"La gente cree estar plenamente informada sin haberse aproximado siquiera a una sola idea que contradiga sus prejuicios", Bill Keller.

31 de agosto de 2011

Carnívoros, no veganos

Imposible imaginar cómo fue que decidieron salir a cenar el sábado, pero lo cierto es que entraron al pequeño restaurante sin prestar la más mínima atención de dónde estaban, hablando como si fueran los únicos en el lugar y cada uno de ellos con un cigarrillo recién prendido.
El chico preguntó por el cocinero y se mandó a saludar. La chica se sentó a esperarlo y pidió un cenicero. “¡Oh! Perdón, no había notado que estabas fumando –dijo la camarera–, acá no fumamos, disculpame”. No había problemas, la chica fue a fumar afuera. Puede que a él le hayan pedido que apagara el cigarrillo cuando entró a la cocina, lo cierto es que ya no fumaba cuando volvió a la mesa.
Lo primero que hicieron cuando se reencontraron fue preguntar por los vinos, que la casa no vende por convicción. “Como los clientes lo pedían, tenemos una cerveza artesanal”, concedió la camarera. Ok, dijeron ellos. 3/4 rubia para él, un porrón de roja para ella. Entonces, llegó el turno de pedir la comida. Los ojos de la chica salían de sus órbitas cuando le ofrecieron las entradas: hummus con apio, paté de hongos, girgolas al tomillo, caviar de berenjenas.
No había caso. Tampoco con el primer plato, aunque aceptó pensarlo un poco más. Divertidos, tomaron las botellas, las copas y la carta y salieron a fumar a una mesa en la vereda.
Después de descartar los otros platos, la chica y el chico se decidieron a compartir papas rellenas con guarnición.
Cuando volvieron a su mesa decididos a cenar, pidieron un salero y una botellita de aceite de oliva que vaciaron sobre las papas. Después de todo, no la pasaron tan mal en el restaurante vegano de cultura rastafari.

22 de agosto de 2011

Una visita a los presos evangélicos que estuvieron 19 días en huelga de hambre



Los detenidos en los pabellones evangélicos de la Unidad 9 de La Plata pasaron 19 días en huelga de hambre. La desatención médica para personas con HIV, hepatitis y tuberculosis, la falta de agua potable en celdas y pabellones, las malas condiciones edilicias y el atraso en la resolución de sus causas judiciales, llevaron a los presos a iniciar hace nueve meses una serie de reclamos que derivaron en una huelga de hambre que iniciaron el primero de agosto y terminaron el último viernes. La Comisión por la Memoria (C.P.M.) y el Centro de Estudios Legales y Sociales (C.E.L.S.) realizaron una recorrida por la prisión acompañados por legisladores nacionales y provinciales y se entrevistaron luego con las autoridades del ministerio de Justicia y Seguridad en busca de una solución al conflicto.
Las autoridades provinciales colocaron el viernes una bomba para llevar agua potable a los pabellones, prometieron una guardia médica de cuatro horas por día y un vehículo de traslado rápido al hospital. Ese mismo día, los presos levantaron la huelga de hambre. Poco antes, una comisión encabezada por el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel e integrada por Eva Asprela, del C.E.L.S.; el obispo Aldo Etchegoyen, el secretario ejecutivo de la C.P.M., Alejandro Mosquera; el Director del Comité contra la Tortura de la C.P.M., Roberto Cipriano García; la diputada nacional Victoria Donda; y los legisladores provinciales Sandra Cruz y Oscar Negrelli, acompañados por la fotógrafa Helen Zout, un grupo de colaboradores y un periodista de Diagonales, recorrió la prisión y se entrevistó con los detenidos.
“Esa es la leonera”, describió el Premio Nobel, que pasó 14 meses en la prisión durante la última dictadura militar, a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN), mientras señalaba una jaula al aire libre ubicada sobre las canchas de fútbol que había que cruzar para ingresar a los pabellones en donde los detenidos todavía estaban en huelga. “Dios me la bendiga. Dios me lo bendiga”, saludaba un interno a quienes ingresaban en el gimnasio cubierto, ubicado en el acceso al primero de los pabellones que recorrió la comitiva.
Carlos esperaba a la visita. El pastor evangélico de la Unidad tiene 51 años y hace 22 que está preso. Junto a Jorge, un estudiante avanzado de abogacía, guiaron a la C.P.M. y el C.E.L.S. y le presentaron a los internos con los problemás más graves.
La mayoría de los presos esperó al grupo en el pasillo de su pabellón, delante de la puerta de sus celdas. “Algunos tuvieron malas experiencias en esta cárcel hace algunos años”, le dijo el Pastor a Pérez Esquivel, quien lo escuchó sin aclarar nada.
–¿Podemos ver las celdas? –preguntó el premio Nobel.
–Acá tienen la libertad para ver y preguntar todo lo que quieran –dijo el pastor.
–¿Las celdas son todas iguales? –consultó alguien de la comitiva.
–Aquí las suites son todas iguales –respondió Pérez Esquivel mientras cruzaba la puerta ciega de metal y se asomaba a uno de los calabozos. Nadie se hubiera imaginado que iba a hacer un comentario feliz:
–¡Qué maravilla! Mirá el teclado que tenés. ¿Tocás alguna chacarera?– consultó a un preso.
–Algunas canciones religiosas –respondió el hombre, con una sonrisa.

Apenas Pérez Esquivel volvió sobre sus talones comenzó a saludar a los detenidos.
–Venimos a ver cómo están. A ver si podemos hacer algo por ustedes –les dijo. Y preguntó:
–¿Tienen agua?
–Se corta –respondió uno de los detenidos.
–La bomba de agua que abastece a gran parte de la prisión se rompió hace nueve meses, la reemplazaron, pero la nueva bomba no duró ni unos días –agregó el pastor.
–Hace mucho frío –afirmó un preso– no hay vidrios en las celdas. A veces les ponen un plástico.
–Mire la cama –mostró su compañero de celda–, tenemos que atar los elásticos con alambres. No se puede dormir.

Iguales los unos a los otros, cada uno de los pabellones recluye a unas 130 personas que duermen en celdas compartidas, tienen un baño en común de 2,50 por 3 metros con tres duchas, a veces sin agua, a veces con agua fría. Lo mismo ocurre en las celdas, que miden 1,70 metro por 2,50, y tienen una cucheta, un inodoro y una canilla que estuvo seca durante los últimos meses.
Todos los pabellones evangélicos estuvieron en huelga desde el primero de agosto hasta el viernes 19, cuando la C.P.M. y el C.E.L.S. consiguieron una entrevista con el ministro de Justicia y Seguridad, Ricardo Casal, quien se comprometió a dar una solución inmediata a los problemas. Durante 19 días hubo en la U9 unos 700 presos que tomaban mate, té o una sopa, pero no consumía nada sólido.
“Vinieron a pesarnos, pero las balanzas no sirven. Empecé la huelga con 94 kilos y a los pocos días estaba en 105”, se quejó el pastor. Carlos describió las razones de la protesta: “Sufrimos la falta de atención médica, la mala alimentación y muchos años de prisión sin condena. Acá no existe el Pacto de San José de Costa Rica ni el Código Penal. Hay gente que lleva siete años procesada. Los que no tenemos plata y no podemos pagar un abogado nos tenemos que bancar la cárcel. Queremos que se cumpla la Ley y que haya un tiempo razonable para que las personas estén presas sin condena”, contó.
El pastor describió su caso: “tengo una salida laboral, 13 horas de lunes a viernes, pero a veces no hay gasoil para el traslado. Pedí el arresto domiciliario pero me lo han negado. Sólo me dejan ir a mi casa 9 horas cada 15 días, para el afianzamiento del núcleo familiar”. Y agregó: “Si no llegan los alimentos que tienen que llegar, si los médicos no nos atienden o no nos dan los medicamentos, si los abogados no se ocupan de nuestras causas: ¿a quién le tenemos que reclamar?”.
En el pabellón siguiente los presos esperaban ansiosos la llegada de la comitiva. Iban de uno en uno, buscando a alguien que tomara nota de su situación. “Yo me llamo Haurat Pérez”, dijo el primero, con el pantalón arremangado para mostrar la cicatriz que le dejaron en el muslo cuando le colocaron una arteria femoral artificial. Pérez tiene dos by pass y sufre epilepsia. “Quería saber qué se podía hacer, porque todos estaban con el mismo problema”, dijo.
Atrás esperaban los enfermos de HIV, la mayoría con hepatitis C y tuberculosis. “No nos dan la alimentación que necesitamos”, afirmó Javier. “Los médicos vienen ahora a pesarnos y nada más. No sé si el remedio que estoy tomando es el que me corresponde”, agregó José Luis. “Hay mucha gente con principio de tuberculosis, necesitamos agua caliente”, explicó Jorge, que también tiene dos tumores en el pecho. “Hace cuatro meses que estoy acá y no conozco a la infectóloga”, describió Adrián, y pidió: “Necesitamos que nos den una droga nueva que se llama Interferon y que el ministerio (de salud) la está dando”.
Néstor espero que alguien de la Comisión se liberara para contar su historia. Cuando lo detuvieron, hace seis meses, le dieron una patada en los testículos. Desde entonces, apenas puede caminar. “Quiero saber si me tienen que operar”, afirmó. Diego esperaba, también, poder contar lo suyo: “Yo soy asmático y ya pasé por todos los pabellones, me cambian a cada rato, pero en todos faltan vidrios y tengo problemas”.
Los visitantes pasaban de un pabellón a otro cuando irrumpieron en escena un par de funcionarios del ministerio de Justicia y Seguridad. Ignacio Tranquilini, se presentó uno de ellos a las autoridades de la C.P.M. que recorrían el penal. Por momentos, los funcionarios participaron de la entrevista a los detenidos, como fue el caso de Marcelo que sufre una pseudoartrosis.
–Tengo la pierna quebrada por un viejo accidente, pero acá se me separaron los huesos –afirmó.
–¿Hace cuánto? –preguntó Pérez Esquivel.
–Hace dos años –dijo el preso.
–¿Dos años? –preguntó, incrédulo, el Premio Nobel.
–Si –respondió el detenido.
–Pero te llevaron al hospital y te rebotaron –intervino Tranquilini.

Los funcionarios buscaban historias clínicas que justificaran su trabajo y trataban de contradecir a los internos. De pronto, Pérez Esquivel guió hasta ellos a un preso.
–Daniel sufre diabetes y hace dos años que espera un par de anteojos –les dijo.
–Me dijeron que me iban a dar un par de anteojos, pero no me los trajeron nunca –contó el detenido.
–Esos anteojos no te sirven más, hermano. Escuchame bien: te tienen que hacer el examen y traerte los anteojos.
–En dos semanas –prometió Tranquilini.
–¿Recibís alguna dieta especial por la diabetes? –preguntó Pérez Esquivel.
–Estamos anotados, pero no recibimos la dieta que corresponde.

Otro detenido con HIV y tuberculosis dio su testimonio delante de los funcionarios.
–¿Te dan leche? –intervino el pastor.
–No
–¿Huevos, queso?
–No.
–¿Fruta?
–A veces me dan naranjas –dijo.

Entre los casos emblemáticos que encontró la C.P.M. quedaron registrados los de Roberto y Oscar. Al primero le pegaron un tiro en la panza hace dos años y le hicieron una colostomía, a través de la cual va de cuerpo en una bolsa, sin poder controlar cuándo ni dónde. Le dijeron que a los seis meses le podrían colocar un intestino artificial. Aún espera. Oscar, en tanto, lleva siete años detenido, procesado sin condena y sin fecha de juicio oral. Contó que su defensora se ocupa, que presenta los escritos que corresponden en tiempo y forma, pero que los jueces de Quilmes no atienden su caso. Le rechazaron una prisión domiciliaria, aunque una persona se había ofrecido a darle trabajo.
–La cárcel es un depósito de personas. No sirve para que las personas se puedan reintegrar a la sociedad –se quejó Pérez Esquivel.
–Se podrá cambiar el sistema carcelario –lo consultó Helen Zout.
–Hace muchos años que pedimos que se cree una policía judicial que permita agilizar las causas, pero todavía nos encontramos con gente que pasa 7 años detenida cuando sólo está procesada. Hay mujeres presas con niños, que podrían cumplir sus condenas de otra forma; hay chicos detenidos en lugares a los que llaman institutos que son cárceles en las que no puede hacer que una maestra vaya dos veces por semana; las cárceles son depósitos de personas que degradan al ser humano. Necesitamos otra rehabilitación.
–¿Qué hay que hacer?
–Primero hay que mejorar toda la infraestructura de las cárceles. Y luego ver otras formas de ejecutar las condenas, con probation, domiciliarias, trabajo comunitario. Hay una superpoblación que no se puede contener. Pero el problema es estructural, porque también hay que reformar el Poder Judicial y hay que cambiar la forma de pensar de una gran parte de la sociedad: no puede ser que querramos penalizar a los chicos. No es justo. A los chicos hay que darles una esperanza de vida.
–¿Usted es optimista?
–Soy optimista de nacimiento, sino no estaría en esto hace 40 años.
Los aportes de la C.P.M. y el C.E.L.S. sirvieron para que la provincia respondiera a los problemas más urgentes, pero el viernes habrá otra visita y una nueva ronda de entrevista con los detenidos.


Los tableros eléctricos no conocen de diyuntores ni llaves térmicas en los pabellones de la Unidad 9

ALGUNOS NÚMEROS
Según la diputada provincial Sandra Cruz, el gobierno bonaerense invierte unos 6.000 pesos por mes por cada persona privada de la libertad. En Ministerio de Justicia y Seguridad dispone, además, de 600 médicos contratados para atender a los detenidos en las 54 unidades penitenciarias de toda la provincia y derivarlos, de ser necesario los hospitales públicos.

Los evangelistas en la prisión
El día en los pabellones evangélicos empieza a las 5, hora en que los presos comienzan orar, cuenta León, del pabellón 8 a Diagonales. "Entre las 6.30 y las 7.30 tenemos un tiempo para higienizarnos y a las 8 empezamos con el estudio bíblico, hasta las 10. A las 11 tenemos culto y a las 13 el refrigerio. Entre las 15.30 y las 17.30 las dedicamos a estudiar y después quedamos libres para lavar la ropa y hacer cosas personales, hasta las 20, que viene el engome", describe.
No hay revistas, a no ser alguna que tenga algún tipo de "contenido". Y apenas un televisor, compartido, para ver los noticieros. En los pabellones evangélicos sólo se escucha música cristiana, pero a un volumen moderado. "El cristianismo nos ayuda a ser personas compasivas, amables. Acá nos preparamos para ir a otros pabellones a trabajar", cuenta.



EL DOCTOR MACHO. La recorrida por la U9 incluyó una visita a la enfermería. Uno de los médicos del lugar observó cómo uno de sus pacientes era entrevistado por una joven mujer a la que veía de espalda y en cuclillas. “¿Qué le preguntás a él? Si no sabe nada. Preguntame a mí. Soy Gonzalo Villada, el médico cirujano”, prepoteó el doctor. La mujer se paró, le estiró la mano y lo saludó: “¿Qué tal? Soy la diputada nacional Victoria Donda. Voy a entrevistar al paciente y preferiría que sea en privado. Por favor, déjenos solos”, le dijo. El doctor, se perdió en el pasillo.

17 de agosto de 2011

Niños en situación de calle: prohibido no ver


La Asamblea Permanente por los Derechos de la Niñez (APDN) de La Plata celebró ayer el año de lucha en la glorieta de la Plaza San Martín y anunció, además, el inicio de una semana de actividades para visibilizar la situación de chicas y chicos que viven en la calle, perseguidos, estigmatizados y reprimidos en lugar de ser protegidos. Hoy, bailarán hip hop en Plaza San Martín, realizarán una intervención artística frente a Gobernación y una charla con Laura Tafetani y Juan Manuel Combi, y participarán luego de la vigilia por los 18 años del asesinato de Miguel Bru .
Unos veinte militantes sostienen la Asamblea, que cada martes llega a la glorieta para encontrarse con los chicos, jugar un rato, conversar y comer, como en una gran familia construida con lazos de confianza mutua.
“Unos 30 chicos han pasado por la olla popular a lo largo del año, pero no quiere decir que sean todos los que están en la calle, sino sólo con los que pudimos hacer algún vínculo”, contó Manuela, de 22 años, a Diagonales. Cada martes, entre 15 y 20 pibes comen en la plaza. “Al principio venían las familias, pero ahora vienen los chicos solos”, reveló la joven.
“Conseguimos estar un año en la calle, ser la voz de los pibes, que están contando su experiencia. Denunciamos a la intendencia y la gobernación y pudimos construir un espacio con los chicos a la par, en un proceso muy lindo”, describió Justina, de 21 años.
Hace un año, la Asamblea organizaba su primera olla popular para denunciar a una patota parapolicial que atacó a los chicos a golpes, en momentos en que eran estigmatizados por algunos medios de comunicación, que los llamaba “la banda de la frazada”, por una supuesta forma de robar a las personas que cruzaban la plaza por la tarde.
Manuela lamentó que en el transcurso del año, pese a la presencia en la glorieta, la olla perdiera un poco el “espíritu de denuncia”, aunque “desde el Estado continuaran las medidas represivas en detrimento de la promoción y la protección de los derechos de los chicos”.
Justina coincidió: “Está la Ley para la protección de los derechos de niñas, niños y adolescentes, pero no hay fondos, parece que no entendieran que la vida de ellos es estar golpeados, excluidos”, afirmó Justina. El problema, para la Asamblea, queda en evidencia al analizar en qué utiliza el gobierno sus recursos: “La plata que se gasta en Seguridad y Justicia es cuatro veces más que la que se invierte en los chicos”, denunció Manuela.
Pablo, de 26 años, rescató el trabajo con los chicos. “Cuando se puso complicado salimos del bajón jugando con los pibes. Organizarnos con alegría está bueno, nos divertimos”, explicó. Y resaltó: “La semana de lucha empezó con un festejo, por el aniversario de la Olla Popular, pero sigue con las denuncias, porque la situación es igual o peor que hace un año”.
“Los chicos no encuentran afecto, que es lo que necesitan, y que no se soluciona con un techo y una comida. Los adultos se olvidan lo que es vivir en la calle y todo lo que implica”, afirmó Manuela. Y Justina agregó: “Los chicos son usados por los adultos para robar, para la prostitución y encima se comen los palos, por eso tenemos mucho cuidado”.
UN ESPACIO POLÍTICO. Los jóvenes rescataron a la Olla Popular como un espacio político y repasaron algunas de sus consignas, como aquella de “ningún pibe nace chorro” y que según Manuela “es para mostrar que hay condiciones que pueden llevar a que algún chico robe, aunque, incluso si fuera chorro, el chico no tendría la culpa”, describió. Y afirmó: “Necesitamos políticas para la vida, no para el encierro. No necesitamos que repriman a los pibes o que los encierren. Las Patrullas Juveniles, por ejemplo, no son para los chicos, son para que los vecinos se queden tranquilos”.
“Cuando decimos que 'El hambre es un crimen', queremos reflexionar sobre los crímenes de los que no nos hablan todos los días, porque está claro que el problema no es la falta de comida”, añadió.
“Tenemos muchas consignas”, pensó Manuela. Y continuó: “Al decir ‘No a la baja de la imputabilidad’, también decimos que los chicos no necesitan que los encierren, sino que necesitan contención, porque detrás de cada pibe hay un padre sin trabajo”.
La joven lamentó que haya “políticas de tipo parche” y recordó las negociaciones con el gobierno municipal de Pablo Bruera a principios de año, cuando la Asamblea denunciaba la situación de los limpiavidrios y organizaban la primera huelga del país.
“Algunos limpiavidrios vivían en la calle y dormían frente a la municipalidad, algo terrible en un año de elecciones. Les corrían los colchones, los perseguían y les inventaban causas para que se fueran. Entonces, pensamos en hacer una protesta, pero aparecieron algunos punteros que les ofrecían plata para que no vayan a la huelga. En un momento, les ofrecieron trabajo y unas casillas, pero era un bicicleteo constante. Nos tomaban el pelo. Al final contrataron a siete personas para que se incorporen a una cooperativa y les dieron unas casillas a unas personas que no tenían terrenos. Para peor, después denunciaban que las vendían. De esa situación sacamos otra consigna: ‘Las cooperativas no son trabajo y las casillas no son vivienda’”.

Los Derechos del Niño
Todos y cada uno de los derechos de la infancia son inalienables e irrenunciables, por lo que ninguna persona puede vulnerarlos o desconocerlos bajo ninguna circunstancia.

Desaparecido
Como el cuerpo no aparecía, los acusados de matar a Miguel Bru creían que no podrían condenarlos. La Justicia consideró que el cuerpo del delito puede configurarse sin la aparición del cadáver.

Foto: Esteban Martirena

Agenda de actividades de la Semana de actividades
HOY.
Hip Hop (Octava Rima- Berisso) a las 14.
Intervención frente a Gobernación y charla con: Laura Tafetani (Movimiento Chicos del Pueblo)
Juan Manuel Combi (abogado del caso Arruga) Compañeros de la Comision Carlos Presente (COCAPRECapital), de 14 a 17 horas.

Vigilia en un nuevo aniversario de la desaparición de Miguel Bru, de 19 a 2.

MAÑANA.
Cine callejero en 8 y 50, con volanteada, a las 18.

VIERNES 19.
Charla en trabajo social con: Nilda Eloy (Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos) CIAJ (Colectivo de Investigación y Acción Jurídica) Comité Contra la Tortura, a las 17.30.

DOMINGO 21.
Corso y murgas en Plaza Rocha. A las 14.30 horas.

LUNES 22.
Actividad contra el feminicidio (con horario a confirmar)

16 de agosto de 2011

Ex preso reclama una “garantía de reinserción social” en una jaula


Un hombre de 42 años realiza una huelga de hambre seca en la Plaza San Martín, frente a la casa de gobierno de la Provincia, para reclamar “acceso a la justicia” y una “garantía de reinserción social”. Estuvo 13 años detenido por robo -en dos ocasiones-, y tentativa de homicidio en ocasión de robo y condenado a 19 años de prisión en 1995, pero apeló y la justicia dictaminó en 2010, después de 16 años de ocurridos los hechos, la prescripción de la causa. Walter Carrillo lleva adelante el reclamo en una jaula de cañas que pintó de negro y cubrió con un nylon grueso, para no sufrir el frío.
“En todo este tiempo no han podido hacer nada con mi causa. Ya que no pueden devolverme lo que me robaron, vengo a exigir que también tenga acceso a una justicia justa quienes no tienen dinero para un abogado y que la cárcel, en todo caso, sirva para la reinserción social”, afirmó Carrillo.
-¿Y usted, qué quiere?
-Acceso a la justicia.
-La causa prescribió.
-Quiero demandar al Estado, pero me quieren cobrar 5.000 pesos únicamente para darme la fotocopia de la causa. Ya que no pudieron decir es culpable, quiero iniciar una demanda civil.
-Bueno, pero la justicia tampoco dijo “es inocente”.
-El artículo 18 de la Constitución dice que todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario -afirmó.
Carrillo estudió en prisión. Hizo la primaria, la secundaria y llegó a rendir once materias de derecho, carrera que le gustaría seguir estudiando. Mientras tanto, trabaja como gomero a domicilio.
-¿Cómo es eso?
-Estoy desarrollando el proyecto, pero lo que hago es servicio de gomería móvil. Emparcho en la calle. Tiro más para la moto, pero también trabajo con autos.
-Cómo si fuera en una gomería.
-Tal cual. Igual que en una gomería, pero en la calle. Me enseñó un muchacho cuando salí de la cárcel, porque cuando salí era como un inútil.
-Pero pudo estudiar.
-Estando preso, luego de pelear con el Servicio Penitenciario Bonaerense, pude estudiar.
-Y llegó a la universidad.
-Hice la primaria, la secundaria y rendí once materias de derecho. Soy de una familia muy humilde y de todos mis hermanos, que son 22, soy el único que llegó a la universidad.
-Algo aprendió en la cárcel.
-El Servicio Penitenciario genera más delincuentes, no recupera a absolutamente a nadie. Fue gracias a que estudié que cambié mi forma de ver las cosas y de pensar.
-¿Qué es lo que quiere?
-Acceso a la justicia y que se me garantice la reinserción en la sociedad. Necesito convertirme en una persona económicamente productiva para mi familia y para la sociedad. Quiero pedirle al Gobernador el acceso irrestricto a la justicia.
En una nota que tiene preparada para entregarle Daniel Scioli, Carrillo cuenta que en 1995 fue condenado “a la pena de 19 años de reclusión, sentencia que fue debidamente apelada a la Suprema Corte de Justicia Bonaerense, apelación que fue remitida y desestimada al Tribunal de Casación”, por lo que realizó un reclamo ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que “ordenó a los tribunales inferiores se resuelva la cuestión de fondo del litigio”.
“Con este fallo a mi favor en vez de comenzar a resolverse la cuestión judicial que aquí nos trae, los tribunales que debían actuar hicieron caso omiso a lo dispuesto por el máximo tribunal nacional y se me mantuvo en prisión por el termino de 13 años y procesado durante 16, tiempo que finalmente derivó en la extinción de la acción penal en las causas que se seguían en detrimento de quien suscribe”.
En su protesta, lo acompaña su mujer, Marta, de 47 años, a quien conoció por carta mientras estaba en la cárcel y que en estos días duerme en una carpa, a pocos metros de la jaula.

11 de agosto de 2011

Un ensayo de elección para ir mejor preparados a las urnas

Las personas internadas también podrán ejercer el derecho a voto


Con la intención de despejar dudas de cara a las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (P.A.S.O.), la asociación civil Oikos que apoya la promoción, rehabilitación e inserción de personas con padecimientos mentales, realizó un taller con un ensayo de elecciones en la Casa de Pre Alta, dispositivo de externación del Hospital Alejandro Korn, en La Plata.
Participaron 30 personas que emitieron dos votos anulados y 28 votos válidos, entre los que hubo uno en blanco completo y otros en algunas categorías.
El taller estuvo a cargo de las trabajadoras sociales Jacqueline Torres y Clara Weber y se desarrolló en un aula del primer piso de la casa de 56 entre 9 y 10, donde algunos usuarios se sorprendieron por estar en los padrones, habilitados para votar.
“Pero yo estoy internado”, dudó uno de los usuarios. Weber les explicó que la ley 26.571 de democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral modifica el Código Electoral Nacional y habilita a votar a las personas que se encuentran en centros de internación (excepto las declaradas insanas en juicio) y los presos sin sentencia firme. Y les explicó: “Si no aparecen en el padrón, van a la Junta Electoral a ver si les falta actualizar el cambio de domicilio o tienen algún otro problema. Imagínense, es un padrón de 30 millones de personas y hay que atender a uno por uno”, describió.
El auditorio se entusiasmó con la idea de ir a las urnas y las trabajadoras sociales preguntaron si recordaban cómo eran las internas. Algunos recordaron:
–Votaban los radicales, los peronistas, los socialistas.
–Cada uno votaba por los candidatos de su propio partido. Ahora todos votamos por los candidatos entre los precandidatos de todos los partidos –explicaron las trabajadoras sociales.
–Mucho más democrático –afirmó alguien.
Uno de los usuarios, entonces, contó cómo eran las nuevas boletas.
–Cada partido tiene un color que lo identifica. Y si por ejemplo yo quiero a un candidato para presidente y no me gusta el que va para gobernador, puedo cortar boleta.
–Ahora –intervino otro–, yo me pregunto si corto algunas partes de la boleta y por ejemplo voto a presidente pero no para los legisladores, ¿mi voto queda impugnado?
–No. Tu voto en esa categoría queda en blanco, pero lo demás es válido –aclaró Torres.
–Es día feriado ¿Los choferes de micro también votan? ¿Cómo hacen?
–Claro, es obligatorio, todos pueden salir un rato para votar –respondió Weber.
–¿Y a qué hora se empieza? –consultó alguien.
–A las 8 –dijo la trabajadora social–. Y ahora, yo les pregunto: por qué el voto es secreto.
–Para que no haya peleas como en el fútbol, que te cargan: “se fueron a la B...”.
–No se puede ir con la boleta en la mano ni con la camiseta que usan en los puestos donde te dan las boletas –describió uno de los usuarios.
–Y si no hay boletas de las que uno quiere en el cuarto oscuro hay que salir y decir que no hay boletas, sin decir de qué partido faltan –agregó otro.
–Se llama cuarto oscuro pero las luces están prendidas –bromeó alguien y todos rieron.
–A mi me dijeron que tenés que elegir la lista de tu palo. No te vayas a equivocar.
–También hay ballotage –planteó alguien.
–Eso lo dejamos para más adelante –dijo Weber–. El voto es un derecho, porque todos tenemos derecho a elegir y una obligación ¿Saben por qué es obligatorio?
Luego de hablar de la obligatoriedad del voto, del piso de 1,5% de los votos positivos que tienen que sacar los precandidatos para poder presentarse en octubre, cómo hacer para ser fiscal de mesa, los usuarios que ya habían votado contaron sus experiencias. Luego, todos hicieron una fila, tomaron un sobre y pasaron al cuarto oscuro, donde practicaron cómo ejercer el derecho a voto el próximo domingo.

Por los derechos civiles
“El objeto social de Oikos (que es una Asociación Civil sin fines de lucro) es la defensa y promoción de los derechos ciudadanos de las personas con padecimiento mental. Y para eso organizamos actividades que favorezcan la participación comunitaria”, describió a Diagonales Laura Lago, coordinadora de los talleres de arte de la Casa de Pre alta y presidenta de Oikos.
Y agregó: “la charla taller tiene un contenido cívico, pero tambien vale porque rescata lo que los sujetos saben, errados o acertados, sobre un tema. Al ponerlo en juego en el ensayo de la escena social del voto, se prioriza la creatividad de cada uno en el encuentro con los otros sociales, sin adoctrinar y sin menospreciar lo que las personas pueden y quieren hacer, más allá de sus diagnósticos”.

Foto: Manuel Cascallar