
En la segunda audiencia del juicio oral y público por la apropiación de una beba nacida en una maternidad clandestina de La Plata, los jueces escucharon a los testigos que ratificaron el estudio de ADN que determinó que María Natalia Suárez Nelson es hija de Mario César Suárez Nelson y María Elena Corvalán. Los tíos de aquella bebé apropiada, que hoy tiene 33 años, los compañeros de cautiverio en La Cacha y una vecina del PH en el que vivía la pareja contaron al tribunal sus últimos encuentros con la joven embarazada, que apenas tenía 24 años cuando fue secuestrada.
Omar Alonso, quien se encuentra acusado de ser el apropiador, y el capitán de navío de infantería de Marina Juan Carlos Herzberg, sospechado de ser el entregador de la recién nacida, no presenciaron la audiencia, en la que los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 1 pidieron a los ex detenidos desaparecidos que no abundaran en detalles sobre lo que vivieron en La Cacha, para evitar posteriores nulidades si quedan a cargo del juicio por el centro clandestino.
Juan Manuel Corvalán, hermano de María Elena, contó que su familia no sabía dónde vivía la pareja, pero recordó que la encontraba en los jardines del hospital Español, donde la vio por última vez en mayo o junio de 1977, cuando "tenía una pancita de 4 o 5 meses".
Después de un tiempo en que no supieron más nada, un llamado anónimo los alertó sobre el parto por cesárea que la joven tuvo el 8 de agosto. Juan Manuel reveló que durante años creyó haber sido el que atendió el teléfono, pero que ayer mismo a la mañana su hermana menor, que entonces tenía 10 años, le recordó que había sido ella la que habló con la mujer, a quien siempre pensaron como la partera.
Su familia se contrajo. Sus padres empezaron a decir que tenían que cuidar de sus otros hijos y sintieron miedo de que los fueran a buscar. Hasta escondían los libros que los pudieran perjudicar.
Con los años, cuando surgió la posibilidad de que la niña que el dueño de Alonso Hogar criaba como propia pudiera ser la hija de María Elena, Juan Manuel y sus hermanas iban a la misa que se daba en la capilla de City Bell sólo para verla.
Los Corvalán se dividieron cuando, en el año 2000, surgió la posibilidad de una extracción compulsiva de sangre, en un juicio que resultó muy agresivo para María Natalia. Años después, con el resultado de ADN al que se accedió con restos de cabellos, la joven fue incorporada poco a poco la familia y hoy su hija disfruta de estar con ellos.
Juan Manuel afirmó además que un amigo le contó que su padre (un funcionario de la embajada boliviana) le había hecho saber que "Juan Carlos Herzberg habría entregado a su sobrina en un capote militar a Alonso" y que estos se habían conocido a través del ex presidente Boliviano Hugo Banzer (ver aparte).
Cecilia Corvalán tenía 10 años cuando su hermana fue secuestrada. La última vez que la vio, María Elena le regaló un anillo que no le gustó: "Me parecía viejo, pero me dijo 'guardalo, que te va a gustar cuando sea grande'".
Fue ella quien atendió el llamado anónimo en el que informaron que María Elena había dado a luz a una niña a la que había llamado Lucia. La mujer que se comunicó le informó que la beba había nacido por cesárea y que pesaba 3,5 kilos. "Me puse contenta porque no sabía en qué situación estaba", reveló.
A ella le dieron los diarios de su hermana, a quien aprendió a conocer mientras crecía.
La hermana de Mario, Elsa María Suárez Nelson, contó que, cuando estaba en la facultad, un desconocido se acercó a decirle que su cuñada estaba en la Cacha y que "había tenido una nena que no estaba con ella". Fue "un shock tremendo", reveló.
Elsa María se mudó de City Bell a La Plata y conoció a una señora mayor con la que hizo amistad, la señora resultó ser la madre de María Luján Di Mattía, la esposa de Alonso. "Le dije 'me parece que su nieta es mi sobrina' y se enojó muchísimo. Me dijo que su hija había estado embarazada".
"Me dio alegría encontrar a Natalia y me da pena porque es una víctima de la dictadura militar. Y no es muy fácil salir de ahí, aunque todos somos víctimas de esa dictadura. Además, engañada por quienes la adoptaron de esa forma", afirmó.
Ella sabía que su hermano y María Elena militaban en Montoneros. "Teníamos una consigna por la cual si ocurría algo, o si había alguna información que darse, ellos se comunicaban telefónicamente al negocio de mi marido diciendo algo así como 'el arquitecto va a ir por los planos'. Se daba luego la dirección donde nos íbamos a ver. Recibimos dos llamadas, una para encontrarnos en Avellaneda, en la esquina de una plaza, y otra en Capital Federal. Pero... en la primera empezamos a ver autos con patentes tapadas y nos fuimos. Y en la segunda oportunidad llego un Falcon verde, se abrieron las puestas y bajaron varios hombres armados. Nosotros nos fuimos cada uno por su lado", recordó.
LA VECINA. Ayer también declaró Mónica Elena Torres, vecina de los padres de María Natalia quien comenzó su declaración con un pedido de disculpas: "Para mí María Elena era Mónica, a Mario le decíamos 'El Gordo' y Natalia se llamaba Lucía". La mujer fue testigo del operativo realizado en la casa de la pareja, en 8 entre 82 y 83, y compartía "lo cotidiano" con las víctimas. "Mónica y El Gordo esperaban a Lucía con mucha ilusión", contó, emocionada.
EX DETENIDOS DE LA CACHA (*). Entre los testigos que declararon ayer hubo cinco ex detenidos desaparecidos que reforzaron la hipótesis del embarazado de María Elena: vieron o supieron de la joven cuando estuvieron en La Cacha.
Patricia Pérez Catán estuvo varios meses del primer semestre de 1977 secuestrada en La Cacha y pudo ver varias veces a María Elena, cuando iba para el baño. Además, como estudiaba medicina y los represores dejaban que atendiera a algunos de los detenidos una vez pudo estar con la joven, a la que vio “con un embarazo de 7 meses y medio”. María Silvia Bucci estuvo detenida en aquel centro clandestino del 27 de mayo al 8 de agosto de 1977. Nunca vio a María Elena personalmente, pero supo por comentario de otros detenidos de su presencia y “que había tenido un beba a la que llamó Lucía”.
El ex concejal y candidato a intendente Javier Quinterno estuvo detenido clandestinamente entre el 2 de junio y el 8 de julio de ese año, y calcula que en la segunda quincena de junio tomó contacto con María Elena. “Se sentó a mi lado”, dijo el testigo. Y según percibió, pese a la poca visibilidad en el lugar porque estaban tabicados, “pude comprobar que tenía un estado muy avanzado de embarazo”. Remitió también al “rumor” que circuló entre los detenidos luego de que la mujer fuera llevada, supuestamente, para tener a su hija.
Raúl Elizalde también estuvo detenido allí de mayo a julio del ‘77. Confirmó el embarazo de la mujer. “Éramos vecinos de catre”, reveló, y pudo ver que el embarazo “era muy avanzado”. En sus conversaciones con Elizalde, María Elena le contó que era de La Plata, que estaba embarazada y los detalles de su secuestro en la casa de Villa Elvira. Recordó que ella cuidaba mucho su panza, que era amenazada permanentemente por los guardias. Al igual que Quinterno, declaró que “estuvo un tiempo con nosotros hasta que la trasladaron” para tener a su bebé. En ese punto rememoró la carta de despedida que les dedicó al partido.
El último testimonio de la audiencia de ayer fue el de Ricardo Antonio Herrera. Se refirió a la embarazada como la “Negrita” Corvalán. Este testigo, preso entre el 16 de mayo y el 20 de agosto, recordó las rondas de presentaciones de los secuestrados, en las que tomó conocimiento de la presencia de María Elena y de que estaba “muy embarazada”. Coincidió con Quinterno en que, por su situación, a la mujer le estaba permitido caminar por el lugar. También recordó las salidas realizadas por la mujer para los controles del embarazo, pero admitió que no llegó a verla luego del alumbramiento.

La intensa lucha de las Abuelas para llegar a identificar a la nieta
En los albores de la creación de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de La Cuadra funcionó como la secretaria de Estela de Carolotto y su mamá, Alicia Zubasnabar –“Licha” de la Cuadra–, y trabajó en la búsqueda de la identidad de los bebés apropiados. La dictadura secuestró a dos de sus hermanos, Roberto José y Elena, quien estaba embarazada y en julio de 1977, un mes antes del nacimiento de María Natalia –en una maternidad clandestina–, parió una nena en un calabozo mugriento de la comisaría Quinta de La Plata. La nena aún permanece apropiada.
Ayer, De la Cuadra declaró como testigo en la causa Alonso y contó al tribunal los primeros e inorgánicos pasos de la organización en la que estaba. La primera denuncia sobre Natalia fue en 1982, cuando un anónimo dijo que una nena envuelta en una capa de la marina le había sido entregada al comerciante platense, dueño en aquel momento de dos casas de artículos del hogar.
Con la llegada de la democracia, las Abuelas realizaron en 1984 una denuncia por la desaparición de 21 niños. Los De la Cuadra pensaban que la beba de Elena podría haber sido apropiada por el comisario Rodolfo Quartucci, que de la comisaría Cuarta de La Plata fue trasladado a Mar del Plata en julio de 1977.
Los Alonso eran mencionados en varias denuncias y las Abuelas decidieron hacer una investigación por su cuenta. Se les ocurrió una idea bastante sencilla: fueron hasta el barrio en el que vivían, en 39 entre 7 y 8, y le preguntaron a los vecinos si recordaban haber visto embarazada a María Luján Di Mattía. Nadie en el barrio había visto con panza a la mujer de Alonso.
Las Abuelas presentaron su denuncia contra la pareja en agosto de 1985 y la justicia comenzó a investigar el caso. Según De la Cuadra, en 1986 “Di Mattía dijo que Natalia era su hija biológica y Alonso presentó en tribunales un certificado en el que informó que tenía una cardiopatía y no podía ir a declarar por al menos 90 días”. Fue el momento que aprovecharon para irse del país e instalarse en Paraguay.
Las Abuelas ya habían tratado con personas que habían adoptado hijos de desaparecidos de buena fe y “la actitud” de la familia Alonso no se le parecía en nada.
De la Cuadra mencionó que Julio Burlando (hijo) era el abogado de Alonso, mientras que su padre, también llamado Julio, “era el juez de la causa de los mellizos (Matías y Gonzalo) Reggiardo Tolosa”, quienes fueron apropiados por Samuel Miara, uno de los argentinos con los que los Alonso compartieron el exilio en Paraguay, además de la familia Bianco, que tenía dos hijos apropiados.
Además, mencionó los contactos políticos del acusado en la provincia de Santa Fe, reconocidos por Alonso durante su declaración, y mostró archivos periodísticos en los que se relacionaba al ahora imputado con el ex presidente Boliviano Hugo Banzer –quien tendría un lazo familiar con Di Mattía–, el ex represor Guillermo Suárez Mason y el ex diputado de la Nación Norberto Imbelloni, prófugo de la justicia en Paraguay entre 1985 y 1990. Según la testigo, “el hecho de que en los '90 aparezcan todos en Paraguay es una muestra del efecto residual del Plan Cóndor”.
Pero así como tenía amigos, Alonso tenía enemigos. Uno, al menos, con un “lenguaje bastante rústico” llamaba a las Abuelas para contarle de sus pasos. De la Cuadra relató los peregrinajes por los juzgados platenses y criticó particularmente a los jueces Pablo Peralta Calvo, Juan Carlos Bruni y María Isabel Martiarena; quienes no entendieron –afirmó– que la víctima era María Natalia. Su testimonio terminó con un cerrado aplauso de la platea.
* En coautoría con Pablo Spinelli: @spinellipa en twitter
Fotos: Manuel Cascallar
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