"La gente cree estar plenamente informada sin haberse aproximado siquiera a una sola idea que contradiga sus prejuicios", Bill Keller.

13 de abril de 2008

Gran hermano



Foto: Alejandro Vivanco

A las 9.30 ya nadie duerme en la casa de 46 entre 10 y 11, frente al Cinema Paradiso. “Centro de Estudiantes de Chacabuco”, dice la placa de la entrada a la casa, que no es la de Gran Hermano, aunque algo se le parece.
Cecilia fue la última en levantarse. Pero a las 10 ya estudia en la habitación del fondo, alguna vez cuarto de huéspedes, que hoy funciona como sala de estudios, de computación e Internet. También están Eliana y sus dos compañeras platenses en la Facultad de Ciencias Exactas: Sabrina y Susana. En el comedor, alguna vez patio interno, Natacha, el Cabe y Matías estudian cada cual lo suyo. Ella ingeniería civil, y ellos ingeniería mecánica y agrónoma. En el piso de arriba, Ariela y el Bacha leen en sus habitaciones, futuros ingenieros civiles. Y en el otro cuarto está Tomás, que estudia electromecánica. David se levantó a las 8 y se fue a trabajar. Es cadete en un correo privado. El resto de los habitantes, cursa.
Chacabuco es un típico pueblo del interior bonaerense que vive del campo. La ciudad es parecida a La Plata, pero más chica. Bastante más chica. Tiene poco menos de 60 mil habitantes y apenas una plaza. Y el centro es de dos cuadras, pero igual tiene similitudes con la capital provincial, dicen. Cierta arquitectura de principios de siglo XIX emparenta a casi todos los centros urbanos de la provincia. Las comisarías son iguales, las iglesias son parecidas, los bancos Provincia y Nación se imaginan clones. Podría decirse que los chicos que llegan a estudiar en la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) se sienten como en casa. Además, con sólo salir a la calle ya se encuentran con mucha gente que, como ellos ahora, dejó su tierra natal en busca de una formación universitaria y nunca volvió.
El año pasado la casa fue habitada por unas 30 personas, muchas de ellas con un permiso provisorio. Y fue un caos. Permanentes violaciones al reglamento interno, sanciones y hasta una expulsión. La falta de respeto al horario de televisión (permitida de 12 a 14.30 y de 20 a 22), el volumen de la música, la limpieza en general y los platos sucios en particular, los golpes a las puertas encabezaron el ranking de los conflictos. Aunque también hubo casos de sexo en la habitación de huéspedes, que ahora se usa como sala de estudios. “Era un quilombo. Mucha gente es mucha discusión”, coinciden los estudiantes.
Este año, son 20 los que viven en el centro: 9 chicas y 11 chicos que se dividen en 8 habitaciones. Cuatro dormitorios de tres personas y cuatro de dos. Desde marzo, cuando les aumentaron, pagan 35 pesos mensuales de cuota, mientras que los socios protectores pagan 10 pesos. “Hasta 2006 pagábamos 15 pesos. Un regalo. No llegábamos ni a pagar la luz”, contó a Diagonales Cecilia Domínguez, actual presidenta del Centro.
Los chicos aprovechan, además, todos los beneficios que les da la UNLP. Usan los descuentos para el colectivo y, siempre que puedan, van al comedor, donde pueden almorzar por un peso.
- El problema es que no nos dan los horarios como para ir al comedor todos los días-, explicó Eliana.
- Algunas veces no llegamos a ir a buscar el ticket. Siempre hay que hacer cola y perdés mucho tiempo-, agregó Cecilia.
- ¿Qué comen si no van al comedor?
- Arroz, fideos; arroz, fideos; arroz, fideos y arroz. Y milanesas cuando me manda mi mamá-. Dice Eliana. Y todos ríen.
En el Centro de Chacabuco se es exigente con el cumplimiento del reglamento. “Nosotros le damos la posibilidad de vivir acá a todos. Y sólo se les niega a los que tienen sanciones”, aseguró Cecilia, como representante del centro y máxima autoridad.
Otro de los aspectos importantes es el acuerdo académico que se hace con cada uno de los habitantes de la casa y cuya dificultad aumenta año a año. Ariela, que tiene 19 y está en su segundo año de Ingeniería Química, por ejemplo, apenas tuvo que cursar dos materias y aprobar dos finales en su primer año en la casa. Y aún no firmó su acuerdo 2008, aunque supone que le agregarán una o dos materias.
Según las chicas, la calidad de vida de los centros de estudiantes responde a la cantidad de personas por habitación y las posibilidades de estudiar.

Una historia verdadera

Alcohólica, drogadicta y puta. Eso es lo que la villa decía de Inés, porque se acostaba con todos los vecinos, aunque alguno fuera casado, o fuera el tipo casado que vivía en la casilla de al lado. La vida de Inés era sexo, droga y alcohol, y no se extendía más allá del rancho sin divisiones en la que vivía con sus seis hijos. Ariel, para zafar de las cargadas de los otros chicos y defender a sus hermanas, andaba con una gomera al pecho todo el día, haciendo tiro al blanco a las cabezas de los pibes que les gritaban cosas feas.
Aún con apenas 8 años, Ariel era como el papá de sus hermanas. La mamá lo mandaba con las nenas, un poco más chicas, a pedir monedas a la terminal de micros. Ahí pasaban el día, aunque él ya iba al colegio, que comenzó a dejar poco a poco.
Cuando Ariel comenzó a andar en la calle, en 2004, tenía 8 años y cinco hermanas. Ahora debe tener diez hermanos, porque su mamá no dejó de parir hijos desde entonces. Los chicos no tienen padres, aunque la mujer está en pareja con un hombre con el que convive en la villa El Churrasco.

El tiempo pasa. El pibe, que ahora cuenta 11 años, vive en un vagón en la zona de la estación Tolosa. Dejó el colegio por enésima vez, aspira poxi y fuma marihuana. La bolsita es para paliar el hambre y sentirse bien, aunque el viaje dura poco, es un flash que se va enseguida. El porro es para viajar más, aunque tiene contraindicaciones: da gula y a veces no hay qué comer.
En los tres años que pasaron desde que vivió sus primeras experiencias en la calle, el chico vivió con varias familias sustitutas a las que fue entregado por su mamá. También vivió con un tío, que lo obligaba a cargar el carro cartonero.
Aunque zafara de su mamá, Ariel caía en manos de gente que lo sometía a historias violentas y siempre terminó en la calle, sin posibilidad de elección.

La oportunidad perdida. En algún momento de su historia, el chico volvió al colegio. Como nunca había tenido la oportunidad de terminar de cursar el año, tuvo que empezar en primer grado. Las maestras lo evaluaron y decidieron que pasara a cuarto. Nadie sabía dónde había aprendido a leer o a sumar ese chico que vivía en la calle. Pero sabía.
Ariel creyó tener una oportunidad cuando su mamá recibió una casa del Plan Federal de Viviendas, con tres habitaciones. Pero la mujer vendió el hogar de material y se mudó a la villa El Churrasco, donde es la segunda mujer de un vendedor de drogas.
Tres casillas de madera tiene el Cabezón. En una vive su mamá; en otra, su mujer con sus seis hijos; y en la otra, Inés, que llevó con ella a algunos de sus hijos. Suegra, esposa y amante conviven al parecer en armonía.
Ariel aún va a visitar a su mamá, algunas veces, aunque ya no se queda a dormir en su casa. Prefiere volver al vagón del tren, en Tolosa.

Ariel pide desde los 8 años. Hoy vive en un vagón abandonado en la estación Tolosa

RECUADRO:

"Hacete amigo" para salir de la calle



Si hubiera que enumerar lo que falta, la lista debería comenzar con un lugar para que los chicos puedan comer, bañarse y elegir la posibilidad de quedarse a dormir, aunque luego la descarten.
Si hubiera que enumerar lo que hay, la lista puede comenzar con el trabajo que se realizó desde la dirección de Niñez y Adolescencia de la Municipalidad de La Plata, a través del programa "Hacete amigo".
El programa trabaja con chicos de entre 8 y 18 años que se encuentran en situación de calle, piden monedas, limpian vidrios o cuidan autos, muchos de los cuales no regresan a dormir a sus casas y prefieren quedarse en la calle.
Los coordinadores municipales realizan talleres de construcción de juguetes y recreativos en espacios públicos, con la intención de buscar un acercamiento a los pibes.
La idea completa un programa que comenzó luego de realizar un relevamiento con el que lograron censar a 90 chicos en situación de calle, aunque la cifra podría trepar al doble si se tiene en cuenta que el censo no los alcanzó a todos.
Marcelo Iafolla, coordinador del programa, explicó a Diagonales: “A esa frase de que los chicos son el futuro debemos agregarle que primero hay un presente que pide a gritos una respuesta".
La idea del programa es que los chicos desanden el camino que emprendieron un día de su casa a la calle.
La mayoría de los chicos que vagan por el centro de la ciudad mantiene algún tipo de lazo con su familia. Hay casos en los que se encuentran alguna vez cada tanto en la plaza San Martín.
Alguno recibe a su mamá o a sus hermanas para su cumpleaños, o en alguna otra fecha especial. Otros no tienen dónde ir, porque sus seres más cercanos están presos y son rechazados por otros familiares.

10 de abril de 2008

Pietro: el aerografista de motos


Foto: Alberto Direnzo
personajes / Pedro Petraso
Fue mecánico de aviones, pero prefirió el dibujo y la pintura

A Pedro Petraso la ascendencia italiana le sale por los poros. Se le nota en cierto aire pasional, sanguíneo. Está presente en el tono de su voz y en los gestos ampulosos. Y, tal vez, por qué no, en la alegría de vivir que puede producir el haber encontrado su razón de estar en este mundo: la aerografía. A Pedro Petraso pocos le conocen el nombre y apellido, pero muchos han visto sus dibujos en las banderas que los egresados llevan a Bariloche, el tanque o guardabarros de las motos, algún capó, los instrumentos de varias bandas de rock y alguna que otra pared de bar.
“Como soy hijo de italianos, de chico siempre me decían ‘Pietro, vení para acá’. Y, al final, todos me dicen Pietro”. Su sobrenombre es la antesala de un pequeño local de avenida 44 entre 132 y 133, que en el fondo esconde un enorme taller en el que Pietro comparte su trabajo con Gustavo, encargado de la metalurgia de las motos; Matías, a cargo de la cosmética; y Nora Lisanda, esposa y cajera.
Biker + shop, accesorios, gorras, alforjas, escapes a medida, pins, bijou, cascos, parabrisas, calcos y anteojos. Todo eso ofrece el local, aunque el fuerte parecen ser la aerografía y las banderas.
Pietro es hijo de un zapatero y una ama de casa que va a misa los domingos. Tiene un hermano que trabaja en el Ministerio de Educación y es parecido a Net Flanders, el de los Simpson; y una hermana que trabaja en una AFJP. Nació en La Plata y vivió siempre en el mismo barrio, aunque pasó tres años en Córdoba y dos en Tandil, cuando le dio por cumplir con lo que creyó su máxima vocación: la mecánica de aviones. “Y... sí. Digamos que tengo dos pasiones, los aviones y el dibujo, que tiene ese toque de arte”, describe.
“El curso para reparar los aviones fue de tres años y en Tandil estuve otros dos, trabajando. Fueron los únicos cinco años que estuve lejos, porque nací acá y vivo a dos cuadras del local. Y fui al colegio San Cayetano. Nunca estuve tanto tiempo fuera del barrio”, contó.
Cuando regresó a La Plata empezó a trabajar en un taller mecánico. Un día, se le puso delante un auto aerograbado. “¿Y eso, con qué está hecho?, pregunté. Me dijeron y al otro día me compré un aerógrafo. A la semana estaba pintando y laburando como si me hubiera dedicado a eso durante toda la vida. Tenía 25 años”, cuenta Pietro, que ya anda por los 45.
Al principio, laburaba en el taller y en los ratos libres aerogrababa. Aunque siempre apuntaba a tener un local propio, lo que recién logró hace dos años. Ahora, Pietro disfruta de ser unos de los pocos aerograbadores del país dedicado a tunear motos: “las que más me gustan son las custom, pero no se puede elegir el trabajo”.

Un dato aparte
Los dueños de las motos que llegan a Pietro piden parcas, calaveras, aguilas y llamaradas. Hubo quien pidió al Gauchito Gil y, hace poco, una señora a la que se le aparece la Virgen fue a ver a Pietro para que se la dibuje, lo que hizo a mano alzada, como siempre.

6 de abril de 2008

Cambió de sexo, se casó, se separó y ahora sale de putas con amigos


Si algunas veces la vida es puro vértigo, imagínese tener casi 45 años y vivir en el envase equivocado. Ser hombre y sentir como mujer, ser mujer y sentir como hombre. Y más todavía. Que la medicina y la justicia se pongan de acuerdo para, de una vez por todas, subsanar las diferencias genéricas. Eso es lo que le ocurrió a Silvia Cristina Pérez Naya, nacida en La Plata el 12 de abril de 1960, hoy Sergio Gabriel Pérez Naya, nacido en La Plata el 25 de abril de 2006. Doblemente platense después de la operación de cambio de sexo: “Hace un año que tengo un pene como cualquiera y lo uso como cualquiera. Me ha dado mucha felicidad porque los médicos han sido muy generosos”.
Gabriel vive en Mar del Plata, donde trabaja para la Municipalidad de General Pueyrredón. Y en estos dos años, desde que comenzó a ser el hombre, vivió una vida a puro vértigo, se casó, se separó y ahora la pasa de joda con sus amigos.
“La última operación fue el 5 de febrero, hace casi dos meses, para terminar de arreglar unos problemas estéticos. La operación es muy compleja, en una primera etapa se quitan las mamas, vacían a la mujer de todos los órganos femeninos y crean de un pseudo pene; el envase en el que después se coloca la prótesis peneana, y los testículos de silicona”, describió el nuevo hombre, que en su caso usa una prótesis peneana hidráulica fabricada en EE.UU. “Con la segunda operación uno puede tener relaciones sexuales. No tenés eyaculación, pero sí erección. Y los sentidos. Sentís el mismo placer que siente cualquiera con la única diferencia que no eyaculás. Los orgasmos son los mismos que puede tener cualquier hombre”, aseguró Gabriel.

VARÓN. Quienes se cruzaban con Gabriel cuando era Silvia tenía complicaciones para identificarla como una mujer. “Mucha gente me miraba dos veces porque no sabía si era un hombre o no”, reconoció. Y agregó que los mayores problemas se producían cuando debía realizar un trámite en el que tenía que entregar su DNI y su imagen masculina contrastaba con su nombre oficial.
“Me trataban como hombre, pero después miraban el documento y figuraba que era mujer. O sea, a simple vista les daba que era un hombre, pero era una mujer. Esto fue así toda la vida”, explicó.
“Siempre me vestí como varón”, dijo Gabriel, que tal vez tenga apenas alguna imagen femenina de su paso por la escuela Nº 8, de diagonal 74 y 16. Tanto se sentía hombre que hasta tuvo alguna novia, como la mujer con la que se casó apenas pudo cambiar de sexo y su bulba, por un pito.
“Justo me estaba por operar cuando comenzó nuestra relación. Los dos pensamos ahora que aquella vorágine nos confundió los sentimientos y en ese momento pensamos que lo mejor era casarnos y hasta tuvimos un montón de proyectos que después nos dimos cuenta que no eran lo que queríamos”, reconoce ahora.
Según Gabriel, la separación “fue una cosa conversada, bien hablada, de dos personas adultas. Nos dimos cuenta que nos apresuramos. Salió la operación y el documento y por ahí cometimos un error. Hubo determinadas cosas que no vienen al caso, pero tres meses después de casados nos separamos y hoy empecé a vivir la vida que no viví en 46años”.

PIRATAS. Muchos hombres se ven como los describe la canción de Los Auténticos Decadentes. Llamadas misteriosas / encuentros clandestinos / hoteles alejados / lugares sin testigos / Nos sacamos el anillo carcelero / y vivimos una noche de soltero... dice la canción Los Piratas, y ese parece ser el camino por el que los amigos guiaron a Gabriel, una vez que pudo hacer uso (y abuso) de su pito.
- Lo que ocurre es que en estos dos años viví todo lo que no pude hacer en 46 años.
- ¿En qué sentido?
- En todos; lo que un tipo hace a los 18 ó 20 años yo lo hago ahora.
- Tus amigos no tienen 18 años
- No. Andan entre los 38 y los 48
- ¿Y qué hacen?
- Nos juntamos… vamos a bolichear, jugamos al póker. Vamos a algún que otro cabarute
- Dicen que en Mar del Plata hay muchos...
- Jajaja. Dicen bien
- ¿Tus amigos no serán casados?
- Hay cuatro separados y otro que está en capilla… y hay un par de casados que sólo vienen a comer asados y a jugar al póker.
Silvia Cristina Perez Naya nació en La Plata en 1960 y vivió hasta los 12, junto a su hermana y a su mamá, a quien considera lo más grande del mundo. En La Plata cambió su sexo femenino por uno masculino en 2006 y pudo ser rebautizado como Sergio Gabriel Pérez Naya.
Es Pincha a muerte, sufre como un perro si el partido es peleado y cada vez que llega a la ciudad de la diagonales disfruta la posibilidad de ver a Estudiantes en el Estadio Ciudad. Su sueño, dice, es que la Brujita Verón le regale la camiseta firmada por el plantel. Es tan fanático que hasta colecciona la revista Animals. Y es más, “el día después de la operación, Estudiantes jugaba por la Copa Libertadores contra el Corintians, creo, y les pedí a los médicos que me cambiaran de sala para ver el partido. Tenía que estar 24 horas en terapia, pero a las 12 horas ya estaba alentando al Pincha”, recordó.
Silvia Cristina y Sergio Gabriel. Dos veces platense.

3 de abril de 2008

Feriado para los pobres


El diccionario de uso español dice de feriado: “Que no es laborable por ser fiesta oficial o eclesiástica”. Y sin embargo, los chicos están ahí. En la esquina. En busca de una moneda. “¡Eh! Acá, a los limpiavidrios. Sacanos una foto”, reclaman. “Re piola, está re buena”, dicen cuando advierten que pueden ver la imagen digital. Daniel Cabrera tiene 19 años y estudia en la Media 20. Franco Cabañas tiene 15 y va a la Media 27. Los dos son del Barrio Aeropuerto y todos los días viajan hasta La Plata para parar en el semáforo de 10 y 51. Les importan poco y nada los feriados.
- ¿Por qué vienen?
- Y… otra cosa no hay para hacer.
- Antes de robar, venimos a laburar.
- Pero, van al colegio
- Sí. Vamos.
- Y después, venimos acá.
- ¿Juntan para ustedes o para sus familias?
- Las dos cosas.
- Yo junto para mi y para mi familia.
- ¿A qué hora vienen?
- Estamos desde las 12 hasta las ocho y media de la noche.
- Sí. Desde que salimos de la escuela, hasta la noche.
Los chicos están contentos con las monedas que juntan por día. No faltan nunca porque sacan lo suficiente como para estar contentos limpiando los vidrios, aunque un poco aburridos.
Cuando ya se están por ir otra vez al barrio Aeropuerto, ofrecen sus monedas en la panadería, que aprovecha para hacerse de un poco de cambio.
En esa esquina en la que paran todos los días, nadie los molestó nunca. Sólo la policía, una vez, pero la cosa no pasó a mayores, dicen.

2 de abril de 2008

Malvinas




Soy de la generación que mandó cartas con chocolates a los soldados que peleaban en Malvinas. "Hoy le escribí una carta / a mi querido hermano, / le dije que lo extraño / y que lo quiero mucho. / Mamá me ha contado / que él es un buen soldado / que cuida las fronteras de la Patria", cantaba una niña en aquella canción propaganda de la dictadura. También vi Las 24 horas de las Malvinas Argentinas que condujeron Pinky y Cacho Fontana. Y pinté de amarillo los cordones que guiarían a los vecinos ante un hipotético bombardeo a mi ciudad natal, Necochea. Y participé en cada uno de los simulacros de evacuación de la escuela. Me creí eso de que "Vamos ganando".
–¿Por qué llorás si vamos ganando? –me preguntó mi maestra de 4º B.
–Porque los ingleses también son personas, señorita.
Para mí era verdad aquello de "Seguimos ganando", pero igual lloraba. Yo no quería ganar, no quería jugar a la guerra. Todavía no había cumplido 10 años el 2 de abril de 1982. Y la verdad es que entendía pocas cosas, pero ya tenía a mis héroes en aquellos pibes que habían ido a Malvinas.
Con los años quedaron al descubierto los secuestros, la tortura y la muerte sembrada por los militares durante la dictadura, las protestas obreras que jaqueaban al gobierno de facto a principios de 1982 y la necesidad ficticia de "recuperar" por la fuerza las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.
Con los años quedó al descubierto que aquellos héroes míos habían sido, además, también víctimas de esa dictadura. Y la estatura de los héroes se agigantó en la imagen de Alejando, el pibe que vivía a pocas cuadras de casa y que volvió de Malvinas irreconocible aún para su madre, por lo delgado que había quedado después de una temporada en el frente, antes de la derrota y el olvido.
Y la estatura de los héroes se agranda hoy cada vez que escucho el relato de los soldados de La Plata que la noche del 11 de junio de 1982 pelearon en una inferioridad de 3 a 1 la batalla más sangrienta del conflicto armado que Argentina tuvo con Gran Bretaña, en Monte Longdon, contra un ejército pertrechado con equipos de visión infrarroja.
No les mandé ninguna carta cuando estaban en Malvinas, pero siento que no es tarde, porque aún están luchando hoy, cuando son negadas y silenciadas sus denuncias sobre la cobardía de sus jefes, sus denuncias sobre la tortura a la que muchos de ellos fueron sometidos. Y porque aún les duele Malvinas.
Hoy mis héroes son esos que reivindican la soberanía de Malvinas, pero le dicen no a la guerra y no la dictadura. Son esos ex soldados que quieren una discusión crítica, constructiva y con respeto, para llegar a la verdad y para que aunque sea ahora, comiencen a sanar las heridas.

Almorzando con el Barba... lo que hay

Foto: Nicolás Acuña
el personaje / luis daniel scatolini
El mítico parrillero de 49 entre 2 y 3 le da pelea al desabastecimiento y abre, como sea

El Gallego llegó el viernes desde España para visitar a su familia platense y, como siempre, aprovechar para comer algún asado, algo que pone en duda el paro del campo.
—¡Ehhh! Gallego, llegás en medio del paro, no vas a poder comer asado —le gritan desde El Barba.
—¡¡¡Sí!!! ¡A la noche vengo! —devuelve el hombre, desde la vereda.
—¡Pero si no hay más carne!
—le advierten.
—Me dijeron que no quedan perros en el barrio —bromea el visitante.
No es perro ni gato lo que se cuece en la parrilla. Vaca argentina, peleada por el Barba (Luis Daniel Scatolini, según el DNI) en alguna carnicería de las afueras de La Plata, en algún frigorífico que aún tiene quién le provea, tal vez de manera clandestina. Quién sabe. Lo cierto es que hay asado en la parrilla.
—¿A quién mataron? —pregunta un cliente.
—Y… no te podemos decir —responde el Barba.
—¿Dónde conseguiste la carne? —insiste.
—No te podemos decir. Mirá, está el del diario ahí, que anota todo lo que decimos.
—Pero tuviste que cambiar el corte.
—Sí. Tenemos carne, pero con hueso. Los huesos de mi abuelo parecen.
El Barba, la mítica parrilla platense que nació en la esquina de 1 y 60 en 1989 y que funciona en 49 entre 2 y 3 desde 1990 (antes había otra, de otros dueños), se convirtió en estos días en un bastión que resiste al paro del campo. Resiste porque tiene carne de vaca en la parrilla y tiene los mismos precios que hace 20 días, cuando se desató el conflicto: 14 pesos la porción de asado, vacío o matambre; 3 el chorizo y la morcilla; 8 el ¼ de pollo; 4,50 el sándwich de pollo. Lo cierto es que su proveedor desde hace casi 20 años ya no puede abastecerlo, pero el Barba se las rebusca y, aunque cambió el corte y no puede ofrecer ni matambre, ni vacío, ni asado deshuesado, aún puede trabajar. "Perdí a los clientes que venían a comer un sándwich. A los estudiantes. Acá al lado tengo una pensión en la que viven 40 pibes, pero ahora no les puedo dar de comer porque no tengo carne para hacerles un sándwich. ¿Qué van a comer los estudiantes si no es un sán-dwich?", se pregunta el parrillero.
El Barba está preocupado por el paro, aunque no tanto por lo que ocurre en su negocio, que se mantiene porque es familiar y porque no tiene que pagar el alquiler del local, que es propio, sino por lo que le ocurre a su hija, que tiene dos hijos y no puede comprar leche ni yogur. O lo que pasa con los carniceros, que sólo por la heladera tienen que pagar 1.500 mangos de luz por mes.
"El paro te mata. Te mata porque te obliga a cambiar el ritmo de laburo. Mi proveedor no me trae nada desde hace cinco días, pero yo consigo pollo y un corte de vaca que no había trabajado nunca antes, pero por lo menos tengo", dice el Barba.
Saca cuentas: "Un pollo me sale 30 mangos. El mismo cajón de pollo que hace dos días pagué a 120 mangos hoy lo tengo que pagar 140. Por suerte éste es un negocio familiar, porque todos los que trabajamos somos de la familia, mis cuñados (los mellizos Darío y Jorge), mi hijo (Pablo). Sólo tenemos un empleado".
—¿Tenés morcilla? —pregunta un cliente.
—No. Estamos como Gimnasia, nos quedamos sin sangre.
El Barba no se ríe cuando habla de Gimnasia. Sufre. El local tiene tres cabezas de madera: el mono sordo, el mono ciego (con anteojos) y el mono mudo. Debajo, escribieron los nombres con los que fueron bautizados: "El Guly, por traidor; Leguizamón, por pelotudo; y Maglio, por el penal que le dio a Boca", explica el parrillero. A las tres cabezas fijas se suman otras tres, idénticas, cuyos nombres cambian semana a semana.
Cuando el negocio fue fundado, en 1 y 60, se hizo famoso por la cotidiana presencia de los jugadores del Lobo. Iban todos y de todos se guardan recuerdos fotográficos en las paredes del local. Hay, también en las paredes, una camiseta del Topo Sanguineti y una del Pampa Sosa. Había una del Guly, firmada, pero desapareció cuando el ex Gimnasia pasó, sin anestesia, a formar parte del cuerpo técnico del Cholo, en Estudiantes. "Nosotros, desde acá, hicimos lo nuestro para que tenga fama de yeta", reconoce el parrillero.
—¿Me da un sánguche de vacío? —pregunta un pibe.
—No tenemos vacío —le explican—; te podemos hacer un sánguche de pollo o un choripán.
—¡Ah! Un chori está bien.
En El Barba, la cuenta se hace en un papelito sin renglones con el nombre del cliente. En su barra se juntan los estudiantes, el tachero, el cirujano, el periodista y el gordo Víctor, que tiene una juguetería en calle 12. “Es un bodegón”, se enorgullece el parrillero.

1 de abril de 2008

Dulces en la esquina


Foto: Eva Cabrera

Se queja porque la van a fotografiar después de todo un día de trabajo, expuesta al hollín, con las manos tiznadas por la goma de las ruedas de su silla, que va y viene pegada al cordón de la rambla de la avenida 7 y 32, frente a la estación de servicios Shell, justo antes de cruzar uno de los principales accesos al casco urbano. Se queja, pero se mata de risa, porque María Elena tiene un humor a toda prueba. Además, convence a la reportera gráfica de Diagonales para que vuelva en otro momento, a la mañana, cuando recién empieza la jornada de trabajo. Y así se hace.
María Elena Martínez nació en Azul en 1959 con una parálisis infantil, que en ese momento era una epidemia. Llegó a La Plata pocos meses después, a bordo de una ambulancia, casi muerta, según el relato que de su vida le hicieron cuando fue una niña que crecía en una pensión de boulevard 83 entre 37 y 38, en otro límite del casco urbano.
En aquel pensionado, que recibía a los estudiantes que ingresaban a la UNLP y a los vecinos que necesitaban hacer trámites en la capital provincial, creció la mujer que hoy vende golosinas a quienes llegan a la ciudad desde Gonnet, City Bell, Villa Elisa o de más lejos.
Fue en esa casa que la ligaba a su pueblo natal que se hizo hincha fanática… pero fanática, de Estudiantes. “Mi mamá era de Boca. Sabía todo sobre el equipo y los jugadores, en todas las épocas. Y mi hermano, que es 10 años mayor que yo, se hizo hincha de Gimnasia; pero a mi me vieron cara de inteligente y los de la pensión me hicieron hincha del Pincha”, recuerda Maria Elena.
Es de cuando tenía 10 años que guarda sus primeros recuerdos sobre la pasión roja y blanca, la alegría infantil de los festejos por aquel Estudiantes campeón de don Osvaldo Zubeldía.
Nunca volvió a Azul. “Por suerte, porque me hice platense, como tantos estudiantes, como tantos que vienen a trabajar y deciden quedarse en la ciudad”, describe. Y agrega: “mi mamá trabajó en nueve casas de familia a la vez. Trabajó en la casa de Goñi, que era un famoso cuidador de caballos de carrera. Y además era voluntaria en Aprilp”, (la Asociación pro Rehabilitación Infantil La Plata), de Plaza Italia 66.
María Elena fue la primera egresada de la escuela primaria que funcionó allí. Y luego hizo el secundario en el colegio de 1 y 46, cuando aún caminaba, con ayuda de un bastón.
“Dejé de caminar en 1996 por una caída estúpida. Pero me caí y le tomé miedo. Además, desde entonces engordé mucho, por la inactividad”, asegura, seria. Y reflexiona, seria: “Por la inactividad y porque como mucho, más vale”, se mata de risa.
Maria Elena dice que ahora le daría fiaca agarrar el bastón. Y que andar en silla de ruedas no la limita, pese a que las ciudades hacen todo lo posible para que así sea.

EL TRABAJO. Antes de ofrecer las golosinas en 7 y 32, María Elena trabajó en el Instituto de Obra Médico Asistencial (IOMA) sometida a las restricciones de un edificio público inválido. Necesitaba que dos de sus compañeras la llevaran al baño sentada en una silla, porque su silla de ruedas no pasaba por la puerta. “Eso lo podés hacer un mes o dos, pero no toda la vida. Por suerte me dieron la jubilación por incapacidad. Pero, hasta que se dieron cuenta, tuve que tomar una carpeta médica y salir a la calle para ganarme la vida”, recuerda Maria Elena.
Comenzó vendiendo imanes casa por casa, hasta que un día se paró en el semáforo y se dio cuenta que la gente le preguntaba qué vendía. “Empecé a vender por necesidad, pero ahora lo hago porque me gusta”, dice María Elena, la mujer que le endulza el camino a los que llegan a la ciudad por 7 y 32.

31 de marzo de 2008

Matar no cuesta nada

No se dio vuelta cuando empezó en monólogo su relato. El hablaba y hablaba, un poco porque nada tenía yo para responder, ya que me dejaba sin palabras. Estaba nervioso, como si hubiera visto a un fantasma. O a su verdugo, según me pareció luego…
Subí al auto cerca de la Terminal, en diagonal 74, y apenas tenía que hacer unas cuadras para llegar, por 1, a la casa de un amigo en Tolosa. Iba vacío, sin pensar en nada en particular y sentí de inmediato la irrupción violenta del conductor. Pensé que era un pesado y que exageraba cuando empezó a hablar de la inseguridad. Le pregunté si lo habían asaltado muchas veces: "17 veces" me respondió. Y sin más, levantó su mano izquierda y me mostró, como si hiciera fuck you para atrás, el dedo mayor mocho, con evidencias de un tendón cortado. "Consecuencia de un robo", aseguró mientras guiaba el auto por sobre los badenes de 2 y 39.
Iba a decirle algo cuando me contó que una piba que entonces tenía 15 y ahora tiene 18 le puso un cuchillo en el cuello y que él manoteó la hoja para evitar un corte. Dijo que ella tiró hacia atrás y quitó el arma como si desenfundara de su mano, abriendo un profundo surco sobre la palma.
El chofer contó que, en la lucha, la chica lo apuñaló por la espalda, a la altura de un pulmón, que le dejó agujereado. El no sabía cómo (o yo no sé cómo contarlo), pero pudo agarrarla de los pelos y bajarla del auto. Dijo que la golpeó, la golpeó y la golpeó… "no sabés como la dejé", me dijo… y dijo: "no pude matarla porque me ahogaba. No podía respirar porque me agujereó un pulmón ¿sabés?... no podía respirar, que sino la mato a golpes, la cargo en el auto y la tiro por ahí, que no cuesta nada", dijo.
Y me dijo que de vez en cuando la ve. La cruza por ahí cuando pasa por Plaza Italia, donde la piba para en barra.
No me contó que estuvo internado por las heridas. Me dijo que estuvo preso:
- Nueve meses pasé esposado a una cama del hospital San Martín.
- ¿Y la chica?, pregunté, para saber si también estuvo grave.
- La chica era menor. Entró por una puerta y salió por la otra, respondió.
Ahora creo que él la vio justo antes de que yo subiera al taxi, cuando estaba por tomar la diagonal 74 y pasó con el auto por Plaza Italia. Ella ni se dio cuenta, pero para él fue como si lo señalara, como si ella hubiera tomado la dimensión del monumento, se hubiera montado al aguila y lo persiguiera por las calles más oscuras.

24 de marzo de 2008

Desaparecidos

Cuando Laura entró por primera vez al hall inmenso al que desembocan las aulas de la Facultad de Humanidades de la UNLP se topó con un enorme cartel que decía, claramente: Ni olvido ni Perdón. Aparición con vida de los 30.000 desaparecidos.
Fue en 1984 y aquel era su primer día de clases, recuerda Laura. Y recuerda el estupor que le provocó el enorme cartel y la inmensidad de la cifra que mencionaba… 30.000 desaparecidos.
Lo primero que pensó Laura fue en extraterrestres secuestrando gente en naves espaciales. Pero descartó la imagen por la cifra descomunal del letrero… 30.000 desaparecidos.
“No, qué salame, tiene que haber sido una catástrofe natural”, se dijo. Ésa fue la respuesta inmediata que creyó más coherente, aunque la exigencia de resucitar a los muertos de la supuesta catástrofe le pareció un exceso.
Laura, que no sabía eso de que el silencio es salud pero se había convertido en su víctima, tuvo que preguntar. Y lo que los demás le dijeron acerca del cartel la sacó de la ignorancia. Fue la primera vez que escuchó hablar de los desaparecidos, de la tortura. En su casa de City Bell no se hablaba de esos temas, que también callaban la radio, los diarios y la tele.

Laura es Laura Lago: actriz, artista plástica y coordinadora de los talleres de arte de la Casa de Pre Alta del Hospital Alejandro Korn. Contó su historia en el marco del VI Congreso Arte y Salud Mental, organizado por las Madres de Plaza de Mayo, nada menos, en noviembre 2007; al presentar su trabajo “No faltar a la verdad. El dispositivo es uno”.

23 de marzo de 2008

Choripán

Cacho trabaja todo el día. Cuando no es el electricista de Esur, se gana un mango como metre general para alguna confitería platense; ahora está en La Imperial, pero laburó con todo el mundo: "hice fiestas por mi cuenta, anduve por todos lados. En servicio de mozo, lo nombran a Riquelme y me conocen hasta los perros", asegura. Desde que comenzó a funcionar el Estadio Ciudad de La Plata, además, puso un puesto de choripán en su casa, detrás de la reja, y se ganó un lugar entre los choripaneros. Cacho Riquelme nació en Concordia, Entre Ríos, aunque dejó su casa materna a los 14 años para alistarse en la Marina. Recorrió el mundo y aprendió el oficio de electricista a bordo de los buques de la Armada. El oficio de mozo fue un hobby que aprendió en las cantinas de La Boca, donde se presentaba para ganar una extra. Se casó con una chica de Ensenada con la que tuvo seis hijos y hace 32 años se mudó a la casa en la que vive ahora, en 25 entre 527 y 528.
"Cuando nosotros llegamos era todo campo, vinimos con mi señora y mis hijos y acá nos quedamos", contó Cacho a Diagonales. Frente a su casa se erigía el Centro Provincial de Educación Física, que en 2003 se transformó en el Estadio Ciudad de La Plata, aunque los conflictos propios del fútbol platense y la primera negativa de Estudiantes y Gimnasia a jugar en ese campo, hicieron que el lugar fuera inaugurado con algunos eventos artísticos, que atraían a una multitud que permanecía desatendida.
"Se me ocurrió poner el boliche cuando vino La Renga; los pibes pedían agua, gaseosas, un sánguche. Lo que fuera… Cuando empezaron los partidos nosotros empezamos con los choripanes", dice.
"De las familias de (la avenida) 25 que ahora venden choripanes -agrega-, nosotros fuimos los primeros. Incluso, el de al lado de casa armó un puesto para vender patis; duró tres partidos porque yo ya tenía toda la clientela. Después estaban los puestos de 32 y los de 525, pero esos son todos Papupas".
Pese al terreno crítico sobre el que pisó, Cacho no tuvo nunca ningún problema con sus colegas. "Nunca me molestó nadie. Algunas veces se para un cocacolero delante de mi casa y está todo bien. Por mí que vendan, porque cuando hay partidos, hay para todos… tengo buena onda con todo el mundo, me vienen a pedir agua caliente los que hacen panchos y les doy… Hasta con la policía tengo onda. Si te digo que un policía me mangueó, es mentira".
Cacho asegura que sus chorizos son los mejores: "Son del frigorífico Los Pelados. Son buenísimos. Además, a mi no me sobra nunca nada. Prefiero vender 50 choripanes menos y que no me quede nada, así siempre tengo mercadería fresca".
Al choripanero le gusta el fútbol. Jugó en su Concordia natal y en la escuela de suboficiales de la Marina, donde ingresó en 1959. Y, además, se confiesa hincha de uno de los dos principales clubes de la ciudad. "Me gusta ver fútbol, pero siempre quiero que gane el que mejor juega. Soy simpatizante de Estudiantes, pero cuando juega Gimnasia quiero que gane, porque es de La Plata".

Jueves Santo

Inés cargó el lavarropa el martes por la noche y se despertó ayer con un tilde en la lista de cosas que hay que hacer antes de salir de viaje. El reloj no tuvo que sonar antes para ganarle minutos al día. "Nada que ver. Puse la ropa a lavar para hacer todo más tranquilo a la mañana", describió la profe de inglés, que tiene 30 años, está separada y viaja hoy rumbo Pinamar junto a una amiga y sus dos hijos.
Como Inés, miles de platenses que tienen la posibilidad aprovechan el feriado del fin de semana santo y parten con diferentes destinos con la idea de desenchufarse con unos días de minivacaciones.
Mónica Puig es coordinadora de turismo del Automóvil Club Argentino y trabajó todos estos días en la recepción de consultas sobre las diferentes plazas para el fin de semana: "mucha gente va a ir a Tandil, que es un destino muy especial por el Vía Crucis", describió a Diagonales, aunque aclaró que también estarán colmados los hoteles de la entidad en otras ciudades cercanas, como Villa Gesell, o el Delta del Tigre, donde las cabañas ya estaban reservadas con mucha anticipación.
Mientras que en las oficinas del primer piso atendían ayer a los socios que buscaban información de último momento sobre el estado de las rutas -por piquetes o estado del tiempo-, en la planta baja los automovilistas hacían fila para cargar nafta. "está así desde las 7 de la mañana y va a seguir igual hasta las 10 de la noche", advirtió uno de los playeros.
Además de cargar nafta, los automovilistas hicieron revisar sus vehículos, por lo que la semana fue también movida en los talleres mecánicos de la ciudad. Claudio De Blasi, del taller mecánico de 18 y 510, en Gonnet, lo confirmó: "el trabajo se incrementó por dos factores, el tema de las inundaciones y la Semana Santa. Mucha gente vino a hacer el mantenimiento del auto para poder viajar un poco más tranquilos, más seguros".
No fue el caso de Inés, que manejará un auto 0 kilómetro que le fue entregado ayer a la tarde, aunque ella tuvo que apurar los trámites del seguro para poder salir a la ruta. "Se me dio justo, de casualidad, pero aprovecho el viaje a Pinamar para asentar el auto", contó, feliz de la vida, aunque corriendo para terminar con los papeles y cumplir con una reunión de padres en el jardín de su hija, que tiene 5 años.
Quienes no tienen la suerte de la profesora de inglés de estrenar auto anduvieron por los talleres para controlar y verificar el estado de los frenos, las luces, los amortiguadores, la batería y el sistema eléctrico. Comprobar que no existan pérdidas en los circuitos de refrigeración y dirección hidráulica, y revisar los niveles de fluidos (aceite, lavaparabrisas y líquido de frenos). Y el estado de los neumáticos.
Con tantas ocupaciones en el día, los que pudieron abandonaron sus ocupaciones un poco antes. Y entre ellos, se destacaron los empleados públicos: "estuvo muy tranquilo, porque la gente de acá se tomó un día más", describió Ricardo, que trabaja en un café de 12 y 54 y no necesita más palabras para indicar que el "acá" son las Torres I y II y la Municipalidad de La Plata.
Rubén, de Costa Azul, confirmó la merma en el trabajo, aunque en el caso del café de 48 entre 7 y 8 la mañana fue "bastante normal", mientras la merma "se notó más a la tarde" y a la noche.
Inés preparó los bolsos con lo mínimo, cargó un par de tuppers con comida y algún juego para que su nena y los dos chicos de su amiga estén entretenidos durante el viaje a Pinamar. Para ella, lo último en la lista de cosas para hacer antes de salir de viaje es limpiar su casa, porque le gusta que esté ordenada cuando regresa. "Así ya disfruto desde la noche antes de salir", confesó.
Hoy, sacará su auto nuevo y enfilará hacia la ruta 11, para evitar los piquetes anunciados en la ruta 2. "No me preocupa el viaje, lo disfruto. Está bueno aprovechar unos días de descanso, tengo la posibilidad. No es tan costoso para mí gracias al departamento de mi familia. Tengo acceso a eso y me lo tomo así, tranquilo. Me gusta salir, corta un poco con todo", aseguró.

18 de marzo de 2008

Intertextos

Tapa.-
Por la infidelidad de su esposa, Crespo zafó de la perpetua: 22 años

Página 24.-
Culpable: Crespo la mató, pero pagará menos por la infidelidad de su mujer (Por Martín Soler)

Contratapa, con citas e intertextos.-
Si el amor no pudiera mentirse
Dicen (lo cual es improbable) que la historia fue referida en un diario de La Plata, en la época de los juicios orales y públicos, hacia dos mil ocho. Lo cierto es que alguien la oyó de alguien, en el decurso de una larga tarde perdida, entre mate y mate, y la repitió a Martín Soler, por quien la supe. Dentro de algunos años, alguien la repetirá en Gonnet, donde aconteció, aunque a mí me pareció posible buscar un final distinto, menos triste, un final posible si primara la cordura y la valentía en este mundo, si el amor no pudiera mentirse.
Analía no ha muerto. No son ciertos los golpes ni es cierto que su cuerpo indefenso haya sido ahogado en la pileta de lona del patio de la casa de calle 24 entre 493 y 495 ninguna tarde de marzo 5 de dos mil cinco. No se escucha el silencio en el aletear de los grillos ni se ve la noche en las luces encendidas de la calle, Analía no ha muerto. Leonardo admitió que su matrimonio es imposible y le pidió el divorcio. Analía pudo encontrarse con sus amantes, perderse en sus brazos, aturdirse con sus besos y vivir libre de las mentiras a las que se sometía.
Leonardo y Analía se casaron en el ´92 y tuvieron dos hijos. Juan Ignacio y Malena. Y si algún párrafo de esta nota fuera cierto, si aquella tarde desgraciada de dos mil cinco fuera sólo un mal sueño, los chicos podrían haber crecido visitando a su papá los fines de semana en un departamento alquilado en el centro de La Plata y vivir con su mamá en la casa de Gonnet. O al revés.
Tal vez el teléfono haya sonado con el ringtone particular con el que llegaban los mensajes de Javier. "Vení el sábado a la tarde que mi marido no está", respondió ella, con destino equivocado, al celular de Leonardo. Y aunque supiera de Javier, el policía, o de Jorge, el compañero de trabajo en la AFJP, Leonardo sintió que ya no podría hacerse el distraído, soportar la insolencia y vivir como si nada pasara, obsesionado por un amor que no le correspondía, enloquecido por una mujer que le importaba más allá del deseo y la posesión.
Tal vez el amor de Leonardo, posesivo, pudiera parecerse al amor de los hermanos Nilsen, del cuento “La intrusa”, de Jorge Luis Borges, publicado en el setenta. Aquél en el que Cristian y Eduardo comparten a la Juliana Burgos, la paisana de tez morena y de ojos rasgados, que sonreía apenas la miraban y que mataron por celos.
Tal vez el amor de Analía pudiera parecerse al amor de Paula, la mujer infiel que accedió a ser entrevistada por Isabel Allende en el sesenta y siete. La que le contó que "era infiel porque disponía de tiempo libre después de almorzar, porque el sexo era bueno para el ánimo, la salud y la propia estima, y porque los hombres no estaban tan mal, después de todo"… porque "no estaba enamorada" y "no sufría ninguna culpa".
"Puede suceder durante los veranos, cuando la familia se separa. Ella parte hacia la playa y el esposo se convierte en el famoso soltero de verano. De él se espera que tendrá alguna aventura y diversiones. De ella se espera que cuide a los niños, se asolee, se aburra un poco y juegue canasta. Pero, durante los días de relativa libertad, de sentirse más joven, más desnuda, tostada, de sentir que aún la miran en la playa a pesar de sus 35 años, tiene la oportunidad de conocer a otros hombres, muchas veces menores que ella, y de sentirse halagada. Es el primer paso a la infidelidad", escribió Allende.
Leonardo y Analía prefirieron aparentar, pero bueno hubiera sido que comprendieran que ninguno le pertenecía al otro. Y que no podrían crear un espacio de trascendencia, un "nosotros", sin esclavos ni conquistadores. Bueno hubiera sido que se aceptaran adultos y se hubieran separado.

16 de marzo de 2008

Mi viaje en taxi

No había hecho ni 30 metros en el taxi que el chofer hizo una maniobra ilícita. Ilegal y peligrosa, según reconoció.

- Eso no se puede hacer… le disparé.
- …
- Bah! Se puede pero no se debe… insistí.
- …
- Se supone que no se puede doblar a la izquierda en el cruce de la avenida, remarqué.
Advertí entonces que la falta de iluminación en la avenida 32, entre 12 y 13, por donde transitábamos, me impedía ver la cara del conductor del auto. Moría de la curiosidad ante el descarado silencio, pero se ve que el hombre tramaba una respuesta.
“No sólo no se debe doblar ahí –reconoció al fin-, sino que es muy peligroso, porque cortaron las plantas de la avenida 13 y no se puede ver bien si viene un auto de frente. Es casi imposible”, me aclaró, aunque no sólo acabara de hacerlo, sino que me llevaba como pasajero.
Pensé que lo suyo era el colmo de la caradurés y volví a arremeter: “Ah, el tema viene de fuerte autocrítica”. El, me ignoró. En cambio, aseguró que la Ciudad está sumergida en un caos y que cada quien hace lo que quiere, lo que le parece o lo que le conviene.
Ricardo, que así se llama el chofer, me dijo que no sólo está loco el tránsito, sino que “todo está loco”, por lo que se propuso realizar una serie de campañas arriba del taxi. “Son campañas destinadas a los platenses porque estoy en La Plata, pero podrían ser para todo el país”, aclaró.
Antes de dar un sermón sobre los vecinos de la ciudad, me señaló en el auto la estampita de una Virgen, la Santa Maravilla de Jesús, una carmelita descalza con padre diplomático.
“La estampita tiene una oración. ‘Lo que Dios quiera… como Dios quiera… cuando Dios quiera…’, pero los platenses cambiamos a Dios por nosotros. ‘Lo que yo quiera… como yo quiera… cuando yo quiera’”, explicó.
Ricardo no se refiere sólo al tránsito, sino a todos los aspectos de la vida, por lo que sus campañas van un poco más allá de las calles de la ciudad: “Quisiera que la gente haga una lectura de la bandera de Brasil porque tiene solamente tres palabritas, pero en una frase que nos harían muy bien. ¿Sabés que dice la bandera de Brasil? Dice ‘Orden y Progreso’”, explicó.
En la conversación, aquel orden y progreso pasó de la responsabilidad individual a la colectiva. Se inició en una mala maniobra de tránsito y terminó en una decisión presidencial… porque “bueno sería que el Poder Ejecutivo gobierne con las leyes que aprueba el Congreso y no con decretos”.
- ¿Te gustaría salir en el diario?, le pregunté.
- Si. No hay problema… tengo mucho para aportar, respondió.
- Bueno, por lo pronto me interesaría contar este viaje, le dije.
- Claro, claro… pero además, estoy haciendo una campaña para cambiar la letra del himno, advirtió.
- Será en otro viaje, me despedí.

15 de marzo de 2008

Silvina y Pato, los “de los derechos humanos”


Foto: Eva Cabrera
-¿Alguien los ayuda?, preguntó Diagonales.
-Nadie -dijo un pibe.
-Los de los derechos humanos
-aclaró otro.
-Silvina y Pato, de los derechos humanos. Nadie más.
-Silvina dijo que nos iba a traer zapatillas. Mirá: yo ando con unas alpargatas todas rotas.

Silvina y Pato florecen en boca de los chicos que pasan el día y la noche en plaza San Martín. Ellos son “los de los derechos humanos” mencionados en la breve conversación que Diagonales mantuvo con el grupo de chicos que quiere una foto. Y posa con la bolsita de poxi en la boca. Y exige ser mirado.
Silvina y Pato trabajan para la Dirección de Niñez y Adolescencia comunal y son el nexo entre el Estado y los chicos en situación de calle. Antes trabajaron en los barrios y ahora lo hacen en las plazas.
"Hablamos sobre sus familias y sus necesidades. Si es lo mejor, tratamos de que vuelvan a sus casas y de que se escolaricen. Que refuercen el vínculo familiar y que conozcan sus derechos", cuenta la pareja, en un breve alto de su trabajo en plaza San Martín.
Se conocieron cuando tenían 15 años y ahora tienen 34. Ella se casó, tuvo dos hijas y luego se separó. Él tuvo un hijo con una chica que apenas conocía y renunció a una vida nueva que buscaba en Bariloche, para volver a vivir en La Plata y ser el padre que su hijo necesitaba.
Silvina y Pato se reencontraron en 2003, después de muchos años sin verse. Fue un flechazo. Y una noche Pato se quedó a dormir en lo de Silvina. Y la noche se hizo larga. Y es aún esa noche todas las noches, estas noches.
Mientras ella avanzaba en sus estudios de magisterio, para ser maestra jardinera, para tener un jardín de infantes o una casa para niños; en 2004 él empezó a trabajar en el viejo Consejo del Menor y la Familia, en temas de adicciones y desnutrición.
La política fue cambiando el nombre de aquel departamento comunal que hoy se llama Dirección de Niñez y Adolescencia y en el que Silvina comenzó a trabajar en 2005.
Él trabajó los barrios La Unión, la Bajada, el Mercadito y en Ringuelet. Ella en Altos de San Lorenzo. Y ahora trabajan juntos en la plaza, donde pasan el día. "Nosotros tratamos de que los chicos y sus familias tomen contacto con las asistentes sociales, abogados o psicólogos, según el caso", contaron.
Aunque recién comenzaron a trabajar en la calle en febrero, la pareja tiene una relación de extrema confianza con los chicos. "Tratamos de darles respuestas a sus problemas. Y nos propusimos no prometerles algo que después no podamos cumplir", aclararon.
Silvina y Pato trabajan en los 92 legajos que ya tiene la municipalidad con chicos en situación de calle. Cada uno de ellos es especial, único, diferente.
Ayer, por ejemplo, apareció un nuevo caso. "A éste no lo conozco", dijo Silvina. "Y no…”, le dijeron los chicos. “No lo conocés porque no viene todos los días. Viene de Magdalena", le dijeron. "¿Y se viene en micro?", preguntó ella. Le dijeron que si: "le afana plata al viejo y se viene a pasar el día acá. Con nosotros".
El chico se sentó con sus amigos, en la plaza, dispuesto a pasar el día.

Recuadros:
Jhonatan
Tiene 18 años y dice que le gustaría hacer el Servicio Militar Voluntario, para salir de la calle
ChuckyLa mamá de Chucky fue ayer visitar a su hijo a Plaza San Martín. Él no quería levantarse. Siguió tirado sobre un cartón bajo una palmera, hasta que Pato le pidió: "Dale, ponete las pilas". Y Chucky se levantó y fue a sentarse al lado de su mamá, a jugar con su hermanita. La nena lo había mirado escondida detrás de una planta, sin acercarse. Pero cuando él se sentó más cerca, ella le habló al oído. Le dijo algo, en secreto, privado.

14 de marzo de 2008

Talleres: los chicos aprenden a jugar en Plaza San Martín

Superturbo tiene los pies de cuerito de cocina; sus piernas son dos clavos; su torso, un corcho de vino y su cabeza, un recorte de goma Eva. El personaje es el héroe del cortometraje “En busca del Dragón”, una realización de Axel, un nene de 13 años que trabajó en un taller de creación de juguetes en Villa Elvira y que logró filmar un corto de 7 minutos con su historia. La versión DVD fue vista ayer a la mañana por unos 12 chicos en situación de calle que se despatarraron en un improvisado living instalado al lado de la Glorieta de Plaza San Martín. Ellos son los nuevos alumnos del taller.
En la plaza San Martín, los coordinadores de la dirección de Niñez y Adolescencia de la Comuna extendieron un pedazo de alfombra sobre el que los chicos comenzaron a ver qué es lo que se pretende de ellos en el taller de creación de juguetes. Y pasaron unas horas sin aspirar poxi.
“Les mostramos los trabajos de otros chicos para que vean cuál es el objetivo del taller, porque no sólo construyen un juguete, sino que construyen una historia”, explicó a Diagonales el tallerista Federico Garese.
Una vez que terminó la película de Axel, los chicos debatieron su contenido, como ejercicio para reconstruir la historia y comenzar a pensar la suya. Apenas unos minutos después, pusieron manos a la obra, seleccionaron los tacos de madera y comenzaron la construcción de su primer juguete.
En el caso del cortometraje del nene de Villa Elvira, además de Superturbo, su historia tiene otros personajes, como “El perro turbo”; y los malos “El dragón”, “Jack” y “El Rey de la Magia”.
Una vez que los chicos entienden de qué se trata el taller y avanzan en la creación de su juguete, empiezan a trabajar en su historia. “Los grabamos en un reporter y les hacemos escuchar lo que contaron, hasta que el guión toma forma y nos largamos a filmar”, describió Federico, que en el caso de las películas de Villa Elvira contó con la colaboración de Manuel Bruno.
Ayer, después del cine y los primeros martillazos en busca de su propio juguete, los chicos jugaron un partido de voley, guiados por el profe de educación física Osvaldo Fernández.
“Juegan con las reglas básicas, porque lo que intento es introducirlos en el mundo del deporte. Que puedan participar todos, no los mejores”, explicó el profe a Diagonales.
Puede que estos chicos, en particular, tengan dificultades para respetar las reglas, pero con tal de jugar no sólo las toleran, sino que también se las hacen respetar a los otros.

11 de marzo de 2008

Poxi



El poxi destruye a un centenar de chicos que vagan por las calles de la ciudad
Duermen en las plazas San Martín y Moreno, locales abandonados y edificios públicos

Relevados: La mayoría de los chicos proviene de Los Hornos, Altos de San Lorenzo, San Carlos, Ringuelet, Tolosa, Romero, Olmos, Villa Elvira y El Retiro. También hay de Berisso y Ensenada.
Datos: El Municipio hizo un relevamiento que comenzó la primera semana de febrero y continúa hasta la actualidad.
Censo: El 36% de los chicos relevados en las calles tiene entre 11y 14 años; el 24 % tiene entre 6 y 10 años; 22% mas de 18 años; el 11 entre 0 y 5 años y el 7% de 15 a 17 años.
Sexo: El 67% de los chicos en situación de calle son varones, mientras que el 33% son mujeres.
Prohibido: La ley 12.011 prohíbe la venta de pegamento a menores de 18 años y contempla severas multas.
¿Sin paco?: No habría paco en la región. Creen que se debe a que en la zona no hay cocinas que fabrique cocaína

Al menos 90 chicos viven hoy de la limosna o la “gamuza” en las calles de la ciudad; abandonados o fugados de hogares imposibles. Duermen en un par de locales desocupados del centro, en alguna sede universitaria, en el Palacio Municipal o bajo árboles de Plaza San Martín o Plaza Moreno. Casi todos aspiran pegamento o nafta. Algunos consumen alcohol, marihuana o cocaína. Los proveedores son adultos, en la mayoría de los casos, abusadores.
El hospital de Niños de La Plata atiende unas diez o doce consultas diarias por drogas. Por ahí pasaron casos de chicos de 11 años que aspiraban sustancias volátiles. “En general, los chicos que están en la calle consumen pegamento y otras drogas, alcohol y lo que tienen a su alcance, lo que les convidan los adultos, que en muchos casos utilizan las drogas para abusar sexualmente de ellos”, describió Silvia Maggi, médica toxicóloga de la Subsecretaría de Atención a las Adicciones de la Provincia con funciones en el hospital.
Con la droga “los chicos buscan alterar la conciencia y olvidar lo que les aflige como el hambre o la soledad. Saben que eso les calma todo lo que nosotros no le damos. Lo que los adultos le debemos”, afirmó la médica a Diagonales.
Luego de advertir que el pegamento se aspira de latas o bolsas, Maggi aseguró que “el testimonio de los chicos es muy valioso”.

Limosnero. "Vengo al centro a pedir monedas para comprar un sanguche y una gaseosa", contó uno de los chicos a Diagonales. Tiene 13 años y vive en Melchor Romero, en una casa de madera con piso de cemento, con su mamá y un hermano. Camina la calle con otros cinco chicos que duermen en un local de 47 y diagonal 74, cerrado y en ruinas.
- ¿Alguien los ayuda?
- Nadie.
- Los de los Derechos Humanos.
- Silvina y Pato, de los Derechos Humanos. Nadie más.
- Silvina dijo que nos iba a traer zapatillas. Mirá: yo ando con unas alpargatas todas rotas.
- Y andamos re sucios.
- Deberían tener un lugar dónde bañarse y dormir...
- Un comedor para los chicos de la calle. Un comedor donde nos podamos bañar.
- ¿No tenés una moneda?
- Sólo 25 centavos.
- ¡Está bien! ¡Danos esa!
- ¿No prefieren unos sánguches?
- ¡Siiiii! ¡Y una Coca!
Apenas la bolsa con los sánguches cayó en sus manos, los chicos corrieron hacia la esquina y desaparecieron. Parecían felices y tal vez lo estuvieran, pero ya saben que la felicidad es efímera, como los sánguches.

Alarma. "Esto está creciendo a pasos agigantados. Y no sólo hay varones en la calle. También hay mujeres. He atendido chicos que tomaban de las botellas que sacan los bares del centro. Desayunaban con eso. Había una nena que desayunaba con Tía María porque en su casa había tomado café con leche y le resultaba parecido", contó Maggi.
La Municipalidad de La Plata ya relevó a 90 chicos que pasan por la misma situación que aquella nena, aunque creen que podrían ser 180. La Dirección de Niñez y Adolescencia comunal, organiza actividades en la calle. La onda es buena y los chicos creen que los coordinadores municipales son “los de los Derechos Humanos".
El coordinador Marcelo Iafolla contó que "cuando estos chicos están en la plaza armando juguetes o jugando, que por la edad es lo que tendrían que hacer, la gente los ve de otra manera. Y se da cuenta de que son preciosos".
Fuera del ámbito estatal, la única organización social que trabaja con los chicos que viven en las calles platenses es el Movimiento Octubres. "Los pibes que tuvieron conexión con nosotros eran más de 90. Ahora los tenemos un poco perdidos porque nuestro nexo está preso; pero sabemos que son casi 100 porque nos pidieron pan dulce y turrones para pasar Navidad en Plaza Moreno", contó Silvina Kociancich, militante del movimiento.
Como el Estado, Octubres trabaja en las plazas con actividades artísticas y culturales que son asistenciales, pero también preventivas.
José Gallo, referente regional de la organización, admitió que no tienen las armas para "dar las respuestas instantáneas". Pero igual es optimista: "como dicen los Pumas, podemos ir partido a partido, poniéndonos pequeños objetivos, hacer campañas con metas chicas".
Nadie lo quiere admitir públicamente, pero los chicos están organizados en grupos para defenderse, pero también para montar algún apriete que les permita hacerse de dinero para comer y drogarse.
Para Maggi, la situación generada por el consumo de droga en niños y adolescentes merece una "puesta a punto multisectorial, que contemple la participación de varios organismos del Estado". El riesgo, advirtió, es alto. Altísimo: "una juventud desaparecida como si hubiera habido una guerra". Otra vez.

El blanco del pegamento
El poxi puede generar una sensación de euforia al inhalarlo, pero los chicos terminan con un deterioro intelectual tan importante que no podrían ir a la escuela aunque quisieran.
Además de las vías respiratorias, la vía aérea superior, pulmonar, el pegamento ataca al sistema nervioso central, sobre todo del área pre frontal, lo que lleva a un deterioro intelectual y del motor sensorial muy importante. En algunos casos, los chicos no recuerdan ni cómo se escribe su nombre.
A los pibes en situación de calle no sólo los destruyen las drogas, también la mala nutrición y las enfermedades infecciosas por la actividad sexual a la que son sometidos, tal lo explicó la doctora Maggi.

En Números
Según la Subsecretaría de Atención a las Adicciones bonaerense, los Centros de Atención a las Adicciones (CPA), de la región -que incluye a Presidente Perón, Berisso y Ensenada, entre otros distritos-, apenas atendieron en dos años a once pacientes que aspiraban sustancias volátiles: el 0,9 % de los pacientes en tratamiento mencionó a los inhalantes como la sustancia de inicio.

Yo consumo
El análisis de
Pablo Orbaiceta (Colaborador de la obra del padre Carlos Cajade)
El primer paso que tenemos que dar es que el pibe encuentre un ámbito donde pueda plantear su problema de adicción, donde no se lo castigue por eso, si no establecer desde qué lugar lo podemos ayudar, dándole un entorno y herramientas que lo favorezcan en su recuperación, que no sólo es su adicción en sí.
En nuestro caso, tratamos con chicos que provienen de historias muy duras socialmente, donde el entorno familiar, si es que lo tienen, está deteriorado por la falta de trabajo y de proyectos para una mejor calidad de vida, para ellos y sus hijos.
Hoy la realidad, en la mayoría de los casos, es que los pibes tienen que sostener económicamente a sus padres, sus hermanos presos o a los hijos de éstos; esta situación ha cambiado las reglas de juego y no logran salir de ese lugar para poder tener aspiraciones propias de progreso individual.
Esta problemática no les permite plasmar ningún sueño. Se ven estancados de por vida en un lugar injusto donde la salida se les hace difícil.
Poder darles herramientas para su desarrollo, apoyándolos, les hace ver en concreto un camino con educación, trabajo y justicia, que, si deciden tomarlo, les permite modificar lo que pareciera impuesto por un sistema perverso que los deja sin sueños y esperanzas de vivir dignamente.

Lo que sobra es cobardía
Opinión
Miguel Graziano (Periodista)
Cuando preparaba esta nota leí algunos testimonios que me impactaron. Entre ellos el de un chico que había consumido. Contaba que podía comprar el pegamento en cualquier ferretería o en algún kiosco.
El pibe decía: “se hacen los buenos pero te venden para que te mueras, para que te mates”. Y sobre los que le vendían pastillas en su barrio, una villa, claro, decía que “son aquellos que no tienen huevos para salir a robar ni para ir a trabajar”.
Tiene razón, lo que sobra es cobardía.

8 de marzo de 2008

De la villa al Plan Federal

Vivían en precarias y diminutas casas de material, en el mejor de los casos, o en las más comunes y más precarias casillas de chapa y madera. Chupaban frío todos los inviernos y se cocinaban de calor en verano. Sus barrios eran laberínticos, cerrados, con calles y veredas de barro, que generaban miedo a los de afuera. Y a los de adentro.
“Yo crié a mi hijo mayor encerrado en mi casa”, cuenta Yané a Diagonales, apuntando a la vereda, donde muchos chicos y chicas de menos de 10 años juegan con mangueras, como en carnaval. En esta parte del barrio las calles están limpias, tanto como en cualquier otro barrio de la ciudad, porque la mayoría de los cartoneros que vivían en la villa se adjudicaron las casas de la primera etapa del Plan Federal de Viviendas, del otro lado de la calle 527, divididas por las vías del tren.
El barrio que antes era pura miseria y ahora se levanta orgulloso está revolucionado este miércoles 27 de febrero. La Policía irrumpió en sus calles y en algunas de sus casas a las 4 de la mañana y hay muchos vecinos mal dormidos. Además, el referente más importante del barrio está demorado en los Tribunales Penales de La Plata.
“Hubo un problemita”, dice Miguel: Cristian Camilieri, alias “El volador”, ex referente de la barra brava de Gimnasia, fue sorprendido mientras dormía junto a su mujer y sus dos hijos y está declarando ante el fiscal de turno.

Antes y después. Yané vive en una de las casas del Plan y vivió, antes, en la villa La bajada. Allí crió a su hijo mayor, que ahora tiene 8 años, y aquí cría a sus hijos menores, una nena de 4 años y un nene de un año y ocho meses; por lo que conoce las diferencias de vivir en uno y otro sitio, aunque los vecinos sean casi los mismos y sólo hayan cambiado las formas de sus casas.
En rigor, la densidad de población de la villa miseria era mucho mayor al actual barrio del Plan Federal, por lo que algunos de los vecinos de Yané terminaron del otro lado de las vías, beneficiados con las viviendas que se entregaron en la primera etapa.
“Antes había inseguridad, te robaban y tenía miedo de que le pudiera pasar algo al nene. Ahora todos los chicos juegan en la vereda y no hay problemas”, afirma Yané. “Ahora, esto es un barrio. Antes no podías entrar con el taxi; ahora nos integramos, porque nos dieron una ayuda para poder progresar”, agrega Arielo, su pareja.
Los dos comprenden que tener una casa propia les hubiera resultado imposible. “Mi mamá es Policía y aunque trabaje 16 horas por día no podría tener una casa como ésta”, describe Yané, sentada en un comedor que no derrocha nada y es más bien sencillo, austero, tiene piso de cemento alisado y el cielo raso es la loza de la planta alta, donde tienen las tres habitaciones, dos para los niños y una para ellos.
El nació en la Favela y ella en el barrio del Cementerio. Y no lo dudaron cuando hace cuatro años tuvieron la posibilidad de mudarse a la villa, a una casa de material que compraron por unos pocos pesos. Ahora, viven en una de las casas del Plan, aquellas que miran hacia la autopista La Plata - Buenos Aires. El trabaja de taxista y ella hace la leche en el muy tripero comedor del barrio, que organizó El Volador.
“Yo entiendo a la gente que se molesta porque nos regalaron la casa, pero de otra manera no hubiéramos llegado nunca a tener lo que tenemos. Tal vez se hubiera podido hacer algún plan para que paguemos por las viviendas o un censo para que le den la casa a quien trabaja, pero así lo hizo el gobierno, estamos agradecidos y tenemos que aprovecharlo”, admite Arielo.

Lógicos e ilógicos. Hace 17 años que Miguel vive en el barrio que antes fue villa miseria y ahora tiene casas de material y asfalto. “A nosotros nos cambió la vida, aunque no todo el mundo lo aprovechó de la misma manera”, afirma. Como Presidente de la Cooperativa del Barrio, tiene a su cargo a 16 vecinos que ayudan a tener el lugar limpio. “Hay que ver cómo trabajan las mujeres”, destaca.
“Nosotros tratamos de aprovechar la posibilidad que nos dieron con la construcción del barrio. Hicimos una cooperativa y mantenemos el lugar limpio, vamos a hacer una plaza en la zona que quedó sin construir, hasta el alambrado de la autopista”, cuenta Miguel, que espera la concreción de otros proyectos que considera fundamentales, como la salita de salud que pueda atender a las embarazadas y la urgente desratización de las zanjas, donde habitan miles las ratas de agua.
Miguel es de los que saben de la venta de grifería. Y puede dar testimonio de otras ofertas extravagantes: “pedían 10 pesos por un aparador. Ni siquiera tiene lógica. Muebles, cocinas, canillas, vendían todo”, advierte.
En las manzanas que van de 120 a 122 y de 527 a 528 los vecinos aseguran que están decididos a encarar la vida de otra manera. Se organizaron para hacer de su barrio un sitio digno, en el que los acuerdos sean moneda corriente: “Pusimos un tope de horario para escuchar música alta y todos lo respetan. Nuestro vecino vino el día del cumpleaños a pedir disculpas porque estaba escuchando música a todo volumen, aunque estaba de festejos”, cuentan Arielo y Yané, agradecidos.
Entre los acuerdos que hicieron los vecinos está el de cuidar entre todos a los chicos más chicos, sus hijos. Y vivir con un mínimo de respeto. La influencia de El Volador sobre la hinchada de Gimnasia, por ejemplo, hizo que el lugar fuera elegido como base para el traslado de hinchas. Sin embargo, como había algunos que se emborrachaban o hacían pis en cualquier lado, decidieron organizar el traslado en otra zona.
Y también está el tema de la droga. “Droga hay en todos lados, pero acá nadie se droga en la calle, como era en la villa. Los chicos no aprenden eso. Si alguien se droga lo hace en privado, escondido, en su casa”, aseguró Miguel, quien trabaja para en que los vecinos tomen conciencia del ejemplo que le dan a sus hijos.
“De este lado del plan quedamos los que queríamos progresar. Del otro lado fueron todos los que estaban apurados por tener la casa. Nosotros decidimos esperar y nos organizamos para vivir mejor. No digo que no tengamos nuestras cosas malas, pero acá puede entrar el sodero, el gasista, los remises, y no pasa nada”, describe Miguel.

Antecedentes. Los vecinos de La Bajada vivieron una experiencia que no contaba con antecedentes en Argentina. El Gobierno no les mandó una topadora. No derribó sus casas ni los quiso echar. En su misma manzana, o en la de al lado, les construyó una vivienda, un barrio, aunque claro, todavía viven con muchas necesidades.

Barra brava

Referente de la hinchada de Gimnasia, El Volador Cristian Camilieri estuvo acusado de un asesinato en una causa judicial, en la que terminó absuelto, y se lo señaló como uno de los barras que amenazaron a los jugadores de su propio equipo para que perdieran un partido con Boca. Cuentan que se peleó con los otros jefes por el destino que uno y otro le quería dar al dinero recaudado en el estacionamiento del Estadio: Torugo quería financiar campaña política; Volador el comedor infantil que fundó en el barrio del Plan Federal. La Policía lo detuvo el miércoles 27 de febrero, pero la Justicia ordenó su liberación pocas horas después:

- No tenía nada.
- Pero qué buscaban.
- Buscaban armas o droga.
- Y quién había hecho la denuncia.
- Se supone que fue un testigo encubierto. Dijo que yo vendía drogas y que acá había un arma.
- ¿Y había?- Encontraron una. Me la pusieron ellos. Capaz que me condena mi pasado. En algún momento fui referente de la hinchada, pero ahora nada que ver. Estoy condenado y no voy a la cancha. Media hora antes del partido yo me presento en la comisaría Sexta. Y así va a ser todo el campeonato. Tuve mis problemitas, no lo voy a negar, pero pagué ¡Ya está! ¿Hasta cuándo voy a pagar?…
- ¿Por qué cambiaste?
- Por mis hijos. Por mi mujer. Tengo dos hijos y otro en camino. El barrio cambió nuestras vidas. Yo nací y me crié en el barro, era muy difícil. Ahora tengo otra oportunidad.
- En el barrio dicen que quieren aprovechar lo que les dieron.
- Y sí. Agradecemos lo que nos dieron. Bueno, ¡vamos a cuidarlo!
- Cambiaste
- Claro. Es más, yo estuve preso y no tengo miedo de volver a estar preso. Tengo pena por mi familia, porque los dejaría solos…
- …
- Te van a decir que tengo una 4 x 4, pero yo me la compré trabajando. Preguntá acá en el barrio. Yo trabajé 10 años en una fábrica que cerró en la época de De la Rúa y cobré una indemnización. Y tenía un autito con el que trabajaba de remisero. Era el único que entraba y salía del barrio. Hasta tuve a otros choferes a cargo. Después vendí todo y me compré la camioneta… te van a decir “este es un delincuente, un barra brava”. No me van a creer, pero ahora estoy tratando de vivir una vida común y corriente.

El jueves 28 de febrero, un temporal hizo un desastre en toda la ciudad. Hubo muchas zonas inundadas, entre ellas el bajo al lado de la autopista.
Cuentan que El volador cortó el tránsito en la bajada de la autopista. Y que exigió a palos solidaridad a los automovilistas. Dos pesos para los inundados, dicen. No dicen diez… mi mil… ni todo lo que tengas... Dos pesos, dicen…
Y dicen que alguien que fue obligado a colaborar llamó a la Policía. Y que El Volador y los suyos fueron reprimidos a balazos y gases lacrimógenos. Hay versiones que dicen que se resistieron a tiros. Por suerte, no hay heridos.

4 de marzo de 2008

Cinco chicos en la calle buscando una mirada

Los chicos vieron en la cámara de fotos el objeto extraño que suele fascinarlos y cruzaron la calle con la idea de quedar inmortalizados en una imagen. "Pasame la bolsa", pidió uno al otro, apenas quedaron frente al fotógrafo de Diagonales, que esperaba en la puerta del diario, en diagonal 74 y 47, que un remis lo pasara a buscar para salir a una nota sobre el inicio de las clases en la ciudad, a tomar las fotos de los chicos que fueron al colegio.
Eran cinco los pibes que desde la vereda de Il Angelo advirtieron la presencia de Nicolás Acuña y comenzaron a gritarle para que les sacara una foto. Exigían cinco segundos de bola, que alguien los mire, no que los vea... que los mire.
Dos de los pibes se cruzaron para ver qué onda, a tantear el terreno. Y cuando vieron que Nicolás era inofensivo, que no les gritaba y que hasta podría sacarles a una foto, se dieron la vuelta y llamaron a los otros tres, que habían quedado en la vereda de enfrente.
"A estos pibes no ve nadie. Van por la calle aspirando poxi y no pasa nada", pensó Nicolás, cuando levantó la cámara en busca del cuadro para el retrato que los chicos querían.
Cuatro posaron aspirando pegamento. Y uno se dio la vuelta para ubicarse detrás de Nicolás, como para chequear que todo estuviera bien y de paso pispear si pasaba algún patrullero de la Policía 2, que andaba por ahí.
Para uno de los chicos estaba “todo piola”, pero otro parecía apenas poder contener un ataque de bronca, como si tuviera dentro un perro rabioso tratando de salir al ataque.
- ¿De dónde son?
- De la calle.
- Y dónde paran.
- En cualquier lado… en la plaza San Martín. No es para mandarnos la policía ¿no?
- No, claro que no.
- Si llamás a la policía venimos y rompemos todos los vidrios.
- No va a hacer falta.
- ¿No tenés una moneda? Tenemos hambre.
Uno se acercó para ver la foto en la cámara de Nicolás. Pasaba un patrullero, los chicos se asustaron y se fueron.

Arbolitos, médicos de una enfermedad argentina: la fiebre verde

“Cambio, cambio, cambio, cambio… ¿Dólares? ¿Euros?... cambio, cambio...”. El que habla es un tipo que parece no dedicarse a ninguna empresa en particular. No está de traje, sino más bien en pura informalidad. Un jean, una camisa y zapatillas. Se distingue, eso sí, por su incansable oferta para cambiar dinero de diferentes orígenes, la compra venta dólares o euros que acumula en un enorme fajo que tiene en la mano, mientras que en la otra ostenta una calculadora con la que parece encandilar a transeúntes y automovilistas, como si fuera un espejito. Hay otro al lado que hace lo mismo. Y otro un poco más allá. Hay, en total, siete u ocho tipos apostados sobre la vereda que hacen lo mismo: “compro, compro, compro… vendo, vendo… compro… Dólares, Euros”.

Apostados a lo largo de la avenida 7, entre 46 y 47, estos hombres que ocupan un espacio de la vereda, pegados al cordón, se ganaron el mote de “arbolitos”, porque están plantados, precisamente, en el lugar que debería ocupar un árbol.
Llamen al doctor. Los arbolitos nacieron con la fiebre verde que de tanto en tanto se apodera de los argentinos. Hicieron furor durante la década `80, con la hiperinflación alfonsinista. Reaparecieron en el 2001, con la crisis y el corralito financiero paridos por Fernando de la Rúa y Domingo Cavallo. Sobreviven.
La fiebre verde argentina se distingue en los centenares de personas que pasan la noche frente a alguna sede de la banca oficial para comprar dólares, los vecinos que viajan desde el interior a la capital en busca de una divisa a un menor precio. O los casos de los que se arrodillan para pasar bajo la cortina metálica de la tradicional casa Piano, en Buenos Aires, antes de que cierre sus puertas y deje de operar. Los arbolitos surgen en esas épocas y se diferencian de sus competidores porque ahí estarán, una considerable cantidad de horas, a la intemperie, con un fajo de billetes dispuestos al cambio, aunque un poco más caro.
Una de las particularidades de los arbolitos platenses es que ocupan apenas una cuadra del micro centro, frente al Banco de la Provincia de Buenos Aires, en la vereda de la Casa de Cambio Avenida, propiedad del ex presidente de Estudiantes de La Plata, Daniel De la Fuente.
Ubicación. “Venimos acá porque esta es la vereda de la Casa de Cambio”, reconoció uno de ellos a Diagonales. “La mejor hora de los arbolitos es cuándo baja la pizarra de Avenida. Entonces pueden vender con una mejor diferencia a su favor”, describió Fernando, nombre ficticio con el que se identifica el dueño de una casa de cambio clandestina, ubicada una galería del centro de la ciudad, a pocos metros de los arbolitos.
Aunque están prácticamente todo el día, el fuerte de los arbolitos parece comenzar con el horario de cierre de la casa de cambio. Al menos es lo que aseguró Fernando, que explicó cuáles son las diferencias con su negocio: “ellos trabajan mucho con los que vienen en auto por la avenida 7 y no tienen tiempo para buscar un estacionamiento, o no quieren caminar hasta Avenida, que es la casa más tradicional de la ciudad. Nosotros, en cambio, ya tenemos una clientela que nos tiene confianza y siempre prefiere venir hasta acá”.
¿Los arbolitos son agentes de algún capitalista o emprendedores? Ninguno quiere decir si trabaja para alguien o es independiente. Pero a la hora de explicar cómo ganan su dinero, los agente de cambio aseguran que la ganancia está en la diferencia entre lo que pagan el billete y el precio al que lo venden, que puede ser de hasta 4 ó 5 centavos.
Transacciones. “Nosotros no podemos especular”, advirtió un arbolito, que se animó a hablar en privado con la condición de que no aparezca su nombre. Según parece, tampoco es que necesiten especular: “lo más extraño ocurre cuando el dólar sube. A la gente le agarra la necesidad de comprar. En lugar de vender, vienen a comprar dólares, porque temen que el peso se devalúe más. Además, cuando sube, el que tiene dólares guardados no sale a venderlos. Los guarda pensando que va a seguir subiendo. Después cuando baja se quieren matar”, agregó.
Fernando, que abrió su local con un socio en 2002, luego de vender su parte de un restaurante, aseguró que su ganancia está en el volumen que maneja diariamente. “Ganamos con la diferencia que hacemos entre lo que pagamos y lo que vendemos, hay veces que ganamos 4 centavos por dólar, otras 3, algunas 1 y otras nada. Porque lo que no podemos dejar de hacer es la transacción. Lo que más nos conviene es mantener una paridad entre lo que compramos y lo que vendemos”.

CUADRO:
Las 13 detenciones

El 12 de abril de 2002 la policía realizó un operativo para detener a los “arbolitos”. La jornada terminó con 13 sospechosos tras las rejas, sorprendidos todos en la cuadra de 7 entre 46 y 47. Tenían en su poder 18.000 pesos, entre moneda nacional, dólares y Patacones. El fiscal Marcelo Romero los había denunciado por “violación al régimen penal cambiario”.

3 de marzo de 2008

Diagonales...



Salió Diagonales...
"40 periodistas platenses vamos a contarte mejor la realidad".

"Llegó el diario
que no confunde
el dinero
con La Plata".

y...
"Llegó el diario
que no confunde
información de tapa
con información
que se tapa".

y...
"Llegó el diario
que no confunde
el papel de un diario
con papel de diario".

y...
"Llegó el diario
que no confunde
información de interés
con los intereses
de la información".

13 de enero de 2008

Mi viaje en taxi

Matar no cuesta nada. Y morir tampoco

El hombre que iba al volante era canoso, tendría unos 65 años y era más bien flaco. Parecía nervioso. No sé dio vuelta cuando empezó en monólogo su relato. Levantó su mano izquierda y me mostró, como si hiciera fuck you para atrás, el dedo mayor mocho, con evidencias de un tendón cortado. "Consecuencia de un robo", aseguró, mientras guiaba el auto con la derecha.
Iba a decirle algo cuando me contó que una piba que entonces tenía 15 y ahora tiene 18 le puso un cuchillo en el cuello. Dijo que él lo manoteó con fuerza y que ella lo sacó como si desenfundara de la mano, que le dejó lastimada. Me dijo que, en la lucha, la chica lo ensartó por la espalda, a la altura de un pulmón, que le dejó agujereado.
Me dijo que la bajó de los pelos, que la golpeo y la golpeó y la golpeó... y que si viera como la dejó... y que no la pudo matar porque se ahogaba, que no podía respirar porque la chica le había agujereado el pulmón de una puñalada, que sino... sino la mata a golpes, la carga en el auto y la tira por ahí, porque no costaba nada.
Me dijo que de vez en cuando la ve. La cruza cuando pasa por Plaza Italia, donde la piba para en barra.
No me contó que estuvo internado por las heridas. Me dijo:
- Nueve meses pasé esposado a una cama del hospital San Martín.
- ¿Y la chica?, pregunté, para saber si también estuvo grave.
- La chica entró por una puerta y salió por la otra, respondió.

1 de diciembre de 2007

Un cura se negó a darle la comunión a un nene sordo

Un cura de la localidad de Realicó, en La Pampa, se negó a darle el sacramento a un nene sordo de 11 años que debía tomar la comunión hoy, después de seis meses de catequesis sin problemas. El sacerdote aseguró que había “un problema de comunicación” y que, como no lo entiende, “no pudo librarlo de sus pecados”.
Jonathan esperaba recibir la primera comunión hoy, pero el jueves toda sus ilusiones fueron pisoteadas por una decisión inexplicable e insólita del sacerdote, que se negó a darle el sacramento “porque el niño no está preparado y no lo entiende al momento de confesarlo”, según contó su mamá, Laura Wendel, al diario El Puntal, de Córdoba.
Este nene es oriundo de Washington -a escasos kilómetros de Vicuña Mackenna-, en Córdoba, pero vive en una población pampeana llamada Van Praet, lugar al que llegó por el trabajo de su papá hace seis meses.
Una vez que su familia se instaló en el pueblo, el nene empezó a tomar clases de catequesis dos veces por semana. Pero ahora, que llegaba el tiempo de los festejos, el sacerdote que asiste espiritualmente a la pequeña comunidad pampeana, Héctor Cuchietti, le informó a la mamá que no le dará la comunión porque “no había podido entenderse con el pequeño” y que, por lo tanto, no pudo confesarlo y “librarlo de sus pecados”.
Y es que el niño nació sordo y su lenguaje es el de señas, una voz aparentemente desconocida por Cuchietti.
El chico fue a la Iglesia el jueves y volvió a su casa llorando. Su mamá le preguntó qué le pasaba y el chico le contó que el sacerdote “le había dicho que no se podían entender”. Según Wendel, el propio cura se acercó a su casa después para decirle que “existía un problema de comunicación”.
La familia, compuesta por Jonatan de 11, un hermanito de 7, la mamá y el papá, acaba de mudarse a Realicó hace sólo seis meses, por lo que Jonatan hizo un año de catequesis en la modalidad de un curso reducido.
“Estaba yendo a catequesis para poder tomar la comunión como todo niño normal. Iba a recibir el sacramento el 1° de diciembre. El martes fue a la iglesia y estuvo todo bien, el miércoles me trajeron la túnica para poder probársela. El nene tuvo que volver el jueves y regresó con lágrimas, diciendo que no iba a tomar la comunión”, relató la mujer.
Cuando el cura se presentó en su casa para darle los motivos de su decisión, Wendel le respondió “que los grandes somos quienes tenemos que entender y poner un poquito de buena voluntad, para comunicarnos con chicos como él, porque nadie merece ser discriminado”.
Según contó al diario pampeano La Arena, su hijo fue muy bien recibido en el pueblo y es querido por la gente. “No le hace solo daño a él, sino a muchos chicos. Lo peor es que lo discriminó una persona mayor”, se lamentó.
Además, la mujer destacó que el nene no había tenido problemas con el catequista, que le había informado al cura que el chico estaba preparado para recibir el sacramento.
“Hoy la discriminación nos toca de cerca, pero yo voy a luchar por los derechos de mi hijo”, dijo la mujer, decidida a enfrentar la situación: “el nene tiró los libros de catequesis y me dijo que no iba a volver a la iglesia. Pero voy a buscar otro camino porque quiero él vuelva a tener esa ilusión. Es lo más difícil, porque está perdiendo esos valores que se le fueron inculcando. Le cerraron las puertas cuando en las clases de catequesis le enseñan que no hay que discriminar”.
Y afirmó que “como él no puede expresar lo que le pasa, lo voy a hacer yo, para que sepan valorar y apreciar a los chicos que tienen capacidades diferentes, porque si discriminamos a una persona así, es porque no tenemos ni mente ni corazón”.
El obispo de Córdoba, de donde es oriunda la familia, recibiría al nene en Villa Huidobro para que pueda tomar la comunión.

24 de noviembre de 2007

Más que claro: un categórico rechazo


Varias organizaciones sociales cordobesas decidieron iniciar una original campaña contra del “apoyo” genital al que algunos hombres someten a las mujeres en los colectivos, cuando ya no hay lugar para sentarse y los pasajeros se amontonan en los pasillos.

Las militantes de Servicio a la Acción Popular, Hilando las Sierras y Católicas por el Derecho a Decidir, entre otras, lanzaron la campaña en Córdoba capital, donde pegaron stickers a bordo de los medios de transporte públicos. La consigna es bien clara: “No queremos tu apoyo”.

La movida fue presentada en la Plaza San Martín, donde se conmemoró el Día Internacional de Lucha contra la Violencia hacia las Mujeres.

Además de pegar los calcos, las mujeres realizaron una intervención urbana en los colectivos que tienen parada sobre calle 27 de Abril.

Una enorme pancarta fue la atracción de la jornada. En un dibujo cruzado con la línea roja de prohibido se ve la situación de abuso a la que las mujeres hacen referencia. Y que se produce con frecuencia en los pasillos de los colectivos cuando varones apoyan sus genitales con supuesto disimulo en la cola de las pasajeras.

“Estas vivencias de vulneración de la intimidad se dan en el microespacio cotidiano, y pese a tener lugar en un contexto público y frente a decenas de personas, son enfrentadas por las mujeres en soledad”, dijeron las militantes, según publicó el diario La Mañana.

La agenda de actividades de la original campaña se extenderá hasta el 10 de diciembre, en el marco de lo que denominaron “16 días de activismo contra la violencia hacia las mujeres”.

12 de noviembre de 2007

Ovni



Dos policías que patrullaban caminos rurales en la zona de Coronel Dorrego, en el sudeste bonaerense, tuvieron un encuentro cercano del tercer tipo con cuatro hombrecillos de pequeña estatura que suponen extraterrestres. Otros dos policías, varios vecinos de la zona y un matrimonio que viajaba en auto, avistaron un Objeto Volador No Identificado (OVNI), precedido por una luz envolvente de color blanca.
El extraño episodio ocurrió el miércoles a la 1.30 en cercanías de la pequeña localidad de Irene y tuvo como protagonistas al teniente primero Luis Bracamonte y su compañero, el subteniente Osvaldo Orellano, con funciones en la localidad de Oriente.
Acostumbrados a recorrer la zona a esa hora de la madrugada, no son de confundir una cosa por otra. Ambos estaban en su rutina cuando se vieron sorprendidos por un fenómeno inusual. Orellano había bajado del patrullero y observaba los alambrados, mientras que Bracamonte quedó dentro del móvil.
"Estaba cargando una tarjeta de teléfono en mi celular por lo que me quedé en el vehículo. Mientras miraba el teléfono en mi mano, veo una luz pequeña, como de una camioneta que se acercaba pero en cuestión de instantes la luz se hizo más grande como si fuera una camioneta grande y gris que estaba ya muy cerca. No me inquietó esa visión pero veo a diez metros una figura que se movía y primero pensé que era un perro... pero cuando veo bien era una silueta como de un hombrecillo de aproximadamente 80 centímetros, con una cabeza grande, ojos grises prominentes y un color verdoso. Entonces quise marcar el número de celular de mi compañero que estaba afuera pero cuando marco el 1 y el 5 mi mano queda como estática. Puedo ver que de ese vehículo o nave salen tres seres más, dos iguales al primero y un cuarto de aspecto un poco más robusto", relató Bracamonte, tal como publicó hoy el diario La Voz del Pueblo, de Tres Arroyos.
“¿Qué pasa? ¿Qué pasa?” gritó Orellano, mientras reaparecía para ratificarle a su compañero que también él veía a los cuatro extraños hombrecillos, que se volvían sobre sus pasos y subían a la nave, que “salió desplazándose raudamente hacia el norte, esparciendo una luz blanca que se extinguió despacio dejando un halo verde y un fuerte olor a azufre o pólvora, haciendo un ruido como un trueno”, contó el policía.
"Cuando fui a la camioneta estaba Bracamonte en silencio, con la mano inmovilizada por una desconocida razón. Durante dos horas más tuvo un inconveniente en la vista que hacía que sus ojos le lloraran, pero no pasó a mayores", agregó Orellano.
Los policías no fueron los únicos testigos de la extraña aparición que surcó los cielos de la provincia. Si bien no tuvieron la experiencia de observar a los pequeños hombrecillos, un matrimonio que viajaba desde Oriente a Marisol a la hora señalada, observó una luz en dirección a Irene. No era un relámpago y los envolvía desde atrás, describieron.
Según el matutino tresarroyense, los trabajadores rurales de la zona y varios vecinos de Oriente afirmaron haber visto un extraño resplandor envolvente en dirección a Irene y Aparicio durante la madrugada del miércoles. Otros, a esa misma hora, afirman haber escuchado un estruendo que los sobresaltó, despertándolos, sin que hubiera registro de explosión alguna.
Además, los efectivos encargados del puesto de vigilancia de Aparicio también vieron un extraño resplandor entre la 1 y las 2 de la madrugada del miércoles. El subteniente Santiago Walter contó al diario local que patrullaba a pocos kilómetros de Irene junto al oficial de policía Walter Carabajal cuando observaron “una gran luz blanca que parecía envolvernos, en ese momento se detiene la camioneta y atino a llamar por el celular pero no tenía señal. Mi compañero Carabajal me pidió que mire hacia arriba y entonces vimos una potente luz que parece detenerse sobre la camioneta y desaparecer, como un destello".
Entre los policías de la zona, el teniente primero Damián Sandoval, titular de la dependencia de Oriente es el único que no vio nada: estaba lejos del lugar de los hechos, en la zona de la laguna La Turca.
Hay, por allá, muchísimos testimonios que avalan la posibilidad de un encuentro cercano del tercer tipo, que se produce cuando se mantiene un contacto entre ser terrestre y extraterrestre de forma sensorial y telepática, algo que parece haberle ocurrido el miércoles de madrugada a dos efectivos de la policía bonaerense.