hasta la puerta de la discoteca para pedir el traslado del joven, que se hizo en un patrullero luego de que un policía le dijera a un amigo de la víctima que se dejara de joder, que no tenía nada.
Mientras que el cuerpo de Juan era trasladado por un patrullero, seguido por los otros dos que estaban en la puerta de Alcatraz, los sospechosos se fugaron ante la vista de todos, lo que desató una pueblada que la Policía reprimió con gases, palazos y balas de goma. La represión se extendió hasta la puerta de la casa de la víctima.
“Sé que voy a contar con todos ustedes para que caigan todos. El que disparó y el que trajo a los asesinos a Berisso. Sé que ustedes saben que Juan era un chico divino, lleno de vida, buena persona, amado por todos, sin enemigos. Es un orgullo ser su hermana", dice Zulma a los vecinos.
Su discurso es breve. Cuenta que “se cumplen 365 días de lucha, de no bajar los brazos, de caminar y golpear puertas”. Y pide a la “señora Justicia de ojos vendados que se quite la venda y mire a jueces y fiscales, que mire cuánta mentira”. Y denuncia: “Alcatraz estaba abierto sin habilitación, por un acuerdo entre funcionarios municipales y con protección de una policía que participó de un encubrimiento y permitió la fuga de los sospechosos”. Entonces, afirma: “A Juan lo mató la corrupción”.

La noticia del crimen http://cort.as/07wv
La noticia del sepelio http://cort.as/07wu

29 de julio de 2010

¡Feliz cumpleaños!


Amalia Benavides de Eguía, Zulema Castro de Peña, Susana Martínez de Scala y Adelina Dematti de Alaye, compañeras de lucha en Madres de Plaza de Mayo La Plata

La esperaron sentadas en una larga mesa que le armaron en el fondo del Café de las Artes, en la esquina de 6 y 49, en el Pasaje Dardo Rocha. Ella llegó a las cuatro de la tarde, con su hija del brazo, para escuchar el aplauso de sus compañeras. “¡Uy! ¡No me imaginaba que iba a haber tanta gente!”, dijo apenas cruzó el umbral del salón y empezó a recibir los abrazos de las mujeres que conoció en el ‘78, después del secuestro de sus hijos Jesús e Isidoro, cuando apenas tenían 35 y 29 años.
Zulema Castro de Peña, Zulema Peña, como la conocen todos, cumplió 90 años ayer y lo festejó con otras mujeres a las que también les robaron los hijos, mujeres con las que se colaba en los colectivos que iban a Buenos Aires para poder decir presente en las marchas de los jueves en la Plaza de Mayo, mujeres con las que envejeció, pero con las que aún se encuentra una vez por semana para compartir la vida.
“Una más y sumamos 3.000 años de historia”, dice Adelina de Alaye cuando se suma a una foto colectiva. Y es que las madres están grandes. “Esta tiene 94”, insiste, cuando Susana Scala se acerca para posar con sus compañeras. Se rien.
Las madres están grandes pero fuertes. Zulema se despierta antes de las 6 de la mañana y, como está “un poco dura”, hace ejercicios en la cama antes de levantarse. Entonces, toma conciencia que tiene que seguir: “seguir con esta voz”, dice, por la voz de la denuncia, la voz de una mujer que sabe lo que pasó y tiene que contarlo.
“Me siento muy bien”, cuenta a Diagonales. “No puedo expresar la enorme alegría que siento por este festejo. Encontrarme con tantas compañeras de lucha me pone muy alegre porque todas tenemos tantas preocupaciones que pensé que iban a venir una Madre o dos. Estoy realmente sorprendida”, afirma, con los ojos húmedos.
Enseguida recuerda Zulema su misión y explica a los periodistas: “Esta emoción me hace tener más fuerza para no olvidar y poder difundir lo que pasó durante la dictadura, para ayudar a que todos puedan entender que los derechos humanos son para todos”. Mientras habla, Zulema se aferra a la mano de Zulemita, su hija menor.
Zulemita tenía 14 años cuando secuestraron a sus hermanos, Jesús e Isidoro, y las Madres recuerdan cuando se recibió de profesora de piano. Ayer, festejaban que esté en La Plata porque vive en Lausanna, Suiza, y vino especialmente para el cumpleaños.
“Vengo muy seguido a ver a mi mamá, tanto como me permiten mis hijos, que tienen 4 y 10 años y ahora viven el cumpleaños de la abuela a la distancia”, cuenta a Diagonales. Y revela: “Aunque vivimos lejos estamos muy conectadas y todos los días hablamos una hora o una hora y media por teléfono y como siempre la noto llena de energía, con una fuerza bárbara, muy positiva, con mucho vigor”.
Sentadas a la larga mesa del Café de las Artes, como en todo cumpleaños que se precie de tal, las Madres comieron algunos sánguches de miga y tomaron café y gaseosas, acompañadas por otros familiares y algunos militantes, y se contaron las últimas novedades de los juicios a los represores.

Dos hijos desaparecidos
Zulema Castro de Peña tenía tres hijos. Zulemita vive hoy en Suiza y ayer estuvo en La Plata para festejar los 90 años de su madre. Jesús e Isidoro están desaparecidos. Ambos eran militantes políticos y fueron secuestrados en 1978, con muy pocos días de diferencia.
Jesús tenía 35 años, estaba casado y estudiaba sociología en La Plata. Cuando se fue con su familia a Buenos Aires. Trabajaba en el puerto, donde hacía los tableros electrónicos de los barcos. Vivía en el piso 19 de un edificio enfrente de Retiro y se lo llevaron cuando iba a trabajar, a los pocos días de haber terminado el Mundial el ‘78, el 27 de junio.
Isidoro tenía 29 años, también estaba casado, era técnico electrónico y estudiaba ingeniería. En Buenos Aires, Isidoro vendía cursos de inglés con libros y cassetes. Caminaba todo el día y a duras penas podía vender un par de cursos. Ella le había regalado un par de zapatos porque los suyos estaban destrozados de tanto caminar con sus cursos de inglés. Vivía en un departamento que les encantaba porque se veía el río. A las dos semanas de que se lo llevaran a Jesús, el 10 de julio, Isidoro entró a un bar a desayunar, a prepararse para una nueva jornada de caminata y trabajo, y se lo llevaron también.

Foto: Eva Cabrera

6 de julio de 2010

Aún no se aplica el nuevo Código Urbano pero la ciudad ya parece bombardeada

Dicen que la utopía quedó atrás, allá lejos y hace tiempo, cuando la ciudad perfecta, racionalista y humanista, al servicio de la comunidad, comenzó a expandirse sobre sus lados como una mancha de aceite, informe. Entonces, la cuadrícula perfecta, cruzada de lado a lado por dos diagonales, dejó de estar rodeada de quintas y parques para expandirse, desorganizada, en una conurbe que la ahogó. Después vinieron las torres para oficinas y más tarde los edificios de departamentos.
¿Cuándo fue que se perdió el sueño de Pedro Benoit? Hay quien data la fecha de defunción del proyecto en La ley de Propiedad Horizontal, que habilitó que se puedan hacer más de una casa por lote, pero lo cierto es que La Plata crece en conflicto y su morfología cambia bajo el poder de las fuerzas del mercado desde los años '50. Y cada vez más vecinos advierten que se pone en riesgo la admirable idea conceptual que la vio nacer el 19 de noviembre de 1882.
A 128 años de su fundación, la ciudad cuenta con un nuevo Código de Ordenamiento Urbano (COU) que los vecinos critican porque permitirá construir edificios más altos en el centro, pero que, según las autoridades de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de La Plata, desnuda la carencia de un plan para la ciudad y el partido. La casa de estudios manifestó su “preocupación por la ausencia de un diagnóstico serio y profundo, una evaluación de aplicación de la norma en vigencia, el acotado tiempo de desarrollo de las modificaciones y sus validaciones a partir de la construcción de consenso”. Y, en un comunicado, advirtió: “La ciudad es un bien de todos, y por ende la construcción de la misma debe ser consensuada para poder garantizar su sustentabilidad urbano ambiental, social y económica”.
También el Centro de Ingenieros de la provincia planteo su oposición: “nos encontramos frente un código que no responde a ningún plan urbano ni vial sino mas bien a un agrupamiento de medidas desarticuladas”, lamentaron los profesionales, luego de recordar que “La Plata es el producto del proceso urbanístico más coherente y ambicioso que se haya desarrollado en la Argentina, y a pesar de ello no aprendimos a resguardar lo valioso que esto podría significar a largo plazo”.
El COU todavía no se aplica, pero la ciudad ya parece bombardeada.

22 de junio de 2010

Los trabajadores de Sniafa esperan una definición para conocer su futuro laboral



Un reflector con un tubo fluorescente ilumina un pequeño pasillo entre las máquinas en el sector de estirados de la hilandería. La zona sería una boca de lobo si la luz se apagara. Encendida, los trabajadores vigilan que nadie se lleve nada. Sniafa está parada y sus enormes galpones son una heladera. Si la fábrica estuviera funcionando, el calor de las maquinarias haría que la temperatura superara los 25 grados en esos mismos gélidos ambientes. Para paliar el frío, los que bancan la toma se reúnen en la cocina, donde prenden las hornallas, o en la guardia, donde tiraron cables para conectar una estufa, algunas lámparas y un televisor. La electricidad está cortada por falta de pago y hace dos meses que la empresa no paga los sueldos. Tampoco mandó telegramas de despido ni notificó suspensiones. Nada. Ellos se presentan a cumplir sus horarios y algunos se quedan a dormir, para que los edificios no sean saqueados.

–¿Qué fue lo que pasó? -preguntó Diagonales en medio de la cocina.
–¡Se afanaron todo! –explicó uno de los trabajadores.
–Claro ¿qué va a pasar? -advirtió otro.
–Igual, habría que preguntarle a los dueños –intervino un tercero–. A nosotros nos dejaron de pagar los sueldos. Cuando quisimos acordar nos dimos cuenta que no había insumos. Hoy la empresa está en concurso de acreedores y, si no se homologa el acuerdo, el 8 de julio, va a la quiebra.
–¿Creen que la empresa podría haber continuado con la producción?
–Todavía vienen muchos clientes a preguntar si esto va a seguir así, porque nosotros éramos sus principales proveedores y ellos también tendrían que cerrar -agregaron.
–Todo pasó en 15 días. No teníamos stock y trabajábamos el día a día. Ahora sabemos que se remató mucho hilo y nos dimos cuenta de que no compraban materia prima. Fue premeditado, pero nosotros nos enteramos tarde: el día que cortaron la luz.
El jueves 13 de mayo fue el último día que hubo trabajo en Sniafa. A las cuatro de la tarde, en plena producción, EDELAP cortó la luz de la fábrica de 30 y 508 por falta de pago. “Ese día dejamos de trabajar. Y una semana después empezamos a venir para que no se llevaran las máquinas ni el hilo que había quedado en el depósito”, contó Alicia, antes de alegrarse por la presencia de Sebastián Sorrenti, un hombre de “81 años y medio” que se jubiló como gerente de la empresa y aún camina entre los carreteles, convencido de que no hay que esquivar las situaciones difíciles (ver aparte).
Aunque había problemas con los sueldos, que se pagaban en cuotas, y no tuvieron aumentos en el último año, el corte de luz tomó por sorpresa a los 180 trabajadores de Sniafa. En los últimos tres o cuatro años, además, se notaba una falta de inversión en maquinarias y mantenimiento del edificio. “Evidentemente algo pasaba”, reconoció Alicia.
Fundada en 1948, Sniafa no sólo vendía en el mercado interno, sino también para Brasil, donde llegó a exportar el 70 % de su producción. La empresa es única en Sudamérica. Además de los hilados sintéticos poliamídicos, hasta que le cortaron la luz, produjo polímeros de caprolactama. “Acá se vende todo, desde el hilado hasta las sobras, no se desperdicia nada, todo es ganancia. Hay muchas fábricas, pequeños emprendimientos, que dependen de nosotros. Hay muchísima gente que nos pide que no permitamos que la empresa se venga abajo”, afirmó Alicia.
La empresa, que pertenece a Solea Trust Reg y al fondo de inversión The Tower Fund, era conducida por Benjamín Pedro Uriburu, su principal accionista.
“Uriburu es el que llevaba adelante la empresa y el que no nos pagaba los sueldos. Suponemos que se quedó con el dinero que entraba por la poca o mucha venta, porque no pagaba nada: no hacía los aportes jubilatorios, las cargas sociales, ni a la obra social. Así que todo ese dinero, que a nosotros nos descontaban, también debe haber ido a parar a sus bolsillos”, explicó Alicia.
Por ahora, la situación de los 180 trabajadores es de pura incertidumbre. Creen que hay un interesado en comprar la fábrica, pero no saben ni de quién se trata. Algunos de ellos, tal vez 100 o 120, podrían ir a trabajar a Mafi-ssa, la otra gran hilandería de la región. Y hay quien dice que, con una ayuda estatal, los trabajadores podrían poner a la empresa en funcionamiento. No hay certezas.


Un optimista que confía en el potencial de la empresa
Sebastián Sorrenti empezó a trabajar en Sniafa el 1º de enero de 1955, cuando la hilandería tenía apenas 6 años y funcionaba en Plátanos. Llegó a ser gerente de desarrollo y asesoramiento tecnológico, se jubiló y continuó como asesor hasta que, al igual que el resto de los trabajadores, un día se encontró con el concurso de acreedores y la quiebra inminente. Es, sin embargo, un hombre optimista que confía en el potencial de la fábrica.
“Sniafa es una de las más importantes productoras de hilados de nylon para uso textil. Responde a las necesidades del mercado interno y también fue una importante exportadora. Desde que se instaló el Mercosur, llegó a competir con las más importantes productoras del mundo y sobrevivió al mercado exportador por su excelencia, consolidada en su servicio técnico”, aseguró, parado en el medio de un galpón que debería estar a más de 25 grados, y que sin embargo deja circular un frío helado que cala hasta los huesos.
Con su campera cerrada hasta el cuello, Sorrenti asegura que “el cierre de la fábrica es un perjuicio para la nación, porque los hilados que puede fabricar son un insumo vital para muchos industriales textiles que tendrán que importar su materia prima, porque hay muy pocos productores locales. En los últimos años, Sniafa creó una sala para urdido (enrollado) del hilado que es única en el país, y que le permite preparar la materia prima para ser utilizada directamente por las tejedurías”.
Sorrenti se presentó como técnico perito textil y recordó sus tiempos como profesor de tecnología textil de la primera escuela técnica fundada por la Comisión Nacional de Aprendizaje y Orientación profesional, creadas por el peronismo para educar en la enseñanza técnica.
El hombre tiene una experiencia, un conocimiento, un saber, que quiere transmitir: “si hay algún funcionario que quiera conocer la importancia de lo que se puede hacer en esta empresa, me ofrezco a explicárselo cuando crean oportuno”, afirmó. Y agregó: “a mi juicio, el estado no se puede desentender del problema que hay en esta empresa y debe colaborar para dinamizar inmediatamente, lo más rápido posible, la plata. Para que siga siendo lo que fue, incluso más allá de las fuente de trabajo”.

24 de mayo de 2010

Le dan 45 días más de cárcel al estudiante de periodismo de la UNLP detenido en Chile


Cristian Molina es compañero de Pascual, con el que filmó un documental para una cátedra libre de la Universidad Nacional de La Plata (Foto: Eva Cabrera)

El estudiante de periodismo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) detenido en febrero pasado en Chile, condenado por incendiar un camión en 2002, sumó una nueva pena de 45 días de arresto por circular con documentación de su hermano, acusado del delito de “suplantación de identidad”. Pascual Pichún Collonao (27) vivía en La Plata y tenía en Argentina un permiso provisorio como refugiado político. Sabía que no debía volver a su Ñirripil natal, pero no aguantó: fue detenido por carabineros en Temuco, durante un control de rutina, el 26 de febrero, día que comenzó a cumplir su sentencia.
Pascual forma parte de una familia mapuche que vive en la comunidad Antonio Ñirripil, en Temulemu, en la comuna de Traiguén, en la IX Región de la Araucanía, en Chile. Su papá, que también se llama Pascual Pichún, es un logko, un cacique reconocido por la lucha por sus derechos de restitución territorial y gestión económica, política, social y cultural mapuche.
Al igual que su hermano Rafael, Pascual y su papá fueron acusados, procesados y condenados en 2003 a cinco años y un día de prisión por diferentes delitos relacionados con su lucha, aunque, después de un año de prisión, Pascual logró cruzar a la Argentina, donde vivió en la clandestinidad hasta que consiguió un permiso provisorio en donde se lo reconocía como refugiado político. Entonces, dio una entrevista a la revista Azkintuwe en la que contó parte de su historia.
Los hermanos fueron detenidos el 12 abril de 2002 acusados de incendiar un camión forestal que prestaba servicios a la forestal Nancahue, de propiedad del abogado, latifundista, ex ministro de agricultura de Patricio Aylwin, miembro del Tribunal Constitucional y presidente de la Fundación Pablo Neruda, Juan Agustín Figueroa Yávar, bajo los cargos de “atentado incendiario y homicidio frustrado”. Pascual y Rafael, que entonces tenían 19 y 20 años, pasaron un año en la cárcel de Traiguén, condenados por el Tribunal Oral en lo Penal de Angol sin beneficios; hasta que iniciaron una huelga que duró 35 días (30 días de huelga de hambre y cinco de huelga seca). “A tanto llegó la gravedad de nuestra situación que nos tuvieron que internar en el hospital. Ahí aceleran el proceso y llegamos a juicio oral en enero del 2003”, relató.
El resultado del juicio fue una condena a cinco años y un día de cárcel, con el beneficio de la libertad vigilada siempre y cuando pagaran una multa de unos 10 mil dólares. Los hermanos pasaron apenas un mes con una prisión domiciliaria, hasta que el beneficio fue revocado porque no habían pagado la multa. En mayo, los Pichún volvieron a la cárcel.
Sin embargo, apenas pasaron una semana presos, y volvieron salir, gracias a un recurso de amparo. Más tarde, en lugar de arresto domiciliario, los Pichún fueron beneficiados por un arresto nocturno, por el que todas las noches dormían en la cárcel de Traiguén. En ese momento, la Corte Suprema de Justicia de Chile ratificó la condena a cinco años y un día de prisión. “Si no pagábamos la indemnización debíamos pagar con cárcel. Cuando nos notifican de eso decidimos pasar a la clandestinidad. Se supone que nadie en Chile puede estar preso por deudas, eso dicen los convenios internacionales, pero para nosotros estaba claro: era la cárcel lo que nos esperaba”.
Los hermanos huyeron de la justicia chilena a fines de 2003. Y, despues de eso, cruzaron a Argentina. Rafael, que tenía mujer e hijos, decidió volver. Pascual vivió clandestino, hasta que en diciembre de 2005 consiguió que el Comité de Efectividad para Refugiados (CEPARE) le otorgara un permiso provisorio que le permitió estar en el país con su propia identidad. Entonces, se decidió a estudiar en La Plata.

LA EXPERIENCIA PLATENSE. La detención de Pascual generó un gran revuelo en La Plata. Sus amigos y compañeros abrieron un blog (http://pascuallibre.blogspot.com) y el grupo de Facebook Pascual Pichun estamos con vos.
Cristian Molina fue compañero de Pascual en varios emprendimientos. Juntos filmaron documentales para la cátedra de “Rescate de la memoria y educación con pueblos originarios” sobre wichis y tobas.
“Antes de venir a La Plata, Pascual vivió en Zapala, en la casa de una tía, y en Buenos Aires, donde dio algunas charlas en la UBA (Universidad Nacional de Buenos Aires) sobre la situación de los Mapuches. En 2004 vino a estudiar periodismo y conoció a (el Director General de Gestión y Extensión de la UNLP) Jorge Castro, quien lo ayudó a dar los primeros pasos en la universidad”, relató Molina.
Buen alumno, pronto se convirtió en ayudante de cátedra de Análisis de la Información. Además, se sumó a la Secretaría de Derechos Humanos de la UNLP, creó y co-condujo el programa radial “La Flecha” (en Radio Estación Sur). Además, colaboraba con el periódico mapuche Azkintuwe, con Indymedia Pueblos Originarios y administraba la web informativa del Encuentro de Comunicadores Indígenas de Argentina.
“Cuando se instaló en La Plata, tenía una vida como la de cualquier estudiante, con la impronta de la militancia en Derechos Humanos”, explicó Molina.
La idea de volver a Chile habría madurado en él en diciembre de 2009, luego de reencontrarse en Zapala con su mamá y su hermana, a quienes no veía desde hacía siete años. Según Molina, el último contacto con la familia había sido un mensaje que recibió en un DVD a mediados de 2007. “Él sabía que a Chile no podía ni llamar por teléfono”, afirmó.
“Pascual volvió a La Plata en enero y empezó a plantear que quería ir a vivir al sur. Planeaba trabajar en un proyecto de extensión universitaria en radio en San Martín de los Andes, dando talleres de locución, animación y producción periodística, pero sus amigos sospechábamos que quería cruzar a Chile. Le advertimos sobre los riesgos y le pedimos que se quedara un año más en La Plata, para terminar la carrera, pero no pudimos convencerlo”, afirmó el compañero. Las cargas política y emocional, y el mandato ancestral, pudieron con él, y Pascual cruzó los Andes. “Es el único de su familia que accedió a la universidad y es el que tiene que continuar con la lucha de su padre”, describió Molina.
El 26 de febrero Pascual iba a participar de una celebración en su Ñirripil natal, pero necesitaba una manta que no tenía y decidió ir al centro a comprarla. Iba con su hermano Rafael cuando los carabineros los detuvieron para identificarlos. Rafael les dio sus papeles y nada. Pascual le dio la identificación de su hermano Alejandro. Los policías dudaron pero los hermanos ya iban a salirse con la suya cuando llegó otro efectivo. A él se le ocurrió que, si había dudas, podrían sacárselas con un análisis de las huellas digitales. Así fue como Pascual Pichún fue identificado y comenzó a pagar una condena por prender fuego un camión. O por ser mapuche.

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"Estuve dos años clandestino y nunca antes había estado tan lejos de mi familia y tanto tiempo sin comunicación."

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"El tiempo que estuve en la cárcel fue también un factor importante para aprender más y reflexionar sobre lo que soy."

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"Para la prensa, los que soñamos y luchamos por una vida mejor para nuestra gente somos los terroristas, los violentos."



El colegio y la discriminación
Cuando tenía 11 años, Pascual fue a estudiar a la ciudad de Traiguén. “Llegábamos del campo y éramos mapuches, lo que nos convertía en el blanco de las burlas”, relató en una entrevista con un periódico Mapuche, donde recordó una escuela en la que se marcaba la “diferencia por color de piel”, en la que “el más morenito siempre era el último del curso”, “era centro de las bromas y hasta los profesores nos trataban mal”.
Pascual no quería seguir estudiando, pero igual accedió luego a la enseñanza media, donde se encontró en una situación opuesta. “Entré a turismo, no tenía idea del asunto, pero elegí turismo. El liceo tenía una característica particular: promocionaba la interculturalidad, algo novedoso que a nosotros (Pascual y sus hermanos Carlos, Rafael y Jamelia) nos gustó, también a mis padres, que ya estaban dentro del movimiento mapuche. Fue un periodo muy lindo. En ese tiempo había una recuperación muy fuerte de la identidad, ahí conocimos mucha gente hicimos muchos amigos, impulsamos iniciativas culturales, creamos el grupo (de música) Kimkache cuando estábamos en segundo medio y a través de Kimkache pudimos fortalecer nuestra identidad y encontrarnos con otros jóvenes. Eso nos ayudó a tomar conciencia de que éramos mapuches y miembros de un pueblo con una gran historia. Allí nos graduamos en el 2001”.

3 de mayo de 2010

La bicicletería


Los creadores de una bicicletería solidaria instalada en un barrio surgido de un asentamiento platense iniciaron una campaña de ayuda para recolectar cuadros, ruedas, pedales, manubrios, cajas dedaleras, estrellas, cadenas y asientos que pueda usar para reciclar y construir bicicletas. Ya hicieron 35, que se repartieron entre los chicos de la zona, pero van por más: quieren armar bicis para vender y poder avanzar con otros proyectos. No lo pueden evitar. Y ahí están: en medio de una comunidad que pelea por la tierra en los estrados judiciales y que avanza paso a paso en su transformación, de un descampado abandonado a un barrio con calles asfaltadas e iluminadas, con una plaza y la bicicletería como insignias, y un centro cultural y un centro médico en construcción. "El Centro de Resistencia Cultural Barrial nace en defensa de asentamientos y en la lucha contra las acciones de desalojo promovidas desde el Estado", se presentan. Más claro, imposible.
La Resistencia… nació en el barrio Los Robles, que ocupa seis manzanas en la zona de 16 y 609 y nuclea a algunos vecinos y jóvenes formados en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), con intereses personales que no terminaban de encajar en ninguna organización social o política, aunque trabajan en sintonía con el padre Luis Farinello, cuya fundación les brinda su apoyo.
Sebastián Cuccio es abogado y tiene 36 años. Hacía siete años que había dejado de ejercer el derecho cuando una familia amiga le pidió que interviniera en un juicio por desalojo. "Yo no sabía dónde vivían, pero a partir de ese acercamiento y de conocer su situación, es que tomé un compromiso con la gente que ocupa una tierra porque no tiene dónde vivir", describe.
Anita Osaba es periodista y tiene 29. "Conocí la experiencia de Sebastián durante el año pasado y me sumé para la realización de los talleres, pero no tenía ni tengo ninguna militancia política sino sólo convicciones", explica.
Como ellos, un grupo heterogéneo participa de La Resistencia… cuyo último logro fue el taller de bicicletas al que llamaron "Los Roblecitos".
–¿Cómo nació la bicicletería?
–Surgió como necesidad. En este barrio, arreglar una pinchadura de dos o tres pesos puede significar tener la bici colgada durante dos o tres meses– cuenta Cuccio.
–¿Cómo funciona?
–Ya reciclamos 35 bicicletas que fueron para los chicos del barrio, más algunas que hicimos para vender. Tres de los chicos: Pilín, Diego y Jhonny, le agarraron la mano. Vienen a contraturno de la escuela o entre las cinco y las ocho de la tarde.
–También los fines de semana– agrega Osaba.
–¿Ya vendieron muchas bicicletas?
–Es la idea, pero sólo vendimos algunas pocas, porque por ahora las bicicletas que armamos se las dimos a los chicos del barrio. Pensamos que podemos vender algunas más y, con esa plata, bancar el proyecto. Los chicos que trabajan se quedan con un porcentaje, como para que, de a poco, jugar con lo que es el cooperativismo. El resto lo usamos para comprar repuestos. A los chicos no se les cobra el arreglo, pero cada uno tiene que arreglar su propia bici. Les damos las herramientas y los guiamos, pero lo valioso es que aprendan. A los grandes, en cambio, se les cobra algo, aunque siempre un poco menos que en una bicicletería del centro– continúa la periodista.
–¿Quién les enseñó a arreglar bicicletas?
–Aprendieron en lo de Bigote. Este proyecto no hubiera sido posible sin Bigote, un tipo que cuando falleció les dejó la bicicletería en herencia a sus empleados. Ahí le enseñaron el oficio a un chico del barrio, que a su vez les enseñó a los otros. La bicicletería de Bigote nos permite acceder a los repuestos al costo o nos da algunas piezas para que las reciclemos– añade Osaba.

LOS PROYECTOS. Jhonnatan, de 9 años, fue quien hizo visible la necesidad de la bicicletería. El pibe, que es sordo, andaba en una bicicleta para adultos, sin pedales y algunas veces sin la cámara, por lo que la cubierta sobre el piso lo obligaba a hacer una fuerza que conmovía. Como se le zafaba el pie, se lo ataba, lo que significaba una seguidilla de caídas y golpes.
Gladys Barragán, hija de Roberto Barragán, "el tipo que tuvo la mala idea de crear la plaza del barrio –broméa Cuccio–, trabajó doble turno para comprar una casilla de cuatro por cuatro" en donde hoy funciona "Los Roblecitos".
Pero la bicicletería no es el único proyecto en marcha en el barrio Los Robles. En la plaza La Resistencia… se construye en estos días un centro cultural en donde, además del apoyo escolar, darán talleres de teatro, cine, música, plástica y fotografía, por mencionar sólo los que ya están confirmados; mientras esperan que la Municipalidad de La Plata construya el centro médico que se logró a partir de ganar el último presupuesto participativo.
"También vamos a trabajar sobre micro emprendimientos productivos, como en la realización de huertas y en talleres sobre salud preventiva y primaria", cuenta Osaba.
Para Cuccio, se trata de trabajar sobre tierra –y vivienda–, educación y salud desde lo cultural. "Estos barrios se forman por el crecimiento de la ciudad y quedan lejos de todo", describe. Y agrega: "Estas tierras todavía están en juicio por desalojo y estamos pidiendo la expropiación. La ocupación se produjo hace cinco año y de a poco se formó un barrio. Aunque el terreno ya estaba ahí, Barragán armó los juegos y fundó la plaza hace tres años. En diciembre inauguramos la bicicletería y ya tenemos varias calles asfaltadas, iluminación y los proyectos del centro cultural y el centro médico. Aquí ya hay una urbanización y no hace falta más que levantar la vista para ver que se trata de tierras especulativas. No tienen ni una vaca, ni una planta sembrada. Los dueños son una Sociedad Anónima que no paga impuestos desde hace 60 años y no pueden lotear y vender porque para eso tienen que hacer mejoras, como entubar un arroyo. Pero la gente ya no se quiere ir. Y si le preguntás a los vecinos, todos quieren comprar su terrenito".
–¿Qué pasó con los vecinos?
–Generalmente los vecinos ven una casilla de madera y lo asocian con el mal vivir y la delincuencia, pero acá, por ejemplo, se hizo un trabajo para que el asentamiento se transformara en un barrio- explica Osaba.
–Hoy, este lugar no es un asentamiento, es un barrio. Ese es el gran tema: la transformación– afirma Cuccio.

Foto: Alberto Direnzo

29 de abril de 2010

Adiós a una Madre



La Madre de Plaza de Mayo platense Lidia Anselmi de Díaz murió hoy, a los 87 años. Luchaba por la búsqueda de su hijo Ricardo Antonio Díaz Anselmi, desaparecido el 7 de febrero de 1977, y para saber qué pasó con él. Buscaba una verdadera justicia. “Todos los desaparecidos son nuestros hijos, como todos los niños apropiados son nuestros nietos. Los que encontramos y los que vamos a encontrar”, escribió, hace unos días, en Diagonales.
Las Madres de Plaza de Mayo de La Plata informaron su muerte con tristeza porque se fue una compañera infaltable e infatigable, muy solidaria y querida.
Lidia había comenzado la búsqueda de su hijo el mismo día que desapareció porque, contó, al tener un marido militar, tenía pleno conocimiento de lo que estaba pasando en el país. Recorrió comisarías, cuarteles e iglesias, inició las rondas en la Plaza de Mayo y en 1980 viajó a Brasil a entrevistarse con el Papa Juan Pablo II.
En una nota que escribió para Diagonales, explicó: “Dicen que el camino se hace andando, y en el andar de las Madres hay muchos recuerdos, muchas cosas compartidas. Tal vez se nos confundan algunas fechas, porque los años han pasado, pero no se nos confunden los hechos porque están amparados por la verdad que se relata día a día”.
Sus compañeras aseguraron que “Lidia se fue a rondar a otro espacio, a una ronda que es invisible a nuestros ojos pero desde la que nos acompaña”.
Sus restos son velados en Vuida de Boccia y Hermanos, en 57 entre 13 y 14 y el sepelio será mañana, a las 9, en el cementerio local.

25 de abril de 2010

Hijo de desaparecidos da pelea contra las mineras en Andalgalá


Tenía apenas un año y medio cuando el Ejército y la Policía Bonaerense atacaron su casa con ametralladoras, fuego de mortero y bombas de fósforo; la madrugada del 22 de noviembre de 1976. Como dos días después iba a pasarle a Clara Anahí Mariani, aquella trágica madrugada él fue el único sobreviviente. Antes de morir, su papá logró ponerlo dentro de un colchón enrollado y tirarlo a la casa vecina. Su mamá, que estaba embarazada y le faltaba sólo una semana para dar a luz, murió en la balacera con su bebé en la panza. “A mí me secuestró Etchecolatz y me entregaron a una familia de un suboficial, pero a las dos o tres semanas me recuperaron mis abuelos”, contó Nicolás a Diagonales. Creció en Olavarría, volvió a La Plata a recuperar su historia y desde 2005 vive en Andalgalá, en Catamarca, donde se encontró con la minería a cielo abierto que ahora denuncia. Esta es la primera vez que cuenta su historia a un medio de comunicación.
El 15 de febrero un grupo de élite de la policía catamarqueña desató una brutal represión sobre los vecinos que se oponen a la minera Agua Rica, proyecto que pretende operar a 17 kilómetros de Andalgalá, y que es tres veces más grande que el muy cuestionado Bajo la Alumbrera. Un platense llamado Nicolás Berardi, hijo de desaparecidos, fue detenido ese día a las 17 y liberado 8 horas después, por la presión ejercida por más de 5 mil de los 17 mil vecinos del pueblo, quienes, pese a los golpes, las balas y los gases, rodearon la comisaría y exigieron a pedradas la liberación de los manifestantes detenidos.
De visita en La Plata, Nicolás se tomó unas horas para hablar con Diagonales. La entrevista fue en un bar de 4 y 51, mientras en el ex edificio de la Amia, a media cuadra, se desarrollaba el juicio a los penitenciarios y médicos de la Unidad 9 acusados de crímenes y torturas cometidas en el penal durante la última dictadura. Berardi veía pasar a los militantes, las madres, las abuelas y ex detenidos desaparecidos mientras evocaba su historia.

BICHICUÍ. María Isabel Gau iba a la Escuela Normal y Adolfo José Berardi, al Instituto José Manuel Estrada de Olavarría cuando se pusieron de novios. Terminaron el colegio, se casaron y en 1971 se mudaron a La Plata, donde empezaron a estudiar. “Ella hacía el Profesorado de Biología y él, el de Ciencias Económicas”, recordó Nicolás. Ambos militaban en la Liga de Estudiantes Socialistas y con el triunfo de Héctor Cámpora pasaron a la Juventud Peronista. Fueron Montoneros y pasaron a la clandestinidad en septiembre de 1974.
La casa de los padres de Nicolás, en 63 entre 15 y 16, era una de las tres viviendas operativas de Montoneros en La Plata. “Funcionaba como un centro de falsificación de documentos para los militantes clandestinos, que tenían pedidos de captura y necesitaban moverse por el país”, explicó. Las otras eran la de Mirta Noemí Dithurbide, en 139 entre 47 y 49 (no hay 48) que cayó el mismo 22 de noviembre, pero al mediodía, y le costó la vida a seis militantes; y la de Diana Teruggi y Daniel Mariani, en 30 entre 55 y 56, en la que el 24 de noviembre de 1976 fueron asesinados cuatro jóvenes militantes y fue robada la bebé Clara Anahí Mariani Teruggi.
Si bien no hay una certeza sobre cómo fue que las casas cayeron con tan pocas horas de diferencia, Nicolás supone que los grupos de tareas llegaron a su casa después de haber secuestrado a un ingeniero de apellido García Cano, quien habría construido en las tres viviendas lo que en la jerga de montoneros se llamaba “embutes” y que podrían ser descriptos como escondites muy sofisticados y difíciles de abrir.
Los tres operativos fueron conducidos por Ramón Camps y Miguel Osvaldo Etchecolatz, cuya presencia está confirmada al menos en las casas Gau-Berardi y Teruggi-Mariani. En ambos casos, además, se menciona que los bebés que sobrevivieron a las balaceras quedaron en manos de Etchecolatz.
Aquellos días de terror, de ráfagas de ametralladoras, fuego de morteros y bombas de fósforo, los padres de María Isabel Gau estaban en La Plata. Paraban en el Hotel Provincial, donde esperaban la llegada de su segundo nieto. De pronto, se encontraron con que habían matado a su hija embarazada y su nieto de un año y medio estaba con un suboficial de policía identificado como Aquiles Caputo. “Deben haber tenido la impunidad de las personas del interior que no sabían nada”, especuló Nicolás. Lo cierto es que llegaron a Etchecolatz. “Me contaron que el tipo los llevó a su oficina, los sentó frente a él y me puso a mí en el medio. Entonces, les dijo que yo iba a elegir con quién quedarme. Bichicuí, me llamaba mi abuela. Y me fui con ella”.

–¿Bichicuí?
–Dicen que era el apodo con el que me llamaban mis viejos.
–¿Tienen idea de la razón por la que Etchecolatz cumplió con su palabra?
–Es una de esas cosas que no tienen explicación. Tengo una abuela de apellido Aguer y tal vez, dentro de las muchas hipótesis que manejamos, creemos que esa situación los haya intimidado. Es raro. No tenemos certezas.

Cuando le devolvieron a Nicolás, los apropiadores entregaron también su cuna, sus juguetes y toda su ropa, que había sido robada de la casa y formaban parte del cuarto que le había armado su apropiador.
Nicolás creció en Olavarría con sus papás como desaparecidos. Vivía con sus abuelos maternos. Un fin de semana lo pasaba con su abuela paterna y el otro con el abuelo, que vivían separados. “Tenía –recordó– tres historias distintas”.
“Mi abuelo murió en 1977, no resistió lo de mi vieja. Con la llegada de la democracia, en 1983, la asesoría de psicólogos recomendó que nos mudáramos y nos fuimos a La Pampa. Viví con mi abuela materna, mis tías y primos de mi edad”. A los 18 años, Nicolás eligió volver a La Plata a estudiar. Hizo Diseño y después Educación Física, pero se quedó con el profesorado de Ciencias de la Educación.
“Yo llegué sabiendo que mis viejos eran desaparecidos. Y acá me puse a averiguar qué había pasado. Quería recuperar las casas en donde había vivido y, entonces, hice un juicio de declaratoria de herederos. En esa época, dibujaba bebés dentro de ojos. Iba al psicólogo y pensaba que me pasaba algo, pero entonces un tío vino a contarme que mi mamá estaba embarazada cuando la mataron”, recordó.
Nicolás hizo un juicio por desalojo y, después de perder y apelar, recuperó su casa en 2004, con técnicas de okupas: “Había sido usurpada en el ‘83 por el familiar de un policía, un tipo que andaba en el robo de autopartes o algo así. Miré el lugar hasta que se fue. Un día puse un ladrillo en la puerta, esperé una semana y entré cuando confirmé que no había nadie. Ahora viven dos chicos de Olavarría y una chica de Andalgalá”.
Del 22 al 24 de noviembre la casa abre sus puertas. Se imprimen 200 invitaciones que se reparten entre los vecinos más cercanos y se realiza una convocatoria a realizar algunas actividades culturales. La primera vez, el matrimonio de la casa de enfrente se presentó ante Nicolás con una mamadera y un par de chupetes que habían usado la noche que mataron a sus padres para tratar de calmarlo después de la balacera, cuando la policía empezó a vaciar su habitación para mudarla a la casa de su apropiador.
Después de terminar sus estudios, en 2005, Nicolás entendió que debía buscar su lugar en el mundo. Estaba entre Córdoba y Andalgalá, donde finalmente se instaló, conoció a Paz y ahora tiene un hijo de un año y medio.

EL ALGARROBO. En Andalgalá, Nicolás es uno de los hippies. Uno de los jóvenes que llegaron de ciudades importantes para vivir conectados con la naturaleza. Así lo categorizan las autoridades comunales, que cuando hay un alguna movida ecológica preguntan: ¿cuántos hippies hay ahí? “No se animan a decir subversivos, pero también nos dicen fundamentalistas, terroristas y extremistas”, reveló.
El problema para las autoridades parece ser que los “hippies” no son los únicos que se oponen a la minería a cielo abierto. Cada protesta reúne unas 2.000 personas y después de la represión, en febrero, 5.000 vecinos salieron a la calle y se la tomaron con la comisaría.
“Cuando la policía llegó al pueblo, las chicas y las señoras le llevaban agua y frutas frescas, pensando que la represión iba a ser menos dura. Ni se imaginaban lo que iba a pasar”, explicó Nicolás.
Unas 20 mil personas viven en Andalgalá, que a través del riego por acequias mantiene plantaciones de membrillo, nogales y olivos.
La minera Agua Rica todavía está en etapa de exploración. Ubicada entre 17 y 25 kilómetros del centro del pueblo (según midan los vecinos o la empresa), en donde nacen los ríos que alimentan de agua a la población, se calcula que su tamaño será tres veces más grande que La Alumbrera y que cada pozo –abierto con 25 mil kilos de dinamita– tendrá un diámetro de un kilómetro y una profundidad de mil metros. A lo lejos se ven las luces de la minera, que consumiría más energía que la ciudad de San Miguel de Tucumán.
“La roca sale hecha polvo y a ese polvo se le pone agua. En un segundo usan el agua potable que usaría toda una familia en un año. Al concentrado que queda lo someten a un proceso de lixiviación con cianuro, que hace que se separen los metales. Sacan oro, plata, cobre, molibdeno -que es una mezcla de metales-, uranio y tierras raras, que caen en un dique. Por cañerías lo llevan de Catamarca a Santiago del Estero –310 kilómetros–, pasando por Tucumán. En Santiago del Estero lo cargan en camiones hasta Santa Fe, donde parten en barco con destino a Canadá, según dicen. El uranio es materia prima para desarrollar tecnología atómica y las tierras raras son utilizadas para tecnología de alta complejidad en la industria armamentística”, describió Nicolás. Y afirmó: “El mayor problema es que se trata de una industria química y el derecho al agua es el derecho por excelencia de los pueblos, un derecho a la vida”.

–¿Qué hay que hacer?
–Hay que prohibir el modo de producción a cielo abierto. Tiene que prohibirse la minería por lixiviación química con utilización de cianuro. Canadá, Europa y casi todo Estados Unidos ya lo hicieron. No existe la minería química a pequeña escala sin contaminación.
–¿Cómo hacen?
–Hay que volver a la minería tradicional, que no es tan insegura como antes, a las minas capillitas, por socavón y galería. Más artesanal.
–¿Agua Rica no producirá trabajo para la región?
–Si La Alumbrera fuera tan óptima, Catamarca no sería tan pobre. Ya no podemos pensar que las promesas van a ser reales.


Andalgalá, ubicada al noroeste de Catamarca, es la tercera ciudad en importancia de la provincia.

RECUADROS
Laura y María del Cielo
El mediodía del 22 de noviembre de 1976 la policía bonaerense y el ejército cayeron sobre una casa de 139 entre 47 y 49 de Mirta Noemí Dithurbide y su compañero Roal Montes. Mirta, que tenía 19 años y una hija llamada María del Cielo, estaba embarazada y murió en el ataque. También murieron Montes, Miguel Ángel Tierno, María Graciela Toncovich y Elda Aída D'ipolito.
La abuela de María del Cielo, que vivía a dos cuadras, había notado movimientos raros en el barrio y había ido a buscar a su nieta. También se llevó a Laura, hija de Elda D'ipolito, quienes vivían en la misma casa. Las dos nenas llegaron a escuchar un tiroteo muy ruidoso y prolongado. “No sé cómo y por qué sabíamos que se trataba de un ataque a mi casa, mis cosas y mi familia. Yo los creí inmortales y recuerdo que escondidas debajo de la mesa de la cocina gritábamos con Laura ‘dale que ganamos’”, contó María del Cielo en una denuncia, en 1998.

Clara Anahí
El 24 de noviembre de 1976, un grupo de 150 policías de la Bonaerense al mando de Ramón Camps y Miguel Etchecolatz arrasaron la casa de la calle 30 de La Plata en la que vivían Daniel Mariani y Diana Teruggi, con su hija, Clara Anahí, que en ese momento tenía tres meses.
Daniel Mariani no estaba en la casa, aunque fue asesinado ocho meses después. Además de Diana, murieron en el ataque Roberto César Porfidio, Juan Carlos Peiris y Daniel Mendiburu Elizalde. Clara Anahí sobrevivió por una acción de su mamá: así como el papá de Nicolás lo metió en un colchón y lo pasó a la casa del vecino, tras la primera descarga, Diana escondió a Clara Anahí en una bañera, bajo una pila de almohadones.
Después del tiroteo, la bebé fue robada y hasta la fecha permanece desaparecida, aunque se sospecha que podría ser Marcela Noble, criada como propia por la dueña del multimedios Clarín, Ernestina Herrera de Noble.
Su abuela, María Isabel “Chicha” Chorobik Mariani, lleva adelante una búsqueda que este año cumplirá 34 años.

La Alumbrera
En Bajo Alumbrera, la minera habría dejado un cráter de dos kilómetros de diámetro y 600 metros de profundidad. Según denuncias, en un mes se utiliza allí la misma cantidad de dinamita que en el resto de Argentina en un año. Por día se muelen 340 toneladas de tierra de las que se obtienen, gracias a los ácidos, seis gramos de oro y seis kilos de cobre por tonelada.

24 de abril de 2010

Taxi diablo



Algunas veces, subir a un taxi es subir a un mundo extraordinario. Eso es lo que pensó el tipo cuando vio el tapizado de cuerina roja en los asientos y la calavera de metal a la que se le encendían los ojos rojos cada vez que el chofer apretaba el freno. Afuera, la tormenta volvía aún más diabólico al auto, conducido por un hombre pequeño, de poco pelo blanco, que parecía cerca de los 70 años.
-¿Quién le tunea el auto? –se animó a preguntar el pasajero.
-Yo. No dejo que nadie lo toque –respondió el chofer.
-Todo rojo –advirtió el tipo- ¿A qué se debe?
-Es por el Gauchito Gil. ¿Sabés quién es?
El tipo le dijo que claro, que cómo no iba a saber, y se quedó unos segundos mirando el interior del auto y la luz roja que iluminaba al chofer cada vez que apretaba el freno. El hombre le pareció, entonces, todavía más viejo que cuando pensó en el diablo.
-Usted ya podría estar jubilado ¿cómo es que sigue trabajando? –se lanzó el pasajero.
-Yo ya estoy jubilado, pero si no trabajo me muero –respondió el chofer, absolutamente humano.
-Claro –concedió el pasajero, casi convencido.
-Lo que pasa es que me gusta mucho la joda y la plata del taxi es toda para mí. La jubilación se la doy a mi mujer y yo me quedo con lo que hago acá –reveló el hombre.
-¿Qué joda es la que le gusta?
-Me gusta salir a comer, tomar un vino… y las minas… Me gustan las minas.
-¿Le gusta el cabaret?
-No. El cabaret es para giles.
-¿Dónde sale a levantar minas?
-Voy al club de solas y solos.
-Pero usted es casado.
-¿Qué tiene que ver? La plata que gano en el taxi la uso para salir con las minas. Las invito a cenar, pago el hotel y toda la joda. Pero hay que tener cuidado, porque las minas enseguida te salen con que no te pudieron llamar porque no tenían crédito y quieren que les compres tarjetas, te dicen que les cortaron el gas o la luz y te quieren manguear, pero yo no soy un gil: salgo dos o tres veces y chau.
Llovía, hacía frío y la noche parecía más oscura. Cuando se bajaba del auto, el pasajero volvió a ver la cuerina roja de los asientos y la calavera de metal a la que se le encendían los ojos rojos. No lo convenció el homenaje al Gauchito Gil. Esta vez, le pareció ver al volante al mismísimo demonio, haciendo de las suyas, personificado en un viejo crápula.

8 de abril de 2010

Filmado en La Plata


Cuando estaba a media cuadra del cine, Cecilia pensó que algo raro pasaba, pero no se imaginó que iba a encontrarse con unas 50 personas que conversaban, en pequeños grupos, en el hall central del Cinema Paradiso. La imagen no dejaba de ser la habitual para la camarera del café de la sala platense, pero, que la gente estuviera ahí a las 11.30 de la mañana era una rareza. La chica se asomó a su territorio y sonrió al ver a Roger, la primera cara conocida. Entonces, cruzó las mesas con gesto de no entender nada y se lanzó detrás de la barra, a salvo.
-¿Qué pasó?, le preguntó.
-Hay una conferencia de prensa porque una productora de Buenos Aires viene a asociarse con una productora de La Plata para filmar una película de terror.
-No sabía que tenía que venir más temprano.
-¿A qué hora entrás?
-A las 11.30.
-¿Ya son las 11.30?, preguntó Roger, sorprendido.
-Sí –dijo la chica-, pero a mí no me dijeron nada.
-No te preocupes, si no te dijeron nada es porque no tenías que venir. Igual, como ya me pidieron café, te prendí la máquina-, dijo Roger, que estaba ahí para ver, porque su trabajo es el de proyectar películas.
En el hall que Cecilia cruzó extrañada, una chica se paseaba con una remera de Ténebre, de Darío Argento, mientras que periodistas, productores y amigos conversaban sobre lo que venía: la presentación del rodaje de Sudor frío, una película de horror argentina pensada para ser estrenada en las salas comerciales, filmada en 35 milímetros, con la coproducción de Pampa Films y Paura Flics, y los protagónicos de Facundo Espinoza, Marina Glezer y Camila Velasco.
-¡No sé lo que hago acá!-, advirtió el actor platense Omar Gioiosa a un periodista.
-Yo sí: ¡Sos el asesino!-, le retrucó el escriba, que al segundo siguiente sumó entre los malos a otro actor platense: Omar Mussa. “Elenco completo”, pensó.

CINE DE TERROR. A simple vista, Pampa Films parece una productora que quiere tener público. Produjo La señal, que es la primera película de Ricardo Darín como director, y el año pasado anunció la filmación de una película erótica con Natacha Jaitt que, parece, quedó en la nada. Además, produce La leyenda, con Pablo Rago; Encuentros Prohibidos, con Araceli González; y un par de películas basadas en buenos libros, como el infantil “El Inventor de Juegos”, de Pablo De Santis, y “Tuya”, de Claudia Piñeyro, finalista del premio Planeta.
La productora andaba, también, detrás de un filme para asustar. Al menos así lo explicó en La Plata Juan Pablo Buscarini, uno de los dueños de Pampa Films. “Nos interesaba hacer cine de terror. Sabíamos que ellos hacían y sabíamos que no se puede hacer cine de terror de manera impostada”, describió.
Y ahí es cuando apareció Paura Flics, una productora platense independiente cuya primera película, Habitaciones para turistas, en 2004 participó del 8º Festival Internacional de Cine Las Américas en la ciudad de Austin, en Texas, donde se la consideró no como más de lo mismo, sino como una renovación del género. La película, además, arrasó con el 5º Buenos Aires Rojo Sangre.
Desde entonces, Paura Flics hizo otras cuatro películas: “Grité una noche” (2005), “36 pasos” (2006), “No moriré sola” (2008), “Masacre esta noche” (2009) y, todas precedidas por una catarata mundial de elogios y premios. Tienen, además, una película no estrenada en Argentina, filmada en Costa Rica, que se estrena en mayo en los cines de toda Centroamérica.
Sorprendido con los bajos presupuestos con que habían logrado filmar, las situaciones de rodaje que saltearon y la admiración que despertaron con su cine, Buscarini ofreció una sociedad en la que Pampa Films aportaría equipos e infraestructura financiera para una película que sería dirigida por Adrián García Bogliano.
Bogliano nació en Madrid, España, en 1980, pero es platense por adopción. Obsesionado con el cine de terror, hizo Habitaciones para turistas con sólo 5.000 dólares. Tenía 20 años cuando la empezó a filmar. Desde entonces, no dejó de filmar y viajar por el mundo para mostrar su trabajo. Ahora, prometió “una película de terror fuerte y salvaje que se podría comparar con El juego del miedo, con una buena dosis de humor negro y suspenso”.
Los desprevenidos tendrán que esperar un poco para tener su dosis de sangre. Creerán que fueron a ver una romántica, pero “a los 20 minutos la película se transformará en una montaña rusa de terror que no le dará ningún respiro al espectador”, según prometió Bogliano.
Sobre el guión, adelantaron dos cosas importantes. Las víctimas son jóvenes tecnologizados, que se la pasan conectados a internet y participan de las redes sociales, mientras que los victimarios son mano de obra desocupada de la última dictadura militar. “Perdimos la fábrica, pero pusimos un kiosquito. Seguimos trabajando”, ironizó Gioiosa.

LOS ACTORES. Aunque Marina Glezer hizo Valentín, Roma y El Polaquito, al primero que reconoció Cecilia fue a Facundo Espinoza. Parada detrás de la barra del café, vio llegar al actor de Son Amores y Valientes conectado a su Blackberry. Facundo fue primero en hablar y el único en admitir que le atrae el terror por ciertos problemas psicológicos: “a los 7 años mi mamá me hizo ver El Exorsista. Y a los 8 La Profecía. Cada vez que me llevaba al cine me decía que no me asustara, que sólo era una película. A los 10 me hice fanático de Fredy Krugger y a los 12 de Masacre en el infierno, que es de un loco con una motosierra. Imagínense. Si quieren saber más vayan a preguntarle a mi analista”, sugirió.
La Glezer y Camila coincidieron en que el cine de terror les da miedo. La actriz dijo que se angustia y la modelo aseguró que a los 10 años vio El proyecto Blair Witch. Desde entonces, tuvo que dormir con la luz prendida.
En "Sudor Frío", Camila es una chica extrovertida y segura de sí misma que la pasa metida en internet, hasta que se encuentra con los malos, que le tienden una trampa. Facundo es el novio abandonado que sale a buscar a su chica. Y Marina es la amiga enamorada dispuesta a ayudar. “Son tres jóvenes a los que se les cae el peso de la historia Argentina sin saber lo que les está pasando”, describió Facundo.
Al final, los actores platenses se hicieron cargo de lo que les tocaba y explicaron sus roles en la película. Mussa y Gioiosa contaron que eran ex integrantes de alguna agrupación de derecha que se habían dedicado a matar. Antes por política y ahora por placer.
Cuando todo hubo terminado y los actores se iban a la locación para pasar la letra, Cecilia recordó lo que un compañero le había dicho.
-Un compañero de teatro me dijo que iba a haber una conferencia en el cine, pero como a mí no me habían avisado nada, pensé que se había confundido.
-¿Vos estudias teatro?, preguntó Roger, sorprendido.
-Sí, claro-, dijo ella.

SUDOR FRIO. Se filmó en una casa de Diagonal 74 entre 5 y 6 en 19 días. Se usó una cámara Phantom, de altísima velocidad –especial para el género-, y será editada en 35 milímetros, lo que le permitirá ser estrenada en todas las salas de cine del país a partir del próximo 28 de agosto.
La avant premier, obvio, será en La Plata.

5 de abril de 2010

Los tobas en La Plata


“Para algunos tiene más interés la tierra en la que podrían sembrar soja que las personas que la habitan desde tiempos ancestrales”, dice Alejandro Ferrari a Diagonales, con la experiencia de su viaje al impenetrable a flor de piel y la sangre caliente, luego de conocer la experiencia de unos dos mil aborígenes despaisados, que malviven en casas de adobe o bajo los árboles, alimentados a hojas y miel, desnutridos, cada vez peor por los cambios que sobre su hábitat ejerce la sobreexplotación de las tierras vecinas, desde la tala del Amazonas a la utilización del agua de los ríos para regar sembradíos. “En el impenetrable, los chicos tienen una extraña lastimadura en el cuello, a la altura del oído, que apoyan en la tierra cuando duermen, agusanados”, explica, mientras muestra una pila de fotos que lo confirman.
En medio de aquel paisaje desolador, una leyenda empezó a forjarse una tarde en que los tobas esperaban una señal divina en medio de un ritual. Ocurrió entonces que escucharon la voz de una mujer que cantaba desde los parlantes de un auto que pasaba por la ruta: quién es, se preguntaron. Un cacique agarró unas pocas cosas y la fue a buscar. Patricia Sosa acababa de dar un concierto en Córdoba cuando recibió una carta en la que le pedían ayuda. No sabía que iba a crear la fundación “Pequeños Gestos, Grandes Logros”. Y mucho menos que tendría en La Plata a algunos de sus principales colaboradores.
Doce miembros de varias comunidades tobas del Chaco impenetrable llegaron hoy a La Plata para realizar cursos de construcción de viviendas, artesanías y cooperativas. “La idea es ayudarlos a mejorar su calidad de vida”, cuenta Ferrari, el contador platense que es mentor y sostén del viaje, junto al cheff Cristian Ordóñez, quienes se sumaron a la Organización No Gubernamental (ONG) de la cantante y viajaron al Chaco en noviembre último. Ferrari, convocado por la admiración que sentía por Patricia Sosa, y Ordóñez, por la causa nomás.
“Lo único que busca la fundación es ayudar a los tobas para que puedan, sin perder su cultura, insertarse en la nuestra y tener recursos para generar sus propias fuentes de ingreso y vivir con dignidad. No hay ningún interés político ni religioso, sino cultural y humanitario”, afirma Ferrari en la oficina platense de Pequeños Gestos…, su propio estudio contable.
La idea del viaje, que se extenderá de hasta al 17 de abril, es que los doce aborígenes que llegan a La Plata a formarse puedan extender a sus comunidades algunas técnicas para perfeccionar la producción de artesanías, que puedan adquirir conocimientos en construcción para hacer sus propias casas y, por último, iniciarlos en el cooperativismo, como manera de organizar sus actividades económicas. La fundación Ala Plástica, el laboratorio de tecnología habitacional de la facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y el colegio de graduados en Cooperativismo y mutualismo de la República Argentina, capacitarán a los miembros de las comunidades.
“Algunos de los tobas que vienen a La Plata nunca vieron una ciudad”, cuenta Ferrari, con ojos iluminados, y saca la lista de las cosas que consiguió para que el proyecto fuera posible: “Van a parar en el Club Universitario, en Punta Lara”, dice, a manera de presentación de la lista de las empresas y organismos del Estado que se sumaron a la iniciativa de la fundación.

TIEMPO PASADO. Patricia Sosa, Ferrari, Ordóñez y otros 33 voluntarios, entre ellos dos estudiantes de la facultad de Odontología de la UNLP y su profesora, Adriana Gamino, fueron en noviembre al Chaco en un viaje recordado por un incidente en la ruta, cuando un piquete organizado por punteros políticos retuvo a la caravana y exigió quedarse con parte de la ayuda que la ONG llevaba al impenetrable, donde hace algunos años atrás las comunidades tobas vivían de la pesca en los ríos y la siembra artesanal.
“La contaminación y la deforestación, la tala del Amazonas y la utilización del agua de sus ríos para la siembra de la soja hicieron que se quedaran sin recursos naturales”, enumera el contador, mientras repasa las fotos de Villa Bermejito y describe: “La tierra está resquebrajada, porque llueve de vez en cuando y cuando llueve, llueve mucho. Las casas son de barro y muy precarias, pero algunas veces uno se encuentra con una cama al lado de un árbol. Y esa es la casa: no les llevamos ropa porque no tienen dónde guardarla. Los nenes que están gorditos están mal alimentados y casi todos los chicos están agusanados. Además, todos tienen problemas dentales. Sólo hay agua en las escuelas y es de color amarillo. Parece jugo, pero es el agua que toman”.
Cuando la fundación llegó hace dos años, los mismos tobas que habían salido de su territorio a buscar ayuda se dieron cuenta de que estaban todavía mucho peor de lo que pensaban. Tal vez por eso, algunas acciones concretas sobre su salud, parecen la bendición que buscaban.
Eduardo Galván es un oftalmólogo marplatense que colabora con la fundación. “Lo suyo –comenta Ferrari– es sencillo y emocionante, va con sus aparatos a revisar a los indios y a cada uno le da sus anteojos. Les pide a sus pacientes que le den los anteojos que van a tirar y los guarda en una caja que después se lleva al impenetrable. Cuando los tobas se ponen los anteojos y vuelven a ver se largan a llorar”.
Para la ONG, los cursos que vienen a hacer a La Plata permitirán a los tobas crear una cooperativa con la que comercializar sus artesanías y ser contratados para la construcción de obras públicas o benéficas, además de darles herramientas para construir sus propias casas.
“La fundación quiere sentar las bases para que ellos puedan sobrevivir. Pero ahora necesitamos que esta iniciativa perdure en el tiempo y que sigan las campañas”, agrega Ferrari, con una sonrisa que lo muestra en la ruta, en marcha.




25 de marzo de 2010

El siluetazo en Facebook


Miles de usuarios de Facebook retiraron las fotos de sus perfiles a modo de homenaje a las los 30.000 desaparecidos durante la última dictadura militar, repudiaron el golpe de estado del 24 de marzo de 1976 y formaron parte de un acto colectivo de valor simbólico que a algunos recordó El Siluetazo, que se realizó en Plaza de Mayo en 1983, aún en tiempos de dictadura.
La propuesta de sacar las fotos de los perfiles de Facebook con el objetivo de recordar a los desaparecidos circuló con rapidez entre los usuarios más activos y tuvo una aceptación impactante: “Este 24 de marzo saquemos nuestra foto del perfil para no olvidar que un día cualquiera durante la dictadura las personas podían desaparecer así: sin rastros, sin una palabra”, fue uno de los mensajes que circuló en la red social. “Saquemos nuestra foto del perfil, para que quienes todavía preguntan por qué ese día es feriado, vean como sería que muchos seres queridos se ausenten todos juntos, como pasó durante la dictadura”, pedía otra.
Entre los usuarios que adherían a la idea de “hacer algo” surgieron varias discusiones. Mientras que algunos querían simplemente sacar sus fotos, otros proponían dejar alguna consigna: entonces, aparecieron carteles de “nunca más” y siluetas con algunas leyendas o signos de pregunta.
Algunos querían que su manifestación quedara clara a los “muchos trasnochados que no entienden de qué se trata”. Para estos usuarios, quitar el perfil no sólo no sumaba “sino que trivializa(ba) la horrenda realidad de la desaparición forzada, de la tortura y el asesinato”. Y proponían “poner como foto de perfil la imagen de alguien torturado o asesinado”. Otros, en cambio, decían que los textos, “más que aclarar posiciones, quitaban fuerza a la manifestación” y preferían “perderse en el vacío, en la nada”.
La discusión entre quienes dejaron la silueta en blanco y los que pusieron alguna leyenda no conduce a ningún lugar, porque los dos tienen razón. Además, no tiene por qué haber una sola propuesta, ni una sola acción.
La silueta en blanco es, sin embargo, el símbolo que expresa de manera material ese algo que ocurrió antes: la desaparición forzada (La silueta en blanco es una representación que expresa en lo simbólico una ausencia en lo real causada por la desaparición forzada de personas).
Claro, los detractores dirán que el símbolo es polisémico y, por lo tanto, puede tener varias interpretaciones; además, de tener un valor comunicacional que escapa a las cuestiones ideológicas.
Sin embargo, el símbolo -la silueta en blanco-, dice de algo que todos aceptan y reconocen. Y es porque las caras vacías de los perfiles del Facebook están en relación simbólica con la desaparición de personas durante el terrorismo de estado.
Y por las discusiones que hubo en la red social, parece que este símbolo estaba cargado de contenido, que quitar la foto del perfil no era una mera cuestión formal. De alguna manera habla de la argentinidad, del ser social. La acción de quitar la propia foto del perfil habló de tomar posición, de proponer.
El debate sobre cómo representar la ausencia puede no quedar en este 24 de marzo de 2010, puede mutar y modificarse, porque todo lo que se pueda hacer hay que hacerlo, pero todo lo que sucedió es irreparable y, en definitiva, la ausencia real, la verdadera, la de los desaparecidos, es irrepresentable; ocurrió en el mundo real y en el mundo real la gente no vuelve de la muerte.
Entonces, lo que hay que continuar es el debate sobre cómo representar esa ausencia que no se puede clausurar, que no tiene fin, aquella ausencia que es patrimonio de la humanidad, que no se puede taponar con amnistías ni con leyes de punto final.
Por eso, tal vez haya que aprovechar la experiencia de este 24 de marzo para armar, el año que viene, una movida más parecida a aquel recordado Siluetazo del 21 de septiembre de 1983.
El Siluetazo fue uno de los hechos artísticos más fuertes que se produjeron en la Argentina durante el siglo XX. Y, además, valiente, porque comenzó a realizarse durante la III Marcha de la Resistencia convocada por las Madres de Plaza de Mayo, aún en tiempos de dictadura.
La idea y la puesta en marcha del proyecto fue responsabilidad de los artistas Rodolfo Aguerreberry, Julio Flores y Guillermo Kexel, pero su uso se expandió espontáneamente por las calles de Buenos Aires, que pronto empezaron a interrogar a los interrogadores, a los torturadores, a los asesinos: ¿Dónde están los desaparecidos?
Con plantillas o dibujando sobre papel el contorno de personas que se ofrecían como voluntarios, los artistas, primero, y la gente, después, dibujaron miles de siluetas de hombres, mujeres (algunas embarazadas) y niños.
Como ocurrió ahora con algunos que dejaron mensajes en las silueta del Facebook, en aquel septiembre de 1983 las Madres de la Plaza salían de la ronda y le otorgaban, espontáneamente, un nombre, una consigna o una fecha a cada una de las siluetas, que luego se pegaron de pie en las inmediaciones de la Plaza, sobre los edificios, columnas, kioscos, cabinas de teléfonos, árboles, columnas.
Ahora las siluetas fueron virtuales, algunas quedaron vacías y otras reprodujeron alguna consigna, un signo de pregunta. Tal vez, por qué no, el año que viene cada usuario pueda poner en su perfil la foto de un desaparecido de su barrio y contar su historia. Mientras tanto, tendremos que tomar posición, proponer y entrar en la acción para conducir nuestro destino.



Es lo que pensamos con Laura: http://teatrodecerca.blogspot.com (en el blog hay más textos que se acercan a este tema y en particular sobre Shoa y representación)